Carta a Luis Borja

Antonio Cienfuegos

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Querido broder, te llamo broder porque así lo siento, porque así lo somos a pesar de habernos encontrado una sola vez en la vida. Te escribo estas líneas, no por tu premio reciente de Visor, no porque seas mi chero, no porque te considere mi camarada en resistencia poética, sino porque vos y tu obra realmente lo amerita. Te escribo porque tengo que hacerlo, porque el estado actual de la poesía centroamericana necesita de escritores como vos  (con una conciencia autocrítica) y porque deben asumir primordialmente la consecuencia de sus actos. Al ganarte el accésit del premio de poesía Jaime Gil de Biedma, auspiciado por Chus Visor y su editorial (la cual, lamentablemente, ha venido perdiendo credibilidad en los últimos años), has entrado a la “elite” de poetas de habla hispana, has logrado lo que muchos escritores (no sólo centroamericanos) han anhelado, y en el pecado llevarás la penitencia. Creo honestamente en tu trabajo, pero dudo que sea así para el resto de escritores que ven en vos dos cosas: para los de acá no sos más que un advenedizo de la poesía salvadoreña, de quien el menos escéptico dijo simplemente que jamás lo hubiera esperado de vos, y de quien el más envidioso ha llegado a decir que no merecías mínimamente ese premio; y para los de allá, no sos más que un bicho raro, un poeta de no saben dónde (porque nadie sabe dónde está El Salvador en el mapa), que escribe poesía cargada de violencia, de una realidad que a ellos les es ajena, pero que a vos (a los latinos) te (nos) es cotidiana, sos un performance del folclore, para ellos sos tan pintoresco como una obra  de Llort. Tampoco te confundás, y yo sé que en el fondo lo sabés, sabés que esta es una victoria pírrica, y en eso reside tu disyuntiva; aceptar un premio así, convierte tu obra por principio, en una obra del establishment literario, te hace uno más a la larga lista de escritores en el canon, un canon establecido desde la autocracia literaria española que, dicho sea de paso, más de medio siglo ha sometido la poesía centroamericana a su estética, has vendido los derechos de tu obra por 3 mil euros; pero esto te provee de dos cosas: voz y voto, de ahora en adelante serás un “poeta” laureado, y por ello ya no serás un escritor de bajo perfil, ya no serás un “habitante de una ciudad testaruda”, ya no serás un disidente, ya no serás un paria de las letras, ya no serás “una tatuada cicatriz de un país sin memoria”, ya no serás “los cementerios clandestinos”, ni serás siquiera “la adjetivada muerte de los niños”, tampoco serás “la decapitada mueca de los muertos”, no, no más, ahora serás Don Luis, aquel que “entró como un dios a los despojos que le dejó la posguerra”.

Ahora vos tendrás una voz que será tomada en cuenta en un país chiquitito donde la poesía no importa, y donde el poeta está muy vedado (y su lucha es en el día a día junto con la de sobrevivir); tendrás un voto que será tomado en cuenta en el consenso de las nuevas generaciones. Te dirán: y vos qué pensás sobre tal o cual poeta, sobre tal o cual poema, ello te hará una persona importante y respetada para los que vienen debajo, de atrás, para los bichos que escriben. Y en vos está la conciencia de los escritores comprometidos, la congruencia, las balas perdidas, vos tenés una larga carrera literaria por delante, pero también tenés que sortear muchas dificultades, y la primera será asumir el rol de enseñante y maestre sin crear sectarismos como esos que pululan en Centroamérica. Aquí tu reto, porque vos bien sabés que ser poeta en San Salvador no es sólo cosa de escribir versitos y poemitas sobre las desazones amorosos, va más allá, y ahora vos tenés que seguir con aquella onda que se empezó al lanzar la piedra al lago. (Ya el hecho de haber ganado el segundo lugar de dicho premio entre más de mil poetas y obras concursantes, sin conocer a nadie en el jurado, es un acto de resistencia y dignidad. Haber ganado el primer lugar habría sido devolverle mucha credibilidad a los premios convocados por Visor)

