

«Reynaldo González es un escritor de amplia y reconocida trayectoria y, además, uno de los personajes más controvertidos de la vida cultural cubana que, como dicen, ha estado en las verdes y las maduras. Fue uno de los primeros represaliados por su homosexualidad que nunca ocultó, dígase de paso, y como él mismo explica siempre fue un “respondón” incómodo a la burocracia. También cuentan que en los peores años de mayor represión cultural Osmani Cienfuegos en Pinar del Río le permitió “autoexiliarse” allí y preparar su formidable ensayo-testimonial La fiesta de los tiburones. Últimamente fue uno de los iniciadores de la llamada “Guerra de los emails” a raíz del homenaje que se hizo a algunos de los protagonistas de la represión cultural en los años 70. Su fino olfato para los entresijos narrativos de la cultura lo convierte en un testigo privilegiado de la actualidad y, como se puede ver en esta ocasión, le confiere una habilidad especial para mover la cintura frente a una entrevista a la manera de los viejos estilistas en el ring.»
Reynaldo González
La Siempreviva es una revista literaria, ni más ni menos. Las consideraciones distantes y desde preconceptos pueden influir poco en su razón de existencia o en su destino. Comprendo que algunos movimientos no clarificados o publicitados en Cuba se ofrezcan a suposiciones de quienes, aunque interesados, las observan sin poder influir en ellas. Igual si se trata de una revista, de la distribución de una vacuna a la población infantil o de la puesta escena de una obra teatral. Y es de agradecer que tengan expectativas, significa que interesamos. La publicación de la revista ha recibido cierta atención porque no se la esperaba, pero se integra a un movimiento de ediciones que en los últimos tiempos se han recuperado, luego de un largo período en que escaseó el papel para imprimirlas. Ahora afloran revistas especializadas en las disciplinas de la vida cultural, algunas de carácter general, otras solamente de danza, música, artes plásticas, etc. En ese entorno entra La Siempreviva, especializada en la vida literaria: ensayos, artículos, narraciones, poemas, con preferencia las imprescindibles reseñas. Viene a cubrir necesidades de la comunicación cultural, con una edición cuidada que llega a las librerías y a los estanquillos gracias a una tirada generosa. Es todo. Lo demás cae en el capítulo de las especulaciones, incluidas las de algunos espontáneos que se improvisan vaticinadores —viene de vate— y la califican desde sus ópticas, incluso sin haber leído el primer número, un paso en falso, el más expedito para la pérdida de credibilidad. Pero reitero que también es de agradecer, porque publicita. Lo peor sería la indiferencia.
Nos enfrascamos en una protesta que sorprendió a muchos, dentro y fuera de Cuba. Respondimos a lo que consideramos el revival de viejos “cuadros” que en años anteriores le causaron a la cultura cubana estropicios nada desatendibles, sino trágicos. Le vimos la oreja peluda al lobo, así lo sigo viendo, y detuvimos el amago con una celeridad inesperada. La llamada “guerrita de los emails” ha tenido una repercusión saludable, en general. Contribuyó a un diálogo más distendido en la vida cultural interna. Estar entre quienes iniciamos ese movimiento me hizo sentir más vivo, sin que alguna vez me permitiera la dormidera del desentendimiento. Quienes conocen mi trayectoria de respondón, algunos episodios de mi vida y la manera en que enfrenté las adversidades saben que estaba en guardia. Salté con la presteza que la ocasión exigía. Pero no me considero protagonista, sino participante. Entre los apoyos y la comprensión que el movimiento recibió de muchos, dentro y fuera, llegaron algunas consideraciones peyorativas hacia los participantes en el movimiento. Nacieron del removión que tuvieron quienes de Cuba y en Cuba solamente esperan circunstancias adversas y cuando ocurre lo contrario tratan de hallar trastiendas que se inventan. Nos sorprendió particularmente la reacción de colegas que hoy están en el exterior y que antes, dentro, nunca movieron una paja para mejorar las circunstancias incómodas o para solidarizarse con quienes padecíamos la intolerancia y el desprecio. Si algo tengo es memoria. Sus virulencias de hoy no borran la pasividad de ayer. El ataque a los que protestábamos tuvo el aroma del oportunismo desde la acera opuesta. Pedir heroísmos para presentarse como héroes fue un gesto para la galería, una pésima figura, o el esfuerzo de acumular average, como se dice en términos deportivos. De cualquier manera la “guerrita de los emails” y lo que significó no cesa, aunque por el momento no ofrezca elementos noticiosos. No todo es materia combustible para telediarios sensacionalistas. En lo personal, como dices, me sentí útil. Creo que es una motivación atendible.
