Breves opiniones de algunos colegas

Alberto Garrido - Ángel Santiesteban-Prats - Félix Luis Viera - Frank Castell -
Javier Iglesias - Joel Franz Rosell - Guillermo Vidal - Ladislao Aguado -
Manuel Gayol Mecías - Manuel Sosa - Sonia Díaz Corrales - Víctor Fowler

Sindo Pacheco (Cabaiguán, Cuba, 1956).

Sindo Pacheco (Cabaiguán, Cuba, 1956).

 

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Garrido-Rodríguez-AlbertoPara nosotros (mi generación), Sindo Pacheco es y será Gumersindo, el guajiro, más talentoso de la literatura cubana. Quién no perdió la capacidad de asombro ante María Virginia. Quién olvidaría aquel fabuloso capítulo de la competencia entre las más malas-malas palabras, en la que ganó nada menos que la sorpresiva y necesaria “pendejo”. Mientras la mayoría nos desgastábamos en los temas de la inútil guerra de Angola, las jineteras y los balseros, Gumersindo, dueño ya de un estilo dúctil, pegajoso, maduro y pleno de un espíritu jocundo único, se convertía en un nuevo Cardoso, más libre, y con otras hambres eternas.

Alberto Garrido

 

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Angel-Santiesteban-by-ClaudioFuentesEl Gume siempre fue un símbolo para nuestra generación. Cuando lo conocí, ya tenía esa simpatía de guajiro campechano y distinguido porque leía mucho, poseía una cultura envidiable y, entonces, comenzamos los escritores de ciudad a aprender de él, a seguir sus sugerencias literarias.
Su familia comenzó a ser nuestra, así como aquella generación llamada Novísimos, de la que formamos parte, a la que si agradezco pertenecer es por haber conocido a tan grandes intelectuales y de almas tan nobles como El Gume. Siempre ha estado al lado de sus hermanos, nunca traiciona. Mientras me mantuve en prisión, recibí sus mensajes de aliento, de hermano entrañable y, sobre todo, su apoyo.
Años antes, en mi primera visita a Miami, pasados apenas unos minutos de haber almorzado juntos, y de haberme dejado en casa de mi hermana, recibí una llamada suya: al llegar a su hogar había sufrido un infarto. Casi me da a mí también. Y mi hermana de inmediato me llevó al hospital. Me llamó la atención que nunca perdió la sonrisa, ese don suyo de hacer reír a los otros, aun a costa de su enfermedad.
Los eventos literarios no eran igual sin él, después que la diabetes lo obligó a ser más organizado, a cuidarse más. Nos pasábamos entonces el tiempo conversando, recordando sus jocosidades y sus historias de campo.
Sueño con darle un abrazo físico, y volver a reír y conversar de las cosas profundas que nos unen, como solo él sabe hacer.

Ángel Santiesteban-Prats

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viera-felix-luisTrascender lo local, lo personal, ha sido siempre una de las divisas del arte literario; quien no lo logre, no ha escrito, o acaso ha escrito para sí mismo. En Mañana es Navidad la máxima antes aludida se cumple con creces, por momentos resulta casi increíble que Pacheco, de la nada prácticamente, de una situación realmente baladí, levante el vuelo hasta llevarnos a los más intrincados vericuetos de un intenso drama humano; para esto, claro, hay que tener el olfato, la intuición, el ojo imprescindible del escritor para no sólo ver, sino además sentir el pulso y la sangre del entorno en que se mueve.

Félix Luis Viera

 

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Castell-Gonzalez-FrankGuillermo Vidal me presentó a Sindo Pacheco cuando yo recién comenzaba a escribir. María Virginia está de vacaciones fue la recomendación del Guille a una persona que estaba ingresada en el hospital de Las Tunas. La persona mejoró después de leerse la novela de Sindo. Cuando iba a nacer mi pequeño Alejandro, María Virgina…, la acompañó en sus días tristes. Cada vez que asisto como jurado a cualquier concurso recuerdo a Ricardo y Mariano Jesusón rodeado de “bellas personas”. Es más, hoy, mientras compartía con un grupo de jóvenes poetas dueños de criterios distantes y cercanos, le comenté a un amigo: estoy viviendo la novela de Sindo.

Celebro que se dedique el dossier a Sindo Pacheco por una razón: es un autor que conoce muy bien su oficio y sabe, desde la sencillez, crear un discurso universal y trascendente.

