Considerado una de las voces más originales y genuinas de la literatura latinoamericana actual, Eduardo Halfon publicó sus primeros libros en 2003; su tercer libro, El ángel literario (Anagrama 2004), fue semifinalista del Premio Herralde y lo colocó definitivamente en el panorama literario hispanoamericano. Unos años más tarde, en 2007, el Hay Festival de Bogotá –que reunió a los más destacados narradores del continente menores de 39 años–, terminó por confirmarlo como uno de los “hijos del mestizaje cultural”, un cosmopolita “por herencia y vocación global” como lo afirmara con entusiasmo Winston Manrique Sabogal en El País.
OtroLunes realiza, para cada uno de sus números, una larga entrevista con el autor al que se le dedica el dossier. En esta ocasión, el turno es del escritor guatemalteco Eduardo Halfon (1971). A diferencia de otros autores entrevistados, nuestro invitado nos ofrece una contrapropuesta: un ejercicio y una invitación a recorrer un mosaico elaborado a partir de fragmentos de entrevistas publicadas anteriormente que, unidas, van componiendo una singular imagen de su proceso de escritura, su narrativa y el proyecto literario en el que continúa trabajando.
…un escritor entre las orillas, un escritor dislocado…
Una noche de octubre de 2001, cuando apenas empezaba a escribir, a aprender el oficio literario, tuve un sueño. Recuerdo que me desperté sobresaltado, y entendí que había sido un sueño importante, y de inmediato entonces, antes de perderlo en la vigilia, lo anoté en un pequeño cuaderno que mantenía en la mesa de noche, y que aún conservo. Dice así: “Madrugada del 31 de octubre del 2001. Son las cinco de la mañana, y me desperté angustiado. Recuerdo únicamente partes del sueño. Estaba escribiendo y leyendo un texto desordenado, incomprensible, en donde cada capítulo (¿cuento, fragmento?) contenía la semilla del próximo. Ya más despierto, se me ocurre una posible estructura literaria: la matryoshka. Muñecas dentro de muñecas dentro de muñecas. Ir creciéndola hacia afuera, para que el lector la lea hacia dentro. O al revés. Una sola novela fragmentada, escrita poco a poco, por entregas, y unida por la referencia a una estructura externa que explica su sistema, su sentido. Ansioso, entusiasmado, ya no pude dormir.” Empecé a escribir mi proyecto literario, entonces, casi sin darme cuenta de la importancia de aquel sueño, por ratos casi olvidándolo, hace ya más de diez años, y hace ya más de diez libros, y aún no he llegado al centro de la matryoshka.
(Eduardo Halfon 2014)
¿Quién es Eduardo Halfon?
Soy un extranjero permanente y eso se nota en mi obra.
(Siglo XXI, Guatemala, 2008)
¿Cuáles son sus orígenes?
Tengo abuelos egipcios, libaneses y sirios y son judíos de allí; de muchas palabras debo preguntar si su origen es judío o árabe, me ocurre lo mismo con la comida…
(El País, España, 2014)
¿Qué tan grandes son las diferencias entre usted, la persona real, y el Eduardo Halfon protagonista de sus narraciones?
Bastante grandes. El Eduardo Halfon literario es más impulsivo. Fuma, viaja por doquier, y se encuentra en una búsqueda constante. Contrario a él, yo soy más racional, cauteloso y cobarde. El literario, además, habla sin tapujos. Yo podría haber nombrado a mi narrador Arturo Belano o Emilio Renzi, tal como lo hicieron con los suyos Roberto Bolaño o Ricardo Piglia. Pero he querido desdibujar, hasta donde es posible, la diferencia entre ficción y realidad. Tal vez también para desubicar a los lectores.
¿En qué sentido?
El lector compra una novela, pero olvida este detalle y empieza a creer que la historia es real, como un niño que no duda de lo que se le cuenta. Eso me gusta.
(taz, Berlín, 2014)
Usted se presenta como un escritor dislocado, un escritor a las afueras, sin nacionalidad concreta. ¿Se podría decir que usted pertenece a la misma tradición de Nabokov y Sebald?
Hay escritores con una patria natal, y estén donde estén la llevan con ellos. Hay escritores con una patria adoptiva, como Nabokov en Estados Unidos, o Sebald en Inglaterra. Yo más bien soy un apátrida. No siento ningún patriotismo, ninguna lealtad. Quizás por eso mi literatura viaja por todos lados. Quizás estoy buscando en mis viajes un lugar idílico donde finalmente quiera quedarme, echar raíces, envejecer. O quizás estoy buscando hacer del mundo entero mi única patria.
