PM y las consecuencias de la censura

Sobre la novela El caso PM. Cine, poder y censura, de Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas

Daniel Díaz Mantilla

PM y las consecuencias de la censura
Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas
Editorial Colibrí y Editorial Hypermedia, España, 2014

 

el-caso-pm-otrolunes35En un libro ya clásico, Walter Benjamin comentaba sobre la ingenuidad de los debates que en el siglo xix se suscitaron en torno al problema de si la fotografía era arte o no, sin advertir una cuestión mucho más pertinente y que, en el próximo siglo, se hizo ya ineludible: hasta qué punto la invención de la fotografía cambió el carácter del arte.1 Algo similar ―decía Benjamin― ocurrió después con el cine, y afirmaba que la reproducibilidad tecnológica del arte, al tiempo que obliteraba la aplicación del criterio de autenticidad a la obra artística, permitía su recepción masiva y le otorgaba una nueva función, una función política. Eran los años treinta del siglo xx y en los estados totalitarios de Europa y Asia todos los aspectos de la cultura se instrumentalizaban en apoyo de las ideologías dominantes: el arte simplificaba sus contenidos y se tornaba propaganda. La Segunda Guerra Mundial y la posterior «Guerra Fría» vieron instaurarse, sobre todo en la Unión Soviética y los países bajo su influjo, un arte controlado estrictamente por los partidos de orientación comunista. Esta situación cambió levemente a mediados de los años cincuenta, cuando Nikita Jrushchov denunció los graves crímenes cometidos en el estalinismo2 e inició un proceso de descentralización que, no obstante, en muchos aspectos quedó por debajo de las expectativas del propio Jrushchov3 y provocó, a la postre, su derrocamiento por Leonid Brézhnev.

Todo esto quizás parezca irrelevante para hablar de un filme de apenas catorce minutos que documenta la diversión de personas comunes en los bares de La Habana, en las noches de 1961. Sin embargo, no es así. El cortometraje en cuestión, titulado PM y dirigido por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera, sin referencias a lo político, se convirtió en el detonante de uno de los mayores debates sobre la política cultural del gobierno cubano después de 1959, un debate que todavía hoy ejerce profunda influencia en la vida y en la obra de los creadores en la Isla. Entre las consecuencias inmediatas de la censura a PM están las reuniones en la Biblioteca Nacional José Martí de varios dirigentes del gobierno con un grupo de intelectuales para aliviar la inquietud que este hecho había provocado, y el discurso de Fidel Castro conocido como «Palabras a los intelectuales». Otros eventos de gran relevancia para la vida cultural del país ocurrieron también en ese tiempo ―el cierre, supuestamente por escasez de papel, del semanario cultural Lunes de Revolución, y luego también del diario Revolución, el Primer Congreso de Escritores y Artistas, la fundación de la UNEAC, entre otros― y, si bien no todos son consecuencias del llamado «caso PM», perfilaban ya, en su conjunto, una tendencia que ganó fuerza hasta entronizarse desde 1971 en lo que se conoce con el acaso ambiguo nombre de «Quinquenio Gris»:4 tendencia que puede verse como «una centralización del poder cada vez más asfixiante»,5 o como «la emergencia de una forma autoritaria de especial virulencia, el dogmatismo»,6 o tal vez como la creencia de que los problemas del arte y la cultura solo podían abordarse «desde las posiciones de una clara militancia partidista y una profundización constante en los principios del marxismo-leninismo».7