Frank Castell

 

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Iglesias-JavierAmir Valle me pide que defina a GumerSindo Pacheco en un párrafo. Podría decir que es uno de los escritores más representativos de la generación de los 90, pero esa sería la definición de alguien que solo conoce su obra. Para mí “El Gume” es de una sencillez tal que a veces pienso que no sabe cuán importante es para la cultura cubana. Su grandeza radica en la capacidad de escribir con la misma oralidad que usa cuando cuenta una historia –todo un espectáculo mucho mejor que cualquier película– y creo que por eso su literatura es tan cinematográfica. GumerSindo es un personaje creado por él mismo, es aquel guajirito de Cabaiguán que ganaba 12 almuerzos como limpiabotas después de salir de la escuela. A pesar de la distancia que ahora separa sus deseos de los ayeres no ha perdido la manía de limpieza, con la diferencia de que hoy después de haber rodado junto a Jimmi Fontana por “El Mundo” limpia los sueños que se convertirán en su próxima novela.

Javier Iglesias

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franz-rosell-joel2Desde que en 1994 eclosionó como una primavera con Maria Virginia está de vacaciones, Gumersindo (Sindo) Pacheco nos tiene tan acostumbrados a personajes entrañables, ambiente pueblerino pintoresco, pero no por eso menos realista, prosa precisa, inventiva y graciosa. Su estilo es una especie de realismo exagerado, ricamente intertextual, que le permite abordar no solo las honduras y contradicciones de la vida juvenil, sino las impurezas de la realidad cubana ya sea de los 80, los 70 o los 60, que aborda, a veces con la gravedad de Las raíces del tamarindo (2001) o con el humor de El beso de Susana Bustamante. Historia de la pandilla más temible del mundo (2011), que es su novela más reciente que he leído. Aunque no conozco su obra para adultos, puedo afirmar que posee una de las voces más originales de la narrativa cubana puesto que en literatura juvenil su contribución es preciosa e inconfundible.

Joel Franz Rosell

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Vidal-Ortiz-Guillermo…ahí está el Gume y ese estilo sabroso y cubano que, más que escribir, parece que está contándonos un cuento. Si hay un cuentista que en estos momentos tiene un estilo identificable, de esos que uno lee y enseguida le coge la seña de quién está detrás de esa historia, ése es él… y si Angelito (Santiesteban, Nota del Editor) es pura pegada, piñazo que revienta la cara; y si Garrido es sensualidad desenfrenada, la narrativa del Gume es dicharachosa, popular, con los pies bien enterrados en eso que algunos llaman cubanía y que uno sólo puede entender bien cuando lee los cuentos de Gume o su novela María Virginia está de vacaciones.

Guillermo Vidal

 

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ladislao-aguadoCuando leí María Viginia está de vacaciones no conocía la obra de Sindo Pacheco, pero recuerdo que pensé: «finalmente un libro divertido en la literatura cubana». Luego vinieron sus demás título, pero guardo siempre esa primera impresión con gratitud. Fue casi una sensación de ‘alivio’ leer esa novela en medio de la tristeza de los años noventa en Cuba.

Ladislao Aguado

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Gayol-Mecias-ManuelPienso que la escritura de Sindo Pacheco es como viene a ser él mismo en una conversación o en una entrevista hablada: fresca, ocurrente, transparente. Es alguien que escribe sin saber por qué lo hace… Bueno, eso lo dice él. Pero en realidad, Sindo escribe porque le nace, porque es un creador profundo que surge del propio misterio de su naturaleza. Y porque todo lo que brota de él, sale con la humildad y la magia de un verdadero escritor.
Manuel Gayol Mecías

 

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Sosa-ManuelEs uno de esos orífices que salvan la profesión, narrando sin complejos, sin preguntarse si va a la zaga o la vanguardia. Vivió toda la estampida de los noventa, cuando alguien disparó al aire y anunció y describió la carrera hacia la posteridad. La narrativa cubana fue un esquema arduo, cotejado y descrito por sus propios profetas. Se fraguaron moldes, se escribieron recetarios. Un cuento necesitaba patrocinadores, guión, atmósfera, tema que cumpliese los requisitos. Todo aquel que pretendiese ser tomado en serio escribía su relato sobre la guerra de Angola, sobre la cárcel, sobre el servicio militar. El tema gay era obligatorio, como el servicio. La superposición, interposición de planos, la intertextualidad.

Yo quisiera saber cuánto de esto recuerda Sindo Pacheco. Desde que lo conozco, lo he visto auxiliarse de eso que ya nadie confiesa: su propia intuición. Yo quisiera no creer que escribir es un mal disimulado rubor. Para mí lo es, o sea, reconocer que escribimos cuando nadie nos ve y luego tener que mostrar el pliego al curioso y al entrometido. Mientras quede una pizca de esa ingenuidad, podrá salvarse la literatura, si ese es su destino.

