La infinita travesía de un singular barquito de papel

Sobre el poemario Barquito de Papel, de Pedro Pablo Pérez Santiesteban

Arístides Vega Chapú

Barquito de papel
Pedro Pablo Pérez Santiesteban
Editorial Entre Líneas, Estados Unidos, 2014

 

barquito-de-papel-librario-narrativa-otrolunes35Le es suficiente al poeta un barco de papel para rastrear esos mundos posibles e imaginarios, ciertos y fabulados que se extienden en la amplia geografía en que cualquier hombre sensible y presto a la experiencia descubre un puerto donde anclar.

Barquito de papel agrupa los apuntes del poeta Pedro Pablo Pérez Santiesteban (1957) de cuanto ha observado, desde la emoción, de ese mundo complejo y lleno de sutilezas que él con una poesía limpia y llena de goces vivenciales se desplaza, con sutileza, hacía lo lírico para dejarnos testimonio de esa mirada aguda y penetrante con que ha atravesado los mares más serenos y convulsos y cuanto se ha reflejado en ello.

Suma de impulsos, sensaciones, instantes reverenciados, recuerdos no olvidados, pero todos descritos con una pasión que conmueve y de algún modo aporta y alivia porque cuanto ha descubierto no los expone con un evidente sentido de resaltar la belleza que desde su escrutadora mirada se enaltece.

Era tan fácil volver, /tomar del aire la sustancia que da vida, /dejar que las raíces comenzaran/ un viaje sin regreso, /era demasiado fácil; / como si el cielo siempre fuera azul. (Pág. 32)

Tal y como recorre el abecedario, recorre todas las zonas posibles de la emoción, dejando atrás un hondo rastro vivencial que comprometerá a cualquier lector de estos poemas.

El amor y la tristeza, la plenitud de paisajes oníricos, reales o fabulados, el retorno una y otra vez a sitios comunes o paradisíacos, sostenido por la memoria o la experiencia más inmediata, son resaltados con la difícil sencillez  de la poesía, que no puede ser menos que sincera.

Discurso que constantemente nos revela íntimos desgarramientos a favor de la plenitud de experiencias y recorridos, haciéndonos constantemente perdernos y a la vez encontrarnos por paisajes muy bien descritos, como para que nadie dude de que haya viajado por una vastedad imposible de delimitar.

He vuelto a estar en la penumbra, / bajo la sombra del árbol / que me dio su fruto. / He saboreado el dulce de su savia/ y he soñado un mundo diferente. (Pág. 34)

Barquito de papel viaja con rumbos muy bien delimitados, aún cuando a veces toma por laberintos y abismos, pero sin perder el rumbo sostenido por la originalidad de testimoniarnos, con intensidad, la existencia de alguien que ha decidido vivir la plenitud de las historias más comunes y aparentemente sencillas.

Nada falta a sus recuerdos, ni olores, ni sensaciones, ni puntuales descripciones de paisajes y de instantes que ha sublimado desde la emoción.

Escucho entonces/ una voz agazapada de recuerdos,/ con sabor a naranja/ y un poco de mango que se exprime / en el árbol del viejo pa-tio.(Pág.11)

Nada falta en ese recorrido íntimo en que hay un goce intelectual por marcar con verosimilitud cuanto se ha vivido y cuanto se ha dejado y ganado en ese emprendedor camino hacía sí mismo. Revelándonos recovecos o dobleces, fisuras por la que se escapa la luz o la oscuridad más rotunda, de su personalísima contemplación a esos sitios y sus entornos en los que se ha detenido deslumbrado de cuánto ha descubierto en ellos.

Libro testimonial, donde la experiencia sostiene el peso mayor de un recorrido que definitivamente logra hacerlo imborrable. Te dije que la tristeza/ no tenía que ver con mis lágrimas, / entonces lloraste para mostrar/  tu alegría. (Pág. 26)  A veces con la alegría de quien reconoce felicidad en cosas supuestamente simples, otras veces con un res-quicio de melancolía, en que casi siempre aparece el recuerdo por la tierra desde la que ha partido, para sumar un incontable número de experiencias que entretejidas por la poesía, hacen de estas breves historias la gran historia de quien se ha decidido contarnos cuanto ha descubierto.