

"Vi lo que no vi/pero ¿el ojo?/Precisó."
José Lezama Lima. “IV”. Fragmentos a su imán (1977)
Desde que tengo uso de razón política vengo escuchando la siguiente pregunta: “¿qué será de Cuba después de Fidel?” Voy a tratar de responderla pero apelando a mi oficio de lector y crítico literario y desde esa perspectiva, como si el traspaso de cargos en la isla se presentase como una trama que he leído de la siguiente manera.
Para millones de ciudadanos dentro y fuera del archipiélago se trata de una interrogante ardua de contestar, si tenemos en cuenta los años transcurridos a partir de 1959. El régimen se ha alargado más de lo deseable y con éste la presencia ubicua de su comandante. Hace cuestión de pocos meses volvió a plantearse el tema pero con un sentido de mayor urgencia. La enfermedad casi mortal del líder levantó los ánimos de la oposición y de los defensores del estado actual de la cosa pública, y ahora acaba de reaparecer en la televisión diciendo que cedería el puesto (aunque no dice a quién). No creo que en nuestra historia la relación individuo/nación haya sido más intensa que en la época presente. Uno puede decir que las huidas de Gerardo Machado (1933) y Fulgencio Batista (1959) actuaron como catalizadores de importantes cambios ocurridos en la isla, sin embargo, esos dictadores representaron malas formas de gobierno aunque no un sistema de poder prolongado y ambicioso de infinita futuridad. Destronarlos fue dramático, costó sangre y sufrimiento, mas tan pronto abandonaron la nave se acabó lo que se daba. En cambio, Fidel no termina de irse ni por la puerta natural de la muerte ni por la del exilio. Habría que cuestionarse cuál será su legado una vez que se haya marchado definitivamente, a consecuencia del agotamiento de las reservas físicas y del desplome correspondiente de los recursos mentales, o sea, cuando ya no respire ni pueda ser el articulista en jefe.
Esta obsesión por el funcionamiento de su cuerpo subraya la importancia que tiene para el futuro de Cuba la ausencia eterna de Fidel y del “fidelismo”, y hasta que punto él lo es todo (cuerpo y alma) aunque los defensores del régimen se obstinen en negarlo. ¿Qué pasará cuando ese hecho inevitable se convierta en realidad? Lo ideal sería que los asuntos no marcharan como en las dinastías políticas de Corea del Norte, Viet Nam, China y la antigua Unión Soviética donde los fallecimientos de Kim Il Sung, Ho Chi Minh, Mao Zedong, Leonid Brezhnev, Yuri Andrópov y Konstantín Chernenko no pusieron en peligro el sistema, controlado por los respectivos partidos comunistas, fuerzas armadas y servicios policiales. Veremos quéda del cuerpo y qué del alma.
En Cuba y en vida del interesado ya anda en funciones el comité encargado del funeral. Lo preside, el planeta lo sabe, su hermano Raúl. En “El comienzo de un fin”, el politólogo Jorge I. Domínguez le dedica a éste un pequeño y polémico estudio donde le reconoce varios méritos: “el arquitecto de la institución más eficaz en la historia de Cuba, es decir, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)…las FAR de Raúl Castro ganaron las tres guerras que pelearon en el continente africano…se dedicó a la cuidadosa y pertinente construcción…del PCC, institución civil hermana de las FAR, cuyo buen funcionamiento se requerirá para gobernar Cuba….conoce, por lo tanto, personalmente y de cara a cara, a toda la plana mayor de las fuerzas armadas, del Comité Central del partido y de la burocracia gubernamental…” Unos párrafos más tarde añade unas observaciones negativas, fácilmente reconocibles, sobre el primer hermano: “…es, sin embargo, un pésimo político en la palestra pública. No sabe siquiera cómo leer un discurso. Su estilo es aburrido o chillón, pero nunca convincente. Reconoce no ser una figura pública, sino el engendro de un régimen…” (Foreign Affairs en español, Volumen 6-Número 4, octubre-diciembre 2006). A Domínguez le faltó añadir que desde la destitución del general José Abrantes (1989) y la subsecuente purga en el Ministerio del Interior, Raúl dispone mejor que nunca antes de ese formidable aparato represivo, hoy bajo el mando de su estimadísimo Abelardo Colomé Ibarra.