Con este premio has logrado algo que pocos poetas logran en cada país latinoamericano y que muchos, demasiados diría yo, anhelan; saldrás en los diarios locales e internacionales, serás para muchos, un ejemplo de constancia y nobleza, un poeta que ha llegado para escupirle en el rostro al sistema, porque tu libro El disparo es un escupitajo espeso y pastoso en la cara del cerdo capitalista, pero también es un escupitajo al aire, y vos sabés qué pasa cuando se escupe al aire, siempre se corre el riesgo de que te caiga encima. Este accésit te sabe a triunfo, aunque no lo sea, y pensar y contentarse y festejar que un poeta centroamericano ganó el segundo lugar de un premio español, me parece un dejo de conformidad. Para muchos vos merecías el primer lugar, como lo dije anteriormente, y no pongo en tela de juicio la calidad del poeta Fermín Herrero, de consolidada trayectoria, pero sí me parece que tu propuesta es más arriesgada y audaz, donde la violencia se traza a partir de un sollozo de lamento, para avisarle al mundo que la desolación puede ser parte de todos. Vos proponés. Pero este premio es considerado uno de los de mayor convocatoria a nivel mundial en lengua española, por ello hay muchos intereses comprometidos de por medio, y era difícil arriesgarse a darte el primer lugar, ya que la poesía de Fermín Herrero es popular y garantiza éxito en ventas.

Aceptar un premio de Visor, que es una editorial sobre la que corren innumerables rumores de corrupción, tiene un gran mérito ya que vos a nadie conocías allí como ya dije, entonces ahí radica la paradoja, que, siendo un poeta disidente y underground hayas llegado al establishment, supone que tu estilo se copiará; sin embargo, ahí estás entrando en el juego del sistema que vos criticas en tu libro. Eso vos ya lo sabías, ese es el peso que llevarás siempre, pero era necesario cargar con ese peso, ya que no hay muchas opciones, y menos oportunidades para publicar en El Salvador, para ser leído fuera del paisito, incluso en la misma Centroamérica, debido a la increíble falta de estructura cultural, a las muchas deficiencias no sólo en políticas públicas de fomento a la lectura, sino en general a la nula importancia que tienen las artes en países como el nuestro.

Pero realmente todo lo que diga está de más, realmente yo no sé tanto como para opinar sobre tu decisión de aceptar el premio, realmente puedo estar equivocado, y pueda ser que no pase nada de lo que creo que va a pasar. No obstante, algo me queda claro, la poesía centroamericana no es la de antes, los hijos de las guerrillas, los bastardos hijos de las diásporas, los herrumbrados broders de las clickas de barrio, los subalternos eternos e itinerantes, los parias, los nosotros, los vos, todos, todos, estamos comenzando a alzar la voz. Al menos a vos ya te empezaron a escuchar. Veamos hasta dónde llega la fuerza de tu disparo.

Del Autor

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Antonio Cienfuegos
San Salvador, 1981. Escritor salvadoreñomexicano, de niño vivió en San Salvador una breve temporada y luego fue a radicar a México debido a la diáspora causada por la guerrilla. Actualmente está cursando un magíster en Sociología en la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile, ciudad donde radica. Ha publicado en las siguientes revistas: Alforja, Cultura de Veracruz, Casa del Tiempo (UAM); ha sido antologado en los siguientes libros: Doscientos años de poesía mexicana, La luz que va dando nombre, Carruaje de pájaros y Encuentro nacional de poetas jóvenes Morelia 2013; y ha publicado la plaquette: Otra versión de vos (Public Pervert, Chiapas, México) y el poemario Otra versión de vos (subVersiva, Tegucigalpa, Honduras). Es colaborador de la revista digital Coma suspensivos (www.comasuspensivos.com.mx) de la Ciudad de México, del periódico digital Carajo (www.carajo.cl) en Chile y es columnista de la revista digital OtroLunes (www.otrolunes.com) en España. Considera que la poesía se encuentra en una crisis tanto creacionista como mediática pero, sobre todo ética, en donde el sujeto utiliza la poesía como un medio para obtener beneficios consumistas y globalizantes como premios y becas (bajo un régimen de mafias literarias), haciendo de esta práctica su modus vivendi a lo largo de toda Iberoamérica.