(O Estado de S. Paulo, Brasil, 2014)
Has residido en Estados Unidos, en Guatemala, en España… ¿Dónde te sientes más cómodo? ¿La multiplicidad de patrias es un privilegio o acaba implicando una ausencia de la misma?
No me siento cómodo en ninguna parte, pero puedo estar en cualquiera. No sé por qué me he sentido siempre como un extranjero, esté donde esté. Quizás surge de algo íntimo, de una insatisfacción personal. Quizás es algo que aprendí de mis cuatro abuelos. Quizás desde niño, desde el día que cumplí 10 años y huimos con mi familia de Guatemala a Estados Unidos, fui educado así. Quizás forma parte de mi herencia. Es un privilegio, lo sé, poder moverme por el mundo más o menos a mi antojo. Pero también es un lastre, una ausencia que siempre viaja conmigo. No tengo casa. No he echado raíces en ningún pedazo de tierra. Es decir, necesito estar en esa diáspora permanente, en ese movimiento perpetuo, pero al mismo tiempo añoro quedarme. Hay dos fuerzas simultáneas en mí: una que me empuja a moverme, y otra que me hace desear no moverme, echar raíces, sembrar un roble, hacer pequeñas rayas en la pared para marcar el crecimiento de un hijo o un nieto.
(Blisstopic, Barcelona, 2014)
You did an engineering degree in the United States and you lived there for many years. How did you become a writer?
I went to the United States when I was ten and went back to Guatemala in my early twenties. When I returned to Guatemala, I could barely speak Spanish. I felt totally out of place. Living in the United States, I was seen as a Guatemalan. When I returned to Guatemala I was an outsider there, too. I suppose I’ve always been an outsider. Still am. I never understood Guatemala. I felt completely desubicado. Maybe you could translate that as a sense of profound displacement, of not belonging anywhere. This went on for about five or six years. I guess some people would have gone to see a rabbi or a therapist. I’m very rational so I enrolled in a philosophy course. And if you enroll in a philosophy course in Guatemala, you have to study literature, too. It’s a joint degree. And I immediately fell in love with fiction. I started reading voraciously. I read nonstop for a year, two years. Writing was an afterthought of all that reading. I came to it late, and by accident. I could live without writing, but I don’t think I could live without reading.
(3:AM Magazine, Gales, 2013)
Before you became a writer, you were an engineer. Does that methodical occupation affect your work?
I was an engineer way before I studied engineering. I am very systematical, very organized, very methodical, almost to neurosis. When I write I am very much an engineer of language, and also an engineer of the story itself—the structure, the characters, the order in which to tell it.
But my writing is also spontaneous. When I start I don’t know if I’m writing a page, or a hundred pages, or nothing at all. But it’s not that I do some sort of Dadaist, freeform writing and then the other part comes and corrects it. No. The tricky bit is for these two sides of me to get along, to know when it’s time for the spontaneous, free part of writing, and when it’s time for the structural part of writing. It’s like learning a new dance.
(Sampsonia Way Magazine, Pittsburgh, 2012)
Why did you decide to write in Spanish when your English is just as good?
I don’t remember ever deciding. Spanish is my first language. It’s the language of my childhood. It was the first one in. And so when I started writing, I just started in Spanish. But it was never really a conscious choice.
(3:AM Magazine, Gales, 2013)
¿Qué relevancia adquieren la lengua y la infancia en su obra?
El día después de cumplir diez años me partí en dos. Era agosto del 81. Guatemala era un caos. Recuerdo tiroteos, disparos sueltos, combates en las calles y barrancos y hasta uno enfrente de mi colegio, con todos los alumnos recluidos dentro. Recuerdo al nuevo guardia de seguridad que llegaba a la casa en las noches y se sentaba al lado de la puerta principal envuelto en un poncho, con una enorme escopeta sobre el regazo y un tibio termo de café en las manos. Recuerdo el sonido de las palabras de mi papá no tanto las palabras sino el sonido que hacían, al anunciarnos que saldríamos del país. Yo estaba en la orilla de mi cama, recién bañado, con el pantalón del pijama aún en las manos. Tardé en comprender aquellas palabras. Tardé en terminar de vestirme. El día después de mi décimo cumpleaños, entonces, salimos huyendo con mis papás y hermanos hacia Estados Unidos, y yo me partí en dos. Mi lenguaje se partió en dos. Mi memoria se partió en dos. Un pedazo de mi memoria, el primero, el más diáfano y liviano, se quedó suspendido en la Guatemala de los años setenta. Supongo que este libro [Mañana nunca lo hablamos] es mi manera de volver en el tiempo, y buscarlo.
