Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Diciembre 2007. Antilde;o uno. Número tres

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Sumario >> Cuarto de Visita

En el eje de la narrativa de violencia

Opiniones sobre el escritor
Eduardo Antonio Parra

«Eduardo Antonio Parra sabe bien que hay ciertos momentos en que todos los dolores de una vida, toda su posibilidad de amor y de perdón, el censo completo de sus rencores y frustraciones, la cadena larga de ilusiones fracasadas y de los sueños recientes muestran la cifra de su verdad, se revelan completos.

Sabe que hay momentos en que la historia personal regresa para exigir ser leída de una manera distinta por haber pasado por nuevas sangres, nuevas aguas de gozo, nuevas tierras amargas, cuando ya no sólo el cuerpo es otro.

Sabe cómo elegir estos momentos; cómo colocar personajes en las encrucijadas fundamentales, donde cambian para siempre los rumbos de las vidas, en donde se encuentran de manera inolvidable con sus lectores. Desde los que no dejan de inquietar nuestra compasión y nuestro terror, desde donde, agazapados, nos muestran espejos muy hondos.

Sabe, en fin, y esto es lo fundamental, narrar con minucia dolorosa todo lo que sucede; la mirada de Parra no vacila, sabe que su labor es la intensidad que nada perdona, una prosa que no pierde jamás su temple: la mirada se convierte en el poderoso flujo de la vida presente y en el latido del pasado vivo, urgente; este ritmo que no cesa es siempre la circulación de la vida. Todo lo que toca su pluma está fieramente completo, es carne. »

Eduardo Antonio Parra: La literatura como compromiso de vida

Ángel Ravizé

La literatura es siempre una propuesta circunstancial del hacer humano. Ya sea como narrativa (con sus múltiples motivos: lúdicos, moralizantes, pedagógicos, recreativos, etc.), como crítica literaria o como historia de la literatura, siempre la literatura expresa un mundo, caracteriza la actitud de una época, o es medio o pretexto distorsionador de una época mirada por otra.

La literatura de la última década del siglo XX mexicano, esta que nos ha representado, evaluado, expresado, nombrado, la que nos ha recreado, es abordada hoy, y seguramente mañana también, de múltiples maneras, clasificada y jerarquizada con diversos criterios; y siempre se impondrán uno o dos como los dominantes; con lo cual la literatura se seguirá escribiendo así misma:¡Bendita literatura!

Hoy, una de las posturas de caracterización de la década de los noventas radica en la fórmula bipolar Presencia de México-Ausencia de México. Un vistazo rápido a las más comentadas obras —en novela y cuento— nos persuadiría violentamente de pretender identificar tal designación con el binomio Nacionalismo-Cosmopolitismo, de un tema en disputa que ya fue, que ya pasó (década de los treinta: Cuesta vs. Abreu); aunque todavía arda a los quemados.

Mauricio Carrera1 parece indicar que las causas tanto de la ausencia como de la presencia del tema México son las mismas, aunque con diferentes efectos: por un lado la crisis económica- casi perpetua, y con ánimo de perpetuarse- de las últimas tres décadas, con la consecuente frustración de ilusiones; y por otro lado la actitud globalizante de las empresas editoriales para crear una literatura neoliberal, abierta a la experiencia extranjera, con sus ya consagrados iconos-ejemplos a seguir Jorge Volpi (En busca de Klingsor, 1999) e Ignacio Padilla (Amphitryon, 2000), con sendos éxitos literarios (léase la aceptación de la crítica especializada) y económico (con premios y ventas en cientos de miles de dólares).

Si las causas son las mismas y los efectos son distintos, hay algo que hace la diferencia, que no se ha explicado, que quién sabe si se pueda explicar (fácilmente).

Tal vez lo clave sea explorar la constitución histórica, sociológica, psicológica o espiritual de ese elemento pequeño pero muy significativo en la literatura que es el escritor.

