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"Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo…"
Yo siempre quise estar con los vencidos
Perder para ganar una derrota
Que solo la derrota hace más profunda la memoria
Menos limpia, más interesante
Turbia y caótica como una nube cósmica
Con un remordimiento inconfesable
Y un camino desconocido y casi imprevisible
Que eso debería, Sancho, ser la libertad
Como víspera u ocaso
Siempre umbral
Desconfiad de futuros luminosos
De guerreros invencibles o pueblos predestinados
Después de la nieve, el barro
El sol ilumina y a la vez corrompe
Que todo dios es ambiguo
Patético como rey
Y como tirano, histrión
En cierto modo envejecer ya es perder
De repente todo lo joven es hermoso
La esperanza sólo existe en el pasado
No en el presente huidizo y agónico
Que recordar (como diría un bolero)
Es olvidar también
En la víspera de la muerte
En el umbral del viaje sin nombre
El paraíso quedó atrás como la lluvia de Borges
Por eso te apresuraste sobre el fruto prohibido
Para que todo quedara siempre atrás
Y el éxodo no fuera hacia el porvenir
Sino hacia ese principio irrepetible
Donde fuiste vencido por una vocación salvaje
Un oscuro deseo y un arte (toscano) de melancolía
Quisiste que tu futuro fuera Shakespeare
Todo intensidad y pasión y sueño y locura
Mirar con tus ojos tan jóvenes y un cuerpo putrefacto
Los animales de furiosa belleza
En verdad ya desde siempre inalcanzables
Pues toda posesión es fugitiva
Todo poder deleznable
Y solo en la derrota hay plenitud.
Madrid, 28 de diciembre, 2007
I
Amigo, ahora que he llegado al tiempo de las conversiones imaginarias, de los
sueños más turbios
puedo dejar a un lado las pavesas del odio y los fantasmas de la esperanza
Porque este ¿no es el tiempo de las postrimerías?
Tiempos de desprecio, como los llamó Tertuliano, citaba la sibila de Málaga
Ahora que los sentidos se vuelven retrospectivos, puedo invocarte a ti
antigua Diosa Blanca, y abandonarme a las confesiones que dicta el tedio
el sudor legendario, como un derrotado Edipo o Virgilio agonizante
con la paz del escriba, un oscuro cronista o soñador ancestral añorando la
sombra delos mangos en flor
Lo primero, el país de marras, la inconcebible ínsula de mi orfandad
Yo tuve un amigo que se leyó a Nietzsche y se volvió loco como John Nach, el
Emperador de la Antártida
¿Se puede leer a Nietzsche, con impunidad, en la juventud? Yo nací en una isla
Nietzsche es otra isla. El me enseñó el valor de la lejanía, el puentecito roto, la
montaña distante, el eterno retorno
¿Cómo oír a Bach y, a la vez, sentir los golpes dionisíacos en el piano?
Gritar: Ariadna, te amo. Y firmar: El Crucificado
Ah, el amor como un límite, un umbral, un imposible
Y su nombre llagado. Y Nietzsche, su seudónimo
Yo nací en una isla
Y guardaba caracoles en cajitas de nieve. Ah, los perversos tesoros
las reliquias hurañas, laberintos callados. Toda la Vía Láctea
Caracoles o estrellas. Yo quise ser astrónomo y náufrago y cruzado
La realidad, grosera. La amistad, clandestina. El afuera, indecible
(Me perdieron los juguetes. Me expulsaron del jardín)
Yo nací en una isla
Siempre fui el exiliado, el loco, el amante imposible
El que miraba ávido los grabados de Gustavo Doré en La Divina Comedia
Sentí tan feo el mundo, mi mundo, mi ínsula siniestra
Nunca fuiste mi patria, ¿cómo hay patria sin Madre?
