Huertos Orgánicos

Annabel Miguelena

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Durante estas fiestas de fin de año, he pasado la mayor parte del tiempo en Chitré, la ciudad que crece sola, como se le conoce en todo Panamá. Ahí nací. Rodeada de tranquilidad, abundante pasto y gente cálida. Es cierto que no poseemos altos edificios como en la capital, pero sí la gran ventaja de tener casas con patios extensos en donde podemos cultivar nuestro alimento.

Es mágico cosechar en tu propio hogar. Empezar a preparar el almuerzo y con tan sólo abrir una puerta, tener a tu disposición: tomates, lechugas, maíz, moringa, camote, pepinos, plátanos, cocos, guandú… es una experiencia fenomenal.

Con esto no quiero decir que para los capitalinos sea imposible hacerlo. Incluso, conozco personas que siembran dentro de su apartamento. Pero, sin duda: todo sabe mejor con ese toque bucólico.

He visto gente postear en su facebook de manera obsesiva, artículos en contra de compañías que producen alimentos GMO[i] las que por supuesto, no son de mi agrado. Pero ¿qué ganamos con pasarnos la vida entera resaltando lo negativo? Si la quiebra de aquellas empresas dependiese de que sean denigradas cada 5 minutos, yo sería la primera en difamarlas. Sin embargo, no es tan sencillo.

Lo recomendable es poner manos a la obra y enfocarnos en crear nuestro propio huerto orgánico, una forma de cultivo que no requiere químicos y utiliza en su lugar, fertilizantes naturales como el compost.

En ventajoso sembrar en nuestras casas, pues consumiremos alimentos libres de pesticidas, al mismo tiempo que ahorramos dinero, nos ejercitamos, mejoramos nuestra salud y reduciremos el impacto ambiental. Claro está, para todo aquel que no tenga experiencia alguna, es indispensable en un inicio, solicitar la asesoría de expertos. Después, todo será diversión. Y no sólo me refiero al hecho de plantar. El acto de ver crecer tus frutas y vegetales, es asombroso. Un tomate deja de ser un simple tomate para convertirse en tú tomate. Descubrir secretos para mantener tus alimentos sanos, es un proceso maravilloso.

Estudios han demostrado que el estar en contacto con  las plantas, vigoriza el equilibrio biológico, psíquico y espiritual. Inclusive, los trabajos de jardinería están aplicándose para mejorar la salud de las personas en algunos centros de rehabilitación.

Insisto con frecuencia sobre la importancia de relacionarnos con la naturaleza. Sé que algunos se imaginan a los escritores como unos seres inmersos en una computadora y rodeados de cuatro paredes todo el santo día. Sin embargo, la realidad es que la creación es nuestra fuente de ideas. Logramos esculpir palabras porque observamos y plasmamos con sazón, eso que a simple vista parece “normal” dentro de lo cotidiano.

Para una persona común, una albahaca, es una albahaca; para un escritor, esa albahaca tiene una vida, una historia.

Debo confesar que una de mis pasiones es contarle cuentos  a mi sobrina de 3 años.

El salir juntas al patio para narrarle el cuento de alguna lechuga o las hazañas de los gusanillos, es sumamente refrescante.

Enseñar a un niño de manera divertida sobre la relevancia de plantar, es una actividad familiar divertida, terapéutica y saludable.

Demos el ejemplo a fin de que nuestros hijos se involucren en la elaboración de huertos orgánicos. Crecerán con más claridad mental, creatividad, sensibilidad y sus paladares se adaptarán desde temprana edad, a consumir los verdaderos nutrientes.

 

[i] Genetically modified organism

Del Autor

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Annabel Miguelena
(Chitré, Panamá, 1984). Es abogada, instructora de zumba, compositora y escritora con tres libros publicados: Amo Tus Pies Mugrientos (2011) Pedacito de Luna, libro de cuentos y poemas infantiles (2008) y Punto Final, con el que participó en el Concurso Nacional de Cuento “José María Sánchez” (2004) obteniendo una mención honorífica. Ha ganado el primer lugar en concursos de cuentos nacionales e internacionales, como “Medio Pollito” y el de microcuento, de la revista MiNatura (España, 2010). Obtuvo el tercer lugar en Concurso Nacional de Cuento Infantil “Cuentos Para Crecer (2012). Es también la autora de Sketches para Hecho En Panamá como “Severo el Curandero” y “Juan Embuste”. En el 2010, escribió, produjo, compuso la música y actuó en la obra de teatro Ana Mía, nominada en Panamá para tres Premios Escena, de los cuales ganó los premios correspondientes a Mejor Obra Original Escrita para Teatro y Mejor Composición Musical Original. En 2012 escribió la obra “Mundo Esperanza” la cual fue representada por los niños de Casa Esperanza para el Festival de arte, cultura y educación “Festival Abierto”.