

En Cuba, los primeros meses de 1959 condujeron a acontecimientos verdaderamente sorprendentes en la vida nacional. Con el advenimiento del año, el dictador Batista abandona con premura el país y comienza un gobierno cuyas primeras medidas asombran y confunden. Por un lado se dictan resoluciones populares, como la reforma agraria. Por otro, juicios sumarísimos mandan al paredón de fusilamiento, o a la cárcel, a cientos de personas, mientras familias visionarias que percibían en Fidel Castro el prototipo del despiadado tirano, parten al exilio. En medio de esa euforia social de incipientes contradicciones y eventos catastróficos, se crea el periódico Revolución, vocero del nuevo gobierno, y poco tiempo después, en marzo, sale a la luz el primer número del suplemento cultural Lunes de Revolución, publicación que a la postre marcaría de una manera definitiva el curso de la cultura y la libertad intelectual en Cuba.
Lunes de Revolución se convirtió desde su aparición en el motor impulsor de la cultura nacional. Su director lo fue el escritor Guillermo Cabrera Infante, el subdirector Pablo Armando Fernández y el diseñador gráfico Jacques Brouté. Prácticamente todos los escritores, pintores y dramaturgos importantes de la época colaboraron con el suplemento o fueron mencionados en algún número. En total entre el 23 de marzo de 1959 y el 6 de noviembre de 1961, se publicaron 131 suplementos. Entre número y número hubo tiranteces, mezquindades (sobre todo con los que estuvieron en torno a la famosa revista literaria Orígenes) y presión ideológica, pero también se dieron a conocer importantes textos literarios que revelaban el alcance de la literatura cubana.
“Yo conocía a Guillermo desde los años cuarenta. Trabajamos juntos en la revista Carteles y sabía que era la persona indicada para dirigir Lunes”, comenta vía telefónica desde San Juan, Puerto Rico, Carlos Franqui, director de Revolución, y persona cercana en aquel entonces a Castro. “Se quería hacer un periodismo moderno, con grandes fotografías y un diseño novedoso”, añade.
El suplemento realmente era de vanguardia. Su primer impacto visual fue la R de Revolución al revés, pero lo importante era el contenido. Para el escritor José Lorenzo Fuentes, “Lunes fue una verdadera revolución dentro de la revolución, y no sólo por su contenido ideo-temático, que ponía énfasis en la libertad creadora, sino por su presentación. El director artístico fue Jacques Brouté, que había dirigido en Francia varias revistas surrealistas, y quien aportó al suplemento un audaz mensaje gráfico en el que destacaba el atrevido manejo de fotos y tipografía”.
Sin duda Lunes de Revolución fue un extraordinario y contradictorio espacio cultural abierto, libre y plural (sobre todo en su primera etapa), en una isla convulsa donde otros medios de comunicación eran expropiados y cerrados por el mismo gobierno que favorecía y financiaba a Revolución y su suplemento cultural. El dramaturgo y ensayista Matías Montes Huidobro también estuvo cerca de Lunes, redactando la columna “Retablo”, especializada en teatro. Montes Huidobro describe el ambiente que se respiraba en la redacción donde acudía a entregar sus textos: “Había un ambiente, yo diría, que independiente, crítico en cierta medida a la Revolución, pero más bien, en lo que yo recuerde, a niveles de percepción estética ya que los que estábamos interesados en la vanguardia cultural no nos identificábamos con la estética socialista”, apunta.
El suplemento mantenía un ritmo ascendente y aunque había un marcado interés por destacar los temas sociales y la nueva vida bajo la revolución castrista, sus directores manejaron las presiones con habilidad y sabiduría, para mantener el curso cultural de la publicación. A lo largo de su año y medio de existencia se dieron a conocer textos de los más notables escritores del mundo, como Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Jean Paul Sartre, Franz Kafka, Federico García Lorca, Pablo Picasso, Albert Camus, James Joyce, Marcel Proust y T. S. Elliot. Entre los autores cubanos que estamparon su firma en Lunes figuran Virgilio Piñera, José Álvarez Baragaño, Calvert Casey, Antón Arrufat, Oscar Hurtado, Natalio Galán, Edmundo Desnoes, Rine Leal, Heberto Padilla y Nicolás Guillén.
En Lunes se hicieron también eco de ensayos políticos del propio Fidel Castro, de Ernesto Guevara, Mao Tse-Tung, León Trotsky y Vladimir Ilich (Lenin). Se rindieron homenajes a intelectuales y se resaltó la cultura de países vecinos y de naciones exóticas y distantes como Guatemala y Laos. Entre los homenajeados estaban Emilio Ballagas, Pablo de la Torriente Brau, José Martí, Pablo Neruda, Ernest Hemingway, Constantin Stanislawski, Federico García Lorca y Pablo Picasso, que fue la última entrega de Lunes de Revolución en noviembre de 1961. “Este último número lo hicimos a manera de protesta indirecta por el cierre, ya que Picasso estaba pintando una paloma de la paz para sustituir el águila del Maine que había sido derribada, y de pronto la esposa de Osmani Cienfuegos, que en aquel entonces era ministro de obras públicas, fue a decirle que no siguiera, perdiendo los cubanos la oportunidad de tener una paloma de Picasso”, detalla Franqui sobre el número de cierre.