Que a unos los frustre la realidad mexicana de tal forma que los haga ser aguerridos exponentes del sentir colectivo o personal, y que a otros los empuje a buscar expresar la realidad humana o cósmica en otras historias nacionales, en otras claves de interpretación, en otros códigos cosmovisionales (míticos, cibernéticos, alienígenas) habla de que hay factores intermedios entre las causas y los efectos que hacen la diferencia: diferentes efectos.

No pretendo dar la explicación que hace falta, sólo la apunto porque en este marco ha colocado la crítica literaria a uno de los jóvenes escritores más sólidos que se han expresado en México en los últimos años: Eduardo Antonio Parra, León, Guanajuato, 1965. Alberto Chimal coloca a Parra dentro de los que tienen interés en la realidad más inmediata, periodística; entre los que tienen una conciencia clara del contexto histórico y político de México:

""...se concentra en México y, sobre todo, en su frontera norte; su tema es la crueldad de la existencia: cuentos como 'Nomás no me quiten lo poquito que traigo' han sido comparados con los de Revueltas por la factura, pero son, a la vez, de una frialdad que refleja la dureza de la época"".2

Eve Gil apunta:

""...con pincelada hiperrealista plantea las circunstancias ambientales del modus vivendi fronterizo""3.

Jorge Munguía Espita coloca a Parra dentro de la tendencia de los que creen que el relato no se limita a una mera obra de ficción, sino que es un acto de interpretación sociológica, un acto de indignación moral, una propuesta filosófica. La base de esta corriente: ""La creciente desigualdad e injusticia social [que] han provocado un cambio en los contenidos"".4

Al crítico especializado Christopher Domínguez la obra de Eduardo Antonio Parra le ha provocado comentarios efusivos, y en la misma línea que los anteriores expuestos: ""¡Pero qué oficio de narrador! Desde los primeros cuentos de Enrique Serna, a principios de esta década, no leía a un escritor tan bien dotado para atrapar al lector más reticente en tramas que se nutren, posmodernizándolas, del pútrido y reseco estanque del realismo del medio siglo"".5

Para quien esto escribe, en la narrativa de E. A. Parra hay un compromiso, una voz participativa, un narrador comprometido que afirma su derecho de opinar, de dar sentencia, de dar juicio. No sólo le da voz a sus personajes, no sólo los retrata, no sólo los encuadra con palabras en los medios donde naturalmente, habiéndolo querido o no, para bien o para mal, se han desenvuelto, han sobrevivido, también afirma, explica, le da sentido a lo que ve, a lo que viven y sienten sus personajes, sus comunidades, sus paisajes.

""Quiso entonces forzar el aborto realizando las labores más duras en el trabajo, pasando hambres, incluso golpeándose el bajo vientre en momentos de desesperación. No hubo resultado: la vida se habría paso dentro de su cuerpo, en contra de su voluntad"".

Lo que podría llamarse una filosofía de la vida, de la naturaleza humana, de su inquebrantable voluntad de existir, de las bondades de la ironía, sin fatalismos, sin aspavientos morales, sin aire sentencioso, está presente en cada una de sus historias. Su narrar es un canto de autoafirmación allí en la sordidez, en medio del dolor, en medio de la adversidad, en medio de una maldad socialmente dada. La gente es cruel, vana, ignorante, no por una planificación individual de su mal actuar, simplemente así está dado el actuar comunitario, el error está en la estructura, en ese devenir histórico. No exime de error al individuo, de mala fe, pero no pontifica sobre él; acaso porque no puede, por que la literatura que aborda así el ahora de la realidad mexicana, o de cualquier otra realidad, no puede dar Sentencia Moral sin caer fácilmente en un moralismo espurio y desechable.

En la mayoría de sus relatos la seguridad biológica de sus personajes se ve comprometida, en un mundo que parece árido, caluroso como el desierto o mortíferamente blanco como la nieve; pero, finalmente, el ser ante la inhóspita circunstancia sale adelante, a pesar de las relaciones humanas socialmente dadas o gracias a ellas, trascendiéndose así mismo y a la misma muerte, como símbolos míticos de la dignidad humana.

