Mary Luz Serrano Pérez conoció al escritor cubano Guillermo Vidal Ortiz en la filial del pedagógico de Holguín en las Tunas. Su visión de Guille es extremadamente sincera: “Humano, humilde, apegado al terruño, tierno, amoroso, picante al hablar, decía las cosas como las sentía, sin tapujos. Lo que sus ojitos brillantes veían, lo convertía en palabras tal y cual se agolpaban en su loca cabeza”. Leer más…
De cómo la “Guillermomanía” invadió Oriente
En una de las conversaciones habituales sobre literatura, uno de los amigos que más lee por estos parajes, consideró a Alberto Garrido paradigma de escritor en el oriente cubano. Al leer Matarile, La saga del perseguido y Las manzanas del paraíso, del tunero Guillermo Vidal Ortiz, cambió de criterio.
A propósito de sus revelaciones le mostré mi colección de su obra1. Para mi amigo había comenzado la “Guillermomanía” que nos había invadido en los 90 y hoy es abrasadora. En estas páginas presentaré brevemente los elementos que dan lugar a ese fenómeno, y algunas características de la obra de Guillermo Vidal que la hacen un referente imprescindible para los que escriben en el mapa literario cubano, sobre todo en la zona oriental. Leer más…
Guille, el guajiro macho
Siempre da gusto recordar a Guillermo Vidal.
Compartir con él la aventura de la escritura ha sido uno de los grandes premios que me ha brindado la vida. Su simpatía, modestia y talento, amenizaban sus conversaciones. Hombre llamado para hacer amigos, fácil de querer, y siempre perseguido por la injusticia, pues jamás pudieron doblegarlo, mantuvo su literatura a un alto precio, porque no cedió ni un ápice el nivel de crítica social. Leer más…
Escribir al modo de Guillermo Vidal: Novelista en tierra de novelistas
Recientemente, cuando en una entrevista para un diario mexicano, a raíz de mi participación como autor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que tiene en esta ocasión a Cuba como país Invitado de Honor, me preguntaron a quién consideraba yo el novelista por excelencia de las letras cubanas, en un país que había contado con novelistas de la talla de Alejo Carpentier, José Soler Puig y Lisandro Otero, entre otros ilustres ejemplos. Mi respuesta, sin pensarla pero -seguro estoy- consecuencia de años de estudiar al autor mencionado, fue Guillermo Vidal. Leer más…
Habituario
Para Guillermo Vidal,
por los viejos tiempos
La muerte de un amigo es siempre
una derrota personal. Lo vemos partir
y no atinamos a tirar del picaporte
para impedirle la salida. El amigo se va. Leer más…
La saga de Guillermo
En el sueño, su esposa y su hijo pequeño estaban en un andén. Le decían adiós a un tren que partía hacia un ignoto destino. ¿Me iré a morir?, me dijo, después de contármelo. Tú nunca te vas a morir, le contesté.
Esta escena ocurrió hace un año, tal vez. Hoy, parece que los dos teníamos razón. La muerte física alcanzó su cuerpo, sus pulmones. La muerte eterna nunca podrá encontrarlo. Leer más…
En el nombre del padre, del hijo y de todos los infelices
Con su más reciente novela, La saga del perseguido, un texto cuya tesitura es la de los oratorios, Guillermo Vidal se ha puesto a la cabeza de la novelística cubana de ahora mismo; este juicio, obviamente arriesgado y perentorio, podría fundarse en varios aciertos que han venido integrando, de manera intermitente, su trayectoria novelística desde Matarile, publicada hace diez años, hasta hoy, donde cuajan de modo sorprendente. Me refiero al Vidal que hace del infortunio y la impiedad un territorio por el que se pasean ciertos personajes suyos confinados por el destino, el azar o la reunión ímproba de ciertas circunstancias al sufrimiento como ritual formativo del yo. Leer más…
Él es tan franco como sus ojos
Piensen lo que quieran de este inquisidor… pero cuando le conocí un año atrás y le escuchaba hablar durante aquel encuentro de escritores en Bayamo, en un tono desenfadado, sin poses de intelectual, con una franqueza que muchas veces echaba mano a la ironía y hasta a la procacidad, sentí deseos de someterlo al rigor formal de una entrevista.
Me preguntaba si esa manera tan natural de proyectarse, que contrastaba incluso con su edad, su estampa de profeta barbado y de cabellos largos, y su mirada azul de iluminado, era consustancial a la personalidad de Guillermo Vidal. Pensé que quizás él no estaba consciente de estarse convirtiendo en una de las figuras narrativas más importantes de las letras cubanas en la actualidad: ganador de varios premios, admirado por su persistencia en el oficio de escritor y su tenacidad para querer hacer carrera desde su natal Las Tunas, esa Cenicienta del oriente de la Isla, tan distante de la megalómana Habana donde se reparten las glorias. Leer más…
Soy un escritor a secas
Yo vivía en Las Tunas y quería ser escritor. Y no tenía nada, salvo el ego de un universitario que creía tener al mundo atrapado por los cuernos. Quería ser escritor, así que un día, acompañado de Frank Castell, otro jovenzuelo con ínfulas de bardo y tan pretencioso como yo, toqué a la puerta de Guillermo Vidal, a quien había visto deambulando por las calles tuneras medio despeinado y ojeroso. Ahí comenzó mi amistad con uno de los escritores más prolíficos de la literatura cubana contemporánea. Pero no por esa razón decido hacerle esta entrevista, sino porque el año pasado obtuvo el Premio Dulce María Loynaz con su novela corta Los cuervos, y ya tengo en mis manos el libro, publicado por la editorial Letras Cubanas en coedición con la pinareña Hermanos Loynaz y ahora recién acaba de alzarse con el Premio Alejo Carpentier con la novela La saga del perseguido. Leer más…
La última mujer en su vida…
Solangel Uña fue la última mujer en la vida de Guillermo. Con su mano en la de ella, y en la paz que le daba su fe cristiana, esperó la muerte la noche del 15 de mayo de 2004, en el hospital general docente Doctor Ernesto Guevara de la Serna de Las Tunas.
Catorce años de vida en común ayudan hoy a Solangel a llenar cada espacio sin su presencia. Le queda el hijo, y todas las vivencias al lado de un hombre que sin proponérselo, en una casa sencilla, en un céntrico barrio de esta ciudad de Las Tunas, alcanzó trascendencia universal. Leer más…




