"…debemos aprender a guardar distancias.
Crear un minuto de distancia"

Entrevista a la escritora cubana Ana Luz García Calzada

Por Ricardo Javier L. Deville

Ana-Luz-Garcia-entrevista-OtroLunes35

Habíamos pospuesto la entrevista en más de una ocasión. Para aquel entonces yo residía en la Isla, y aunque con regular frecuencia nos encontrábamos amen del calor del Guaso y los brevísimos instantes que datan entre charlas literarias o nuevos proyectos semanales de la UNEAC ella eludía el tema con un simple: “llámame por teléfono” o “envíame el cuestionario por email con las preguntas”. Tenía la sensación que me evitaba. Así pasarían nueve largos meses. Hasta que uno de esos jueves de mayo en que el clima se torna insoportable, grabadora en mano, llegué a su modesto apartamento ubicado en los bajos de la calle Jesús del Sol. Ana Luz no me lo dijo, pero era día de su espacio Café Literario y solo contaba con dos horas máximo para escoger algunas preguntas de mi surtido cuestionario y asestar la estocada. Así, sentados como dioses alrededor de su amplia mesa de comedor -siempre cubierta de libros escalonados- transitamos por sus obsesiones que siempre consisten en disímiles viajes fantásticos y novedades literarias del momento. Fue entonces cuando le solté la primera pregunta.

 

¿Qué te conllevó a ejercer el acto literario?

Recuerdo que desde niña inventaba discursos. Cogía a mi gato y me iba detrás de un escaparate antiguo que había en mi casa natal. Y allí me sentaba sobre el cesto de la ropa sucia a contarle unas historias que evidentemente no eran pequeños cuentos, sino grandes historias. Aquella casa era muy grande, nada parecido al pequeño apartamento donde vivo hoy día, pero lamentablemente la vivienda se quemó. Y escribir pasó a ser necesidad innata. Parece desde chiquita tuve cierta tendencia a relatos largos mas que pequeños cuentos. O algo por el estilo.

 

¿Cuáles lecturas resultaron decisivas en tu formación como escritora?

Sería una larga lista; pero mi primer asombro de verdad fue Poe. Cuando lo descubrí me obsesioné con él y recuerdo que el primer relato que escribí era de corte fantástico, basado en una joven que quizás era mi alter ego, o yo misma. Un elemento de ficción que ayudaba a su padre carpintero a hacer un ataúd. Ya mi madre había muerto para ese entonces y en el relato la joven estaba obsesionada con la idea de morir que la perseguía a todas partes, hasta que la muerte la conlleva a acostarse en aquella especie de cama fúnebre y termina llevándosela. Ese fue uno de mis primeros relatos bien escritos. Incluso me sabía fragmentos de memoria, pero evidentemente ese relato con los años se ha extraviado. Tenía un lenguaje que me sorprendía. Ya con veintiuno o veintidós años tejía unas historias bien contadas y ese relato, por supuesto, estaba escrito bajo la influencia de Edgar Alan Poe. Otro que me impresionó sobremanera fue Julio Cortazar, sobre todo los cuentos: “Circe”, “Casa tomada”, “Cefalea”, El axololt”, “El ómnibus”. Un buen número de relatos que frisan entre lo fantástico y lo real, pero más hacia lo primero, y ya te digo, mi primer cuento tuvo ese corte, aunque con cierta tendencia realista. Cosa que he mantenido durante toda mi vida literaria. Yo tengo una parcela de mi obra que es más realista y otra que es fantástica. A veces se mezclan, es algo que no tengo bien definido en mi concepción de elaborarlas. Hay esa mezcla que a veces sale pero es mero realismo; porque la historia que voy a contar me lo pide y en otras ocasiones emerge lo fantástico. Luego otro escritor que demoré bastante en conocer fue Jorge Luis Borges porque no se publicaba en Cuba y alguien, no recuerdo quién, me prestó un ejemplar de Ficciones que incluso aun no se ha publicado en el país. Aquí se publicó una selección de la obra de Borges en donde aparecen poemas y algunos ensayos. En este ejemplar que menciono con anterioridad viene lo mejor de él que he leído en mi vida. Creo que sobre todo en la acera del cuento fueron los tres grandes que me influyeron, al menos hasta entonces. Ya después en lo que respecta a la novela, me apasionó una pequeña de Henry James también de corte fantástico que se llama Otra vuelta de tuerca. ¡Fabulosa novela! Al parecer James me inspiró a escribir  un género más largo porque siempre me estuvo rondando la idea de la novela y no estaba preparada para ello pues quizás necesitaba más lecturas o vivir más. Después vino Faulkner con Mientras agonizo sobre todo, aunque están Las palmeras salvajes y los cuentos. Bueno, Heminway aparte. Faulkner es un realismo subjetivo que se apega más a mi gusto y a mi forma particular de escribir. En el caso de Heminway me encantaba la economía de medios, la sencillez y la profundidad de lo que decía sobre todo en los cuentos. En ocasiones lo releo y al terminar me doy cuenta que he leído algo grande. En la actualidad es de una experiencia modélica por decirlo así.

