


Romper los tópicos que en el resto del mundo existen sobre Cuba y los cubanos es, la mayoría de las veces, un muro que debe saltar el escritor cubano cuando quiere que su isla real cobre vida en su mundo fabulado y que no sea ese país exótico, tropical, libertino, jolgorioso que parece, más que un país, una postal turística.
Mi tesoro te espera en Cuba, novela del escritor cubano Joel Franz Rosell que ha publicado recientemente la editorial española Edelvives, además de ese salto sobre los convencionalismos y los esquemas que existen sobre Cuba y nuestros asuntos, deja escapar preguntas muy necesarias sobre la existencia de un género tan difícil como la novela juvenil.
La historia es, en principio, bien simple: Paloma, adolescente española, es la niña mimada de su tío bisabuelo Fermín, un español que se hizo rico en Cuba y huyó de la isla, como otros miembros de la burguesía, tras la caída del presidente Fulgencio Batista, sin imaginar que, muchos años después, el azar le permitirá a la muchacha regresar a los sitios donde él había vivido y amado a una gran mujer, gracias a que la tía Catalina, hermana de la madre de Paloma, está en una empresa que tiene inversiones en Varadero, la más hermosa de las playas cubanas.
Pero esa historia es simple sólo en la epidermis de la anécdota. Joel Franz Rosell hace una apuesta arriesgada y, más con malicia de demiurgo que con suerte, gana la apuesta: ¿cómo destruir los tópicos, cómo desmenuzar los esquemas preconcebidos, cómo desterrar los exotismos del paradisiaco universo tropical con los que somos observados los cubanos utilizando precisamente esos tópicos, esos esquemas y esos exotismos? Es una trampa perfecta, armada por el escritor, que va llevando al lector por vericuetos que la propaganda internacional sobre Cuba le ha permitido conocer casi a la perfección, para, llegado el momento, darle un vuelco a la narración y mostrarle a ese lector confiado, y ya atrapado en la historia, la verdadera cara de una isla, nada exótica, nada tropicalista, nada paradisiaca, pero siempre hermosa y subyugante.
La experiencia escritural que ha convertido a Joel Franz Rosell en uno de los más importantes cultivadores de la literatura infantil y juvenil en América Latina, le ha permitido hacer un descubrimiento: el primer anzuelo ha de ser un deseo humano universal, la búsqueda de esos tesoros que todos los seres humanos, en cualquiera de las culturas que existen, desearan encontrar (el tío bisabuelo, “tisabuelo” Fermín le ha asegurado a Paloma que dejó escondido un tesoro en Cuba). El preciso tirón de sedal que clava el anzuelo en la boca de ese pez en que se convierte el lector es otro deseo humano universal: descifrar un enigma mediante una pesquisa personal que convierte en detectives a Paloma y a esos otros muchachos de su edad que conocerá en Cuba. Luego de eso, los recursos típicos de la novela de intriga, las peripecias propias de la novela de aventuras y el enfrentamiento entre el mundo de la modernidad que representa Paloma y la prehistoria social caribeña que representan el adolescente cubano Jorge y sus amigos del pueblo, aprovechando el escenario idílico geográficamente pero convulso de la playa de Varadero y los pueblos cercanos en esa zona de la isla, terminarán subiendo al pez-lector a la cesta que carga un sonriente pescador llamado Joel Franz Rosell.
Ni uno solo de los tópicos, ni uno solo de los esquematismos sociales, ideológicos y humanos con los que suele el mundo contemplar la realidad cubana actual, queda con vida en esta novela. Con esa prosa ágil y visual que caracteriza la narrativa de Joel Franz Rosell, mediante la imbricación de la historia íntima de la familia de Paloma en esa gran historia nacional que viven los cubanos cada día, se asiste a la caída de los mitos, a la destrucción de lo preconcebido sobre la falsa información de la propaganda política y turística, al descubrimiento de una realidad más compleja, nada maniquea, con matices que difieren de esa fotografía en blanco y negro que suele representar la isla de Cuba y sus habitantes en el imaginario universal.