Siempre fui el exiliado, siempre quise el regreso
Alguna vez escribí con la angustiosa melancolía de la juventud:
Las despedidas son tan provisorias que el tiempo las devuelve estremecidas
Pero: Y tú le respondiste así porquerizo Eumeo
Y repetía las palabras sagradas como una cantinela solitaria
Luego añoré los Reyes, los tristes Reyes Magos. La estrellita allá lejos
El niño en el pesebre. El vaho de las bestias. Y el alma en el establo
Era la Noche de Reyes, mi noche, mi secreto
Pero
había que caer, de nuevo, sin amparo. Todo roto y lejano
(Me echaron de la fiesta. Me rompieron el corazón)
Y nacer, ¿renacer?: El pecado sin culpa, eterna pena…
Yo nací en una isla
Pero entonces, amigo, ¿cómo volver a nacer en otra patria oscura?
La antigua noche obscura, la patria que anhelaron Juan Clemente y Casal
Dos patrias tengo yo…, dijo el náufrago de la playita de Cajobabo
Entonces yo buscaba algún rostro, otro tacto, alguna certidumbre
algo desconocido, las figuras danzantes en el fondo del lago
Y lanzaba piedras al mar, al mausoleo oscuro, buscando una respuesta suya
No sabía entonces que si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada
Pero allí estabas tú, Diosa Triple, terrible, Medusa inolvidable
No entendí tus lecciones. Y buscaba en los rostros, en los rostros amados
un aviso, algún signo, un lenguaje lejano: la palabra perdida, la realidad sin
nombre
(sin piedad, sin pecado). Ah, las irisaciones de esos rostros varados, su
indefinible angustia
el sexo originario, un puente que borrara la atroz separación, el dualismo
malvado
Ni ángel ni demonio ¿Polo Febo y Celestina? Uno solo. Algo así
Yo nací en una isla ¿Qué buscabas, María, en esta isla extraña?
Te recordaba a Málaga, a tu padre con su traje blanco de alpaca. Ah, María
si esta era tu patria prenatal, tu infancia, tu secreto y tu carnal apego
para mí era el infierno, las praderas malditas con un Sol en el centro
la luz que borraba los rostros, que difuminaba los secretos
el sitio de la expulsión, el lugar del naufragio, la pérdida, la pérdida
Amigo, tú siempre lo supiste. Es el infierno, claro. La región de los hijos
Los hijos de la noche. Y los hijos nonatos. La eterna sensación, el procaz
desamparo
Todo partido, roto. Y la gota de láudano. Las velas que se apagan. Es el infierno, claro
Después, las tentaciones ¿Hay un infierno claro? La vida es un ensayo. Tú lo supiste
siempre
Las dendritas rodeándote. La amarga circunstancia. El país tan lejano
Profanar los umbrales. Padecer los insomnios. Hacer sufrir al prójimo
Y mirar allá lejos, lo incomprensible, huraño. Entrar al parque oculto
El fiel pistoletazo. El delirio en la sien. Y la boca del pez
Las hojas del otoño cayendo lentamente como un manto sagrado
Mas ¿qué estoy escribiendo, amada víctima? Todo rugoso, mudo
Y los dientes de perro. Tal vez. Y sin embargo
hay un espejo claro. Los ojos de tu perro como estrellas remotas
Tal vez. Yo nací en una isla. Muy cerca de las lindes
de los bordes. Hijo mío, ¿adónde te escondiste que te busco
llorando? ¿Hay islas de perdón? ¿En Solaris? Despacio
muy despacio miro las conversiones, los duros simulacros
(Qué pobre es el Poder. Patético el Tirano). Hay una fuente
absorta en el centro del patio. Allí toda la música y el esplendor
manando en el silencio puro un alfabeto claro
Allí el Buda perfecto. Allí el silencio. Amigo
¿no podremos volver a la fuente secreta?
