


Un niño y su padre construyen castillos de arena que desaparecen con la noche. Tras intentar algunas explicaciones fantasiosas, el padre afirma que el destino de los castillos de arena es desaparecer para que, en la misma playa, otros puedan aprender a construirlos. El mensaje es filosófico (más vale hacer que poseer) y ecológico (“Por la mañana, junto al mar frío, quieto y transparente, la arena parecía recién traída del taller de Máximo Universo”). El niño se inquieta entonces por la princesa que ha imaginado en cada castillo, pero la reencuentra en una caracola, donde vive “hasta que alguien hace un castillo de arena y ella puede asomarse a la ventana para cantar en el idioma del hombre o el niño que construye”.
Es el tercer personaje de una historia donde la madre nunca es mencionada. ¿Se trata de una familia monoparental?
Es lo que podría indicar la inclusión de este cuento en la colección En favor de la familia, con que la editorial vasca A Fortiori se propone “transmitir a las generaciones futuras que lo que define una auténtica familia es el amor que nos tenemos quienes la constituimos, independientemente del número de personas que la integramos, del sexo al que pertenecemos, de nuestra raza, del tipo de pareja que formamos, o de si somos hijos biológicos o nos han adoptado”.
Rosell no escribió expresamente para la colección A favor de la familia (lo que sí se nota en uno que otro álbum de la serie. La misma historia ya aparece en su primer libro español: Los cuentos del mago y el mago del cuento (Ediciones de la Torre, 1995) e incluso en la versión brasileña, editada cuatro años antes.
Si el discurso presenta algunas mejorías, lo realmente novedoso es que, esta vez, las ilustraciones son del propio escritor.
La vivacidad del colorido y un dibujo espontáneo son los rasgos sobresalientes del ilustrador que vegetaba en el experimentado escritor cubano. Pero lejos de caer en la trampa de repetir en líneas y colores lo dicho con las palabras, Rosell nos presenta unos personajes de piel oscura y un paisaje caribeño que el texto no especifica. El autor declara haber revivido las circunstancias en que concibió la historia: una playa de Santiago de Cuba donde la mayoría de los bañistas eran negros y mestizos. Pero su intención más profunda era contrariar la tendencia del álbum ilustrado europeo a confinar a los africanos, indios y otros pueblos “del Sur” en temáticas “propias” de su condición; ya se trate de estereotipos críticos como la pobreza, la discriminación y la destrucción del medio ambiente, o positivos como el vasto tejido familiar, la vivacidad del carácter y las tradiciones orales.
Rosell parece decir que los niños del “Tercer Mundo” también tienen celos del hermano menor, temen a la oscuridad, “mojan” la cama, se enamoran por primera vez… En suma: también juegan, sueñan, descubren el mundo, se equivocan y crecen como nuestros hijos, nietos, alumnos o vecinos, y como los niños que van a leer y a mirar el libro que estoy comentando. Pero en lugar de predicar la igualdad con la contundencia del discurso comprometido, la desliza en sus páginas con la pureza de sus colores.
La canción del castillo de arena corona cuarenta años de creación para la infancia. Cuando a los trece años, nuestro autor terminó su primera novela de aventuras, en las páginas de aquel cuaderno escolar también había dibujos. Diez años después, los malos consejeros que nunca faltan consiguieron que abandonara el pincel y se consagrase a la pluma. El flamante álbum de A Fortiori Editorial demuestra que los dibujos que Joel Franz Rosell confiaba a la arena, no se habían perdido para siempre.
Por
Uriel
Quesada
El gobierno no pudo preveer el impacto social y político que CAFTA causaria entre los costarricenses [...] Y si bien los grupos que apoyan el tratado son económicamente muy fuertes y tienen amplio acceso a los medios de comunicación, quienes se oponen han encontrado su nicho principalmente en Internet.
Por
Amir
Valle
Fui testigo directo, entonces, de la primera metamorfosis que sucedía ante mis ojos: vi a unas cuantas (y muy feas) orugas convertirse en mariposas, lo cual sucedía siguiendo el ciclo natural, quizás con las únicas diferencias de que no se les llamaba “orugas” (se les decía “gusanos"...
Por
Alejandra
Costamagna
Millán supo que tenía cáncer al pulmón y se largó a escribir. “Ahora me preocupo sólo de mí, me olvido de los otros. Me interno en el ensimismamiento porque veo con alarma que el barquero aborda su nave”...
Por
Armando
de Armas
En el pasado los vecinos de un país eran determinados sólo por la geografía. Hoy, experiencias comunes, aspiraciones, valores y la solidaridad determinan quienes son nuestros vecinos, tanto o más que la geografía. Ningún ejemplo de esto puede ser más dramático que Cuba y Polonia.
Por
Edmundo
Paz Soldán
Hay nombres que no sorprenden a nadie (Neruda), autores sorpresivos (Tim Burton), y autores sobre cuyos méritos literarios los críticos todavía no se ponen de acuerdo (Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier)
Por
Ladislao
Aguado
En una época donde la imagen del hombre sustituye al hombre mismo y donde los shows mediáticos elevaban a la categoría de notorios a cientos de imbéciles, la porfía de McCarthy por disolverse tras sus libros parece incomprensible.
Por
Elidio la torre
lagares
...más que emails y confabulación, lo grandioso de la novela de López Nieves –traducida al islandés y próximamente al francés- es menos obvio, y es que la misma se estructura como artefacto literario tomando una forma muy frívola y poco literaria: la del hipertexto.
Por
León
de la Hoz
Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.