La “respuesta del Gobierno” tampoco ocupará cintillos noticiosos. No vivimos “sucesos”, acciones rutilantes, sino un proceso que exige coherencia, permanencia, vigilancia incesante. El mal llamado “quinquenio gris” —en realidad un decenio negro— constituyó el agravamiento de circunstancias que venían fraguándose y que lastraron la vida de los cubanos en general, no solamente en los aspectos culturales, independientemente de fechas o lindes. Eso requiere respuestas más enraizadas, que establezcan vivencias totalmente diferentes y demuestren un envés sostenible en el tiempo. Por el momento las razones de los cambios existen, palpitan, incluyen el pensamiento y la acción de muchos. En Cuba se vive un proceso de análisis y debates que estremece a toda la sociedad, por igual implica la economía y el pensamiento. Nada le aportarían pesimismos endémicos o triunfalismos apaciguadores. Lo que cuenta es el trabajo, la permanencia y, como dicen, las buenas vibraciones. En el aspecto cultural creo que La Siempreviva puede resultar una de las incontables acciones positivas. Tiempo al tiempo.
Qué pena, pienso todo lo contrario. Soy el menos calificado para labores de conducción más allá de juntar palabras en mis libros o poner en marcha una revista literaria. En cuanto a la foja de servicio que me atribuyes, mi vida no se diferencia de la de muchos cubanos de mi generación —que no es la literaria de “los cincuenta”, como repican—, sino una entrega natural en los tiempos que me han correspondido. Precisamente la acumulación de libros y haber estado en la cultura cubana en las verdes y en las maduras, por más de cuarenta años, me convencen de mis reales condiciones. Ya que hablamos de hipótesis, me negaría a cualquier proposición que me llevara a extralimitar mi vocación. Me tira demasiado la página en blanco para acceder a espejismos. Por suerte, a ninguno se le ha ocurrido: ni siquiera integro el comité que prepara el próximo congreso de la Unión de Escritores. De antemano conocen mi respuesta.
Quizás te refieres a una reacción mía cuando hablo de “opinionismo”. Aunque la imaginación habita mis páginas, las trascienden observaciones de realidades pretéritas. La fantapolítica no es mi fuerte. El “opinionismo” que me desagrada es el que pierde de vista el conocimiento táctil de los asuntos sobre los que panea. Termina en vociferación más que en análisis, en el machacón arrebato de la palabra de algunas mesas redondas y charlas televisivas. Generalmente soy un tipo apacible, pero la especulación me saca de quicio. Comprendo y agradezco el interés en los asuntos cubanos, por ejemplo, pero me parece vacuo el chachareo que sin proponérselo los contendientes, desnuda intereses poco edificantes, algo a lo que se entregan de manera irresoluta y terminan en una total ausencia de lógica. La vida de un pueblo en trances difíciles no puede tratarse desde el vicio malsano de la prensa del corazón, y eso he notado en algunos cuando hablan de Cuba, sin que les falten motivaciones loables. La realidad cubana es demasiado compleja para dejarla en pasto de improvisaciones y caprichos. Sus altibajos, dificultades y reveses no pueden ajustarse a la compensación o justificación de historias individuales, ni ser mirados como una torta de cumpleaños. En ocasiones se olvida del principal elemento, los cubanos, sus razones, la experiencia interna, las condiciones con que deben responder a costumbres y posibles variantes. Esos observadores de tertulias atribuyen una gravitación inopinada a pormenores de última hora, en una obsesiva búsqueda del dato-clave, que casi siempre no es más que subjetividad y desconocimiento. Si a un niño se le escapa su papalote en la Loma de la Cruz en Holguín, por ejemplo, le dan una connotación enorme, mientras se les puede escapar un subterráneo desplazamiento de tierra bajo los pies de ese niño. Yo los dejo en su chachareo, que nada aporta. En cuanto al libro que ahora escribo, no lo veo como “el último”, sino como “el más reciente”, porque soy supersticioso y porque me deja el sabor de una continuación, no de un final.