(Alánimo, alánimo, la fuente se rompió)
Yo nací en una isla. Una isla en el amnios
Tú lo sabías, Raúl. Porque estamos de paso: luciérnaga, cocuyo, rayo verde
eterno minotauro mirando las estrellas. No hay un infierno claro
Dragonflay. En la noche (y toda noche es sombría)
se dibuja un eclipse. Quedarse allí, soñando
rodeados por el mar y la noche y tu mano
Tu mano como un bosque. Tu sexo como un prado
Mirar las luces, lejos. Y dormirme en tu mano
como una hojita seca, peonía, cilantro
Pero…
Yo nací en una isla
Y no hay un infierno claro
Nos quedan los recuerdos como fábulas, las canciones
como reinos hechizados y aquellos y aquellos ojos verdes
serenos como un lago, los instantes perdidos y todas las visiones
el inaudito tacto, la música lejana, los olores extraños y al fondo
en lo imposible un sabor legendario
Yo nací en una isla
No puedo imaginarlo
15 y 16 de enero, 2003
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y rezaba contrito pater y ave maría
R. Darío
Amigo, ¿cuándo fue que llegaron los caballeros sombríos
oscuros emisarios de otra noche, otra isla, otra patria posible?
¿Cuándo fue que llegaron? No sé. Eran como la noche
la noche de mis pánicos. La uña que se hincaba en la sábana tersa
(debajo, yo, contrito, con mi linterna fría) Eran los muñecones
los payasos frenéticos, con sus botas enormes enfangándolo todo
(Trompoloco, Bob Gray o Pennywise el Payaso) No podía escribir. No podía escribir
Tenían de peleles, de espectros, de gusanos
Como los vio Lorenzo en su noche increíble
Pero siempre el manotazo de plomo, dijiste tú, Lezama, melancólicamente
Seres hay de montaña, seres de valle
y seres de pantanos y lodazales
escribió el hombrecito del abrigo enorme
No sé, pero en mi noche, en mi alberca secreta
la noche de las noches de la playa vacía
ellos no prosperaban. Y podía escribir
recoger caracoles, imaginar el mundo de otro modo
más vasto, apagar la linterna y descorrer la sábana
sentir las losas frías, el rumor de las páginas
como olas, y el sexo tibio, oscuro de la noche
a mi lado. Otra isla, otro tacto, como un claro en el bosque
la fogata en el centro, los planetas girando
como un escalofrío. Y toda la duermevela
de tus ojos temblando como un borde imposible
como una oscura esencia. Ah, qué vastas comarcas
descubría a tu lado, las regiones minadas
de una turbia belleza. Era el golfo de las visitaciones
de las conversiones imaginarias. Y eras el pobre
el forastero, el poeta, el orate. Toda la marginalia
(alcohol y marihuana y un extraño esplendor
en todos los espejos)
Amigo, de nuevo el mundo estaba
amargo y dividido. La realidad grosera, la profecía errante
la luz dudosa, inane. Infantil la esperanza, y la bestia en el centro
usurpando el espacio de toda iniciación
Qué tienen los paisajes que no orean el alma. Su entusiasmo
es tan breve, su inocencia tan parca
Amigo, los paisajes
desconfuertan el alma: el vínculo extraviado, la plenitud
perdida, olvidada su espuma, su color desvaído. Y una ansiedad
suicida y un extraño rocío traspasándolo todo. No sé
tal vez, quién sabe. Hay dos razas, dos noches, dos islas
enemigas. El antiguo linaje de Caín y de Abel. Y
We only live, only suspire
Consumed by either fire or fire
Pero
como también dijo el Profeta: The end is where we start from
21, 22 de enero, 2003
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(…y entonces busqué en el otro, en las simas del sexo, borrar mi rostro huraño, solitario, cansado. Trasvasarse en lo otro, la belleza inaudita. Buscar un tacto, un nudo. Algo cerrado y duro. La mano que se extiende, la mirada anhelante, la música lejana, un olor clandestino, un sabor legendario. En la eterna muchacha del púrpura opulento un cuenco de rocío, una espuma secreta. Ay, légamo, había que mezclar el estar con el ser. Y volver a nacer: piedra, palma, otro río. Algo mudo, vacío. Punto oscuro, imposible. Y la hoguera en el centro…)
22 de enero, 2003
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y a Miguel Angel Castro Machado
Amigo, las terrazas siguen inalterables. En las montañas de Baracoa
no pasa el tiempo. Alguien no ha desembarcado nunca en esas costas
La isla sólo existe en la imaginación. Sólo hay pulsaciones
El ahora no existe. Ni el antes ni el después. El principio y el fin
¿no son lo mismo? Somos como una esquirla del caos sagrado
No podemos verte el rostro porque todo es tu Rostro
Esa muchacha agonizante, ese volcán altivo, esa estrella remota
ese bote maltrecho, esas carabelas en el alba, esa cruz despedazada
el Hurakán, el Cemí, todos los idolillos, las pictografías, las cerámicas
los areítos, el humo azul del tabaco, y más, la isla desierta, y más, la víspera de la isla
del planeta, del Sol, de la Vía Láctea, de tus ojos desollados y bellos
carrusel, tiovivo, laberinto, espiral, y los caracoles en cajitas de nieve
Silencio. Lo trivial es todo. ¿Para qué existen las trivialidades en la vida?
