Poesía a escena

Sobre el poemarioLa sonrisa de Audrey Hepburn, de Sonia Betancort

Jorge de Arco

La sonrisa de Audrey Hepburn
Sonia Betancort
Vaso Roto Poesía, Madrid, 2015

 

Sonia-Betancort-Librario-Poesia-OtroLunes38Para muchos poetas del siglo XX, el cine ha sido amplia fuente de inspiración. Valga recordar la antología que en 1993 viera la luz bajo el título The Faber Book of Movie Verse, que recogía 336 poemas de habla inglesa relacionados estrechamente con algún aspecto cinematográfico. En 1995, Óscar Limache preparó Un año con trece lunas. El cine visto por poetas peruanos, y, en 1997, se editó en México, Los poetas van al cine, una compilación que reunía 70 textos de autores de aquel país.

En España, dos años después, José María Conguet agrupó en Viento de cine, doscientos poemas en castellano -fechados entre 1900 y 1999- de ciento veinticuatro escritores, con nombres tales como Manuel Machado, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Francisco Ayala, María Beneyto, Leopoldo María Panero, Antonio Gamoneda, Concha Méndez, Adriano del Valle, José Ángel Valente….

La filmografía sobre poesía y cine es, a su vez, abundante. Desde que en 1929 Buñuel rodara Un perro andaluz, ese originalísimo poema cinematográfico con imágenes procedentes de un poemario del propio director, le han sucedido distintos largometrajes como El tren expreso, de León Klimovsky (1954), sobre el poema de Campoamor, El balcón abierto (1984), de Jaime Chávarri, sobre poemas y textos de García Lorca, La noche oscura (1988), sobre la vida y obra de san Juan de la Cruz, entre otros.

Y traigo a colación este nutrido binomio, tras la lectura de La sonrisa de Audrey Hepburn, de Sonia Betancort.

Esta tinerfeña del 77, ha publicado hasta la fecha cinco poemarios. Doctora en Literatura y profesora universitaria, alterna su labor docente y literaria con el campo de las artes escénicas.

Para esta ocasión, la poetisa isleña ha elegido a la actriz y musa británica -aunque nacida en Bélgica- como hilo conductor de las “escenas” de las que consta este lírico guión.

En su prefacio, María Ángeles Pérez López anota que “cada escena toma una parte del rostro de la actriz para detenerse morosamente en el detalle que constituye la aspiración al todo, porque, a la vez que el libro va dividiéndose en escenas, como si fuera una película que se desarrolla y exhibe, aspira a construir una imagen caleidoscópica que guarde dentro todos los rostros, todos los tiempos, todos los nombres”.

Con estos mimbres, Sonia Betancort acerca al lector hasta un personalísimo universo donde caben la celebración y la desdicha, el adiós y el regreso, la culpa y el perdón, la aceptación y la renuncia, en una suerte de complejas dicotomías que asume desde el desdoblamiento de su voz poética: “Hago el ejercicio de la doble,/ la del dialecto ensayado en el letargo del exilio,/ la que puede transitar los dos lados y volver/ farfulladora y alegre/ con un gato maltratado entre las piernas (…) Hago el ejercicio de la doble,/ la dos veces nacida,/ la dos veces invisible./ Entretanto, mi desacuerdo sueña/ con el signo de ser nadie”.

Estructurado en seis secuencias, “La lágrima precede al lagrimal”, “La lágrima ocupa todo el ojo”, La lágrima se desliza por el ojo”, “La sonrisa precede a la boca”, “La sonrisa ilumina el rostro” y “El rostro desaparece”, el volumen se completa con un epílogo, “La sonrisa interior”. Como coda, se añade una reveladora dedicatoria: “Para todas las niñas y mujeres que embellecen el mundo sonriéndole a lo triste”.

De la tristeza, del duelo, se impregnan, sí, muchos de estos versos, a través de un lenguaje que afila sus acentos hasta hacer aflorar un discurso que indaga en la esencia del ser humano, en su diaria batalla contra el fenecimiento. Mas, esa anatomía del dolor, tiene su contrapunto en la esperanza con la que se puede llegar a mirar la existencia futura: “La vida es como la muerte, absolutamente rosa./ Nacemos del rosa de un sexo inflamado/ y vamos al rosa de la tierra y el mar (…) La vida es rosa, melancólica y magenta./ La vida no es más que el amor./ La primera caricia, la primera mordedura”.