"Hacer maravilloso lo común"

Conversación con Carlos Acostaneyra

Dossier
Por Amir Valle

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Inseparable de la representación humana, la obra de Carlos Acostaneyra sigue inmersa en magia y deseos. Los diferentes escenarios ganan en misterio al limitarse el color y aflora un discurso de dimensión más profunda con matices dramáticos. También poeta, pienso que su verbo se hace evidente a través de su obra más gráfica. Por otra parte, su pintura se basa en una idealización de la cultura rural, a través de una libre combinación de imágenes sumidas en lirismo.

Eugenio D’ Melon
(Artista plástico cubano)

 

¿Cuándo descubres el mundo de la pintura? Me refiero a ese momento primero en que ese universo te tocó.

A partir de los siete u ocho años. En casa, mi padre tenía algunos libros con láminas sobre pinturas del renacimiento; me llamaban mucho la atención. Conocí de la existencia de la pintura por esos libros y comencé a intentar dibujar, a lápiz, cabezas y manos. La pintura fue después, como a los catorce años. Me regalo mi hermana el  libro Pintores Cubanos, y unas acuarelas, y comencé a pintar habitualmente.

 

carlos-acostaneyra-entrevista-2-dossier-OtroLunes35¿Cuándo decides que tú mismo puedes contar tus mundos a través del color? En otras palabras, ¿recuerdas cuál fue tu primer acto creativo consciente, ese instante que podríamos llamar “la primera obra seria”?

Tomé algunas clases de Dibujo al final de los años 70’s  y de Pintura en el inicio de los 80’s. Comencé una serie de trabajos a Tempera sobre papel, los presenté en una exposición personal en 1987, entonces como aficionado. Fue bien acogida. Considero que esas fueron mis primeras pinturas serias.

 

¿Recibiste algún apoyo de tus padres, amigos, profesores… en esos primeros tiempos?

Durante mi niñez, mis padres y mis hermanos mayores lo veían como un juego de niño; me apoyaron con algunos materiales, como acuarela y papel. Ya de adolescente, me aconsejaban estudiar otra cosa, algo que tuviera futuro. En la escuela primaria, las maestras se quejaban a mis padres porque dibujaba cosas ajenas a la clase en los cuadernos, pero yo no podía reprimir mis deseos de dibujar; era lo que realmente me gustaba hacer. Ya en cuarto grado me asignaban dibujar mapas o gráficos en el pizarrón.

En la secundaria no recibí apoyo, había poco interés en el tema del arte. La única asignatura que trataba ese tema era la de literatura, que se enfocaba en versos sobre el pasaporte soviético de Vladimir Maiakovsky, La metamorfosis de Kafka, etc. Se enseñaba el arte al servicio de la Revolución, como un arma. Mi idea del arte era más libre, más internacional también. Pronto conocí la desconfianza y acoso de los militantes de la Juventud; no gustaban de mi manera rara de pensar y me acusaban de diversionismo ideológico porque pintaba cosas “ajenas” a la Revolución. Algunos años después, trabajando en Cultura,  sí recibí apoyo de materiales e instrucción en la Casa de la Cultura de Arroyo Naranjo, que era donde yo vivía.

 

Si te pusieras a pensar ahora mismo en quiénes fueron tus maestros, los que más te marcaron en tu formación, ¿a quién mencionarías? Pero quiero que respondas en dos sentidos: tus maestros e influencias cubanas y tus maestros e influencias del extranjero.

Mi primeras influencias, en la niñez, que ha sido como una base, es la vanguardia cubana. Del libro Pintores Cubanos, que ya mencioné, prefería a Portocarrero, Cundo, Servando, Mariano, Mijares y Carreño.

Ya adolescente, Picasso, de una revista Correo de la UNESCO, que me ayudó a entender mucho mejor la vanguardia cubana.

Después de estudiar Pintura en San Alejandro, tenía influencias de la transvanguardia italiana, prefería a Francesco Clemente. Y de los cubanos, prefería a Fabelo.

Fuera de Cuba, tuve la fuerte influencia de José Mijares. Éramos amigos, me apoyó y alentó mucho en Miami. Fue fuente directa de la vanguardia Cubana, así como Cundo Bermúdez, a quien también tuve el gusto de conocer en persona. Estaban muy a gusto con mi obra.

Conversando con Cundo Bermúdez.

Conversando con Cundo Bermúdez.

 

En la mayoría de tus obras, además del profuso estallido comunicativo de los colores y de la presencia de la figura humana como leitmotiv,  llama la atención esa selva de imágenes que buscan una multiplicidad de significados que, sin embargo, casi siempre apuntan a elementos de esa cubanía que busca siempre todo creador cubano. ¿En qué sentido esos leitmotivs en tus cuadros se comunican con la Cuba en la que naciste y rememoras ahora desde el exilio?