Por supuesto, el hecho de que Raúl haya sido reafirmado como el eslabón principal de esta cadena de mando enfatiza el carácter nepotista del régimen. Asimismo, la influencia del componente familiar y de la tendencia dinástica explica la creciente prominencia política de su hija Mariela cuyo perfil profesional tiene que ver con el tema de la educación sexual. El cargo y la ocupación los heredó de Vilma Espín, la madre, quien los asumió en el pasado como parte de sus funciones dentro del Gobierno y de la Federación de Mujeres Cubanas. No obstante, con alguna frecuencia y permanente autorización del padre hace declaraciones a la prensa nacional e internacional sobre asuntos de otro orden. Ha hablado no sólo de la discriminación sufrida por homosexuales y lesbianas a partir de 1959, de campañas para prevenir el SIDA, sino también de proyectos presentados ante la Asamblea Nacional del Poder Popular para que se autoricen las operaciones de cambios de sexo. Asimismo, ha admitido que la dirección de la Revolución —su tío y su papá— cometió graves errores e injusticias al crear las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Por otro lado, se ha referido a cambios que deben de tener lugar en lo inmediato y a corto plazo, ha comentado sobre la personalidad única y contradictoria de su célebre tío y participado en el debate entre escritores y artistas a raíz de la aparición en la televisión de los ex-dirigentes Jorge Serguera, Luis Pavón Tamayo y Armando Quesada. Además, signo de la mundialización, tiene su sitio en la controvertida Wikipedia en el cual se afirma que ha publicado trece artículos y nueve libros. Según ese porta, se atribuye al escritor Norberto Fuentes el haber declarado que se la considera la rebelde del clan, además de ser una especie de libre pensadora, partidaria de la perestroika a mediados de los ochenta, período en el cual posó desnuda en una producción, no se aclara si teatral o cinematográfica. Igualmente, se informa que es madre de tres niños, uno de su primer matrimonio con un chileno y dos con un italiano, el actual esposo.
Lo de Mariela se me antoja una hábil operación mediática montada por sus parientes con dos tipos de destinatarios en la mirilla: interno y externo. Antes, una aclaración. En el contexto cubano, nadie, absolutamente nadie, y sin permiso, se atreve a lanzar las opiniones dadas por ella sin correr el riesgo de resbalar y perder el puesto. En este sentido, es la antítesis de su prima Alina Fernández, la hija de Fidel y Natalia Revuelta, porque obedece una sencilla regla conocida como el lugar desde el cual ella emite su juicio. Cualquier crítica de Mariela se efectúa “dentro de la Revolución” y con el consentimiento del progenitor que así pone a circular el siguiente mensaje: hay una generación joven, a ratos indócil, muy crítica de ciertos aspectos de la realidad social y de la historia reciente, pero leal a sus padres y que por ello está llamada a encargarse de la continuidad del proceso, es decir, del sistema, también léase del Comandante. De ese modo, convierten a Alina en el epítome de quienes quedarán “fuera del juego”, mientras que Mariela simboliza a quienes ya están “dentro”. Estos últimos tendrán la responsabilidad de llevarlo a “extra-innings” y de ganarlo, de acuerdo con esa mentalidad de poder constante.
A propósito de este análisis, resulta pertinente citar un fragmento de la entrevista realizada en Canadá por Edmundo García a Ricardo Alarcón para el programa de radio La noche se mueve.1 El periodista le hizo unas preguntas sobre la hija de Raúl y el “cambio de generación”, en el que también se menciona a Carlos Lage Codorniú, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). El funcionario respondió de esta manera:
"Mariela es una joven, crecida con la Revolución, una gente con mucha autoridad profesional y moral, además me parece muy coherente… Ése es uno de los cambios, esos son los reflejos, lo que uno ve. Imagínate tú, el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos… como dice la canción… Mariela es un ejemplo clarísimo de eso. Mariela es hija de Raúl y de Vilma, formada en un hogar muy especial, muy sólido y a la vez está muy bien formada intelectualmente. Ella dice cosas y da opiniones que un político tradicional se las guardaría." [Mi énfasis]
A mi juicio, las respuestas de Alarcón sirven para demostrar que para él, este tipo de nepotismo resulta aceptable y para aclarar que ése es uno de los mecanismos de reciclaje del cual se vale la familia Castro para que sus vástagos y leales continuadores (Lage Codorniú et al.) reciban el bastón de mando. De paso Alarcón insinúa que no existen contradicciones en la cima de la “nomenclatura”. Me explico. A veces leo trabajos donde los autores manifiestan estar confundidos pues admiten no conocer quién, en verdad, manda en La Habana, si el escribidor de las “reflexiones” o el general de las fuerzas armadas, pues las intervenciones de ambos parecerían contradecirse. El jefe es el mismo desde el Moncada aunque en estos meses vista traje deportivo. Fidel no puede ser más transparente en su calculada invisibilidad mediática, a veces interrumpida por monólogos balbucientes donde aparece sentado frente al panegirista de la “Mesa Redonda”. No hay tal problema entre Fidel y Raúl, simplemente cada cual desempeña el papel que ellos se han asignado desde hace más de media centuria. Las contribuciones positivas que Domínguez adjudica al segundo siempre contaron con el beneplácito del primero, no nos engañemos. No por gusto dice el presidente de la Asamblea: “son los reflejos, lo que uno ve”, lo cual sugiero se interprete como “lo que dejamos ver” a los demás, para conocer de qué modo reaccionan a nuestras señales y movimientos y con esos datos en mano trazar los rumbos que nos convengan. Por cierto, a esa empresa de transmisión de informaciones se han sumado, voluntariamente, dos voceros con bandas presidenciales, Hugo Chávez y Evo Morales. El comandante aspira a que la herencia sea disfrutada por su prole y por amigos inclaudicables.