 

Sentados, los escritores Alberto Garrandés, Miladis Hernández Acosta y Ana Luz García Calzada.

Sentados, los escritores Alberto Garrandés, Miladis Hernández Acosta y Ana Luz García Calzada.

¿Cuánto hay de Ana Luz implícito en sus personajes? ¿Te resulta difícil desdoblarte en las diferentes voces narrativas que componen tu obra?

Mira, a mí se me acusa en buena parte de mi obra de ser demasiado impersonal, que no pongo mucho de mí en el sentido de la experiencia. Eso por un lado. En otro, no hago un desdoblamiento o prolongación de mí en mis personajes. Es cierto. Doblemente en el sentido de que mis personajes en primera persona son hombres, no mujeres; pero yo creo que eso no importa, y aunque sean personajes masculinos es quizás la visión que poseo del hombre o de mi experiencia del hombre como género. Entonces creo que en mi obra no soy del todo impersonal porque todo lo que narro de alguna manera posee parte de mí aunque no sea propiamente mi experiencia particular. Uno nunca vive lo suficiente, a no ser que seas un escritor aventurero o tengas una vida social muy amplia. No necesariamente se tiene la experiencia para volcarla en una novela. También se debe escuchar a los demás y mirar qué le ocurre a los demás, y en ese sentido toda esa información que yo recojo de la vida social y oral, que son dos cosas distintas. Puedo oír un relato fantástico y puede formar parte de la oralidad o de la vida real, y eso me sirve. Por lo tanto si esas dos vertientes pasan por mí necesariamente deben llevar algo mío; ¿qué ocurre?, a veces me alejo un poco y otras me acerco. No se trata de acercarse en una primera persona, se trata que de alguna manera alguien que me conozca sepa que ahí tuvo que ver algo de mi experiencia personal; pues siempre digo, si hablo de esa experiencia los lectores pueden aburrirse pues no tengo una gran vida, es decir, no he realizado grandes viajes. No he conocido grandes personalidades: cubanas sí, universales no. En ese margen, mi vida no puede ser interesante para nadie. Vivo encerrada en una aldea y las circunstancias me han permitido viajar a unos tres o cuatro países por un breve periodo de tiempo que no me ha dejado amplificar mi visión del mundo, de cómo es en verdad ese mundo. Ese me llega no por la experiencia directa sino por lecturas o periódicos, o la visión de otros que puede ser o no la más acertada; pero siempre por una tercera, no la propia. Entonces trato de extraer de la realidad  histórica  algunos detalles que me sirvan para la ficción pues tengo esa necesidad.

 

¿Cómo asumes el hecho de ser mujer y escribir desde lo que Boti definiera como “su natal aldea”? ¿Ha sido esto una barrera para acceder a las editoriales nacionales?

Creo que ser mujer es lo mismo que ser hombre con la diferencia que nosotras tenemos una carga familiar mayor. Esto no es una regla, puesto que hay hombres que asumen las tareas de la familia, pero por lo regular las mujeres tenemos que asumir esto y por supuesto es bastante difícil para una escritora; y desde Guantánamo porque sabemos que es la última provincia con relación a la Habana, donde está el centro mayoritario del poder y realmente esto influye por una serie de circunstancias. A veces no se tiene un correo electrónico para acceder a los escritores, o sea, hay una serie de impedimentos que se van uniendo en el camino y te sofocan. En mi caso, vivo sola y eso me ha acarreado varias dificultades. Todos sabemos que la natal aldea puede ser también la “letal aldea”. Yo no quiero extremarme a decir eso, pero es una dificultad para el escritor de provincia; si a eso le sumamos que Guantánamo es la última del país, vendría a ser especie de desventaja, y ser mujer hasta cierto punto lo ha sido, aunque últimamente se está validando el discurso femenino. En cambio, para hacer una obra de creación las condiciones no son las mejores. Formo parte de ese conjunto de féminas que pasan trabajo para escribir. En ocasiones me paso seis meses sin escribir nada, y no es que no sienta la necesidad o la musa no me visite, sino que ganarse el pan nuestro ya es bastante difícil.