se pregunta el monje lúcido. Y el biznieto de Nietzsche le responde:
“Sólo intimamos con la vida cuando decimos –de todo corazón- una trivialidad”
Tengo que regresar las polymitas a su origen sagrado. Y el nácar de las siguas
de mi bastón, y su madera preciosa. Hasta la china pelona de la playita de Cajobabo
Y estas ropas, estos cueros, estos minerales increíbles. Todo es nada. Todo
como una música increíble, como una lluvia de mazorcas de oro. Como tú
22 de enero, 2003
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Dice Bolichán: la vida es así…
Matamoros
Pero, amigo, aquí abajo, en la selva inaudita
la cerrada tiniebla sobre la isla última
el cielo desplomándose como una profecía
las sombras que conversan en el páramo frío
y nosotros boqueando en la noche sombría
recordando la escoria, los fantasmas sagrados
los libros, las fogatas, las ruinas melancólicas
las versiones del tedio y los rostros amados
y el ocio como un cielo, la música inaudible
la fuente como un chorro de esplendor imposible
la luz muriendo avara y la casa vacía
y nosotros mirando la soledad final
26 de enero, 2003
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¿Tan solo los instantes compensan el camino? ¿Todo se pierde
todo, también esos instantes? ¿Por eso los soñamos?
Yo nací en una isla
Había una vez…
No puedo
No puedo imaginarlo
27 de enero, 2003
Te sientas al margen para mirar esa manada de antílopes furiosos
Te gusta esa monótona procesión de visiones imposibles
esa extática concurrencia entre tus ojos y esas arduas realidades en movimiento
(como vio Heredia allá en el Niágara o Lezama un ejército de hormigas herniadas
o un tiburón de plata o los lentos mulos cayendo en el abismo)
El cine es apenas un simulacro de esa extraña convivencia del ojo y lo mirado
A veces una bestia se separa del resto de la manada y te deja oler sus belfos jubilosos
y sientes el aire que desplaza como una feroz certidumbre contra tu cara
como una insinuación obscena o un roce de materias duras
Cuando tú los miras ellos sienten la gravedad del paisaje que se convierte en un
lienzo de avenidas inacabables
un contacto inaudito entre dos criaturas ávidas de reconocimiento
¿Allí envejecerás hasta que veas esa manada despeñándose sobre sí misma con una
mirada anhelante
y sobrevenga una espesa oscuridad llena de bultos ávidos de luz
como esos peces que claman ser izados hacia otro reino?
¿La belleza del paisaje acaece cuando sucede la contaminación
la medida o esa mezcla imposible de dos universos diferentes?
¿Habrá una tercera mirada más allá, más allá?
¿Un risueño o aburrido dios u ojo en vilo reuniendo esas paletadas eróticas
esas excrecencias cromáticas o esas combinaciones de estrellas desaparecidas?
