
Carlos Luna asombra por su originalidad, su creatividad y la recreación de un universo pictórico fácilmente diferenciable, único, esencial de cubanía y universalidad, y esas especificidades lo convierten en un nombre imprescindible junto al de otros artistas en el fértil territorio de las artes plásticas cubanas de la isla y el exilio.
Su sello de distinción es una de las tipicidades de su obra: una mirada distinta sobre el color, la profundidad de los rasgos y los matices, la voluptuosidad de las formas inherentes al modo en que el ser caribeño entiende la cotidianidad y sus bellezas; todo ello configurando un espacio donde la luz connota alegría, simula el grito, escenifica el jolgorio y la fiesta, en contraste con la marca esencial de las sombras, la más profunda negritud y los claroscuros como muestrario, signo o símbolo de la tristeza, la desesperanza, la duda, las vacilaciones ante esos avatares que el vivir significa. Carlos Luna es distinto, en simples y llanas palabras, porque sus cuadros demuestran esa intimidad comunicativa que sólo poseen las obras de los artistas que han consagrado un estilo propio verificable en la más sencilla de las pruebas: miras el cuadro y te salta a la cabeza el nombre de su creador; no hay confusión posible con la obra de otro artista. Leer más…