 

Además de escribir sé que andas preparando una serie de dibujos…

No dibujo por necesidad. Para mí es un oficio de tercera o cuarta, algo que tuve la necesidad de hacer y lo hice. Logré una serie hace algún tiempo que se frustró pues alguna gente me dijo” mira, no sé, yo creo que deberías repensarlo” Y eso también me limitó un poco. Hasta que dije: estoy perdiendo mi tiempo en hacer cosas que en definitiva no tiene el impulso de antes. Incluso hubo una persona que me cuestionó acerca de un dibujo  que es una especie de copa y  a la vez es una palma o una patena también, que es donde está el cuerpo de Cristo y entonces su imagen arriba, y ese alguien me dijo, tú no tienes nada que ver con eso… Bueno, no sé cómo esa persona sabe tanto de mi vida, de si creo o no creo. Yo he tenido periodos totales de descreimiento pero también te puedo decir  que los he tenido de pruebas muy fuertes de la existencia. Todas esas agresiones hacen que a veces uno se replantee la perdida de tiempo. Los plásticos también me dijeron, “sigue escribiendo”, como quien dice, eso que tú haces no tiene ningún valor. De todas formas yo lo hago siempre que sienta la necesidad; y anteriormente te decía que no tengo mucho tiempo para escribir ni leer, y hay que dedicarse a promover la obra de otros o autopromoverse uno mismo que es también, en definitivas, hacer la obra.

 

Junto al escritor Reinaldo Cedeño.

Junto al escritor Reinaldo Cedeño.

Heavy Rock vino a constituir una encrucijada que, en su contexto, sobrevino en una realidad dura, pero contada con un tono preciso que humaniza las historias. ¿Qué lecturas te ofrece a ti particularmente como escritora y por qué crees que no haya sido en su momento reivindicado?

En el caso de Heavy Rock, mi primer libro de cuentos, fue bastante controvertido porque levantó sospechas y estaba fichado ideológicamente, que si yo tenía en aquel entonces problemas ideológicos, decían, y bueno resulta que las historias estaban basadas en gente que se quería ir por la Base Naval, entonces un hecho cotidiano y que ya no existe por convenios de devolución. Sin embargo, se da con cierto aislamiento. Personas que han querido entrar y lo han logrado; y han sido devueltos, y otros no. Quizás eso podría ser material de otro libro, cosa que no me propongo hacer porque realmente me trajo bastantes problemas con la oficialidad reinante en ese momento. Me parece injusto porque hay que contar las cosas, la magnitud de los hechos. Por eso te digo, a mí me preocupa la realidad social y en ningún momento me propuse escribir relatos contrarrevolucionarios, sino que abordaran el punto de vista humano y esa necesidad de los personajes que no tenían la oportunidad legal de irse para reunirse con su familia. Como sucede con los “mojados” en México, gente sin posibilidad económica para viajar de forma legal y aspiran a mejorar sus vidas mediante esa vía. Acertada o no, ya eso es harina de otro costal y reflexión aparte. Entonces, quise abordar ese tema que no había sido tratado, sino desde la acera contraria, desde el militar que protege la frontera. Mas como eso ya estaba escrito en la literatura cubana, lo quise poner en boca de lo antagónico. Llamarlo así no quiere decir ser contrarrevolucionario. Fueron gente que quiso emigrar por alguna razón y no se descarta  que alguno fuera por problema político; pero no es un libro político sino humanístico, del ser que decide cambiar su vida y mas nada. Quizás pude explotarlo en otras zonas.  Ahí aparece Desmemoria del olor que es un cuento abordado desde la realidad fantástica. Heavy Rock aun no está incluido entre los libros importantes que se publicaron en la década del 80, y parece mentira que gente de tanto nivel no le hayan dado su lugar. Cada cual tiene el criterio que le da la gana o es posible que el libro haya sufrido los problemas de circulación insuficiente, o quizás no lo consideraron con la calidad necesaria. No es que hagan un análisis de mi  obra o publiquen cuatro cuartillas ni cinco, ni seis. Amir Valle fue el único que habló de él en un libro de crítica titulado Brevísimas demencias.

 

Estás considerada sin dudas una de las voces femeninas imprescindibles que novelan en el panorama de la literatura cubana actual ¿Te consideras como tal o simplemente el mero hecho, por añadiduras, suscita una visión singular dentro de tu literatura?

Casi siempre la crítica viene después de lo que uno escribe y yo he estado bastante ajena de los centros de poder. Creo que una de las pocas personas que se preocuparon por validar mi obra fue Nara Araujo, ya fallecida, y esa validación no ejerce ínfulas en mí para nada. Yo tengo un compromiso con lo mejor de la literatura universal, no con la cubana, o sea, en mi “yo cerebral”. No quiere decir  que haya llegado a ello. Cuando me siento a escribir, no pienso que estoy en Guantánamo ni en Cuba. Pienso que tengo que escribir algo valioso y en ese sentido no me preocupa ni ocupa si alguien dice que sí o no, pues eso debe venir después, si es que viene. Ya te digo, han demorado bastante en darme un espacio.

