Desde hace un tiempo hemos girado 180 grados y si antes todo lo que oliera a comercial o consumo era radicalmente rechazado, ahora le estamos tomando el gusto y de qué manera. Últimamente es considerado no solo lícito, sino muy importante poseer un Record Guinness. Hay records y records. En la televisión se presenta como algo genial al hombre que en Cuba tiene más aretes en el rostro, quien alerta que aún puede seguir colocándose otros y ser el número uno del mundo. Mientras, Douglas y Erick, los hermanos Hernández, implantan record tras record de toques a un balón de fútbol. Leer más…
El señor Vidal
“Aquí estoy en este cuarto haciéndome que duermo
delante del muchacho que alguna vez escribirá este cuento.”
Guillermo Vidal. (Confabulación de la araña)
Llegamos de Manatí con hambre y sueño y sin transporte ni hembra para la madrugada. Pero duermes en casa y mañana te vas me dijo Guille, y le seguí a su covacha al final de aquel pueblo lleno de Iglesias clandestinas, calles de tierra y perros sin dueño que ladran toda la noche. Pude descansar un poco a pesar de los gemidos al otro lado de la cortina de nylon, rezos y gemidos, luego sombras que volvían a rezar mientras amanecía y llegaba el gallo con el sol a través de alguna hendija en las paredes de madera. Luego la mujer muy delgada con la taza de infusión, que sin café ya esto no es Cuba como dice Guillermo que dijo que lo esperes, que no te fueras tan temprano. Pero me fui. Del pueblo, la ciudad, la isla. Leer más…
Los cuervos, de Guillermo Vidal
Una vez en Las Tunas, allá por los años ochenta, cuando en nuestros quehaceres de profesores, debíamos entregar, con urgencia, el protocolo, palabreja estremecedora, de todas las clases del curso. Y recuerdo los nerviosismos, y las palabrotas de Guillermo Vidal -palabrotas de protesta, siempre el chico fue violento-, y las largas horas que Vidal pasó ante su máquina de escribir, hoy tenemos ordenador, escribiendo o des-escribiendo las conferencias, las clases prácticas y los seminarios de Literatura Latinoamericana uno y dos, porque cuando aquello no existía el Caribe, al menos en los programas de Literatura Latinomericana uno y dos. Leer más…
Gestos principescos
Yo no conocí a Guillermo Vilar de la forma en que tanta gente le conoció. Solo lo vi una vez, durante un encuentro de escritores en Matanzas. La sede era el hotel Guanímar, pero mi recuerdo del Guille es solo del viaje de ida. Curiosamente, una vez en el hotel no tengo memoria de haber seguido viéndolo. Probablemente él no se hospedó allí con el resto de los invitados. O quizá sí… El caso es que a mí me tocó uno de los primeros asientos, justo después del chofer, y sola. Detrás de mí venían una escritora entonces jovencita y dos escritores, los tres arracimados y divirtiéndose mucho. Me aburría y quise conversar con ellos; ya que los veía tan animados, pensé que no tendrían inconveniente en compartir su alegría con alguien más, pero me equivoqué. Leer más…
Morir en combate aunque no te lo permitan
Escribir sobre Guillermo Vidal conlleva a adentrarme en el año 1996. Recuerdo que mi amigo Osmany Oduardo me dijo que alguien le habló sobre un hombre medio loco que escribía cosas raras. Por ese entonces nosotros estudiábamos en el Instituto Superior Pedagógico Pepito Tey, de Las Tunas, y queríamos ser escritores. De modo que fuimos hasta su casa de Ramón Ortuño 190 y tocamos a su puerta. Su esposa Sol, una mujer extraordinaria que supo padecer las tristezas del Guille hasta sus últimos momentos, nos recibió y nos dijo que Guillermo estaba en Holguín presentando su libro de cuentos Confabulación de la araña. Leer más…
La herencia de los buenos muertos
Desde que existen el arte y la literatura existen la mala leche, el celo profesional, la envidia, la ponzoña, la zancadilla entre unos y otros creadores. No sé si esto es inherente al ser humano. O sí…, parece inherente al ser humano. O no…, creo que solo es inherente a ciertos seres humanos. Diríamos que a los más flojos de alma. Aun cuando, quienes están dañados por estos “atributos”, resulten creadores de suma trascendencia Leer más…
Guillermo Vidal: el paraíso perseguido, las manzanas
Pocas veces fueron los cinco sentidos tan pródigos entre nosotros a la hora de un hacedor de ficciones, alguien que tenía el don sin tregua de escuchar con ingenio las palabras, observarlas con detenimiento, olfatear los resquicios de grafías y sonidos, saborearlas en silencio o en corrillo, palpar la fibra íntima de sus posibilidades. Entonces, como en un rapto digno de Carlos Enríquez, el jinete se iba al galope con ellas en torbellino y era el relato que comenzaba. Era Guillermo Vidal, dueño y señor de historias y personajes que calaban los huesos, viejo chamán niño de la tribu que, cada noche alrededor de la hoguera, se sienta a escuchar el arte de su hechizo. Leer más…
Laberinto bifurcado
Todo lo que veo es un espectro divino,
una porción de la luz a quien por mote le pusieron El Guille.
Alguna vez creí que Quijote me hablaba
inducido por la sabia de Cortázar
para que mis cuentos fueran menos fango, mejor barro
para que tus ojos se perdieran detrás del fenómeno Leer más…
Ahora que los cielos se han abierto
En el mejor sentido de la palabra, bueno.
Muy bueno, tipo que ora y trabaja y coge al lenguaje por el mismísimo cuello y lo tira contra el papel en blanco, contra la pantalla del ordenador, contra la cabrona vida, y lo exprime y lo pone caliente y lo desautomatiza para que diga cosas y las diga duras y le llegue al Lector. Muy bueno, si, Guillermo Vidal, el escritor, cuyo cuerpo despedimos hoy, ahora que lo llora Las Tunas y Cuba se duele, desde todas partes, por esta pérdida irreparable para la literatura, para los amigos, para la familia Vidal Ortiz. Leer más…
Guillermo Vidal, por siempre vivo
Me enteré por la radio. Carlos Tamayo, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Las Tunas, convocaba a la membresía de la organización, familiares y amigos, a los funerales de Guillermo Vidal. La noticia me sobrecogió. Sabía que llevaba un tiempo padeciendo de una enfermedad respiratoria, pero jamás pensé en su muerte. Casi nunca creemos en el poder de la parca sobre gentes como él. Leer más…