Para los jóvenes escritores la revista cultural resultaba muy reconfortante y de vanguardia. El entonces joven escritor y dramaturgo Héctor Santiago, que en aquella época se vinculó con el movimiento cultural El Puente fundado por el poeta José Mario afirma desde Nueva York que “Lunes puso a mi generación en contacto con la cultura europea, con la filosofía de Sartre, con el movimiento beatnik norteamericano, con la disidencia antisoviética como Pasternack y autores que abrieron otras corrientes de pensamiento”. Luego añade: “Virgilio Piñera tuvo la feliz idea de crear las Ediciones R. Él tenía la visión de que sería el puente entre su generación (1940) y la siguiente (1950) formada por los escritores que regresaban al país tras la caída de la dictadura batistiana y que formaban una amplia gama estilística e ideológica, algunos de los cuales como Lisandro Otero, se plegaron a los nuevos dictados, otros como Cabrera Infante huyeron”, apunta describiendo la época, añadiendo; “Lunes gestaba conferencias y conversatorios muy amplios donde se discutía todo con gran libertad, pese a que pronto las diferencias generacionales fueron muy evidentes, y lentamente hubo un poco de prensión contra los jóvenes, particularmente después del Congreso de Poesía celebrado en Camagüey, donde por primera vez se planteó una política de exclusión de los gays de la cultura y se comenzó a ver como un pecado el no estar sometido ciegamente a los postulados marxistas”.
El suplemento cultural comenzó a entrar en crisis tras la polémica que se desató en torno al documental PM de Sabá Cabrera, hermano de Guillermo Cabrera Infante, y Orlando Jiménez Leal. Se trataba de un corto que recogía la vida nocturna habanera en los bares alrededor del puerto. Ese documental, curioso, pero menor, fue el detonante que inició la cuesta abajo de Lunes de Revolución y el fin de la libertad cultural en la isla.
Para los jóvenes escritores Lunes de Revolución significó un medio para estar al tanto de las corrientes artísticas más novedosas de la época. A los intelectuales con una obra publicada les sirvió de vía para poner en práctica nuevos proyectos, como las Ediciones R, creadas por Virgilio Piñera, donde se publicaron importantes libros como Memorias de una isla de Calvert Casey, El país de Ofelia de Manuel Díaz Martínez, La ciudad muerta de Korad de Oscar Hurtado y El regalo de Nelson Rodríguez, escritor que posteriormente fue fusilado. Para el régimen, el suplemento cultural se convirtió en un marco de libertad creadora y de opinión que se le estaba escapando de la mano. Por ello, intentaron frenarlo. El descontento oficial con el documental PM fue el detonante para arremeter contra los intelectuales.
Hubo varios intentos oficiales por mandar mensajes sobre el malestar que estaba provocando en el aparato cultural ciertos materiales que se publicaban en Lunes. Matías Montes Huidobro lo señala: “A mí nunca me censuraron nada, salvo mi reseña al montaje desastroso de La ramera respetuosa en el Teatro Nacional, pero no lo vi como algo de cariz político. Hubo en algún momento una vaga sugerencia de que me definiera más en mis ensayos teatrales, pero realmente poca cosa y nunca me censuraron ningún texto”. Sin embargo existían rumores y temores. Montes Huidobro apunta. “En la reuniones de la Biblioteca Nacional Virgilio Piñera dijo algo así como: “por ahí se corre que va a haber un control de la cultura”, o algo por el estilo, que reflejaba efectivamente la actitud de los que nos movíamos en torno al periódico Revolución o Lunes de Revolución. Más allá de esto, no sé lo que estaba pasando. Si uno repasa los números de Lunes y observa aquellos que en el sesenta y uno se dedicaron con mayor énfasis a la contribución cultural de los países socialistas (que a muy pocos en realidad le interesaba y fueron los peores números del semanario), la presión se vuelve obvia. Claro, el asunto PM desencadenó la crisis”, enfatiza.
La crisis con el documental y ciertas fricciones entre los dirigentes culturales y los escritores marcó poco tiempo después el fin de Lunes de Revolución y de la libertad de expresión en Cuba. El punto final a aquella polémica fueron los tristemente célebres encuentros en la Biblioteca Nacional, que han pasado a la historia como Palabras a los intelectuales, donde Fidel Castro sentenció la libertad creativa. En una parte de su alocución expresó: “El problema que aquí se ha estado discutiendo y vamos a abordar, es el problema de la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse... El temor que aquí ha inquietado es si la Revolución va a ahogar esa libertad; es si la Revolución va a sofocar el espíritu creador de los escritores y de los artistas”. Y efectivamente esa era la intención del régimen. En el colofón de su discurso sentenció: “La Revolución tiene que comprender esa realidad y, por lo tanto, debe actuar de manera que todo ese sector de artistas y de intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentre dentro de la Revolución un campo donde trabajar y crear y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tenga oportunidad y libertad para expresarse, dentro de la Revolución. Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada”.