 

Cuando te sientas a escribir, ¿posees alguna manía especial?

La vida es tan apremiante como el tiempo, tanto que no sé decirte si tengo manías. A veces, a medida que escribo, y eso me pasa tanto en el ordenador como en el manuscrito, hago un aparte y digo cosas que se me ocurren a medida que las escribo, pero como trabajo a cualquier hora aprovechando esos brevísimos espacios de tiempo, me tengo que levantar porque alguna idea me ronda la cabeza y no la escribo. No soy de esas personas que apuntan y luego saben qué apuntaron. No. Yo tengo en ese momento que escribirlo para impedir se me desfigure la imagen, y entonces, como casi siempre ocurre de madrugada, me levanto a captar la idea. Esa quizás sea una manía “especial”. Tengo que reelaborar muchísimo la idea en la mente durante el duermevela, y como padezco de insomnio, ellas me ocupan y hasta que no las transcriba al papel quizás no logre dormir.

 

Historia novelada o novela histórica. ¿Cuánto se aportan entre sí?

¿Novela histórica? Eso no. Hasta ahora no me he propuesto hacerlo. A mí me apasiona la ficción. Utilizo a veces algunos pasajes de la historia a mi favor. Incluso un profesor universitario muy estricto me preguntó si yo hacía novela histórica. Le dije, tú estás equivocado, yo no pretendo hacer novela histórica, sencillamente utilizo elementos de la historia que me hagan falta para el discurso y nada más, pero no está en función de cumplir con cada detalle de lo que está oficialmente escrito; porque eso es bastante problémico. Saber si es verdad o mentira en ocasiones. Entonces, como no pretendo ser una historiadora que novela, mas bien cojo la historia como quien dice, “para eso”.

 

Ana-Luz-Garcia-entrevista-4-OtroLunes35Sé que no eres de las escritoras que persigue como deporte los premios literarios  ¿Cuánto de talento o simpatía condicionan que un autor se aproxime de súbito a un peldaño superior, teniendo en cuenta que carecemos de un ejercicio de crítica e imperan fluidos homogenéricos predisponentes a manipulaciones?

Manipulaciones no solo las hay en Cuba, en cualquier lugar puede existir. Está también la simpatía, como tú bien dices, o aquellas corrientes que súbitamente se apoderan de los llamados jurados promotores de escritores que se trazan metas, es decir, vamos a premiar a este joven, y en ocasiones a algunos no tan jóvenes; o a fulanito que nunca ha obtenido un premio. No soy de esas personas que concursan por deporte, aunque tuve una etapa donde lo hice. Pero no he tenido suerte, no solo con los jurados sino conmigo misma. Cuando tengo en verdad un libro que pudiera ser candidato a premio no lo he enviado, y creo que estoy hablando en ese sentido de Minimal son, mi primera novela. Siento no haberla mandado en su momento a concurso, y quizás otro libro más. Creo que esa novela, después, fue finalista de los Premios de la Crítica, y en su momento no caí en esas corrientes súbitas de las que te hablo y por ende alguien que dijera, a esta mujer le hace falta un premio y vale la pena promoverla. Porque aquí en Guantánamo no existían novelistas, no solo mujeres, los había pocos en sentido general. Estaba Guillermo Vidal que había publicado esa novela que es Matarile; Jorge Luis Hernández y quizás algún que otro, recuerdo un holguinero, Alejandro Querejeta, que ya tenía una novela, y yo. Éramos en Oriente pocos, y yo era una mujer escribiendo en un lugar donde no había un movimiento literario fuerte. Ahora sí, pero en aquél entonces éramos cuatro o cinco tratando de armar una obra y hacer los cimientos para que fuera lo que es hoy, una explosión de jóvenes escritores. Nadie vino a decir, vamos a solidificar a esta escritora en esta parte de la isla que después de Regino E. Boti no ha dado nada valioso, al menos hasta ese entonces.

 

Dónde comienza según Ana Luz el hecho narrativo y dónde termina.

La narrativa es el cuerpo principal dentro de mi obra. Mi manera de ver el mundo. A veces escribo poemas donde logro separarme de ese tutelaje que tiene la narrativa en mi vida. Pero digamos, en el ensayo o el artículo, cuando he tratado de incursionar en él, hay mucho de narratológico en general. Tengo esa tendencia y hay veces que la narrativa se mezcla con la poesía, en algunas zonas de mi escritura, más visible que en otras. Creo que por ahí ando. Sucede con la poesía que, cuando me siento a escribirla, se separa de la narrativa. Es un misterio.