Claro, estos cálculos de supervivencia más allá de la muerte se corresponden con una visión optimista y teleológica de la historia y de la política. Igualmente, parecen ser el plan de un dramaturgo o novelista, dueño de la trama y de sus personajes, narrador omnímodo y omnisapiente. Sus lectores y discípulos, repetidores y voceros del dogma y del argumento, creen que la reproducción del ideario fidelista pasa por la genética o vía sanguínea y también por la herencia ideológica. Mariela Castro Espín y Carlos Lage Codorniú ejemplifican la parte positiva de esta afirmación; Alina Fernández Revuelta representa la aberración, si examinamos a los tres desde la óptica de Fidel y Raúl. La otra variante, la del contagio o remedo ideológico, se encarna en los presidentes de Venezuela y Bolivia. Con esos elementos, los hermanos Castro intentan prolongar la melodía de sus flautas en Cuba y en el ámbito latinoamericano. No otro es el sueño de Celia Hart Santamaría, hija de Haydé y Armando, discípula de Trotsky, consagrada a la revolución permanente y a la continuidad de los de su especie.
Naturalmente, después del colapso de la URSS, Fidel ha venido introduciendo varios acomodamientos en su discurso político con el propósito de minimizar el papelazo sufrido por la doctrina marxista-leninista y sus mentores del “socialismo del siglo XX”. Contra todas las predicciones, aquel comunismo infalible y científico fue a parar, como decía él de sus adversarios, al “basurero de la historia”. Por eso ha modificado la trama de su relato político. Del marxismo-leninismo se ha mudado a una suerte de nacionalismo totalitario, siempre de “inspiración” martiana, anti-capitalista, antiimperialista, marxista-leninista y muy al estilo del “socialismo del siglo XXI”, que nadie conoce ni ha teorizado. Dentro de esta reubicación, moverse para caer en el mismo sitio del poder, le ha venido de maravillas algo que ni el más avezado futurólogo pudo vislumbrar, el surgimiento fortuito de Chávez y el depósito subsiguiente de muchísimos petrodólares en las arcas habaneras.
Dentro de este panorama y minuto lo que nadie ve es cómo va a funcionar la maquinaria de poder en Cuba una vez que los restos de Fidel y Raúl descansen en un mausoleo. Podría sobrevenir un período de epígonos al estilo de Mariela, Lage Codorniú, Celia Hart y algún general imprevisible de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior. Para que así sucediera, los integrantes de esa generación tendrían que gobernar sin la autoridad de sus predecesores aunque valiéndose de los principios de partido único y economía centralizada. En el exterior necesitarían que la onda de Chávez se afianzara y prosiguiera su capacidad de expansión. De confirmarse esas dos tendencias, es muy probable que darían un siguiente paso: introducir reformas cosméticas y de carácter fácilmente reversible en sectores no estratégicos de la economía y los servicios, además de relajar la disciplina social, esto es, ampliarían el margen de la crítica dentro de un esquema muy cubano, o sea, “jugar con la cadena, pero con el mono, no”. A sabiendas excluyo a los Estados Unidos de este esquema para un final abierto del “fidelismo” y del “raulismo” porque la clase dirigente de la isla ha aprendido a sobrevivir sin la influencia económica y comercial de ese país y porque, de manera pesimista, pienso que Chávez seguirá abasteciendo, entre otras cosas, de divisas al nuevo régimen de La Habana.
Por supuesto, estamos tratando de un asunto que puede ser trastornado por acontecimientos y fuerzas imprevistas. En este sentido, ni el dramaturgo Fidel, ni el jefe de escena Raúl, ni sus acólitos pueden sentirse completamente optimistas. Debido a la misma razón, los opositores no debemos perder el sueño ni desalentarnos hasta la fatiga. Los que llevamos años aguardando, además de “querer el final”, como habría clamado Nicolasito Guillén Landrián, debemos adoptar la obstinación de la voz poética en “El pabellón del vacío” de Lezama Lima: “No espero a nadie/ e insisto en que alguien tiene que llegar”. Hay que subrayar en los términos más enérgicos que es prepotente y anti-democrática la idea de que Cuba, para que sea nación, sólo puede ser gobernada por los herederos de Fidel y de Raúl, sean los que fueran e independientemente de la prosapia sanguínea o revolucionaria.
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