En torno a la tragedia de Iguala

Leonel Antonio de la Cuesta

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Desde hace varios meses la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes normalistas mexicanos no ha cesado de aparecer en la prensa internacional. Personalmente, el adjetivo calificativo “normal”, en su acepción académica, despierta en mí una extraordinaria emoción. Mi madre fue alumna eminente de la Escuela Normal para Maestros de mi provincia natal y, más tarde, profesora y varias veces (dos o tres) directora de la misma. Por esa Escuela Normal pasaron además numerosas primas y algún que otro primo. Desde la niñez, estoy oyendo hablar de las escuelas normales. Estas instituciones, como tantas otras, surgen con la Revolución Francesa de 1789. Anteriormente, la formación de maestros primarios era responsabilidad de la Iglesia, para la instrucción del clero y de los nobles. La ley Lakanal de 17 de noviembre de 1799 organizó en Francia la primera Escuela Normal de maestros1. En España se fundó la Escuela Normal Central en el año 1839. Estas instituciones florecieron en América Latina, una vez conseguida la independencia. En Colombia se creó la primera de ellas en Santa Fe de Bogotá en 1822. En Chile se inicia en 1842. Por su parte, en América Central se fundó en la Ciudad de Guatemala en 1875 la Escuela Normal Central. Su primer director fue el ilustre pedagogo cubano José María Izaguirre y en ella impartió clases el héroe nacional cubano José Martí. En El Salvador, las escuelas normales funcionaron entre 1858 y 1968. En Costa Rica se creó una Normal en la ciudad de Heredia en 1914.

En Cuba, durante el período colonial, funcionaron dos Escuelas Normales: una en la ciudad de La Habana y otra en la villa de Guanabacoa. Ambas desaparecieron con la independencia. Más tarde, el congreso de la República creó seis Escuelas Normales, una por provincia. La última fue la de Pinar de Río organizada en 1918. Años después aparecieron las Escuelas Normales rurales, las cuales, por haber sido creadas bajo el patrocinio de Fulgencio Batista, desaparecieron en 1948 con el triunfo electoral de la oposición.

“Normal”, en este concepto, quiere decir modelo y el adjetivo se extiende a otras escuelas distintas a las formadoras de maestros primarios; me refiero a las Escuelas Normales Superiores (écoles normales supérieures). En Francia pertenecen a las grandes écoles universitarias.

En muchos países existen las llamadas Escuelas Normales rurales destinadas a la formación de maestros primarios que imparten la enseñanza en predios rústicos. En México se encuentran bien representadas, aunque hoy día ocupan un lugar marginal dentro del sistema educacional del país. Las mismas aparecieron en los años veinte, al calor de la Revolución Agraria mexicana, a iniciativa de los Estados federados. Así, en 1922, se funda la primera en Tacámbaro, estado de Michoacán. Al principio, estas normales se definían negativamente, es decir, por lo que no aspiraban a ser. Querían ser la némesis de las instituciones educacionales de la época de don Porfirio Díaz, tales como las universidades y las Normales citadinas. Desde casi su inicio tuvieron una fuerte influencia marxista, tanto entre sus estudiantes como entre sus docentes; influencia que, aunque muy amortiguada, subsiste en nuestros días. De ellas han surgido líderes políticos y guerrilleros como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas2. Creo que es necesario detenerme un momento en la historia social general de México antes de seguir adelante.

Recordemos que tras el triunfo de Fidel Castro en 1959 aparecieron numerosos focos guerrilleros en América Latina impulsados por el Gobierno de Cuba. Recordemos también que para 1970 ocho de los diez países latinoamericanos estaban gobernados por dictaduras militares. México era la excepción. Hubo, sin duda, un pacto no escrito por el que México fue el único país que no rompió relaciones diplomáticas con el régimen de Castro y éste se abstuvo de apoyar activamente a las guerrillas que combatieron al régimen mexicano. Se dio el caso casi increíble de que el presidente Echeverría (1970-76) le abriera las puertas del país azteca a refugiados de Chile y Argentina, mientras reprimía los focos guerrilleros autóctonos, en una guerra de baja intensidad que apenas fue conocida fuera de México. Mientras tanto, el fenómeno del narcotráfico aparecía y, a la vez, se desarrollaban los carteles de la droga que se disputaban el control del territorio mexicano.

A esto hay que agregar las características geopolíticas del Estado de Guerrero. Este el primer Estado productor de oro de México y en su geografía se encuentra el balneario de Acapulco, de fama mundial. Sin embargo, su territorio kafkiano alberga un cuadro social dantesco. El 70% de sus habitantes viven en la pobreza; su tasa de homicidios es cuatro veces superior a la media nacional y resulta la más alta del país. Baste decir que no fue obispado hasta 1819, casi tres siglos después de terminada la Conquista. Un siglo después de ser admitido su territorio como Estado solo un gobernador había terminado su mandato constitucional. Algo digno de una república bananera. No es de extrañar que los carteles de la droga consiguieran maridarse a la política local, controlada a su vez por el PRD (Partido de la Revolución Democrática), agrupación presidida por el folclórico líder Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas. Esta entente entre el crimen, la corrupción y la política partidista pronto dieron fruto. En el caso que nos ocupa, el presidente municipal (así llaman en México a los alcaldes) pertenecía a un cártel de nuevo cuño: los Guerreros Unidos3. Se dice que en las reuniones de alcaldes a nivel estatal el de Iguala andaba sin escoltas y presumía de que no los necesitaba. También se dice que no negaba haber ultimado a balazos a su oponente político, el ingeniero Arturo Hernández Cardona. Su nombre es José Luis Abarca Velázquez.