 

¿Cuánto de positivo o negativo aportan los talleres literarios a la formación de un escritor?

Los talleres son fundamentales en un pueblo como Guantánamo donde los espacios de crítica o reflexión literaria no existen. El lugar donde se hace crítica literaria semanal es justamente el taller. Es de hecho ésta la quinta generación de escritores. Yo empecé en el año 87, y aunque no todos poseen el mismo nivel, sí creo que hay nombres ya que se están consolidando muy bien. Algunos otros se han perdido, o forman parte de otro contexto o están fuera del país; pero siguen aportando con sus obras. La última promoción literaria está brindando frutos muy importantes a nivel nacional, o sea alcanzaron un nivel superior al taller.

 

En tu obra se respira cierto olor a musicalidad religiosa clásica del siglo XIX que, sin teorizar al respecto, dotan a tus historias de un ambiente que roza en ocasiones con el ambiente histórico religioso ¿Aportó esto algún elemento simbólico a la hora de conformar una novela como es Video, graffiti y otros tatuajes en la caracterización de personajes como los dos Juanes, por ejemplo?

Hay influencias no solo de la música, sino también de religión. Yo soy católica de origen. Estudié en una escuela conservadora. Mi padre era católico, mi abuelo era el Sacristán de la Iglesia de Santiago de Compostela, en fin, me crié en ese medio y eso ejerció un poder de fascinación muy grande; pero además de ello en Video, graffiti y otros tatuajes hay coincidencia de la Amaterasu que es de la religión japonesa, de la Caridad católica  y de la Virgen de Regla, donde las hago coincidir a las tres. Es de cierta forma un homenaje a las novelas de Carpentier que fueron lecturas de mi madurez, y Alejo acabó de conformar ese incentivo en la novela misma donde coinciden estas deidades.

 

¿Es acaso la técnica o el uso de ella un elemento con el que tropiezas a la hora de escribir?

La técnica es muy importante para cualquier autor pero más para los jóvenes. Cuba, con la creación del Centro de Formación Literario Onelio Jorge Cardoso, ha facilitado que los jóvenes accedan a ella, aunque no sé si eso es un uso consciente en la mayoría o en alguna buena parte de los graduados, pues en ocasiones les veo a su obra algunos problemitas. No obstante, cuando uno se sienta a escribir y hablo de mí por demás, no me propongo usar tal técnica ni nada por el estilo. Pienso en el relato y luego él me pide la manera de hacerlo. Después, cuando está terminado, le aplico objetivamente la autocrítica con frialdad. Hay relatos que requieren de un punto de vista específico y uno lo contó en primera persona y resulta que debe estar en segunda y digamos, aquí el uso y conocimiento de la técnica es necesario. Hay un relato de Cortazar “Cartas a una señorita en Paris” donde  solo al final te das cuenta que el personaje que cuenta la historia se ha suicidado. Que pasa con esto, si le aplicas la técnica con frialdad dirías, evidentemente debería ser contado en tercera o segunda persona, no es un narrador autorizado para contar la historia desde la primera persona; en cambio el uso de la técnica le da a Cortazar la posibilidad de contarlo desde ella, porque al ser éste un relato fantástico redimensiona el carácter de la obra. De no serlo habría que contarlo desde la segunda. La técnica es importante, mas no debe ser un acto frío. Imagino que él haría variaciones dentro de lo que estaba escribiendo. Carpentier decía diseñarlo todo. Eso me parece más congelado, hasta no creíble; pero si él lo dijo es verosímil que fuera así.  Teniendo en cuenta que era un tipo tan metódico, es posible. Hay un despliegue en la última promoción de jóvenes escritores que es visible, sin dar nombres para no omitir unos y salvar a otros. En fin, la técnica es un instrumento necesario, igual que la lectura, opino que esta forma parte del instrumental técnico que debe poseer el escritor.

 

Ana Luz ((blusa roja con lunares)) en una foto del Grupo Interiorista de Guantánamo,Cuba, junto a Miembros de la Sede Central de Santo Domingo.

Ana Luz ((blusa roja con lunares)) en una foto del Grupo Interiorista de Guantánamo,Cuba, junto a Miembros de la Sede Central de Santo Domingo.

¿Escribirías alguna vez una novela contemporánea tomando como personajes algunos autores de interés por su marcado quehacer literario o por el contrario no te interesa? ¿Cuáles, por ejemplo?

