Eladio Cabañero, reunido

Sobre Palabra compartida (Antología Poética), de Eladio Cabañero Juan

Jorge de Arco

Palabra compartida (Antología Poética)
Eladio Cabañero
Introducción y selección de Pedro A. González Moreno
Biblioteca de Autores Manchegos. Diputación de Ciudad Real, 2014

 

Palabra-compartida-librario-narrativa-otrolunes35“Soledad doloridamente hermosa…/ Capataz de estos campos de mi vida/ -siempre en la casa tú para esperarme…/ pensar en ti, Marisa, aquí a mis solas,/ es el amor más sabio y más ferviente./ Era todo distinto en compañía”. La lectura de estos versos, tomados del poema “En soledad”, e incluido en el volumen Marisa sabia y otros poemas (1963), me han traído el hondo recuerdo que guardo de la figura de Eladio Cabañero (Tomelloso, 1930 – Madrid, 2000). Porque de su voz compañera pude oírlos siendo aún un adolescente que principiaba en la poesía. Eladio, reconocido futbolero, vivió más de una vez su pasión en la casa mis padres y allí, después de que el balón dejase de rodar, tuve la fortuna de disfrutar de su quehacer y su complicidad.

Ahora, y con muy buen criterio, la Diputación de Ciudad Real incluye en su “Colección de Autores Manchegos”, Palabra compartida, una atractiva antología que ofrece un notable puñado de poemas con los que aproximarse a la obra del vate tomellosero.

En su minucioso y amplio estudio previo, Pedro A. González Moreno -quien ha seleccionado también los textos aquí recogidos-, da cuenta de los aspectos más destacados del acontecer humano y literario de Eladio Cabañero: “Su poesía está imantada siempre de una poderosa carga emotiva. Su decir austero puede privarla, en ocasiones, de luminosidad y de brillo, pero por debajo de la corteza verbal circula un cauce vivo y anchuroso de savia emocionada, un cauce interior que nos conmueve porque en sus aguas palpita la desnudez cálida del corazón”.

En estos poemas, el lector encontrará, sí, el cantico de un poeta de palabra verosímil, que se demora en una temática que emana nostalgia, que respira amor. La vida cotidiana, la exaltación de sus orígenes y sus tierras manchegas, la memoria infantil, modestia de su diario laboreo, la importancia y la belleza de los paisajes que lo rodeaban…, pueblan, también, esta compilación, de melancólicos instantes, de amatorias imágenes: “Amanecí una vez cerca del río;/ venía un ciervo tuyo/ con la bella cabeza hecha un desorden,/ miré y colmabas/ los recipientes del sol./ Espadas del otoño/ y el sereno limón de tu ventana,/ retaron mi corazón fiado en su ternura./ Tapia que gana el empujón del viento,/ fui vencido. Quedé solo en la noche,/ quedé mirando el mar a tientas/ de mi alma”.

Se reúnen aquí poemas de los cuatro libros editados  por Eladio Cabañero: Desde el sol y la anchura (1956), Una señal de amor (1958), Recordatorio (1961), y el citado Marisa sabia y otros poemas (1963), con el que obtuviera el Premio Nacional de Poesía. Oportuno es, a su vez, el apéndice que bajo el título de “Poemas sueltos y homenajes”, agrupa textos posteriores que fueron apareciendo de manera dispersa.

Como el propio Cabañero reconocía, “se puede dejar de ser poeta un mal día (…) La inspiración, según la entiendo yo, es como un trance más o menos continuo, no sólo ganas de escribir. Pero la inspiración, lo mismo que urgentemente viene, sigilosamente se va”. En efecto, esa magia lírica que lo acompañó durante buena parte de su vida, quedó silenciada de forma prematura. Sin embargo, su vigencia y su realidad, su empeño y su memoria, permanecen. Al igual que la certidumbre de su poesía acordada y plena de musicalidad, profunda y auténtica: “Pocos sabemos bien que es un milagro/ la vida. En su defensa y su alabanza/ bien quisiera escribir yo un verso, un himno”.