2014

Santiago Gamboa

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Tal como lo veo, este año que termina fue uno de los más intensos del ya muy entrado siglo XXI. Hubo grandes noticias en todos los frentes claves de la vida, tanto en Europa como en América Latina.

Si nos fijamos en lo político hay para dar y convidar, y para todos los gustos. El conflicto de Ucrania mostró que la paz es siempre frágil, y muy cerca de allí, el mundo se echó a temblar con los degollamientos del Califato Islámico en Siria e Irak, en el que hay un 15% de combatientes europeos. Desde África el ébola puso a la medicina contra las cuerdas, y el desaparecido avión de Malaysia Airlines desafió todas las leyes de la lógica, llegando a plantear seriamente, para muchos, la existencia de una “segunda dimensión”. En Colombia tuvimos unas elecciones de infarto en las que se opusieron muchas cosas: la guerra contra la paz, Santos contra Uribe, el pasado versus el futuro. Ganó la paz y ganó el futuro, aunque claro, aún nada está realmente ganado y el país quedó hecho trizas, separado en dos mitades que se odiaron, casi diría que a muerte; un tajo sangrante que separó familias y destruyó amistades, que acabó con amores y llevó a la esquizofrenia al país. Para reconciliarlo tuvo que llegar un joven de 23 años “limpio de corazón”, al decir de Balzac, con una sonrisa fresca y cargada de futuro: James Rodríguez. La hazaña más grande de James no fue el soberbio gol a Uruguay. Fue lograr que los mismos colombianos que poco antes se odiaban, volvieran a abrazarse.

En abril se fue el más grande colombiano de todos los tiempos, que, entre tantas cosas, hermanó para siempre a México y a Colombia: Gabriel García Márquez. México lo despidió en el Palacio de Bellas Artes y Colombia, de un modo algo desangelado y frío, en la catedral de Bogotá. García Márquez nos dejó un legado literario y periodístico sobre el cual reflexionar por el resto de la vida. Llegaron también muy buenos libros. En España Javier Marías, Muñoz Molina y Vila-Matas publicaron obras excelentes. ¡Y Goytisolo obtuvo por fin el Cervantes!

América Latina vivió días aciagos por un episodio político y criminal ocurrido en México: el asesinato de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Asesinato, por lo demás, gratuito, como la mayoría de esos crímenes, y que tanto ocurren en Colombia. ¿Qué batallas se ganan con ellos? Ninguna. Todas se pierden, como suele pasar con las guerras inútiles y tontas.

En lo personal el 2014 fue un año curioso, el último que viví fuera de Colombia. Aún no he regresado al escribir esto, pero ya la semana entrante estaré allá, con trasteo, 30 años después de haberme ido y cerrando un periplo que me llevó por Madrid, París, Roma y Nueva Delhi. Hace 30 años me fui con una maleta de 23 kilos y ahora regreso con un container de 30 metros cúbicos. La vida se va haciendo cada vez más compleja y eso tiene su peso, pero… ¡cómo añoro a ese joven cuya vida pesaba sólo 23 kilos! Ese que soñaba tragarse el mundo y escribir tantos libros.

Acabando el año fue de nuevo América Latina la noticia, esta vez por Cuba. ¡Al fin en Washington hay alguien razonable! Interesante sin duda la participación en todo aquello del papa argentino, ¿asistimos al inicio de una nueva era? Quisiera creer que sí y desearlo a mis generosos lectores, con un próspero 2015.

Del Autor

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Santiago Gamboa
(Bogotá, 1965). Escritor considerado uno de los más reconocidos nombres de las actuales letras colombianas y latinoamericanas. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y en la Universidad Complutense de Madrid, donde obtuvo el título de licenciado en Filología Hispánica. Entre 1990 y 1997 residió en París, donde cursó un doctorado sobre literatura cubana en la Universidad de la Sorbona. Trabajó como periodista en el Servicio América Latina de Radio Francia Internacional y como corresponsal de El Tiempo de Bogotá. Ha vivido, además, en Roma y Delhi, India. Entre sus libros destacan: Perder es cuestión de método, La vida feliz de un joven llamado Esteban, Los impostores, El síndrome de Ulises y Necrópolis. El síndrome de Ulises fue finalista del Premio Médicis en 2007. “Necrópolis” fue ganador del Premio La Otra Orilla en 2009. Sus publicaciones más recientes son Plegarias nocturnas (novela, 2012) y Océanos de arena, diario de viaje por Oriente Medio (2013). Desde el 2015 reside en Colombia, luego de 30 años viviendo fuera del país.