(Prensa Libre, Guatemala, 2013)
Mis referentes son más norteamericanos, me gusta Faulkner, Poe, Joyce, pero sólo escribo en castellano: tengo un diccionario a la par, aunque me pasa cada vez menos tener que consultarlo.
[…]
Mi infancia fue en español y mis libros siempre van a la infancia”, admite. Toda su obra es “un retroceso narrativo a mis orígenes y un acercamiento a la intolerancia religiosa y cultural […] También está el tema de la salvación y la palabra como poder de salvación, y cuántas mentiras estamos dispuestos a contar o a escuchar para salvarnos.
(El País, España, 2014)
There are many dualities in your life. It’s really difficult, for example, to assign you just one identity or set of roots. Do you ever consider yourself a citizen of a particular country?
Not at all. It’s a constant feeling of being outside, of wanting to be outside. It’s not a choice. I’ve just never felt that I belonged anywhere—not in Guatemala, not in the United States, not in Spain. I don’t know why that is, but it’s my reality. It’s a very fluid existence. I can pretend to be where I’m at: I’m very American if I’m in the U.S., and I’m very Guatemalan if I’m in Guatemala, and I’m very Spanish in Spain. I can modify my voice and my physical appearance and pretend to be from where I’m living at the moment. Yet I’m not really there.
(Sampsonia Way Magazine, Pittsburgh, 2012)
Tus personajes viven permanentemente en conflicto con sus orígenes, desarraigados, como en una nada territorial.
Soy yo el que se siente desarraigado. Lo traigo de fábrica. Me fui de Guatemala cuando era pequeño, y eso hizo que no solo me quedara sin tierra sino también sin lenguaje, ya que el inglés reemplazó al español. Para mí el desarraigo es un estado normal, no siento desasosiego en ello. Cuando encuentro a personas con el mismo dilema me siento atraído, y me acerco a ellos a través de la literatura.
(Revista de Letras, Barcelona, 2014)
Aunque no sientas desasosiego, convengamos que lo que buscas son respuestas, descifrar tu desarraigo. De ahí este proyecto literario.
Descifrarme, sí, pero como hombre y no como autor. Yo no puedo hablar del hombre con mayúsculas. No sé qué es ese concepto de modo universal. Solo soy capaz de acercarme a un individuo: a un niño que se salvó del holocausto, a un pianista serbio… Y así pretendo llegar a la condición humana a través de un solo hombre. Es un proceso inductivo.
(Revista de Letras, Barcelona, 2014)
En muchos puntos de Monasterio [Libros del Asteroide 2014] asoma la idea de “ser” judío como algo más allá de profesar la religión, del “judaísmo no como religión sino como genética”, como un tema de peso en Monasterio. ¿Hay una búsqueda de la identidad como alguien de ascendencia judía pero que no practica la religión?
El judaísmo sólo me interesa como literatura. Es decir, el judaísmo como historias. Hay en mi obra un constante acercamiento a lo que significa ser un judío, pero visto siempre hacia atrás, hacia las historias de mis abuelos. O sea, no el judaísmo como religión, sino como identidad, como orígenes, como historias de desembarcos y éxodos y diáspora y sobrevivencia.
(La Otra Mirada de Cálamo, Zaragoza, 2014)
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…el proceso creativo y un proyecto literario en constante formación…
Todas sus ficciones están amasadas en la realidad. ¿Por qué recurrir a ello?
El arranque es muy próximo a mí, el autor siempre tiene mi identidad, suele llamarse Eduardo… Soy y no soy a la vez […] El peso del judaísmo también es una constante vital. Lo tengo más como cultura que como religión; me interesa mucho más como fuente de historias; necesito estar lo más lejos posible de él para verlo con objetividad, aunque eso implica el rechazo de mi familia.
(El País, España, 2014)
Now I would like to know more about Halfon, the writer. Were you always this rational about your emotions?
