

Mirror on mirror mirrored
is all the show
W. B. Yeats
Como sujeto converso
exhibo zonas que perturban a los otros.
Oreo y legitimo el escozor
anegado en la corteza de los robles
donde moran las grafías que soportan
mi esqueleto
por el mar emputecido.
Soy el hombre que reniega de banquetes.
Padezco la fiebre del exilio
por mi desobediencia.
No guardo pliegues en mi ropa
ni merodeo los cenáculos desgastándome
las vísceras.
Dejo el antifaz a los altos instructores,
a quienes gustan adobar las palinodias.
Dejo el antifaz y su burdo mecanismo
que descree de la tácita liturgia de los palos;
los mismos palos
que golpearon a Fayad,
la Tsvietáieva, César Vallejo,
al mulo
de un vecino sedentario
que aún pernocta en Trocadero.
Soy el buen tipo converso.
Provisto el cáliz turbulento de la herencia
ensayo filosofías
que me evaden y redimen.
Sufro
burlo
río
gimo
aguardando que cauterice mis estigmas
la cizaña de las lenguas enemigas.
En esa rama que la tarde festeja
ha muerto un pájaro.
Emilio de Armas
Desde las cuencas de sus ojos
las hormigas
cortejan hacia la gruta
las membranas del totí.
Otras tantas se escabullen por el pico
sosteniendo siete veces
la fracción que desgajaron.
Sobre aquel que fue delicia del naranjo
la luz soba los nervios muertos.
Desde la copa de un árbol
que nadie ve
el pájaro
contempla
el ardid a que su carne llama.
A ciencia hoxe en día explica
dun xeito positivo
a influencia das mareas
no corazón dos homes.
Aínda así, o adeus é un extrano suceso.
Eva Veiga
Yo quisiera perpetuar las formas mansas de tu rostro
cuando duermes a mi lado,
que la tibia saciedad sea el reino en que reposes
bendecido por la paz que te reservo.
Cada poro, íntimo y eterno, como Amarna
en la memoria de sus días,
y tus despensas rebozantes
como espigas de un ensueño faraónico.
Te contemplo
(no deseo entorpecer las visiones que combino
para luego recordarte)
y en silencio lanzo súplicas al mar:
trence el tiempo el amor
a nuestras vidas,
como el aire a la osamenta de estas costas.
As viuvas d´os vivos e
as viuvas d´os mortos.
Rosalía de Castro
Veo gotear los meses
sobre platos que he aceitado con oliva para ti.
Entre cestas que trenzamos
las vieiras despiden fresquísimos aromas
recientes de un lecho de tiernas aguas
que nunca serán las mismas
como tampoco mis labios,
cuarteados (una vez más)
por el designio de la estación.
Nuestro hórreo se abastece, aun en ruinas.
Cierno el millo y lo almaceno
junto a otras provisiones.
Mas no busquen los panales ni el castaño,
sólo existen en el deseo de mi mente:
que colmen sus espacios
bendecidos por el hombre que reclamo
de esos remotos confines -otra parte-
donde la gente decía que estaba la verdadera vida.
Han sido apuntalados los contornoscon las mismas señas con que he de reconocerte:
la melodía de una vieja canción,
los poemas compartidos, la reticencia.
Son tiempos que corrompen
y tengo miedo.
No de la guerra-invierno, ni de venderme
como carne de trabajo,
sino de que no regreses,
de no poder habitar la casa
y atizarme viva
a la pira amada de tu memoria.
Tú me hubiste de preñar como varón
y yo te habría dado hijos.
Tallarías mi dolor sobre la roca,
lamería tus costados con el halo veleidoso
con que se adora a las estrellas
y habríamos vivido prehistóricamente.
Pero alcanzas la edad de la cordura
y no sirves a Altamira ni a Lascaux.
Unto mi cerviz de apetencias desconocidas
y la froto con el jergón
que alguna vez sometió tu cuerpo.
He de abortar cada gesto
al leño que desquicia el fuego,
a esos hijos imposibles,
en la espesa noche donde faltan hienas
y lobos merodeando la caverna.
E. M. Forster
A José Félix León.