Sindo Pacheco no aprendió técnicas narrativas en un taller literario, y sólo los frecuentaba para extasiarse con las dramáticas entonaciones y los ritmos sorprendentes de sus amigos los poetas. Es un narrador natural, virtud o defecto que puede cerrarle (más que abrirle) muchas puertas. Su mayor envidia es no poder leer a Huck y Jim en la jerga del Gran Río. Su mayor proeza: no necesitar que se los traduzcan.

Manuel Sosa

 

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Diaz-Corralez-SoniaConozco a Sindo Pacheco desde que éramos muy jóvenes, desde que era “Gume” y nos veíamos en el barrio, o en las matinés en el Club Campestre de Cabaiguán los domingos; en esa época apenas nos decíamos un saludo un tanto esquivo.

Un día de esos que uno anda con mucha suerte fui a parar al Taller Literario Rubén Martínez Villena y allí me encontré con Gume. Resultó una sorpresa enorme conocer a aquel muchacho divertido, sensible, que podía sacar un cuento de cualquier nimiedad. Desde entonces destacaba como un narrador finísimo (sus cuentos “Medio metro cuadrado de aluminio” y “Diana”, apuntaban a un fin más alto) que luego acabó escribiendo su saga de las novelas de María Virginia y ese gran relato que se llama Mañana es navidad, y que es, sin dudas (a mi juicio), una de las obras contemporáneas más logradas escritas por un narrador cubano. Nos acercamos mucho en esa primera época de taller, celebramos juntos cumpleaños y otras batallas: literarias, humanas, familiares (mi hijo, su hija), la salida de Cuba, y el reencuentro en Miami hace unos años.

Ese muchacho que conocí en el taller de Cabaiguán sigue siendo un verdadero amigo, que abre la puerta para que pasen otros primero, aun cuando es su turno. Hay algo que no se puede dejar de decir de Sindo Pacheco, es un amigo sin límites, un ser humano humilde, divertido e inteligente, más allá del escritor talentoso y reconocido que es. Estando con Sindo nunca me faltó alegría o aliento, abrazo o apoyo, casa o comida, café o tisana, daba igual, todo era motivo para empezar una de aquellas conversaciones recurrentes que nos hacían ir de mi casa a la suya y viceversa (mientras Mora hacía un café tras otro y Zary y Lucho correteaban escaleras arriba y abajo); discutíamos durante días sobre si “Mi vida con la ola”, de Octavio Paz, era un cuento o un poema. Hoy estamos seguros de que es ambas cosas, encontramos un punto ciego, un sitio donde nos sentábamos con Paz (en paz), a hacer las cuentas, supongo que agradecidos por tenernos uno al otro. Nos leíamos lo que habíamos escrito y fragmentos de los libros que nos traían de cabeza en ese momento, y no parábamos de darnos el privilegio de la amistad. Yo soy una persona y una escritora privilegiada, estoy muy agradecida por haber tenido la oportunidad de disfrutar de la amistad, la complicidad, el cariño y el talento de Sindo Pacheco.

Sonia Díaz Corrales

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Fowler-VíctorGumersindo (Sindo) Pacheco quiere decir “el Gume”, pero entonces uno ya no sabe si está hablando de la realidad (es decir, sobre alguien que existió o existe) o sobre la creación erupcionada (miren qué verbo tan loco me he tenido que inventar para abarcar a este especimen) de uno de las mentes más delirantes de la Isla. Porque Gumersindo es la Isla, la parte dulce de la fruta, lo sabroso descomunal.

Las generaciones futuras averiguarán el misterio de cómo rayos fue que un cubano cuenta-cuentos (que cuando lo escuchas, estás oyendo aquel mítico Juan Candela de Onelio Jorge), cómo fue que pudo cargar toda la gracia, la naturaleza, la inocencia, la bondad y la ricura de la gente y llevarlos todos a cruzar por sobre el mar, y aún revivirlos en mundo y ciudad nueva.

Cuando el Gume gesticula, habla, hace cuentos, las figuras del universo literario –que para este loco, todo es literatura- empiezan a crecer ante los ojos, para la sorpresa, la alegría, la sabiduría y una risotada destartalante como final. Gran portavoz de Cabaiguán por el mundo.

No sé si Miami lo entiende (y creo que no, como todavía entiende poco de muchísimos regalos que le han dado), pero algún día agradecerá la fabulosa inyección de vida que el Gume –lo mismo con su obra, que con  la verba guajira, inacabable- se trajo consigo.

Ah, pero lo mejor, lo que más me gusta es que –como buen guajiro- no se guarda nada, sino que invita y reparte. Porque este es de los que ponen la mesa y gritan: “!Arriba, caballeros, que aquí hay fiesta hasta que se acabe!”.

Y, mira casualidad, siempre hay.

Víctor Fowler