


Eugenia Rico es asturiana. El origen de un escritor no suele importar más que a los biógrafos y paisanos, pero en este caso nos parece necesario señalarlo. Aunque seamos malditas —una historia de brujas antiguas y contemporáneas—, hubiera sido escrito con gran dificultad por alguien desconocedor del norte de España.
Tras la larga tradición de brujas hispanas que fueron llamadas trotaconventos, medianas, celestinas y alcahuetas, adentrarse en ese universo femenino y mítico sin reescribir los viejos tópicos y sin caer en el folclore (llamémosle tradición literaria) realista y pícaro únicamente podría hacerse mediante el entronque con otra tradición céltica y norteña, más ajustada a lo sobrenatural pagano, más inocente e ingenua y mucho menos desencantada.
Nos parece acertado, por tanto, el alejamiento de los cánones del Arcipreste de Hita, Fernando de Rojas, Cervantes y tantos otros que intentaron ver el desnudo mundo de la brujería bajo el devastador prisma del sol castellano. Un universo al que las brumas descoloridas y los perfiles desdibujados por la niebla le añaden la profundidad y la magia que algún lector apreciará con más facilidad.
Ainur y Selene son las protagonistas de esta novela, negra no por su temática sino por el argumento de fondo, que mueve la vida de dos mujeres separadas por cuatro siglos de historia pero igualadas por sutiles ligaduras. Ainur es historiadora, Selene curandera. Ambas son pelirrojas y parecen reconocerse a pesar de la distancia. Las dos sufren en sus carnes la injusticia masculina (cruel y acomplejada, violenta y temerosa) que con el paso de los siglos no irá sino perfeccionándose.
A pesar de la gran presencia femenina en la novela, y la crítica histórica y contemporánea al sistema (evidentemente dirigido por y para los hombres), no se trata de una novela feminista al uso. La presencia de la víctima y el verdugo —el perseguidor y la perseguida— es constante, pero no todas las víctimas son mujeres. Con la presencia del farero se nos demuestra que la injusticia es universal y aunque se cebe en el género no dominador, también puede afectar a los propios maltratadores.
La autora recrea estas vidas perseguidas mediante una primera persona múltiple y lírica, parca en palabras pero abundante en imágenes muchas veces asombrosas. El ritmo cadente juega con las frases y su ausencia mediante sugerentes vacíos. Logra que esos tiempos muertos adquieran casi tanta importancia semántica como lo escrito. Juegos de negro texto y blanco vacío que son aprovechados por una estructura rota, deconstruida como un puzle que bien podría ser trasunto de las vidas truncadas de sus protagonistas.
(Madrid, 1978) es doctor en Filología Española por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Edición por la Universidad de Salamanca. Es profesor de Literatura en la Facultad de Humanidades de la Universidad CEU de Madrid. Ha sido editor y colaborador en varias editoriales españolas: Santillana, Alfaguara y Punto de Lectura. Últimamente ha escrito dos biografías juveniles: Valle-Inclán el bohemio y Bécquer el romántico, publicadas por la editorial madrileña El Rompecabezas. Acaba de publicar un ensayo literario: El premio Planeta: historia y análisis comercial, Sial, Madrid: 2008, que parte de la que fue su tesis doctoral, y un libro de teoría literaria sobre Miguel Delibes (Guía de lectura de El camino de Miguel Delibes. Cénlit, Pamplona: 2008), su último libro: Literatura española y mercado editorial (1950-2000). Madrid, Pliegos, verá la luz en pocos meses. Cuenta además con numerosas publicaciones en revistas españolas y extranjeras y ponencias a congresos sobre temática literaria en relación con el mundo editorial. Ha sido invitado a las universidades de Sevilla, New York University y University of Texas at Austin. En la actualidad está desarrollando un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Cultura sobre la Estafeta Literaria (1944-2001).