20 de febrero de 1982.
Ya me pican las ganas de terminar esta novela para la que tengo cuarenta títulos, todos insatisfactorios, quiero terminar esta novela para comenzar la novela de amor. ¿Cómo será la estructura de la novela-de-amor? Este diario sería la base que daría pie a los recuerdos.
Frase del día: El descontento consigo mismo constituye un elemento básico de todo verdadero talento (Mann). Luego hay una frase que dice: Shaka, el coño polaco inalcanzable y su club de admiradores que la siguen como una manada de perros por la calles de Xalapa. Avanza el diario y cuento mis (falsos) intentos de seducir a una rubia tonta. “No me gusta que me metan la lengua en la oreja”, me dijo a manera de confesión. Estuvimos toda la noche acostados y no hicimos nada. Al despedirnos dijo: “Estuvo bueno el revolcón”. Me encontré con uno de esos jóvenes que ofrecen admiración a diestra y siniestra. “Qué felices deben ser ustedes los escritores”, me dijo. Luego narro en mi diario las incidencias de una conferencia que dicté en Alvarado, puerto que tiene fama de ser el más mal hablado de México. Conté tres historias:
- La del escritor que se emborrachó para poder escribir un cuento cuyo protagonista es un personaje que se llama Sammy McCoy
- La del escritor que entró en un desván oscuro, tocó algo extraño que no supo identificar y que a partir de ello inventó la música
- Y la del escritor que se masturbó para poder escribir el capítulo de una novela en la que un personaje seduce a la niña Tisbe.
El público de la conferencia en Alvarado se mantenía hierático, e incluso así continuó cuando dije: “Las mujeres son como los perros: hay que atropellar uno cada noche para dormir tranquilo”. (Mierda: hoy me pregunto cómo diablos podía MT decir esas insensateces impunemente). Miento: sí hubo quien se mostrara indignado: la única mujer que asistía a la charla se levantó bruscamente y se retiró de la sala. Después dije: “Si estoy escribiendo una obra y veo que matan a alguien afuera de mi estudio, sin duda seguiré escribiendo sin inmutarme”. Terminó la conferencia. Se vendieron dos libros. A la una de la mañana salí a caminar. Había una fiesta frente al parque. Vi a unas chicas sentadas en una banca y las saludé. Ellas respondieron amabilidad. Me les acerqué e hicimos plática. Una de ellas era una criaturita preciosa. Rostro ligeramente mulato, facciones muy finas. Agresiva y coqueta. Vestía un llamativo overol rojo, muy ceñido, de tela semejante a una segunda piel. Cuando me reveló su edad quedé asombrado. ¡Trece años! Y era, my God, una mujercita en miniatura. Sus senos perfectos. Hablaba comiéndose las eses. Fuimos a caminar e hicimos un lindo fornicio al amparo de las sombras en el muelle al lado del río. Todo fue tan tranquilo y sencillo que todavía no salgo de mi asombro. Para ella también fue muy natural el asunto de la comunión de los cuerpos. Sólo supe que se llama Teresa y que vive en Veracruz.
Pd. Todo lo anterior es mentira.
