S de Sindo y S de Susana

Acerca de su noveleta El beso de Susana Bustamante

Zahylis Ferro

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Ingenio, amistad, inocencia, espíritu aventurero, ansias de grandes conquistas, sencillez y ternura jóven y febril se mezclan deliciosamente en El beso de Susana Bustamante (Editorial Gente Nueva 2011), una nueva historia del “Mark Twain tropical” Sindo Pacheco.  

libros-sindo-pacheco-6Hace un tiempo, tras haber publicado en kontARTE un cuento de Sindo, trataba yo de describir su habilidad para narrar cosas inverosímiles de la manera más sencilla imaginable, cuando alguien en un comentario lo llamó el “Mark Twain tropical” y no creo que haya mejor calificativo que ese. Podría ser este libro una adaptación cubana de Tom Sawyer, o un Huckleberry Finn made in Cabaiguan, igualmente exquisitos en el uso de una narrativa limpia y excitante que fluye como arroyo desbordado y de  la misma manera te arrastra, te somete, te adentra en sus intimidades y dulcemente te roba la sonrisa. Pero tiene El beso de Susana Bustamante una autenticidad sublime, la sencillez de ser una historia repetida y repetible, la humildad de la aventura casera, la inocencia y libertad de una adolescencia  circunscrita a barrio pequeño e ilusiones grandes. Es un libro que se lee solo, o mejor aún, un libro que es capaz de leer al lector, de transportarlo a sus propias vivencias de pandillas y horas perdidas en el mataperreo típico.

Trae Sindo a Susana de la mano y la deja ahí, donde todo el mundo puede verla, y ella a su vez trae un beso que sabe mejor que los mejores helados del mundo, y lo pone ahí, donde solo quien se lo gane bien puede disfrutarlo, y es en los labios de un Pablo-halcón, Pablo-corsario, Pablo-pandillero-temible que sabe no solo ganárselo sino que lo desea como nadie.
Yo, que fui parte de una pandilla tan versátil como la de esta historia, que un día era exploradora y otro día marina, y otro, miembro de la corte de un palacio árabe, y otro más detective con dotes paranormales, no pude dejar se reírme de las ocurrencias de estos corsarios mientras buscaban “sus frases,” y planeaban el falso ataque a Carburo y el rescate de Honorata. Yo, que tenía que salir al barrio a ver las aventuras de las 7 y media porque el televisor de mi casa estaba más veces roto que arreglado, no pude dejar de imaginarme la escena en la sala de Agapito y Anastasia. Yo, que admiro las historias simples que se las ingenian para hacerte sentir como si hubieras tratado los temas más profundos del mundo, no pude ni puedo dejar de agradecer esta lectura, el que exista un Sindo Pacheco, y el beso de una Susana Bustamante, que ya es parte de una pequeña colección de libros que quiero regalarle a mi hija en unos años.

A los amantes de la narrativa limpia y la literatura aventurera  solo me queda por desearles ¡que lo disfruten! En cuanto a mí, resumo mi opinión sobre el libro en pocas palabras y a lo Susana Bustamante: “¡Uy, me encanta!”