En Tierra de nadie vivir es un riesgo, un riesgo que compromete la historia toda de los personajes; aún el mismo mito fundido con la realidad narrativa se ve puesto a prueba como forma de vida a reproducir, disminuyéndose la probabilidad de repetir la historia hasta el infinito, y abriendo el mundo hacia lo eterno, hacia un proceso caótico, ordenado y abierto.

Si con Paul Nizan no puede permitirse que se diga que la adolescencia es la edad más hermosa, con E. A. Parra nunca podrá afirmarse que Tierra de nadie es el lugar más bello para vivir, donde los personajes viven felices para siempre, y colorín colorado.


  • 1. Carrera, M. "Ausencia y Presencia de México en la Nueva Novela Mexicana". Tierra Adentro, No. 104, 2000, pp.29-35. (www.cnca.gob.mx/buena/descentra/tierra/ta104/index.html)
  • 2. Chimal, A. "Cajas de resonancia: jóvenes cuentistas mexicanos". Tierra Adentro, No. 104, 2000, pp.49-53.
  • 3. Gil, E. "Nueva Narrativa Norteña". Tierra Adentro, No. 102, 2000, pp. 73-76.
  • 4. Munguía, J. "Tierra de nadie". Proceso, No. 1227, 7 de Mayo del 2000, p. 92.
  • 5. Domínguez, C. Servidumbre y grandeza de la vida literaria. Joaquín Mortiz (México), 1998.

Portada del libro de Eduardo Antonio Parra

Exquisitos y abyectos

Fernando Iwasaki

Parábolas del silencio. Eduardo Antonio Parra

Cuando uno vive en Sevilla, como es mi caso, lejos de los mercados literarios nacionales de América Latina, uno adquiere una visión de conjunto mucho más completa que la que podría tenerse —por ejemplo— desde Chile, Perú, Ecuador o cualquier otro país latinoamericano. Es cierto que desde aquí es más sencillo leer a los escritores publicados por las grandes multinacionales españolas y que internet es una gran herramienta para reunir datos acerca de la vida y obra de los autores menos conocidos, pero todavía no existen sucedáneos virtuales que reemplacen la lectura personal e intransferible de tantos libros excelentes, imposibles de conseguir en España, como este Parábolas del silencio, de Eduardo Antonio Parra. Y conste que algunos títulos de Parra también han aparecido en una pequeña editorial española (Txalaparta), aunque eso no ha supuesto que sus libros se hayan distribuido por toda la península.

Los temas y las criaturas de los cuentos de Eduardo Antonio Parra son marginales, siniestros y más bien canallas. Viven en las afueras, pero no de las ciudades sino de la condición humana. Así ocurre con el asilo de ancianos de “La habitación del fondo”, con el viscoso resentimiento que pringa cuentos como “En lo que dura una canción” y con la crueldad que se regusta en “Que no sea un perfume”. Y lo peor de todo es que uno intuye la existencia de gente así de infame, porque la humanidad de los personajes de Parra convoca los peores olores de la entrepierna, los sobacos y el mal aliento. Como aquel secundario de “El laberinto” —Urano—, que se retrata como una alimaña en apenas dos trazos. Sin embargo, me haría ilusión destacar dos cuentos por encima de todos: “Al acecho” y “Cuerpo presente”.