I never cry. I’ve cried two times in the past twenty years, and both times have been over cats. Yet I feel like crying all the time. I appear to be a very rational, methodical person, but that is really a façade, isn’t it? There is this duality in me between the irrational and the rational, between the emotional and the structured. Maybe that is the reason why I felt so safe when I played music, as a child and teenager, because in music you can be both, you have to be both. And in my type of writing, I have to be both, as well.
(Sampsonia Way Magazine, Pittsburgh, 2012)
What was the first book you read that made you fall in love with literature?
I was 8 or 9 years old when I read Charlie and The Chocolate Factory, by Roald Dahl. I read it for school because I had to, because only the students who’d read it would be allowed to see the movie. I remember that it was screened in a small classroom, made dark by thick black drapes hung on the windows, and the girl I liked or maybe loved was sitting right next to me. To impress her as we watched Charlie and Grandpa Joe and old Slugworth, I proceeded to remove a tiny scab from my elbow and let the wound bleed in the dark. She, of course, noticed nothing. My first book was also my first fiasco at love.
(NPR-alt.latino, EE.UU., 2013)
Usted se relaciona en particular con la tradición norteamericana y, en concreto, con el relato norteamericano, sin embargo si pensamos en autores como Nabokov, J. Roth o J. Brodsky observamos que la tradición norteamericana a la que usted se refiere es una tradición creada desde fuera.
Sí, es muy interesante este aspecto. Nabokov es otro autor esencial para mí y de hecho le dedico uno de los capítulos en El angel literario; para mí, Nabokov es uno de los principales referentes de la literatura norteamericana, no siendo norteamericano. Él consigue camuflarse, hacerse pasar como un norteamericano más y, lo que es más difícil, conquista una excelencia lingüística en inglés muy superior a autores norteamericanos de nacimiento. Mi admiración por Nabokov y por muchos otros autores, como de Hermann Hesse a Ricardo Piglia, admiración que explícito en El arte literario, demuestra que, como ya hemos dicho, en verdad yo no me relaciono con ninguna tradición en concreto, sino con muchas. Sentirse unido o cómplice de la tradición norteamericana implica, al fin y al cabo, sentirse cómplice de muchas tradiciones literarias. La literatura se convierte así en un crisol, en un conjunto de literaturas.
(El Cotidiano, España, 2014)
Usted definió la literatura regreso como un regreso a la infancia, un regreso que sólo podía realizar escribiendo en castellano y no en inglés, que es la lengua que más domina.
La idea de que sólo el castellano me permite recuperar mi infancia es una idea muy bonita, no sé si es cierta, pero me gustaría pensar que sí. Creo que no se trata solamente de mí, sino que el escritor en general quiere volver a la infancia: todos nosotros queremos regresar a través del acto creativo a esos primeros momentos, a esas primeras relaciones, a ese mundo acristalado que es la infancia y del que somos expulsados. Escribo para saber quién soy, pero no puedo saber quién soy yo ahora sin saber quién fui yo de niño: la relación con mis padres, con mis hermanos, con mi país, todo esto dice, me dice, quién soy yo ahora; todo está codificado en la infancia y en el intento de descodificar vuelvo una y otra vez, en la mayoría de mis novelas y de forma explícita, a la infancia, un periodo que se escribe en castellano, la primera lengua, la lengua con la que crecí en casa. El castellano es mi lengua materna, la primera que escuché y que aprendí, y creo que es mi relación con el castellano, cómo esta lengua se enmarca en mi biografía y en mi infancia, lo que explica porque escribo en castellano y no en inglés, aun viviendo en Estados Unidos y teniendo un dominio mayor en inglés, pues yo pienso en inglés.
(El Cotidiano, España, 2014)
En sus historias usted se pone como un personaje, ¿qué tipo de posibilidades narrativas surgen mediante presentarse en la historia? ¿Son cuentos que empiezan en la biografía y llegan a la ficción?
Sí, en mi obra, la línea que separa autor y narrador es muy tenue. O digamos que apenas existe, o que no existe. Son uno solo. Somos uno solo. Esto, claro, exige absoluta transparencia de mi parte al escribir. Y no transparencia de los hechos, que poco o nada me importan, sino de verdades, de intimidad con la página y con el lector. Supongo que esta intimidad es mi manera de invitar al lector a entrar en mi universo, a confiar plenamente en mí, a tomar mi mano y permitirme guiarlo hacia una historia que de pronto necesita de la ficción, y deja entonces de ser meramente biográfica, y deja de ser mía, y se vuelve de todos.
