Ebriedad de la escritura

Sobre el poemarioPreludio a la ceguera, de Javier Rodríguez González

Jorge de Arco

Preludio a la ceguera
Javier Rodríguez González
Eurisaces Editora, Ourense, 2015

 

Javier-Rodriguez-Gonzalez-Librario-Poesia-OtroLunes38Con su habitual esmero y rigor editorial, Eurisaces ha dado a la luz `Preludio a la ceguera´, un volumen que recoge una importante muestra de la obra poética de Javier Rodríguez González. Este auriense del 83, licenciado en Filología Hispánica y docente en diversos centros de enseñanza, alterna su labor lírica con su tarea ensayística.

En esta compilación, vertebrada de forma cronológica (2010 – 2014), recoge poemas de seis títulos, cada uno de los cuales ha sido reconocido en algún certamen literario. A éstos, -`Callafell, 1989´, `Lux Beatissima (2011), `Esgrevia Lira (2011), `Homenaxe´ (2012), y `Antífona´ (2013), se une el inédito, `Preludio a la ceguera´, que nomina el conjunto.

Esos cinco años de producción, vienen marcados por un denominador común: la serena contemplación con la que el vate orensano se acerca a su ámbito creativo. Desde un realismo moderado, si estricto, su discurso se articula a través del hábito y la creencia de que la verdad interior debe hallar un exacto contrapunto en la existencia que rodea al prójimo. Así, el sujeto lírico que esencia con su verso cuanto mira y oye, puede llegar a convertir su propia poesía en perspectiva desnuda y solidaria: “Escribir./ Decir./ Desentrañar/ la quieta simetría/ que perdura/ cuando todo calla al fin”, anota Javier Rodríguez González en uno de los primeros poemas de esta antología; para más tarde, añadir: “Reescribir el instante,/ grabar sobre la página desnuda/ la incesante presencia,/ la descarnada verdad,/ el rastro inaudible/ del relámpago/ que alumbró entonces tu mirada”.

Se trata, pues, de un cántico que no huye de su tiempo, sino que lo aguarda, lo certifica y camina de su mano despaciosamente. Además, el empeño del poeta por aunar un lenguaje introspectivo y elaborado con una dicción nominalista e intuitiva, garantiza la autenticidad  de un verbo ajeno a piruetas versificadoras: “No hay prisión más dulce que este aire/ ni morada más cruel que la palabra,/ pero yo he elegido vivir aquí,/ mudo y dichoso entre estas voces ilegibles,/ en el espacio iluminado por el día que se desangra”.

En su prólogo -escrito en verso-, Luz Pozo Garza afirma: “Alma corazón y vida espíritu/ y conciencia repasas con amor/ intimidad que asumes/ con actitud vehemente/ y su misterio…”. Y acierta la poetisa gallega al retratar las claves temáticas que sobrevuelan estas páginas. Mucho hay aquí, sí, de amatoria espiritualidad, de enigma, de búsqueda, de aprendizaje. Porque al hilo de su decir, Javier Rodríguez González trata de establecer una armonía interior, una razón sanadora que le permita alcanzar una libertad creativa capaz de desvelar los interrogantes que anidan en su propia ánima. Revelaciones, en suma, que no sean respuestas llegadas del pasado, ni adivinatorias quimeras futuras, sino evidencias que sostengan el hoy y su verdad: “Todo es presente./ Mi única certeza es el silencio, abrasándose en mis ojos/ y la elegible luz/ que enmudece ahora/ bajo la ebriedad de la escritura,/ y me arrastra, y me lleva consigo,/ hasta el cuerpo nativo del crepúsculo”.

En esa compleja tarea de combinar reflexión y sentimiento se ha afanado, pues, el poeta, para tratar de compartir con el lector sus inquietudes y cavilaciones más subjetivas. Y lo ha hecho también, mediante el acercamiento de otras lenguas -castellano, inglés, gallego, alemán…-, de otros lugares -Calafell, Tubinga, Venecia..-, de otros autores -Hölderlin, Rimbaud, Rilke…-, que conforman y complementan este mapa tan cómplice como personal: “Está amaneciendo/ dentro de mis ojos./ El aire graba mi epitafio/ en la impalpable claridad del día”.

Debo, por último, llamar la atención sobre el epílogo de Ramón Cao Martínez, que, a lo largo de veintisiete páginas, analiza, compara, diferencia, deconstruye…, con esmero y atención, los apenas cuarenta poemas que conforman esta compilación. Un trabajo, que a buen seguro, será referencia inexcusable para todo aquel que quiera aproximarse a la obra de Javier Rodríguez González, y sobre la que el citado Cao Martínez, anota: “Es esta una poesía que se inscribe -consciente, deliberadamente- en la tradición europea y de ella bebe: desde la Edad Media Latina Europea hasta la reciente poesía hispánica y occidental”.