

Los procesos culturales pueden ser nombrados de maneras diversas, que para los artistas ponerse en contacto con las formas que adquieren las prácticas culturales, puede significar un enorme caudal de motivaciones.
En el año 1994, el artista plástico Alexis Esquivel realizó una exposición personal cuyo título era "Retratos Históricos", compuesta por una serie de obras que tenían como aparente inspiración el tema de la historia. La historia existe en la conciencia popular de una manera distinta a como estamos acostumbrados a apreciarla en los libros, en su calidad de ciencia. En la narración oral, lo que resalta el hecho no son las acciones de los héroes, sino cómo fue creciendo su hazaña de narrador en narrador. La densidad del tiempo se pierde con la flexibilidad del instinto, apareciendo versiones en las que el héroe es un enamorado, la batalla una escaramuza y la victoria algo sin precedentes.
Las obras de Alexis trasmiten ese sentido de la cultura popular sobre la historia. En sus piezas, ni el retrato, ni la propia historia podrán ser apreciados de manera complaciente; hay una ironía, un cierto desparpajo que nos hace pensar en la cultura de la risa, desde la que todo puede ser violado. Para lograr que los textos históricos muestren esa cara oculta, Esquivel disloca el referente, y aunque sabemos que estamos frente a un hecho refrendado por la historia, su sentido se transforma ante aquello que el artista desea narrar.
La narración será la que ordene los entrecruzamientos que como procedimiento intertextual organiza las partes de las obras, utilizándolas en forma de citas, apropiaciones y referencias. Al igual que cualquier texto postmoderno, las obras de Alexis validan la capacidad del nuevo texto para darle una envergadura desconocida a la tradición, logrando que ésta, al se insertada entre otros textos, adquiera nuevos significaos. El artista ironiza, bromea, pero su mirada no es la de un simple observador, sino la de un chamán que quiere dialogar sobre el destino humano que guardan los designios de la historia. Por eso sus construcciones intertextuales no repiten el pastiche usualmente conocido en la cultura occidental, su función no estriba sólo en activar un tipo de expresividad estética, sino en aprovechar ésta para dialogar sobre las situaciones del presente.
Los personajes históricos que Alexis trae ante nuestra presencia son decodificados, descongelados de su letanía ritual, apareciendo como seres de un presente, hombres que también tienen derecho a pensar o a interrogar.
Una obra especialmente sugerente es la que lleva por título La gloria eres tú, en la que aparece el indio Hatuey en el momento en que es quemado en la hoguera por los españoles. Esta imagen símbolo de rebeldía se reproduce también en la lata de cerveza, pero, a su vez, el título nos hace recordar un famoso bolero. Con estos tres elementos acciona Esquivel un símbolo de la historia y lo convierte en un símbolo del presente. Él parodia, a través del título, la gloria que le era ofrecida a Hatuey si se convertía al catolicismo, con la gloria que se alcanza en medio del calor del trópico cuando se toma una cerveza.
Igualmente sugerente es la pieza Retrato de José Martí (sentado) en la que se nos presenta el apóstol con sandalias, cómodamente dispuesto, observando en la televisión la imagen de Elpidio Valdés. Una figura de la historia se recrea con una figura de las historietas. El artista no sólo ha invertido el tiempo, sino que también lo ha hecho del sentido que cada personaje tiene en la realidad histórica. Nos sitúa al héroe mayor de la hazaña independentista cubana, como un hombre que disfruta lo cotidiano con toda la tranquilidad que esto implica, cosa que quizás pudo hacer muy poco en su intensa vida.
Esquivel realizó en 1997 una obra sin título que reproducía la figura del Che sobre una camiseta, pero lo más interesante no se refiere a esta imagen, muy conocida y divulgada internacionalmente, sino a la del personaje que la porta, donde se funden la propia imagen del Che cuando fue fotografiado después de su asesinato con cierta actitud de hippie tropical, marginal o rebelde, cuya arrogancia puede ser resultado de la propia envergadura de la imagen que parodia o de las actitudes de imprecación ante las que se sitúa el hippie o el marginal como miembro social. Para imprimirle a esa arrogancia más fuerza, para acercarla a lo que el artista en cierta medida también es, se le añade a la imagen cabello natural, elemento que afirma su expresividad, su sentido de la provocación. El fetiche político habita junto al social, son textos que al conectarse nos llevan hacia un tipo de preocupación que no atiende, como en las piezas anteriores, a los conflictos del tiempo, sino que enfatiza las diversas panorámicas culturales que pueden encontrarse en la Cuba del presente.
Martha María y Esquivel son artistas que establecen a través de sus obras ciertas cercanías. Para ellos pasar a un segundo plano lo que podría ser un paradigma estético, pero, además, sus propuestas creativas, al estar tan cerca de la cultura popular, prestan también cierta atención al kitsch. En Martha María, como apunta el crítico Osvaldo Sánchez2, los atributos kitsch de la cultura popular son un incentivo para las delicadas metáforas con las que expresa la artista los vericuetos de la existencia femenina. En Alexis, ese tipo de gusto popular está presente en el ambiente mismo de las piezas, en sus inclinaciones por crear desde un cierto Lirismo Bad 3 figuras sin precisiones formales, exageradas en sus proporciones con fuertes coloraciones.
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...más que emails y confabulación, lo grandioso de la novela de López Nieves –traducida al islandés y próximamente al francés- es menos obvio, y es que la misma se estructura como artefacto literario tomando una forma muy frívola y poco literaria: la del hipertexto.
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León
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Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.