El humor en Sindo Pacheco

Sobre el humor en su obra narrativa

Amir Valle

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Nacido en 1956, Gumersindo Pacheco –quien a partir de 1990 adoptaría el nombre literario de Sindo Pacheco– comenzó a destacarse en el movimiento nacional de los talleres literarios a mediados de la década del 80. Ya desde entonces sus cuentos sobresalían por un modo distinto de asumir el humor, pues no era un medio transmisor de ideas sino el marco mismo donde se desarrollaban sus personajes estrechamente vinculados a un entorno rural. Varias narraciones suyas publicadas en revistas, boletines y antologías cubanas y extranjeras desde 1983 a 1989, fueron definiendo un estilo único en la narrativa de este autor: Cabaiguán, su pueblo natal, comenzó a delinearse en esos textos de un modo sui generis, como si en efecto fuera un lugar de la Isla fuera de lo común, un caldo de cultivo para ese humor campechano, vital, siempre despierto y sano, del guajiro cubano, pero con toda la malicia ancestral del alcalde de origen árabe que fundara el pueblo, con la picardía y la brutalidad tozuda del nacido en Islas Canarias que abunda en ese pueblito del centro y con toda la influencia de esa otra «cubanidad» de la que se permeaban los cabaiguanenses mientras (como diría un poeta también nacido allí) veían desde el parque «pasar los autos hacia Occidente».

libros-sindo-pacheco-4Esa misma realidad anunciadora de una definición de estilo sólida que aparece en los cuentos de Oficio de hormiga (1990) se consolida en la exquisita saga de María Virginia..

En esta saga, lo singular se halla en el modo en que Gumersindo enfrenta la ingenuidad de un amor infantil, con mucho de ese otro grande amor del Quijote por Dulcinea del Toboso: en la saga de María Virginia, el muchacho Ricardo Armas Salteador (fíjese bien en este apellido) enfrenta convencionalismos escolares, prejuicios sociales propios de la vida de un pueblito de campo, distancias enormes para ir tras su amada y recordarle que sólo él podrá amarla. Similar al Quijote, Ricardo se sabe (o se cree) amado y esperado y se desespera (igual que el ilustre caballero de Cervantes) cuando la vida le coloca numerosos obstáculos (estruendosos y risibles para el lector, no así para el protagonista) en el camino hacia su consagración como ese héroe que María Virginia se merece.

De las tres novelas, sin dudas la mejor en este sentido es María Virginia está de vacaciones, en la cual Ricardo sale de Cabaiguán tras la huella de su amada que ha ido de vacaciones a la playa habanera de Guanabo. La conformación de este universo real humorístico en torno a la vida de un muchacho campesino se logra por cuatro vías distintas básicas:

Uno: la configuración y personalización de los protagonistas y personajes secundarios según sus rasgos más risibles: Silvio Trompetilla, Los Catetos (jimaguas), Coco, El Bemba, Mariano Jesusón, Bella Persona (un tipo que le cae bien).

Dos: la mirada inocente, de quien no entiende (y se burla inconscientemente de) ciertos sucesos de la realidad inmediata (escena de cuando llegan a un motel donde se realiza un encuentro de talleres literarios):

El tipo leía emocionado, y de pronto se ponía colérico, como si estuviera bravo […] sin embargo, yo no entendía nada. Primero hablaba de un canario, y después de una muchacha y un marfil y unos elefantes, y luego venían como tres malas palabras […]. Había una mesa con un cartelito encima que decía POESÍA, tras la cual estaban sentados tres Bellas Personas de barbas de cobre como los griegos y espejuelos montados al aire.

–¿Criterios?… dijo uno de los griegos, sin alzar la cabeza, y la gente empezó a salir de la modorra.

– A mí me llega –dijo uno.

– A mí me toca – dijo otro.

– A mí también me llegó – dijo un tercero, sin embargo no sé…hay algo ahí que me choca.

[…]

Ya yo estaba un poco aburrido […] y dejamos aquella gente con su bobería del me llegó, me tocó y me chocó, y llegamos a otro grupo menos numeroso.41

 

Tres: la concatenación de situaciones absurdas para el personaje y su interés central con una psicología adaptativa y campechana propia del personaje protagónico en su enfrentamiento con esas situaciones:

Hay numerosas formas válidas de coger botella; aunque en todas lo primero que hay que hacer es olvidarse de los Moskovich y de los yipes Cuatro Puertas, pues aunque crucen vacíos, tienen serios problemas para recoger extraños […]. Si no había semáforo por todo aquello, trataba de ubicarme cerca de las muchachitas de la Universidad, que son unas tipas rubias de pelo largo y de la buena suerte. La otra posibilidad consistía en algún grupito de reclutas, aterrillados los pobres, de quienes los choferes se compadecen mucho.

Pero como donde nosotros estábamos ahora no había semáforo, ni reclutas, ni rubias de la Universidad […] ya llevábamos allí más de dos horas haciendo señas y los choferes seguían como si no nos vieran, como si fuéramos matas de guásima o palos de la luz. No hay nada más triste que ser un tipo palo de la luz.42

 

Cuatro: el uso de modismos, giros y frases propias del lenguaje popular burlesco referido a la realidad:

 

Era un tipo de viejas de esas antiguas, de pelo tieso y ojos mirones [la abuela de Mariano Jesusón que autorizaría el viaje].

[…]

Los Catetos estaban como siempre: pasándose bolas en la calle con un guante zurdo. Ellos lo único que hacen es jugar al taco y pasarse bolas con un guante zurdo.

[…]

A Mariano Jesusón cualquier cosa le quita el hambre. El día que tenga que afrontar los grandes problemas de la vida, se pasará meses enteros sin comer. Mariano sólo sirve para realizar huelgas de hambre.

[…]

Mariano Jesusón había empezado otra vez a hablar boberías. Cada vez se me parecía más a los críticos de cine, que califican de buena la película mala, y cuando dicen que es mala, la gente se mata en las colas por tal de verla.43

Como bien diría la venezolana Velia Bosch, a raíz de su labor como jurado en el Premio Casa de las Américas 1994, en el cual Gumersindo se alzara con el máximo galardón: «Sindo Pacheco es, en la narrativa latinoamericana, una de las voces más sólidas, genuinas y diferentes».

 

Fragmento del ensayo Brevísimas demencias: la narrativa cubana de los 90, Ediciones Extramuros, La Habana, 2001.