“Al acecho” es un inesperado y sobrecogedor descenso a los infiernos, porque a medida que el lector avanza descubre perplejo que siempre es posible estar peor. Así, lo que comienza como una venganza de Bosco por el cobarde asesinato de su hermano, termina como un ajuste de cuentas políticamente incorrecto. Un desenlace obsceno y sodomítico, digno de Onetti o de Faulkner. Por otro lado, “Cuerpo presente” es el mejor cuento de putas que he leído en muchos años y el homenaje literario más erótico que alguien le haya dedicado jamás al fetichismo necrófilo. Si todos los hombres que se acuestan con la misma mujer se convierten en “parientes” —como reza el habla popular andaluza— Hualahuises sería la sociedad endogámica por excelencia y Macorina la genuina Eva del estructuralismo antropológico. En realidad, si Edipo hubiera leído “Cuerpo presente”, también se habría ahorrado muchos disgustos.

En una época en la que abundan narraciones concebidas como guiones de cine, con escenas que son simples gags y donde abundan diálogos innecesarios que sólo quieren ser ingeniosos, uno agradece que Parra explore las infinitas posibilidades del monólogo interior o que simplemente dé rienda suelta a su vocación de narrador, al placer de contar historias y a la ilusión de fraguar personajes memorables, mezclando barro con otras sustancias más bien innombrables. Como la Carmen Guerrero de “Los santos inocentes” o el Ociel de “El laberinto”. Criaturas abyectas, pero exquisitas.

No obstante, me haría falta leer más libros de Eduardo Antonio Parra para hacerme una idea cabal de su obra y de su mundo personal, tal y como procuro hacerlo en los casos de otros estupendos narradores mexicanos que también son mis contemporáneos, como Cristina Rivera Garza, Jorge Volpi, Mario Bellatin, Álvaro Enrigue, Rosa Beltrán, Xavier Velasco, Guadalupe Nettel, Pedro Ángel Palou, Alberto Ruy Sánchez, Enrique Serna e Ignacio Padilla, entre otros.

Dije al comienzo de esta reseña que vivo en Sevilla y en consecuencia muy lejos de los mercados literarios nacionales latinoamericanos, pero estoy persuadido de que si continuara viviendo en Lima no habría podido leer ni a la mitad de los escritores mexicanos que acabo de citar. Por lo tanto, no he perdido mi tradición literaria porque la he enriquecido con otras. Y Eduardo Antonio Parra ya forma parte de esa nueva riqueza.


Uno de los mejores cuentos de Eduardo Antonio Parra

Georgina Muñoz

“Cuerpo presente” es uno de los más recientes cuentos de Eduardo Antonio Parra publicado en Parábolas del silencio (2006). Tanto éste como otros cuentos del volumen son contados a través de una prosa sin desperdicio. De nuevo puede decirse que la especialidad de Parra es la voz narrativa; una voz, ante todo, segura que alguien escucha y que no cuenta una historia sin involucrarse en ella, una voz que siente, que se ofrece a sí misma en cada palabra. El cuento narra la historia de una mujer y de un pueblo: Macorina y Hualahuises. Ella es la típica prostituta que no ejerce por necesidad sino por vocación y él el típico pueblo con su presidente municipal, su cura, sus jóvenes calenturientos y sus mujeres enlutadas. Macorina llegó a Hualahuises para quedarse, desvirgó a dos generaciones, fue odiada y admirada, causaba respeto y temor. La semejanza de Macorina con María Magdalena es evidente. De hecho, en éste y en el resto de los cuentos Parra no esconde la intertextualidad con otros mitos bíblicos. Macorina está emparentada también con personajes como el de Malena (Mónica Bellucci) y María Candelaria (Dolores del Río) pues todas fueron repudiadas por su belleza y aceptadas en su desgracia o veneradas en la muerte. A los primeros cuentos de Parra no les faltó la referencia norteña o fronteriza, en éste apenas se sugiere que Hualahuises está cerca de Monterrey y “el gabacho” es el lugar donde Macorina va a recuperar la belleza perdida cuando pierde un brazo en un accidente. Con o sin brazo, la Venus será siempre una diosa y su pueblo no dejará de adorarla.