Cuán penoso saber que te apartas de tus antiguas devociones, que tienes otra vulgar amante, que te empeñas en “iniciarla” –como un Teognis moderno- y le hablas al dormir del Caballo e Ilión, del oîkos y el descenso al Hades, del cabo de Leucas o del poeta de Paros; Electra, Medea, Antígona: leyendas que no podrá recordar cuando amanezcan sin habla, marchitos los geranios del asombro, y el deseo.
Triste saber que estás lejos de tus queridos, que vives en un cuchitril inmundo donde al techo lo devoran el comején y la lluvia, que todas las tuberías huelen a criaderos y tú y ella adolecen de una enfermedad inmoral.
¡Como has envejecido con sólo veinticinco años!
A dónde van, quién asila, nuestras pasadas declaraciones.
[Clive Durham había sido contagiado por la tantas veces referida en las aulas del Cambridge College, ironía trágica]
A partir de un poema de Osvaldo Sánchez
antologado en Usted es la culpable.
Como Karin y María,
enemigos
desde una visceral incomprensión,
mi hermana y yo
no nos soportamos.
Cada encuentro, sitio
para el odio y la blasfemia
golpes
manotazo
la impotencia
de, aun cuando quisiera silenciarla,
no pedirle (no le pido) la cabeza
su cabeza
que tantas depresiones le produjo
a nuestra madre
en su descarrilada juventud.
Censura
el modo en que me autoindefino
(tanto, como el hecho de auto-in-definirme),
el gesto,
las inflexiones,
todos mis significantes.
Ella fue de quien vaciara los bolsillos
en su escote
mientras yo era asfixiado
por el yugo indócil de la resignación.
Nunca la recriminamos.
Los 90
trajeron consigo
el hambre la decadencia moral.
No la recriminé aunque
el pan se hizo acompañar de la vergüenza.
Hoy
nuestra madre
pide
nos reconciliemos, la armonía
ausente en los cortejos de familia,
alivio en su vejez.
Abocada al llanto
nuestra madre
ruega
trencemos la cuerda del perdón.
Pero no somos Karin ni María.
No somos personajes de Ingmar Bergman.
Nos negamos la despedida
y el quebranto por su exilio
a un país de escarcha
y lengua incomprensible.
Nos negamos la hermandad
más allá del desarraigo.
Acodado en el borde de una azotea imaginaria,
donde he venido a contemplar
cómo la luz entumece los objetos
que el hombre poco antes manoseó,
me descubro cortejando el sinsentido.
A pesar de la osadía que poseo
y el buen síntoma que para los míos representa;
a pesar de esta irreductible y torpe fe en la utopía,
propia de una edad aún no mancillada
por lo que algunos llaman ambición
y otros peripecia;
a pesar de sentirme consecuente
más allá del lapso ambiguo que requieren las ideas
para transmutarse en la palabra;
a pesar de saberme convencido
de que la literatura de mi país
-su rumbo híbrido-
no puede seguirse mercadeando
entre el saladito y el alcohol
que amenizan el pacto de grupúsculos malsanos,
de poetas que se dicen aromáticos
y falsean la crónica social o el descalabro
para luego tributar como laxantes
de ciertos precavidos hombrecillos...
A pesar de todo
me pregunto
acaso
qué otra alternativa puede cobijarme
cobijarnos
sino la irreversible (de)posición de la escritura.
(La Habana, 1983) Se licenció en Letras en julio de 2006. Ejerce la crítica literaria y de ballet, también la traducción. Sus textos han sido publicados en La Porte des Poetes, La Gaceta de Cuba, La Letra del Escriba, Upsalón, Cuba en el Ballet, La Siempreviva, y en las revistas digitales La Habana Elegante (www.habanaelegante.com), Del Palenque y para (www.delpalenqueypara.blogspot.com), Esquife (www.esquife.cult.cu), Oficina del Historiador (ww.ohch.cu), Danza hoy (www.danzahoy.com). Fue premiado con el Ateneo de Teoría y Crítica Literaria en los géneros reseña (2005) y artículo (2006). Se ganó el pan como editor, en Ediciones Boloña. Hasta enero de 2009 fue becario del Centro Ramón Piñeiro para la Investigación en Humanidades, Santiago de Compostela.