Las figuras retóricas son el elemento básico de la creación literaria y de todo discurso social desarrollado. La metáfora es la reina a la que Román Jakobson le opone una princesa: la metonimia, semejanza vs. contigüidad. Sin embargo se requieren más armas si la lucha verbal quiere expresar una inconsistencia entre lo dicho y el significado oculto. Es cuando aparece la ironía.
La literatura y la historia están llenas de ironías expresadas probablemente sin proponérselo, unas veces como consecuencia de la construcción de significados que conduce a la mutación de las palabras a lo largo de los siglos, y otras como reflejo del egoísmo conque el hombre como ente social ha expresado su necesidad de dominio. Dos ejemplos ilustran lo anterior: el “We the people” conque comienza la constitución de los Estados Unidos de América, y la palabra “Democracia” cuando la relacionamos con la milenaria sociedad griega.
Por su etimología democracia significa “Gobierno de los artesanos y campesinos” aunque el concepto se nos enseña como el “Gobierno del pueblo”. Lo moderno de la idea es una serie de construcciones que se originan hace menos de cuatrocientos años y que tienen punto de partida en la “Declaración de derechos” que el parlamento inglés impuso al príncipe Guillermo de Orange en 1689 para permitirle acceder al trono, de allí se desencadenan ideas y esfuerzos como la “Carta de derechos de Virginia” de 1776 y la “Declaración de los derechos del hombre” que vio la luz un siglo más tarde con la revolución francesa. En América el deseo de inclusión conduce en 1865 a la guerra civil que terminó con la victoria de los abolicionistas. Victoria militar que requirió posteriormente la larga lucha que condujo al movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos.
Esclavitud y misoginia son los elementos comunes que transforman en antidemocráticos e irónicos tanto el concepto de “democracia ateniense” como el “we the people” salido de la convención constitucional de Filadelfia de 1787, las dos eran sociedades excluyentes aunque la misoginia no siempre se expresara de manera explícita. Su ironía es manifiesta porque lo que se dice no representa lo que las palabras indican en su nivel superficial1, la patriótica entonación de los discursos manipula los mensajes ocultando el nivel profundo del mismo. El “no somos iguales” se disfraza sutilmente y los acontecimientos son los encargados de demostrar su utilización como elemento calificador de la diferencia.
La etnia es la base de la contradicción ateniense y americana, lo no griego y lo no blanco. Lo que no pertenece a la Polis por identidad religiosa y de clase, en América se transformó en la justificación desarrollada desde la sociología y la antropología, con la llamada doctrina Gobineau, que él mismo y James Hunt junto con otros ingleses y estadounidenses utilizaron como base para implementar las políticas impuestas en el sur del país a pesar de la derrota militar. La muerte de Martin Luther King el 4 de abril de 1968 sirvió para hacer prosperar nuevas leyes con mandatos igualitarios favoreciendo las múltiples etnias de la nación Americana. Las últimas cuatro décadas han convertido al sur de los Estados Unidos en un país más urbano e influyente, menos pobre y con dos minorías que en conjunto constituyen más del 50% de la población: latinos y negros. Sin embargo, los recientes conflictos raciales como el desatado en Ferguson, Missouri a partir de la muerte de Michael Brown nos alertan que, en la sociedad Norteamericana de hoy, sin ser la apología de la desigualdad en que aún reposan muchas de las democracias latinoamericanas y del mundo, la ironía que el “we the people” representa, está lejos de desaparecer.