Nostalgia de la sombra

René Rosas

La novela Nostalgia de la Sombra (Joaquín Mortiz, 2002) del cuentista Eduardo Antonio Parra surge de un tema que ha obsesionado al autor desde hace muchos años: la violencia, pero vista en una persona que lleva una vida normal y que puede traspasar el límite hacia la delincuencia y la violencia extrema.

Parra describe al protagonista: “se trata de un personaje que de buenas a primeras, abandona su vida normal, su trabajo y su familia, para dedicarse al oficio de matar gente, en donde existe un gusto por la violencia innato, pero que él descubre demasiado tarde y a partir de ahí, decide tomar camino olvidándose de todo lo que había vivido hasta ese momento.”

El autor, originario de Guanajuato y nacido en 1965, explica que para él, existe una fascinación hacia la violencia en el norte del país que es un poco distinta a la que se da en el resto del país, “quizás un poco más brutal, más fría y más pragmática”.

El también ganador del premio Juan Rulfo comenta que el cambio de género de cuento a novela no fue tan repentino porque había intentado la novela antes, pero no alcanzó a publicarla ya que era demasiado larga, sin embargo, prevaleció la intención de poder desarrollar temas en un campo más amplio, así es como surge Nostalgia de la Sombra.

Este es el primero de los textos de Antonio Parra en donde aparece la Ciudad de México, ya que para el autor existe la intención de narrar la violencia que en ella ocurre buscando hacer sentir en el lector la vibración que puede generar.

Parra explica que la diferencia entre el cuento y la novela radica principalmente en la construcción de los personajes, por lo que su trabajo se centró precisamente en esta característica y resume: “el cuento narra la historia del asesinato y la novela narra la historia del asesino”.

Admite además, que en la narrativa mexicana existen personajes inolvidables y señala que los autores se han olvidado de involucrarse con los protagonistas, por lo que Parra se sumerge en el subsuelo psicológico en busca de los demonios y los infiernos para poder hacer una especie de retrato y no una trama o una historia de anécdotas.

entrevista | opiniones

Otra Opinión

Visiones

Por
Uriel
Quesada

El poder de lo virtual

El gobierno no pudo preveer el impacto social y político que CAFTA causaria entre los costarricenses [...] Y si bien los grupos que apoyan el tratado son económicamente muy fuertes y tienen amplio acceso a los medios de comunicación, quienes se oponen han encontrado su nicho principalmente en Internet.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Algunas teorías sobre la metamorfosis

Fui testigo directo, entonces, de la primera metamorfosis que sucedía ante mis ojos: vi a unas cuantas (y muy feas) orugas convertirse en mariposas, lo cual sucedía siguiendo el ciclo natural, quizás con las únicas diferencias de que no se les llamaba “orugas” (se les decía “gusanos"...

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

Gonzalo Millán: Palabras sublunares

Millán supo que tenía cáncer al pulmón y se largó a escribir. “Ahora me preocupo sólo de mí, me olvido de los otros. Me interno en el ensimismamiento porque veo con alarma que el barquero aborda su nave”...

Carga de caballería

Por
Armando
de Armas

Acuerdo por la
democracia en Cuba

En el pasado los vecinos de un país eran determinados sólo por la geografía. Hoy, experiencias comunes, aspiraciones, valores y la solidaridad determinan quienes son nuestros vecinos, tanto o más que la geografía. Ningún ejemplo de esto puede ser más dramático que Cuba y Polonia.

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Un maletín literario para los niños

Hay nombres que no sorprenden a nadie (Neruda), autores sorpresivos (Tim Burton), y autores sobre cuyos méritos literarios los críticos todavía no se ponen de acuerdo (Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier)

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

A propósito de Cormac McCarthy

En una época donde la imagen del hombre sustituye al hombre mismo y donde los shows mediáticos elevaban a la categoría de notorios a cientos de imbéciles, la porfía de McCarthy por disolverse tras sus libros parece incomprensible.

