Kamasutra y otros poemas

 

Poesía

Noé Lima

Noe-lima-orilla-otrolunes-35Noé Lima nació en Ahuachapán, EL Salvador, en 1971. Escritor, poeta y pintor. Fue miembro fundador del grupo literario Tecpán  y desde 1994 participa en diversos encuentros poéticos, dentro y fuera de su país, entre ellos pueden citarse: Manifestarte, Barrilete, Industrial (Guatemala), VIII Encuentro Internacional de Escritores Eunice Odio (San José, Costa Rica) , II Festival Internacional de Poesía El Turno del Disidente (Tegucigalpa, 2012), al VIII Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango (Guatemala, 2012) y C.A-6 (Managua, Nicaragua, 2012). Fue miembro del equipo coordinador del suplemento cultural “Altazor” del diario El Mundo de El Salvador. En su haber tiene los libros Efecto Residual (Ediciones Mundo Bizarro, Guatemala; 2004)  y próximos a publicarse: Pabellón Psiquiátrico, ERÓGENA EN 3D y Zumbido.

 

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La última cena en la mansión de Play Boy

A  José Ernesto Cristales.

 

En llamas

así mantengo los dientes
al morder
al recordar
a Ana
a Jazmín
o a Mathilda

esos relatos húmedos
que limpio al rodar por los baños
el insomnio
el papel higiénico vagabundo
de los casinos rotos

soy el lector de un ombligo
con dos décadas de parecerse a un sobre
donde se pueden guardar las penas
un libro de Robert Frost
la dentadura de Sinclair Lewis
mi vieja fotografía
convertida en polen repentino
al penetrarlas
con la mirada constantemente

yo las guardo
al recordarlas
dulces
quietas
a la orden
cenando
como cuando se mueven las sillas
con el bostezo de las moscas
o la discreta tarjeta de crédito
para pagarme la sed ajena
y la piel de un albatros
arañando con ceniza sus poros

las recuerdo en cada erección
cuando leo el periódico
o  siento el trapecio nasal del aire
de su sexo sonriente
en el bar que ronca lento
el yeso festivo de ese jardín
en primavera

yo las guardo en el bolsillo
con el aroma
de mi limousine
de su culo
retratado en los asientos traseros
la ropa interior tirada
aferrándose
como un carnicero al vértigo de la carne
colgada en mis molares.

 

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Sesenta pastillas de Secobarbital

Una hoja en blanco siempre está plagada de preguntas

Siempre vocifera
a lo lejos si el veneno apunta directo a las arterias

Lo hace sujetándose al calor de Cali
al aspecto de estrella de pop famélico
a la mirada llena de fuegos artificiales
saliendo de una discoteca hipocondríaca
ante ese gesto de un macondo hundido en la alcantarilla
y ese invierno arrugado en las vidrieras
después de que el corazón termine de bombear la última
canícula de ese alfabeto que grita en el estómago
y que te dice
que vas a morirte
y no hay quien toque la trompeta
en los afilados dientes de caperucita

Cali es una sutura ante el ruido de la avenida
un cariado arco en el diafragma
un cordero degollado con la sombra del tendido telefónico
con la voz de Héctor Lavoe
que resuella sobre las tachaduras
de cada nombre en la barra de la cantina
que el amor es una mierda
una bocanada con axilas de ángel
en las grietas de las paredes

Cali es una sutura de salivazos en los portones

Lo es mientras la página en blanco te llama
por tu nombre
señales particulares
cicatrices de guerra en el colegio franciscano
películas vistas a lo largo de tu vida
guiones de cine sin acabar con orgías en el celuloide
en ese beso de coral que solamente se guarda en la funda de la almohada

Lo es mientras los intestinos se convierten en olas
la respiración es una puta abotonada a los párpados del aire
la piel es una llaga ocular para el espejo retrovisor de los coches
la hinchazón de la cara es una moneda estrellada contra la luna
y los latidos del corazón son paquidermos con sueño
en el afilado murmullo de las manecillas de los relojes

Cali respira ya muy lento
Andrés
de nausea cálida como el abrazo del sol cuando  estalla sobre los mares
no dejes de respirar hasta que termine la música
esos aulladores barcos
parecidos al capilar arpegio de tu libro bajo el brazo

Sesenta pastillas de secobarbital
no me lo creo
para que un bostezo dure tanto en al alféizar cálido de los muros
ahogados con tu voz
en Cali
en el cuaderno victimario que sufre de inmolaciones
cada vez que arrancas esa página en blanco
y no puedes escribir bien tu nombre.

 

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Kamasutra

La única posición
asumida seriamente
por un poeta
debe de ser
la del silencio

la muerte deshojada
con sus vértebras de ocio
en el trapecio del tiempo
hundido en el libro escrito
con los olores de la noche
al pie de una botella
ante el párpado cerrado
por el hollín nocturno de las aves

La única
debe de ser
la distancia cuerda entre los versos
y la sordera provocada por el insomnio
después de desclavar estrellas marinas
de la pared
que todavía bosteza
la última balacera.

 

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9mm.

Terry Kath
mira la pistola
sus labios de alfabeto naranja

insiste en tocarla

no deja de tomarle el pulso a su fría piel
a esa alba tibia en la cavernosa fosa de Woodland Hills
que ha lanzado al aire el acorde secreto del fuego

sin saberlo
predice el canto de la piedra
cuando juega a ser sorda ante el mineral aliento de la tierra
que está lista para enterrar el peso de la neblina

todos escuchan el ronroneo de las botellas sobre las mesas
las últimas palabras de un brindis
“tranquilos todo está descargado”
su crepúsculo de hueso roto por un balazo
que cae como un abecedario en el papel tapiz
rompiendo su abultado vientre
y el sobre peso generado por la cerveza

Terry Kath
ya no juega ruleta rusa
ni toca una Fender Stratocaster
más que en el viejo vinilo de mi padre
dando giros
como flor erizada por una aguja

esta noche veo la luna triturada
por las esquinas de mi ventana
y todavía veo el humo
de su pistola
como una abeja ahogada en el fondo del cenicero.