Cabalgando esos tópicos y esos esquemas, Joel Franz Rosell los va desmenuzando, y lo hace con una historia humanísima, conmovedora, donde otra vez un tópico universal se impone haciendo más universal la historia contada: el tisabuelo Fermín, además de un tesoro, huyó de Cuba dejando allí la mitad de su vida y un gran amor, su único verdadero amor. Paloma deberá encontrar las causas que provocaron esa ruptura; una ruptura que ha hecho del tisabuelo un ser herido, aplastado por la nostalgia y el dolor. Y por el odio, un odio profundo hacia aquellos que le quitaron sus joyas más preciadas imponiendo la malsana voluntad de “Ellos” (se refiere a quienes hicieron la Revolución en 1959), que según él, “lo destruyeron todo: volvieron rojo lo verde, cambiaron la madera por hierro, allanaron las montañas, y a las gentes las cambiaron por máquinas rusas”. Como se ve, tópicos anti-revolución mucho más viejos que los que hoy se imponen.
Contra ese odio también cabalga Joel Franz Rosell en esta novela. Y es otro de sus méritos: la española Paloma ve disolverse frente a sus ojos, en sus manos, todos los mitos y los tópicos que le habían enseñado sobre Cuba, va entrando de lleno en la durísima realidad que atraviesa el pueblo cubano, conoce de cerca que son mentiras casi todas las señales que le han llegado en España de la propaganda política internacional a favor del gobierno cubano, pero su respuesta es natural: la comprensión y el amor, el perdón como única salida a todas las incomprensiones, a todas las diferencias.
Mi tesoro te espera en Cuba, entonces, es una novela de enigma y de aventuras, apasionante y que, como buen libro de aventuras, se lee de un tirón; es, además, una novela exquisitamente construida, de personajes muy bien definidos, porque Joel Franz Rosell sabe que la caracterización psicológica era un elemento vital para que su tesis funcionara; y es, finalmente, uno de esos libros que, tanto por su escritura como por sus propuestas de pensamiento, deberían ser más promocionados, más conocidos, más leídos.
Esa, como dije al inicio, es una de las preguntas más fuertes, y más tristes, que nos hace Joel Franz Rosell en una novela como esta: ¿por qué estamos tan abiertos a promocionar novelas infantiles y juveniles que idiotizan y otras creaciones que hacen pensar al niño en formación, al joven en formación, son condenadas al olvido o, cuando menos, a la gloria efímera de un par de semanas en las estanterías de novedades?, ¿hasta dónde la actual literatura infantil está traicionando la ya casi ancestral tradición de llegar al niño, al adolescente, e incluso al adulto que lee esos libros, conmoviéndolo con un verdadero humanismo y no con esas falsas historias que hoy venden millones de libros que idiotizan a millones de lectores?, ¿qué impide que la poderosa literatura in fantil y juvenil latinoamericana, o de habla hispana, ejerza el protagonismo que debería tener en los más de quinientos millones de lectores potenciales de la lengua española? Otra vez, como siempre, el Poderoso Caballero Don Dinero es la tristísima y vergonzante respuesta.
Ese es, basta con leer esta novela para darse cuenta, otro muro que Joel Franz Rosell debió saltar: Cuba necesita ser repensada, redescubierta, y el único modo que tiene como escritor es escribir de esa isla, utilizando precisamente la riesgosa fabulación del exotismo para que el falso exotismo de la propaganda y los convencionalismos se evapore y quede el exotismo real, el innegable, aquel que Cristóbal Colón descubrió cuando puso su pie en las arenas de una de nuestras playas sin saber que justo en ese instante, con ese gesto suyo de descubrimiento, iniciaba el mito de una isla, “la más hermosa que ojos humanos han visto”.