Resistencias

Por
Elidio la torre
lagares

El corazón de Voltaire de Luis López Nieves

...más que emails y confabulación, lo grandioso de la novela de López Nieves –traducida al islandés y próximamente al francés- es menos obvio, y es que la misma se estructura como artefacto literario tomando una forma muy frívola y poco literaria: la del hipertexto.

leche cortá

Por
León
de la Hoz

Hugo Chávez y su boca

Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"El día de la independencia" (detalle)

Alexis Esquivel

Sumario

Este Lunes

Las generaciones castradas

Joaquín Badajoz

El comandante sí tiene quien lo herede

Rafael E. Saumell

El maestro y su contradiscípulo

Víctor Batista

Esa isla de cubanía llamada Carlos Victoria

Amir Valle

La foto fantasma

Iván de la Nuez

¿Qué vendrá después de Castro?

Luis Yáñez-Barnuevo

Valoración integral de Narciso López

Leonel Antonio de la Cuesta

Narrativa cubana. ¿Hacia dónde vamos?

Osvaldo Antonio Ramírez

El ideal de la Filosofía

Julio Pino Miyar

El "cine literario" en Cuba

Fernando Velázquez Medina

Noticias sobre el día después. Tercera parte: el poder

Ladislao Aguado

Fidel ha muerto

Manuel Gayol Mecías

Nosotros, los de entonces

Odette Alonso

Otro lunes Conversa

Con Gabriel García Márquez

Un concepto obrero de la inspiración

Con Alessandra Riccio

La perseverancia de una comunista italiana

Con Reynaldo González

Reynaldo González entrevisto

Punto de mira

Un análisis de la transición cubana

Manuel Díaz Martínez

Luis Yáñez-Barnuevo

Jorge Luis Arzola

Alejandro Armengol

Pío E. Serrano

Cuarto de visita

"Lo que escribo lo debo a mis abuelas"

Entrevista al escritor Eduardo Antonio Parra

Yanet Aguilar Sosa

En el eje de la narrativa de violencia

Opiniones sobre E. A. Parra por:

Ángel Ravizé

Fernando Iwasaki

Georgina Muñoz

René Rosas

Unos escriben

Roberto González Echevarría

Otros miran

Alexis Esquivel

Algunos escuchan

Cortázar y el jazz

Los lunes me llamaba Nicanor

Dispersiones en torno a Gastón Baquero

Walfrido Dorta Sánchez

Poemas inéditos

Gastón Baquero

En la misma orilla

Hombre perseguido por perros

Relato

Carlos A. Díaz Barrios

Yusef sale al trabajo

Relato

Francisco Alejandro Méndez

Concierto para una violinista muerta

Novela

Antonio Álvaro Gil

Las voces de la lluvia

Poemario

Odette Alonso

Los tesoros del escriba

Poemario

Jorge Luis Arcos

Recycle

60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

De lunes a lunes

Antonio Álvarez: Premio de Novela Ciudad de Irún 2007

El ciclo del Nobel

El nuevo libro de Alejandra Costamagna

Dios es chileno

Antología de relatos

20 años con Betania

ABCD, el mejor suplemento cultural

IV Congreso Internacional sobre creación y exilio

Biblioteca de Otro lunes

Librario

Constituciones cubanas

Leonel Antonio de la Cuesta

La memoria olvidada

Luis G. Ruisánchez

La canción del castillo de arena

Joel Franz Rosell

Saigón souvenir

Carlos E. Díaz Barrios

Hierba nocturna

José Lorenzo Fuentes

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com
  • Icono de XHTML 1.1 Válido
  • Icono de CSS 2.1 Válido
  • Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • Conforme WCAG 1.0 Nivel AA - Revisado con HERA.
  • TAW. Nivel doble A. WCAG 1.0 WAI

Web optimazada para resoluciones de 800 x 600 píxeles o superiores y para los navegadores: Firefox 2, Internet Explorer 6 y 7, Opera 9 y Netscape 8.1 para PC y Firefox para Mac.