

Uno de los rasgos distintivos de la época contemporánea o postmoderna ha sido la puesta en crisis de los límites entre cultura de élite y cultura de masas, entre alta y baja cultura; límites que estaban muy bien definidos en la Modernidad. Numerosos autores han hablado de un proceso de “banalización cultural” en los tiempos que corren, el cual tiene lugar sobre todo a partir del culto a lo inauténtico, lo trivial, lo masivo, lo no original, produciéndose así una celebración del kitsch, de la contracultura. La industria cultural, tan despreciada por la Modernidad, se erigió en uno de los vectores más queridos de la Postmodernidad. En el ámbito artístico, muchos son los creadores que se han apropiado de motivos y técnicas propios de la realidad comercial y la publicidad (pienso ante todo en los representantes del Pop norteamericano: Warhol, Oldenburg, Lichtenstein, etc.), así como de la sensibilidad popular en su versión más light (en este sentido destacan autores del patio como Garciandía, Torres Llorca, entre otros).
En perfecta sintonía con esa tradición se nos presentó en la Galería Havana Club de la capital (septiembre-octubre de 2006) el artista cubano Alexis Esquivel, quien después de ocho años sin realizar una exposición personal en nuestro país, nos sorprende ahora con un conjunto de quince piezas en las que se muestra diferente, renovado, en plena madurez artística. Bajo el sugerente título "Criollo Remix", las obras exhibidas proponen como línea discursiva central una preocupación en torno al modo en que se construyen falsas identidades culturales sobre la base de determinados estereotipos sociales de lo que se presume “cubano”. Personajillos extraídos del más burdo arte comercial de feria —básicamente las típicas mulatas sensuales, morbosas y esteatopígicas— constituyen los protagonistas de la “iconografía de carnaval” que, con una gran dosis de cinismo, Esquivel despliega ante la mirada expectante del público citadino que aguardaba ansioso este reencuentro con su producción plástica. El tono sardónico y de choteo —tan caro a la poética esquiveliana— que se advierte en muchos de los títulos (¿Nos gusta la pachanga?, La Celosa de Rodas, Arco de triunfo…), unido a las características de la propia factura de las obras, que remeda en no pocos casos la estética del “bad painting”, confirman el carácter paródico e irónico de la muestra.
Hay un cuadro que posee un toque de excepcionalidad dentro del grupo: me refiero a Arco de triunfo, en el cual la promiscuidad entre el referente real y su representación plástica es aún mayor, dado el acto sedicioso que supone la colocación, junto a la obra principal —que por demás no está colgada sino situada directamente sobre el piso—, de una serie de muñecos artesanales congregados en un grosero desparpajo, cual escabullidos de la inevitable bidimensionalidad inherente a toda creación pictórica. Propuesta de corte cuasi instalativo, sin duda uno de los ejemplares de más encumbrada calidad de entre los que integran "Criollo Remix".
Luego de visualizar los trabajos, y pasado el asombro inicial que provoca el buen arte, nos asaltan inmediatamente algunas interrogantes: ¿cuál es la imagen de nuestro país (o mejor, del “ser cubano”) que se ofrece al extranjero vía turismo?, ¿acaso no comporta esa imagen, dada la caricaturización a que en ella se ve sometida la población negra, un prejuicio racial de primer orden?, ¿será que esa carnavalización de nuestra identidad nacional obedece a una frívola estrategia de mercado? De cualquier modo, cualesquiera que sean las respuestas, no creo que a todos nos guste “la pachanga”…
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