En todo caso, con la prohibición de PM se abrió en Cuba el debate sobre los límites de la libertad que los intelectuales tendrían para expresarse, sin precisar ―como pudiera haberse esperado― los límites de la libertad que el Estado tendría para imponer sus límites. Quizás las difíciles circunstancias por las que atravesaba el país aquel año, con la creciente hostilidad de los Estados Unidos, que apoyó la invasión de Playa Girón apenas un mes antes, impidieron que el debate avanzara en ese rumbo; aunque los vínculos cada vez más estrechos con la Unión Soviética y la declaración del carácter socialista de la Revolución (algo que el propio Fidel Castro negó hasta entonces), justificaban el temor de que se instaurara en el país un régimen de corte estalinista. Cierto que el nefasto sucesor de Lenin había muerto y que Jrushchov traía a la URSS nuevos aires de libertad, pero los partidarios de Stalin eran todavía poderosos y la censura a autores como Alexander Solzhenitsin y Boris Pasternak continuó durante la llamada «desestalinización». Diez años después de la prohibición de PM, la encarcelación de los poetas Belkis Cuza Malé y Heberto Padilla, y la autoinculpación pública de este último en la sede de la UNEAC, reanimaría ese temor en un escándalo internacional de graves consecuencias. Pero entonces, a fines de junio de 1961, el incipiente temor de los intelectuales cubanos fue acallado con una simple promesa: «Nosotros no le prohibimos a nadie escribir sobre el tema que quiera escribir. Al contrario: que cada cual se exprese en la forma que estime pertinente, y que exprese libremente el tema que desea expresar».8 En la práctica, no obstante, la censura de PM legitimó el argumento esgrimido por Alfredo Guevara de que la película no daba «una correcta visión de la existencia del pueblo cubano en esta etapa revolucionaria»,9 con lo que comenzaba a monopolizarse esa supuesta visión o interpretación «correcta» de nuestra realidad y de nuestro deber ser en tanto pueblo.

En efecto, lo ocurrido con PM no fue un suceso aislado y excepcional, sino apenas el primero de una larga lista. De ahí su trascendencia y la utilidad de analizar en profundidad no solo el contexto en que ocurrió, sino también sus resonancias: los motivos y efectos de aquella prohibición. Tal es el propósito de El caso PM. Cine, poder y censura; una compilación de Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas, publicada inicialmente por la Editorial Colibrí y reeditada en 2014 por Hypermedia, donde se reúnen testimonios, documentos y reflexiones de varios autores en torno al filme, y donde también se exploran las espinosas relaciones entre cultura y política en la Cuba posterior a 1959. Es, sin duda, un libro necesario, parte del arduo proceso de análisis de esta convulsa etapa de nuestra historia.

Notas del artículo

  1. Walter Benjamin, The Work of Art in the Age of Its Technological Reproducibility, and Other Writings on Media, Harvard University Press, Cambridge - Londres, 2008, pp. 28 y ss.
  2. Nikita Jrushchov, «Acerca del culto a la personalidad y sus consecuencias», discurso ante el Comité Central del PCUS, pronunciado a puertas cerradas el 25 de febrero de 1956. El texto de este discurso no se publicó oficialmente en la URSS hasta el 3 de marzo de 1989, como parte de la apertura promovida por Mijaíl Gorbachov. Una versión en español puede leerse en www.marxists.org/espanol/khrushchev/1956/febrero25.htm
  3. Véase, por ejemplo, «I am not a judge», en Memoirs of Nikita Khrushchev, t. 2, Pennsylvania State University Press, University Park, 2006, pp. 545-565; donde Jrushchov se refiere a las relaciones del estado soviético con la intelectualidad y, específicamente, con los artistas.
  4. A propósito de la pertinencia o no de este nombre, véase la conferencia de Ambrosio Fornet, «El Quinquenio Gris: Revisitando el término», leída en la Casa de las Américas el 30 de enero de 2007 y publicada en La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, primera parte, Centro Teórico-Cultural Criterios, La Habana, 2008, pp. 25-46.
  5. Emmanuel Vincenot, «Censura y cine en Cuba: el caso PM», en Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas (comp.), El caso PM. Cine, poder y censura, Ediciones Hypermedia, Madrid, 2014, p. 58.
  6. Fernando Martínez Heredia, «Pensamiento social y político de la Revolución», La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, ed. cit., p. 157.
  7. Luis Pavón Tamayo, discurso pronunciado el 13 de mayo de 1974 en la inauguración de la VI Reunión de Ministros de Cultura de Países Socialistas, y publicado en El arte, un arma de la Revolución, Departamento de Orientación Revolucionaria del Partido Comunista de Cuba, La Habana, 1975, p. 11.
  8. Fidel Castro Ruz, «Palabras a los intelectuales», discurso pronunciado el 30 de junio de 1961 como conclusión de las reuniones con varios intelectuales cubanos en la Biblioteca Nacional José Martí, www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f300661e.html
  9. Texto de la comunicación enviada por el ICAIC a la Asociación de Escritores y Artistas, sobre la prohibición de la cinta PM, en El caso PM. Cine, poder y censura, ed. cit., p, 307.