Está saliendo de las prensas un nuevo libro mío, Lezama sin pedir permiso. Es una suma de textos sobre el enormísimo poeta que hace algunos años me motivó Lezama Lima, el ingenuo culpable. El nuevo trata aspectos de su cercanía, percances que marcaron su vida y su obra. Y trabajo —ya contra reloj, por los reclamos de la editorial— un libro sobre los mass media, continuación y profundización de mi anterior Llorar es un placer. Es un estudio de la conducción interesada de la sentimentalidad popular —sus criterios, concepciones y reacciones— desde mensajes que inciden en la autoestima colectiva. Se trata de una reconstrucción histórica del melodrama radiofónico y televisivo —más de catorce versiones—, sus orígenes, la trama que le sirvió de caldo de cultivo. Tomo como objeto de estudio un dramón que estremeció toda la América, incluidos los “hispanos” en Estados Unidos, y llegó hasta Asia: El derecho de nacer, escrito por un músico y publicista, Félix B. Caignet —autor de “Te odio” y “Frutas del Caney”, entre otras piezas memorables, cantadas por Bing Crosby, Rita Montaner, el Trío Matamoros, Antonio Machín y muchos otros—. Fue de todo: serie radionovelística, álbum de postales coleccionables, escenificación teatral y dos veces llegó a la gran pantalla, como se trata un clásico. En esas películas trabajaron respectivamente los españoles Jorge Mistral y Aurora Bautista. Me he propuesto un libro muy informado y eminentemente ilustrado para saludar los sesenta años de esa versión llorona de Edipo. Y, en ello, la repercusión que ha tenido en la psiquis colectiva de algunos países.
Miel sobre hojuelas, cuento (1964); Siempre la muerte, su paso breve, novela (Primera Mención del Premio “Casa de las Américas” 1968); La fiesta de los tiburones, ensayo (1978); Contradanzas y latigazos, ensayo, (1983), Premio de la Crítica; Lezama Lima, el ingenuo culpable, ensayo (1988), Premio de la Crítica; Llorar es un placer, ensayo (1989) Premio de Crítica; El bello habano. Biografía íntima del tabaco, ensayo (1998); La ventana indiscreta, ensayo (1998); Échale salsita, (libro culinario) (1999); Al cielo sometidos, novela (2000) (Premio de la Crítica e Italo Calvino), Cine cubano, ese ojo que nos ve, ensayo (2002); Envidia de Adriano, poesía (2003).
Es fundador y redactor-jefe de la revista Revolución y Cultura, director de páginas culturales, editor y colaborador de medios nacionales e internacionales, entre ellos la Agencia Prensa Latina. Dirigió durante 11 años la Cinemateca de Cuba.
Es Premio Nacional de Literatura 2003 y Premio Nacional de Periodismo Cultural. Desde 2005 es Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua y acaba de fundar la revista literaria La Siempreviva de la que es director.
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...más que emails y confabulación, lo grandioso de la novela de López Nieves –traducida al islandés y próximamente al francés- es menos obvio, y es que la misma se estructura como artefacto literario tomando una forma muy frívola y poco literaria: la del hipertexto.
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Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.