"...ya que un día nos encontraremos
en el Limbo de los justos,
o en el Limbo de los niños"Lorenzo García Vega
La mirada se desplaza por una interminable procesión de aguas pútridas
Dos bulbos hinchados tiemblan dentro de la irrealidad del paisaje
Ellos buscan unas conchas vacías donde reposar su menesterosa avidez
como buscan los peregrinos el Camino de Santiago
el náufrago, la costa alucinada donde morirá sin duda, para la primavera
y el niño, un vértigo, una cascada, la cegadora luz, una feroz intensidad
(ah la velocidad de sus visiones incesantes como carpas brillantes que se levantan al
amanecer)
Una luz, una fe, una esperanza, algo que les devuelva la sustancia del paraíso
(como el Limbo de los niños o como el Limbo de los justos)
el fuego irrenunciable de la palabra perdida
Una linde temblorosa donde poder naufragar para que la tragedia avive la memoria de
la estirpe
Una mirada para las pobres cosas que se abandonarán en el camino
y otra para las desoladas piruetas de las galaxias infantiles
Ah mirada que se desplaza ante esos ejércitos como legiones de materia indescifrable
como arrecifes de prohibido frenesí, como archipiélagos absortos
como la noche de los pasmosos arlequines, como payasos con cara de bola
Oh tú, Medusa, dame la sabiduría de tus nervios como islas de dulce olvido
las pausas líquidas de tu voracidad, los alrededores de tu misericordia
para que la mirada pueda traspasar los espejos y los espejos devolver un filamento de
eternidad
Hilo que se tensa entre el nacimiento y la muerte como puente de lujuriosas nubes
como la ventana donde se asoma una quijada descomunal
la enorme cabezota del dios que visitaba a William Blake
y que lo convirtió en un visionario poeta esquizofrénico
y pudo mirar donde después miró Rimbaud (¿desde el légamo?
¿desde las islas salvajes de intolerable resplandor?)
Y el idiota que sigue un hilo de baba nauseabundo (como un dios errante de cabellera
suicida)
El que orina desde un cielo opulento y en la tierra fecunda los animales imposibles
Ah, sí, una cascada de aguas chorreando desde los bulbos de una mirada desconocida
Y los crepúsculos sangrientos, las cicatrices al amanecer como derruidas esfinges
Los fragmentos, los pedacitos de caos como una lluvia de confetis
Y los ojos de arena sudando esa gota de rocío que quiere anegar al mar.
Por
Uriel
Quesada
El gobierno no pudo preveer el impacto social y político que CAFTA causaria entre los costarricenses [...] Y si bien los grupos que apoyan el tratado son económicamente muy fuertes y tienen amplio acceso a los medios de comunicación, quienes se oponen han encontrado su nicho principalmente en Internet.
Por
Amir
Valle
Fui testigo directo, entonces, de la primera metamorfosis que sucedía ante mis ojos: vi a unas cuantas (y muy feas) orugas convertirse en mariposas, lo cual sucedía siguiendo el ciclo natural, quizás con las únicas diferencias de que no se les llamaba “orugas” (se les decía “gusanos"...
Por
Alejandra
Costamagna
Millán supo que tenía cáncer al pulmón y se largó a escribir. “Ahora me preocupo sólo de mí, me olvido de los otros. Me interno en el ensimismamiento porque veo con alarma que el barquero aborda su nave”...
Por
Armando
de Armas
En el pasado los vecinos de un país eran determinados sólo por la geografía. Hoy, experiencias comunes, aspiraciones, valores y la solidaridad determinan quienes son nuestros vecinos, tanto o más que la geografía. Ningún ejemplo de esto puede ser más dramático que Cuba y Polonia.
Por
Edmundo
Paz Soldán
Hay nombres que no sorprenden a nadie (Neruda), autores sorpresivos (Tim Burton), y autores sobre cuyos méritos literarios los críticos todavía no se ponen de acuerdo (Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier)
Por
Ladislao
Aguado
En una época donde la imagen del hombre sustituye al hombre mismo y donde los shows mediáticos elevaban a la categoría de notorios a cientos de imbéciles, la porfía de McCarthy por disolverse tras sus libros parece incomprensible.
Por
Elidio la torre
lagares
...más que emails y confabulación, lo grandioso de la novela de López Nieves –traducida al islandés y próximamente al francés- es menos obvio, y es que la misma se estructura como artefacto literario tomando una forma muy frívola y poco literaria: la del hipertexto.
Por
León
de la Hoz
Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.