Más que personajes históricos me gusta formar personajes literarios que son además parte de la historia, porque ¿quién no ve cabalgar a Don Quijote o a Sancho, su escudero, o a otros personajes importantes como Martín Fierro? Me interesaría retomar personajes que fueron figuras establecidas de la literatura universal o del arte en general. Ya te hablé de “Los convidados” y el mito del Don Juan por demás, esa línea me habría gustado. Tenía incluso un diseño extraviado de coger otros personajes para recrearlos en otro texto, pero se quedó como proyecto inacabado.

 

Escribes varias obras al mismo tiempo, sin importar el género, o simplemente te organizas en ese sentido.

En ocasiones, he trabajado hasta tres libros simultáneos. Por ejemplo, entregué a Unión mi última novela Para matar la sombra que escribí al tiempo que se me atravesó una noveleta para jóvenes; pero junto a ello hace tiempo traté de armar un librito de ensayos. Así el acto creativo se me subrealiza en ese sentido, pues tengo tantas cosas por crear que aun, cuando perezca en el anonimato más visible, intento bifurcar el carácter creativo que me ofrece la contrariedad.

 

¿Podrías adelantarnos algunos proyectos?

Estoy tratando de armar un libro de cuentos, quizás tenga alrededor de 9 o 10 piezas, y también un proyecto de novela que no he podido diseñar. Es una especie de saga de Minimal son; pero más contemporánea. Vendría siendo la nieta de uno de esos personajes que cuenta la historia de la familia, pero quizás haga algunas variaciones, pues como te dije tengo la influencia de lo fantástico.

 

¿Sientes alguna preferencia por alguna de tus obras en particular?

Para mí fue una alegría indescriptible haber escrito Mínimal son. Quizás pude escribirla mejor, pero pienso que todo el mundo pudo haber sido mejor y no fue. Hay algunos relatos que son especiales en mi vida tales como “Desmemoria del olor”. Ese cuento me quedó muy cerrado, lleno de sugerencias y lo voy a querer toda mi vida. En el libro Historias del otro tejo algunos relatos, por ejemplo “Los convidados”, que lo disfruté y me parece bien escrito, sobre todo por el aire de época que  juega un poco con el tema del Don Juan americano en Cuba y de alguna forma yo lo cubanizo desde el siglo XVIII. Esos son los tres que más añoro y gozan de mi preferencia. Mi segunda novela la disfruté, pero era más bien un ejercicio de lenguaje y de ir en busca de una meta literaria. Se desborda en ella el argumento y la historia, mas que leerla fuera del propio texto. Incluso Nara Araujo me dijo alguna vez que si le hubiera puesto un poco más de alma esa habría llegado a ser una gran novela .Pero se me quedó en ese punto límite quizás por falta de guía o con quién poder confrontar que es gran un problema para los escritores de provincia. Además, la novela es muy difícil. Antes tenía a Jose M. Fernández Pequeño en Santiago de Cuba, que me hacía grandes sugerencias, pero ya no está en la Isla.

 

En esta etapa de tu vida próxima a los 65 años te encuentras inmersa en la creación mucho más que dos décadas atrás…

No digamos dos décadas, pero hace diez años tenía más tiempo para escribir. Después lo postergué por problemas familiares y ahora por asuntos burocráticos. Creo que ese aparato burocrático me está molestando y debo tomar medidas para sacudirme el polvo de ello, especialmente porque creo me queda tiempo para escribir un par de libros y tengo la necesidad de escribirlos. No estoy contando con el tiempo y eso me preocupa.

 

Junto a otros escritores, presentando libros del clásico guantanamero Regino Boti, durante la 22 Feria Internacional del Libro, La Habana 2013.

Junto a otros escritores, presentando libros del clásico guantanamero Regino Boti, durante la 22 Feria Internacional del Libro, La Habana 2013.

¿Qué opinas acerca de la nueva promoción literaria?

En el ámbito nacional me parece que los jóvenes desde el 90 están haciendo buenas cosas y otras no tan buenas. En el caso de la narrativa y, en especial el cuento, creo que lo han renovado, pues era un género que estaba muy encarcelado y los jóvenes le han dado un aire excepcional. En el caso de la novelística hay menos casos, aunque hay nombres que tienen consolidadas buenas obras; pero hay algo que se está produciendo en otros no tan jóvenes que ya rizan alrededor de los cuarenta o mas años, y es el hecho de que nunca se dedicaron a la novela e incluso a la narrativa y se han creado la moda de decir “yo también voy a escribir una novela”. No sé hasta dónde esto es bueno o malo. Me parece que en resumen no debe ser muy bueno, aunque no por eso creo que un autor todo cuanto aborda debe ser de gran calidad. Hay grandes autores que tienen libros que no son malos, pero tampoco son nada comparable.