Carlos Franqui apunta que “Durante las discusiones de la Biblioteca fue donde se decide cerrar Lunes. Fueron debates tensos. En ese momento yo llegué al convencimiento absoluto de que Cuba entraba en un sistema de tipo soviético comunista, con el que yo estaba en total desacuerdo, por eso me había ido del Partido Comunista cuando era joven, de manera que tras las reuniones me fui de corresponsal de mi propio periódico, lo que me permitió tomar un poco de aire. Cabrera Infante también sale y algunos números de Lunes los hace Pablo Armando Fernández, que fueron a ensalzar a países comunistas”. Franqui resalta la actitud de los intelectuales durante las reuniones que tuvieron lugar los días 16, 23 y 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional. “Muchos levantaron su voz contra aquella maniobra. Una mayoría se opuso, algunos de ellos habían hasta estado en la clandestinidad y otros eran milicianos, mientras que grupos católicos, con Cintio Vitier a la cabeza, apoyaron aquellas medidas”, afirma, para luego resaltar: “En la segunda reunión, Alfredo Guevara hizo una tremenda acusación contra Lunes, diciendo que éramos revisionistas y partidarios de los polacos, que en aquella época eran la peste de los países comunistas. Yo le pedí a Fidel que se pronunciara sobre aquello y no lo hizo. En ese momento me di cuenta que era Fidel y no Guevara quien estaba detrás de toda aquella patraña”, concluye.
Con Palabras a los intelectuales quedó sellado el destino de la cultura cubana, que desde ese momento tendría que ser fiel al régimen, proletaria y encumbrar el realismo socialista. Muchos escritores se fueron al exilio, otros permanecieron en la isla, pero condenados al ostracismo. Un grupo se plegó al régimen, convirtiéndose en escritores oficiales y oficiosos. Una vez más, lo mejor de la literatura cubana volvió al exilio, como había ocurrido durante el siglo XIX.
Hay un consenso en cuanto al aporte que brindó Lunes de Revolución a la cultura nacional. José Lorenzo Fuentes, que publicó en Lunes su relato “El lindero”, con el que había ganado en 1952 el Premio Hernández Catá estima que: “su gran aporte fue dar a conocer las creaciones de aquellos escritores que hasta poco antes carecían de la oportunidad de publicar sus textos”. Otra opinión totalizadora es la de Montes Huidobro afirmando: “La importancia de Lunes fue extraordinaria. Nunca había ocurrido nada semejante en Cuba: que semanalmente se publicara un suplemento de carácter cultural, con ensayos de peso y una preocupación por la cultura nacional e internacional. Esto no había ocurrido nunca, triste es decirlo, durante la República. Y que además, se pagara por estas contribuciones. Los jóvenes teníamos la oportunidad de entrar en el movimiento de la cultura nacional, aunque sin saber, realmente, los futuros derroteros que la misma tomaría. En lo que a mí respecta, Cabrera Infante y Franqui me abrieron las puertas para que escribiera, y aunque Guillermo fuera un temperamental y tuviera su carácter, frecuentemente difícil, lo cierto es que la nómina de escritores que publicaron en Lunes fue extensa, demostrando su amplitud (a pesar de las polémicas generacionales contra Mañach, Lezama, la estética anquilosada, etc.), y creo que fue un momento importante en la trayectoria literaria cubana, que dejaba de ser elitista, a pesar del nivel intelectual de la publicación y su proyección de vanguardia. De ahí su legado: un ejemplo de lo mucho que significa la libertad del escritor, y el cierre de Lunes es un vuelco que demuestra lo mucho que significa perderla”.
Héctor Santiago estima: “Lunes venía cargada de ideas, proyectos, mucho talento, y fue víctima de negarse a ser utilizada como un simple instrumento de difusión de las ideas del gobierno. Le dio voz a nombres injustamente olvidados, en ciernes, abrió sus páginas a un fructífero intercambio de ideas, nos reveló la plástica cubana e imprimió trabajos de nuevos pintores. Ese fue su gran aporte”.
A manera de conclusión, Carlos Franqui explica el porqué del cierre de la revista cultural: “Lunes tuvo una grandísima influencia entre los cubanos. Ahí se trataron todos los grandes temas intelectuales y artísticos contemporáneos, pero había un conflicto entre revolución y cultura, y como decía Martí, «la cultura es libertad» y en un sistema que iba acabar con todo, no podía permitirse un vehículo que hablara de libertad. Por eso había que liquidarlo, y lo liquidaron”.
Publicado en el Diario de las Américas, los días 21 y 28 de marzo de 2009