(Folha de Pernambuco, Brasil, 2014)
La memoria tiene un papel central en un libro como El boxeador polaco. Es la memoria la herramienta principal de la literatura?
Hay una relación íntima entre ficción y memoria. Una relación casi recíproca. Existen elementos de la memoria que son necesariamente literarios o ficticios, es decir, elementos que vamos inventando y creando con el paso del tiempo, y que se convierten en parte esencial de nuestra memoria, de nuestra realidad. Asimismo, existen elementos de la literatura que sólo pueden surgir de la memoria. El escritor trabaja con la memoria como un escultor con la arcilla, hasta que de esa arcilla surge lo literario.
(O Estado de S. Paulo, Brasil, 2014)
En Brasil se discute sobre este espacio cada vez mayor en la literatura contemporánea: la auto-ficción. ¿Cómo evalúa esta estrategia narrativa? ¿En qué sentido se poner en la prosa de ficción es una característica especial de su literatura?
Sé que siempre empiezo a escribir desde mí mismo, viéndome y describiéndome en el espejo, pero esa imagen de mí mismo me es insuficiente para decir lo que quiero decir, para generar en el lector las emociones que quiero generar. No sé por qué escribo así, partiendo siempre de mí mismo pero necesitando la ficción. Quizás lo autobiográfico implica verosimilitud, y luego la ficción es lo único que permite la posibilidad de volar juntos, autor y lector, hacia una especie de éxtasis de la verdad. Quizás el proceso literario siempre es inductivo, y toda ficción está cimentada en lo autobiográfico, aunque no lo parezca. Quizás siempre ha sido así. Madame Bovary, decía Flaubert, soy yo.
(Folha de Pernambuco, Brasil, 2014)
Más que de literatura del yo, hablaría en términos de diálogo que estableces contigo mismo: el Eduardo Halfon sobre el terreno frente al Eduardo Halfon que regurgita el recuerdo y reflexiona al respecto. ¿Sales de la redacción del libro con alguna duda resuelta?
Digamos que el proceso de escritura, en mi caso, es poner en palabras algunas dudas que ya intuía, que estaban ahí nomás, al alcance, pero apenas discernibles entre tanta bruma. Supongo que escribir literatura me ayuda a vislumbrar esas dudas, a arrojarles un poco de luz mientras escribo, pero jamás a resolverlas. Y es que la literatura no es una resolución sino una corazonada, un sutil perfume en el aire, una palabra en la punta de la lengua. Cabe mencionar que en el momento que termino de escribir, que cierro el cuento o la novela, vuelve a cegarme esa bruma, y entonces también vuelvo a perder cualquier noción de tantas dudas que están ante mí. Pero a lo mejor algunas quedaron escritas. Y el único que ahora puede resolverla es, quizás, el lector.
(Blisstopic, Barcelona, 2014)
I appreciate that you say that. For me, as a reader, a constant discomfort was trying to understand the difference between Halfon, the character of The Polish Boxer, and Halfon the writer. How do you draw a line between those two entities?
I don’t. Part of the intention is lulling the reader into thinking that both Halfons are the same person, that what they’re reading is absolutely real, and not fiction. In doing so, I want to create an emotional response, similar to what a musician would do through music.
(Sampsonia Way Magazine, Pittsburgh, 2012)
Otro aspecto que se destaca en su literatura es el metalenguaje: la cita a otros libros o autores; ¿que revela este juego literario? ¿En algún momento fue una preocupación parecer ser un “escritor que escribe para otros escritores”?
Precisamente en este libro, el juego literario de citar e involucrar a otros autores es un juego importante. Primero porque el narrador es escritor y catedrático de literatura, y ése es su mundo, digamos, ése es su oficio y su lenguaje o su metalenguaje. Pero es aún más importante porque, en el fondo, éste es un libro sobre el poder y la impotencia de la literatura misma, sobre el poder y la impotencia de la palabra escrita. O sea, la palabra escrita que puede elevarnos y salvarnos, y la palabra escrita que jamás será suficiente para decir lo que tenemos que decir. Y es que este libro, como todo libro, también es un viaje. Un viaje que empieza dentro del aula, dentro de la literatura y el metalenguaje, pero que culmina en la vida misma: en una plaza de canarios, en una mazmorra, en un bar escocés, en una caravana de gitanos, en el vestidor equivocado de un club privado de golf.