 

¿Asumes la obra como un compromiso social o individual?

Compromiso social, en tanto sea capaz de dar al lector una obra que le aporte en algún modo y a la vez esta pueda conllevarle a reflexiones sobre problemáticas humanas o sociales importantes, pues hay temor de que uno roce con ellos temas que pueden ser de mucha polémica y lo he tenido en cuenta  una vez más que otra. Lo social siempre me ha preocupado sin hacer sociología con la literatura, mas creo que no debe estar ajeno el hecho social en sí, si no que debe poseer ambas cosas. El compromiso individual es conmigo para que esa literatura sea cada vez mejor, no retroceder, sino ir en aumento la calidad de los textos. Formo parte de lo social y no debo permanecer ajena.

 

¿Cuánto puede un escritor desconfiar o dar fe de la obra misma?

Yo lo mismo doy fe que desconfío de mí. Por favor, yo siempre digo a los demás, desconfíen de mí, porque uno se traiciona en ocasiones haciendo cosas que no debería. Esas cosas suceden, de todas formas puedo dar fe de que cuando lo he hecho, he puesto todo lo mejor de mi pensamiento y corazón. No soy de esas personas que se creen noventa por ciento cerebrales. Me parece que si no se mezclan las dos cosas, no solamente cuando eres escritor, una persona no vale nada.

 

¿Quién es Ana Luz García?

¿Qué tu crees? (Sonríe) Como persona, soy contradictoria y también rebelde. Son las características que mejor me definen. Como escritora, perseverante. Quizás debería dedicarle más tiempo al trabajo literario. Soy una persona que trata de escribir lo mejor posible.

 

¿Carpentier o Heminway?

(Se calla, mira a los lados y rehúsa contestar la pregunta que cataloga demontre)

Dejémosla para el final.

 

En un supuesto naufragio de escritores, ¿a quiénes salvarías?

A Borges, en primer lugar. A José Martí, por ser, lo que yo diría, el espíritu esencial de lo cubano. Y a Cortázar. Como ves hay dos argentinos involucrados; pero también salvaría a un alemán, Herman Hess con El lobo estepario y ese gran personaje que modeló; a Faulkner con Mientras agonizo pues El sonido y la furia llegó a agotarme. En ese caso, me parece más clásica la primera que menciono, al resto de sus novelas. También a García Márquez; y Hemingway que me perdone si lo salvo junto a sus cuentos y no a sus novelas. A Nick Adams con sus relatos, y por último a otro norteamericano universal que es Salinger, con El Guardián en el trigal.

 

Ana-Luz-Garcia-entrevista-7-OtroLunes35De no ser Ana Luz, ¿qué mujer de la literatura universal te habría gustado encarnar?

La varonesa Karen Blixen, la de África mía y la de tantos relatos góticos tan extraordinarios. Casi nadie la conoce por ese nombre sino por el de Isak Dinesen. Me habría encantado porque fue una mujer que vivió con mucha intensidad.

 

¿Leer más y escribir más o viceversa?

Lo ideal sería combinar las dos, pero a veces no puedo. En lo particular, cuando escribo, no leo tanto. Es decir: cuando se escribe, leer menos y cuando no, leer más.

 

El proceso al que se enfrenta un escritor para concebir una novela suele ser bastante largo,  ¿como transcurre este período en la vida de Ana Luz? ¿Resulta sencillo, una vez estructurada, o te fías de ese instinto visceral que es el oficio?

Por lo regular diseño la novela. Le hago una especie de ficha a cada personaje y tengo una idea no muy precisa de cómo va a comenzar y cómo a terminar, sobre todo el final. Es más traumático el comienzo, que sé como debo iniciarlo pero me cuesta más, entonces por el camino hallo ciertos detalles. No soy de esos escritores que lo tiene todo claro; por ejemplo, Carpentier decía saber cada detalle. Yo no. Me pongo en el lugar de Cortazar, que decía encontrar cosas. Yo empiezo y de momento me sorprendo. Mira, hay esto, entonces me levanto hasta de madrugada porque se me ocurrió una idea que es mejor que la que tenía preconcebida y la cambio; pero es un proceso largo y que disfruto no solo a la hora de escribirlo, sino también al pensarlo. A veces me parece que lo que pensé fue mejor que lo que escribí y me resulta un poco difícil explicarlo. Lo que se me ocurrió, lo vi como algo y al concretarlo en un cuento y hasta en la propia novela, me parece que se quedó por debajo de aquel impulso inicial que tuve. Es un proceso en él que me gustaría estar imbuida ahora mismo, porque es una especie de túnel donde uno se adentra y comienza a abrirle ventanitas a los lados y puertas, y volver a cerrarlas o abrirlas. Eso me hace falta para vivir y sentir que soy importante de alguna manera.