El color en mi obra es visceral, confiesa mis sentimientos, ya que siento y veo en mi imaginación colores asociados a eso que estoy pintando; y que pretendo llegue a los demás cargado de esa energía.  Preparo el color lo más cercano a lo que siento y lo pongo así. Mi visión no es real, no trato de describir, con el color o la forma, sino de sublimar o más bien mirar como alguien fascinado cada cosa. Hacer maravilloso lo común, porque así veía yo el mundo, el patio de mi casa cuando era niño y me asombraba y fascinaba, antes de perder la inocencia.

Cada imagen en mi trabajo es polisémica, simbólica, no literal. Sus diseños proceden de una síntesis de varias ideas, retratan a la vez que desnudan, conclusiones, conceptos, reflexiones filosóficas, existenciales, que tengo desde mi experiencia de existir. La cultura la veo desde mí, desde lo cubano hacia afuera, asimilo lo que me llega de todas partes y a veces lo sumo a mi modo o no, pero sin perder el eje central, la base, la identidad.

 

Pero también, aparte de esta mirada a la isla, es común en tus cuadros señales que buscan tender un puente, en cuanto a ideas e incluso estilos pictóricos, con el espíritu de los tiempos que ahora mismo corren en el resto del mundo. Lo he dicho otras veces, la universalidad de una obra es el viejo sueño de cada artista. ¿Cómo has asumido esa búsqueda que te permita dar el salto más allá de lo cubano, sin dejar de ser un artista cubano?

Tomar riesgos, salir del área de confort, incorporando asimilaciones personalizadas, el viajero mira desde sí a las otras culturas que visita o vive, y crece intelectualmente sin dejar de ser él, lo hizo Lam. En mi caso, he ido asimilando, en sentido de crecimiento artístico, las tendencias de la mejor pintura contemporánea, estudiando, personalizando e incorporándolo a mi trabajo, cuando ya es algo que fluye, sin perder, sino ganando fuerza expresiva en las imágenes y una mejor vitalidad creativa.

 

Hablar de la riqueza expresiva de las artes plásticas cubanas es casi ya un lugar común, hasta el punto de que se dice que cuando das una patada en cualquier rincón de la isla, salen diez poetas, veinte músicos y cuarenta pintores. Desde tu perspectiva, cuáles son las principales tendencias de la pintura cubana actual y, dentro de esas tendencias, dónde podría inscribirse tu obra.

carlos-acostaneyra-entrevista-4-dossier-OtroLunes35Termine mis estudios de Pintura en San Alejandro en 1993. Me considero generación de los 90’s , Artista creador, decidí no heredar nada de los 80’s: ni la ideología, ni lo afrocubano, ni los iconos políticos, ni la sexualidad aparecen en mi obra, Quería hacer algo distinto. Toda la historia del arte era un libro abierto para explorar, así que fui tomando de la vanguardia cubana, y de otras fuentes del pasado y del presente, como ya explicaba. He nombrado mi proyecto “Poética de la fascinación”. Mi obra no se desarrolló en Cuba, sino en el extranjero; no creo sea conocida en Cuba, aunque me considero parte del arte cubano.

Hay varias tendencias en el Arte Cubano actual: (Dejando fuera a los miles de aficionados, estudiantes y falsos pintores.) como en toda nación, hay algunos buenos Pintores (los que copian de la realidad), algunos buenos Artistas (los que crean su mundo propio, logrando un aporte único) y pocos, la mayoría ya conocidos, excelentes artistas (Maestros).

 

Uno de los aspectos esenciales para un artista es la promoción de su obra. En la isla, supuestamente, es más fácil encontrar ese espacio promocional, pues existe “Papá Estado” que tiene estructuras y subvenciona el arte, aunque sea con ciertos y conocidos condicionamientos de índole política. Vivir en el exilio, sin embargo, es un reto en todos los sentidos para tu oficio. ¿Cuál ha sido tu experiencia al respecto y qué barreras has tenido que vencer para mover tu obra?

En Cuba yo estudie, pero no me dieron apoyo de promoción alguno; no era militante, no era miembro de la UNEAC, ni de nada. Hice una sola exposición, ya como graduado en 1997, y no le dieron promoción en la radio, ni la prensa, ni el noticiero cultural Huron Azul de la TV, aunque la dirección de la Galería HerCar hizo los trámites: le respondieron que las promociones sólo eran para Artistas miembros de la UNEAC.

En Miami, las galerías se guían por currículum, premios, que estés en Art net o sea, que tengas record de subasta, etc. Los artistas hechos que desertan de Cuba encuentran fácil acogida, no fue mi caso. Pasé de ser un desconocido exhibiendo donde podía, a ser aceptado en contratos de consignación que, sin compromiso, te cuelgan la obra por un mes; si la compran, dividen las ganancias, y más recientemente, gracias a coleccionistas privados, curadores y dealers, mi obra se ha ido moviendo cada vez mejor.

 

Una pregunta final: ¿en qué proyecto andas ahora de cara al futuro?

Estoy trabajando en una serie de interiores. Algunos amigos me han señalado los que han visto como muy buenos. Espero exhibir fuera de Miami, encontrar una Galería decente, de un buen nivel, que me dé un contrato justo… Trabajar mucho y lo mejor que pueda, lleno de aspiraciones, sueños e ilusiones de que llegaran mejores oportunidades.