(Folha de Pernambuco, Brasil, 2014)
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…los mundos que habita y que imagina…
Su concepto de la literatura como zambullida en los mundos internos de cada ser humano es evidente en la saga novelada que ha ido escribiendo: “es una vuelta hacia mí, hacia mis identidades, es tratar de darle sentido a este conjunto humano que soy”, asegura, consciente de la necesidad de entenderse hurgando en sus raíces judías y árabes, en las pérdidas y ganancias del exilio, en la postura rebelde de no formar parte de la complicidad social con la que en Guatemala la gente asume la violencia.
Hay mucha violencia en mi obra, pero otra. Esa Guatemala violenta no me interesa, e incluso cuando escribo de ella, lo que me ocupa es la ruptura que provoca, el hilo que conduce de un estado violento a otro, de cómo la violencia genera un comportamiento violento, el lado pequeño pero más terrible de las cosas.
(Deutsche Welle, Berlín, 2014)
What books or authors would you recommend to help readers understand Guatemala better?
One of the most important Guatemalan novels of the last few decades is Time Commences in Xibalba, written by Luis de Lion, a Kaqchiquel Maya who used Spanish as his literary language. In 1984, Luis de Lion was kidnapped by the military forces governing the country, tortured during 20 days, and then assassinated — information that only came to light 15 years later, in 1999, when his name and the details of his murder appeared in the so-called “Diario Militar,” a secret military document which lists the Guatemalans who were “disappeared” by the military forces between 1983 and 1985. In that list, Luis de Lion is number 135. His novel — as beautiful, sinister, hideous and violent as Guatemala — was published posthumously.
(NPR-alt.latino, EE.UU., 2013)
¿El vivir fuera de Guatemala te ha dejado ver el país desde otra u otras aristas?
Vivir fuera, de niño en los años setenta, de adolescente en los años ochenta, y ahora de adulto, seguramente afecta cómo veo al país, cómo lo juzgo, y también cómo lo narro. Sin duda mi Guatemala es mía. La veo a través de mi prisma educativo, maniático, perturbado, desenfocado, y miope. Al igual que cada guatemalteco, ¿no?
(Prensa Libre, Guatemala, 2011)
¿Se considera usted un escritor guatemalteco?
A mí se me dificulta incluso pensarme como escritor. Al fin y al cabo no fui formado para serlo. A la literatura llegué bastante tarde, y por accidente.
¿Y como guatemalteco?
Mi relación con Guatemala es compleja. Soy guatemalteco. Mi familia vive en Guatemala y viajo frecuentemente a Guatemala. Sin embargo, nunca me he sentido guatemalteco. En todo caso, la pregunta por la identidad en un país en el que el sesenta por ciento de la población es indígena —y no esté representada ni en el gobierno ni en las instituciones— es una difícil de responder.
(taz, Berlín, 2014)
En España suele verse a la literatura centroamericana como una bisagra entre el norte y el sur del continente. ¿En qué afecta esta posición a sus temas y tratamientos?
Centroamérica es una región muy pequeña conformada por países pobres y muy analfabetos. Y a pesar de ello hay una rica tradición literaria, especialmente en Nicaragua con sus poetas y en Guatemala con sus cuentistas. Sin embargo, no hay comunicación entre los países. Visto desde fuera puedes pensar que es una región cuyos países pueden agruparse en términos literarios, pero la realidad es que no tenemos demasiada idea de lo que hace el vecino. Por eso no existe la literatura centroamericana como conjunto.
(Revista de Letras, Barcelona, 2014)
¿Considera que hay un buen diálogo en la literatura latinoamericana? Antes de este sello, Otra Língua, nosotros no teníamos acceso a un montón de autores de idioma español; cree que Brasil es relativamente ajeno a los mercados editoriales de los países vecinos?
No podría decir qué sucede adentro del mercado editorial brasileño. Pero tampoco podría decir qué sucede adentro del mercado editorial argentino, o colombiano, o mexicano, o nicaragüense. Y es que aún prevalece una profunda descomunicación editorial y literaria entre nuestros países, y una colección como Otra Língua, entonces, es algo hermoso e imperial, que intenta acercarnos. El fenómeno latinoamericano sigue siendo una paradoja. Tanto nos une como latinoamericanos, pero tanto aun nos separa.
(Folha de Pernambuco, Brasil, 2014)






