


La historia de las Constituciones es la historia política de un país y si este país se llama Cuba, absolutamente traumatizado desde sus orígenes como nación por guerras libertarias y guerritas políticas, por dictadores y un mesías castrante, que produjeron tantas Constituciones que se atropellan, entonces, pues, se hace imprescindible leer el libro de Leonel A. de la Cuesta para comprender el pasado y el presente y, además, poder pensar con más claridad en el futuro democrático del país.
Las Constituciones o la Constitución es un texto que poco se menciona cuando hablamos de la democracia y las instituciones en los países donde vivimos porque sin darnos cuenta estamos diluidos como individuos y entes jurídicos dentro de las estructuras conformadas por las instituciones del Estado. Nuestra relación con la libertad está determinada por el tipo de Constitución que riga, así como los deberes y derechos ciudadanos y humanos. Sin embargo, lo peor es que cuando pensamos en el tránsito de la sociedad actual cubana, posible y deseablemente, hacia una más libre y democrática poco interés dedicamos a ese libro que es la ley de las leyes que regirán el futuro Estado.
El libro que nos entrega en segunda edición ampliada el profesor de la Cuesta es la referencia más exhaustiva, profunda e inteligente que podamos leer para comprender la necesidad de mirar de otra manera la transición y el devenir de la democracia. No son suficientes las previsiones, ya de por sí difíciles, de cómo, con quién y cuando se producirá esta transformación de un régimen totalitario a otro, suponemos y deseamos, democrático, ya que es imprescindible que tras el cambio se consoliden estructuras del nuevo Estado que permitan y faciliten su estabilidad y desarrollo político, social y económico. Y eso es casi imposible, a priori, sin la redacción, el conceso, la aprobación y el respeto de una Constitución que le dé forma a las aspiraciones democráticas de todas las generaciones de cubanos de dentro y fuera de la Isla.
Esa es para mí la conclusión más importante a pesar de la verdad de Perogrullo tantas veces verificada por las revoluciones, las guerritas y los dictadores de que las Constituciones existen para ver pisoteadas. No obstante y a pesar de que el escenario de la transición es un hecho totalmente imprevisible, un Estado libre y democrático en Cuba es impensable sin una Constitución y menos que esta pueda ser igual a alguna de las que han regido, ni siquiera la del 40 por obsoleta en cuanto a la realidad de la sociedad cubana actual. Y menos las aprobadas desde el 76 por improcedentes para garantizar ante la ley los cambios orgánicos que se necesitan dentro del Estado.
Este es un libro fundamental para quien se interese por conocer el desarrollo de las ideas políticas y sociales fundamentales de la Isla desde los albores de la formación de la nación, yo diría que es el retrato hablado de un país frustrado, coartado, ensangrentado y reprimido en su evolución hacia la madurez de la cual el mejor testimonio siempre es y será su Carta Magna. El profesor de la Cuesta con una capacidad admirable para analizar y exponer con brevedad grandes problemas de la vida política, además nos va mostrando y apostillando la letra impresa de las Constituciones con su referente histórico para que nada pueda escapar de este modo de mirar la historia. Por ejemplo, cuando nos revela con particular agudeza una paradoja en el Artículo 2 de la Constitución de 1992 —“el nombre del Estado es República de Cuba…”— que él analiza como una cosa que se les quedó en el aire a la hora de dar un nombre adecuado a Estado que ya era socialista, y que a mi modo de ver es una paradoja conceptual que el socialismo cubano nunca ha llegado a resolver en su trámite sinuoso de querer ser y convencer de que la Revolución era martiana y socialista, en vez de una dictadura de partido y fidelista con vestidura de guerrillero.
Por otro lado, a pesar de lo árida que podría ser la lectura de un texto que por su título parece destinado a especialistas, se lee de un tirón gracias al estilo directo y sencillo con que expone sus análisis y comentarios. No es un libro de Derecho, sino de historia de la política cubana en su relación con las Constituciones, es un libro de las Constituciones pero de su metarelato histórico, que analiza el antes y el después de esos textos que estructuran la vida libre, independiente y democrática de un país. Y también es el libro de las frustraciones de un país sacrificado durante dos siglos por los propios males contra los que ha luchado.
Son especialmente apreciables y recomendables por su novedad los capítulos dedicados a los Derechos Humanos y el de “señalamientos finales” con las sugerencias que nos deja para una hipotética transición, sin olvidar de que incluye las redacciones integras de las Constituciones desde 1940 hasta la del 92 y el Proyecto Varela que dio lugar a las reformas constitucionales del Gobierno en 2002. Yo se lo recomiendo a todo aquel que esté empeñado en pensar una Cuba nueva y diferente y también a aquellos que les interese relacionarse con una historia distinta del país. Este es un libro de consulta obligada para políticos, especialistas e intelectuales pero también para quienes desean saber cómo pudiera ser el libro sobre el que jurarán los futuros gobernantes cubanos.
Esta es una foto de la historia de Cuba democrática, la que fue y la que puede ser con todas las sombras y luces que refleja la grandeza y la miseria de la patria.
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