Pere Gimferrer, por partida doble

Sobre los poemarios Per riguardo y El castillo de la pureza, de Pere Gimferrer

Jorge de Arco

Per riguardo (Con cuidado)
Pere Gimferrer
Fundación José Manuel Lara. Vandalia, España, 2014

 

El castillo de la pureza
Tusquets. Textos Sagrados, España, 2014

 

Per-riguardo-librario-poesia-otrolunes35Editados al unísono, ven la luz dos nuevos poemarios de Pere Gimferrer (Barcelona, 1945). Tras haber publicado sus cuatro últimos libros en castellano – Amor en vilo (2006), Tornado (2008), Rapsodia (2011) y Alma Venus (2013)-, el poeta barcelonés ha retornado al catalán para El castell de la puresa. Y al italiano para  Per riguardo. Ambos -traducidos ahora por José María Micó y Justo Navarro respectivamente-, devuelven al lector la notable impronta de un escritor multiforme.

“La lengua me elige a mí y hace la mitad del trabajo. En función del efecto rítmico y sonoro, me decanto por una u otra”, confiesa Gimferrer, preguntado por esa facilidad idiomática a la hora de vertebrar su obra lírica. Per riguardo, consta de doce poemas, que homenajean a la lengua de Dante, a su cine, a su narrativa y a la cercanía y complicidad de sus  gentes. El escritor catalán, ha recreado un inventario de “imágenes del tiempo reflectante”, donde se dan cita el vitalismo y la desidia, el esplendor y la derrota, la agitación y la calma, mediante un decir que respira y canta desde el corazón de un hombre que conoce el esencial enigma que esconden las palabras. Y que, además, sabe oír “el viento del poema, haciéndose en los mares de la luz/ como llama que no se apaga nunca”.

Destaca en el melódico y sostenido conjunto de estas páginas, el despliegue cromático del que hace gala Gimferrer. Al hilo de su discurso, es fácil memorar  las prosas que JRJ incluyera en La colina de los chopos y, sobre todo, la titulada “El color del mundo”, en la que el genial moguereño escribiera: “El color del mundo es mayor que el sentimiento del hombre (…) Cuando yo digo color, digo espíritu. Ante el color del mundo desaparezca todo lo demás. Color del mundo y silencio”.

En esta sinfonía de endecasílabos y alejandrinos, resuenan, en efecto, los variadísimos colores de una lírica que habla desde “la azul boca metálica”, que se reclina sobre “escaques negros, amarillos, rojos”, que vuela “del azul al otro azul”, que se lleva en su decir “la rosa de la oscura juventud”.

Un libro, al cabo, que como atinadamente advierte en su prefacio Jacobo Cortines obedece a un “barroquismo extremado, una orfebrería recargada, trabajada hasta el detalle”, donde la autenticidad de la palabra se torna luminaria libertad, blancura desenmascarada”.

el-castillo-de-la-pureza-librario-poesia-otrolunes35A primeros del año en curso, aparecía El castell de la puresa. Entonces, el poemario fue saludado con enorme entusiasmo y su edición suponía, a su vez -apuntado queda-, el regreso de Gimferrer a la lengua catalana tras más de una década. Ahora, gracias a las certeras versiones del ya citado José María Micó, puede descubrirse de nuevo el pulso firme y fulgurante que encierra el verso del vate catalán.

“No es necesario que el lector sepa de qué hablo ni que conozca las referencias culturales, sino que sienta una realidad verbal que no existía, que sienta las imágenes y los sonidos”, anotaba el propio Gimferrer tras la edición del poemario. En verdad, su decir esquiva cualquier aliento argumentativo y se centra en una hilera elíptica y sorpresiva de instantáneas donde “la palabra, vestida de hojas de otoño/ o de metal de hojas de primavera, estalla” en los ojos del lector.

La tradición literaria y hablada de la lengua catalana -Ausiàs March, J.V Foix…-, pareciera ser el mayor nexo de unión de estos diez poemas, en los que el yo lírico dialoga con el tiempo pasado y presente; y lo hace, a través de una verbalidad cuya riqueza léxica resulta onírica, irracional, misteriosa: “Nunca se cerrará la floresta ulcerada/ de los llagados por la claridad,/ el bosque en el que vive un respirar de dríadas,/ aquel bosque de tantos árboles habitados”.

En suma, completan este volumen, una acordada sabiduría rítmica, el despliegue de un íntimo mapa culturalista, la potencia de las metáforas, la imaginería  versal y la armónica recreación de sólidas y solidarias estampas.

Una emotiva “Elegía”, sirve de coda y cierra este “castillo” de noches y de auroras, donde queda grabado a fuego “el carnaval de los cuerpos agitados por la penumbra”.