Los franceses, ante un misterio, suelen decir cherchez la femme, busca la mujer y todo parece indicar aquí que tienen razón. La esposa del alcalde, María de los Ángeles Pineda Villa es una mujer de encargo. Dos de sus tres hermanos fueron asesinados en un ajuste de cuentas entre criminales y, el tercero, llamado Salomón, pasó a ser el jefe de la mafia local. Para colmo, su señora madre era una matrona implicada también en el negocio de las drogas. Con esta parentela, no es de extrañar que el matrimonio pronto se hiciese de dinero y después decidiera apoderarse de la presidencia municipal de Iguala. Pronto la alcaldesa o presidenta municipal se hizo cargo de manejar los dineros de los narcos y financió la campaña de Ángel Aguirre, gobernador del Estado, renunciante tras la desaparición de los cuarenta y tres normalistas. Se dice que era una doña Bárbara con marido conocido.

El 26 de septiembre de 2014 se organizó un gran acto político en el  Zócalo (plaza mayor) de la narco ciudad)4. Ese día llegaron a la urbe dos autobuses cargados de estudiantes normalistas a los que se tuvieron como miembros del grupo de los Rojos, enemigos políticos de los alcaldes. Venían a recaudar fondos para sus obras sociales. Los Abarca-Pineda pensaron que venían a “reventar” el acto y ordenaron a la Policía Municipal totalmente controlada por ellos, como se sabe, el arresto de los estudiantes. En una primera balacera cayeron varios normalistas. Se dice que el resto de ellos fue entregado a los sicarios de los narcos. Cuando uno de los asesinos fue interrogado sobre por qué habían ultimado a los tres primeros, contestó: “por revoltosos”. Respuesta digna de un Rafael Leónidas Trujillo, Tiburcio Carias, Cipriano Castro o cualquiera de esa ralea.

La pareja Abarca-Pineda, al constatar la gravedad de los crímenes y la gran posibilidad de ser detenidos, se dieron a la fuga. Un mes tardaron las autoridades federales para arrestarlos en la Ciudad de México. Allí negaron tener conocimiento de los hechos y de su intervención en los mismos.

Cuando escribo estas notas, no se ha aclarado todavía los pormenores de la desaparición de los normalistas. Personalmente, no dudo que hayan sido ultimados y sus restos hechos desaparecer. No sería la primera vez que se disuelven los cadáveres de las víctimas en latones con ácido. Me apena sobremanera ver a los padres de los desaparecidos expresar la esperanza de que estén todavía vivos. Ojalá que su sacrificio no sea en vano e inicie una verdadera guerra contra la demoniaca alianza entre el narcotráfico, la corrupción y la inercia que reinan hoy en México5.

No quiero terminar sin llamar la atención sobre cierto aspecto de esta tragedia. El Estado de Guerrero recibió este nombre en homenaje a Vicente Guerrero, un general insurgente, mulato, quien pactó el Plan de Iguala junto con el general realista Agustín de Iturbide, blanco de origen vasco-navarro. Este plan aseguró la independencia de México, preconizada por los padres Hidalgo y Morelos. Este último publicó la primera Constitución republicana de México en Chilpancingo, hoy en día la ciudad capital de Guerrero. Es un ejemplo más del corsi ricorsi de la historia, pues un sitio excelso se ha convertido en un lugar de perdición.

Notas del artículo

  1. Francisco Larroyo. Historia general de la pedagogía. 20 edición. México, D.F., Editorial Porrúa, 1966, p. 481.
  2. De la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa surgió Lucio Cabañas Barrientos (1938-74). De origen campesino y revolucionario, su abuelo paterno había sido zapatista. En la Escuela Normal Rural de Ayatzinapa se destacó como líder estudiantil. Más tarde se afilió a las juventudes del Partido Comunista de México. Al graduarse de maestro rural alternó su labor docente con la política. A principios de 1967 participó en una balacera que lo obligó a internarse en la sierra. Allí organizó el Partido de los Pobres y la Brigada de Ajusticiamiento. Tuvo numerosos encuentros con el Ejército mexicano. El 2 de diciembre de 1974 al verse acorralado por la fuerza armada se suicidó antes de entregarse.

    Genaro Vázquez Rojas (1931-72) maestro normalista de la misma escuela que Lucio Cabañas fue un hombre con una mayor preparación política y militar que su compañero antes mencionado. Formó parte de varios grupos armados que se desarrollaron en la Sierra Madre del Sur entre 1960 y 1970. Simpatizó con el Partido de los Pobres ya mencionado. Fue detenido en varias ocasiones y liberado por comandos armados. Su grupo realizó diversos combates y secuestros exigiendo a veces rescate. Su muerte está rodeada de misterio. El 2 de febrero de 1972 se vio involucrado en un accidente automovilístico. Se dice que los soldados que intervinieron en su socorro lo ultimaron en el lugar del accidente o más tarde en el Hospital Civil de Morelia. Su entierro constituyó una enorme manifestación de duelo público.

  3. Organización originada por el colapso del cártel de Arturo Beltrán Leyva, conocido como el Jefe de jefes.
  4. Hoy se produce en Guerrero el 98% del cultivo de la amapola, base de la heroína.
  5. No en balde el presidente Mujica del Uruguay ha calificado a México como un failed state.

Del Autor

Leonel Antonio de la Cuesta
Profesor universitario en los Estados Unidos durante cuatro décadas. Dirigió durante dieciocho años el Programa de Formación de Traductores e Intérpretes de Florida International University. Está acreditado por la American Translators Association y es uno de los principales analistas de Derecho constitucional cubano. Ha publicado varios libros, entre ellos Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días y Cuba. La patria grande. La patria chica, editado por Aduana Vieja, Valencia, España, 2013.