 

¿El hecho de escribir cuentos durante mucho tiempo te condujo a la novela o ya era esta una vocación preestablecida?

Siempre supe que al final iba a poder escribir novelas, que era lo que anhelaba. Recuerdo estaría en el primer año de la universidad, armé o intenté escribir una y me salieron unas dos o tres páginas  de una prosa como una ola de poderoso rigor verbal y se lo di a leer a varias personas, entre ellos a Eduardo Heras León y a un profesor de la Universidad cuyo nombre no recuerdo y me dijeron “tienes una prosa excelente, pero ya no puedes salir de ahí”. No había vivido la novela, que es un género espacial, y tampoco la tenía clara en mi mente. Era una prosa sólida, cuya escena se desarrollaba en La Habana, pero no estaba claro cómo iba a contarla o cómo debían ser los personajes, ni que pasaría con ellos. Y, efectivamente, me detuve. Independientemente de que tengo un ejercicio, como dices, del cuento. El género que debía cruzar era la novela y lo logré.

 

¿Cómo definirías el fenómeno literario?

El fenómeno literario para mí es la verdadera vida. Lo que llamamos la realidad no es lo real. La realidad de la literatura es la realidad vivida. Y yo vivo en pos de ella, a veces me siento mal por estar al margen, pues la otra realidad me impide llegar a esa realidad literaria que es la que me interesa, y nos hace ser diferentes y ver el mundo en toda su dimensión. Las personas que viven muy apegadas a lo  inerte se están perdiendo gran parte de la realidad. Uno debe vivir con imaginación, tratar de crear a cada momento elevado a la enésima potencia. Esto facilita el hecho literario  en sí. A mi medida soy esos personajes que recreo y para mí esa es la verdadera realidad. No la otra. Lo ficticio es lo que llamamos la realidad; la realidad ficticia es para mí lo real.

 

Refiriéndonos al estilo, ¿crees que un escritor en ciernes posee alguno en específico o este se va formando en un periodo post embrionario?

No es una norma y a la vez casi lo es. ¿Cómo te explico? El primer libro no define el estilo de ningún escritor, sobre todo en los más jóvenes. Ya en el segundo sí se puede decir que ese escritor posee una poética particular. Esto, repito, no es una regla fija. Hay quien se inicia con un libro y mantiene ese estilo hasta el resto de su vida. Por lo regular, el primero es un libro de búsquedas o torpezas. No hablo de edades, sino de la obra prima. Puede estar lo suficientemente mal o bien escrita para los críticos, pero hay algo en el libro que nos dice a los que ya tenemos más oficio de lectura que pudo haber sido mejor.

 

Quién fue primero, ¿el escritor o la mujer?…

No sé si, por suerte o por desgracia, yo soy más escritora que otra cosa. Eso no quiere decir que desocupe mis funciones como mujer. No sé si a un hombre le harían esa pregunta, o por qué a las mujeres nos la hacen con regularidad, y a los hombres no le preguntan casi nunca: ¿usted es más escritor que hombre? Quizás sea específica a las mujeres; pero yo te diría que sí. Incluso soy capaz de cometer las peores injusticias del mundo en nombre de ese derecho que siento tener mientras escribo.

 

¿Crees que la literatura cubana actual debe replantearse nuevas cuestiones circundantes en cuanto a la forma de acercarse al fenómeno de la realidad?

Hay algo que no me gusta y es la demasiada inmediatez. Digamos, cualquier suceso que acontece en tu vida requiere de un tiempo para poder valorársele en toda su dimensión. No me gustan las historias de “ahora mismo”, me gusta repasar las formas en cuanto a la temática, y creo se puede ahondar mucho más en ciertas zonas de la realidad que todavía están esperando que se traten desprejuiciadamente. Que seamos capaces de desnudarnos a la hora de escribir. Respondiendo a tu interrogante creo que sí, a pesar de que la cuentística se ha renovado y cada vez los cuentistas cubanos se van metiendo en problemáticas más existenciales. Eso es interesante. Las nuevas generaciones están en la obligación de rozar con esos paquetes nuevos, oleadas problémicas que no son las mismas del 90. Ahora, con el nuevo siglo, hay otros temas que quizás debiéramos dejar reposar un rato y ser un poco más objetivos al momento de abordarlos. Los autores debemos aprender a guardar distancias. Crear un minuto de distancia.

 

¿Entonces, Carpentier o Hemingway?

(Sonríe bucólica)

Los dos. Adoro la ambigüedad.