


Vincular sutileza y fuerza, arrastrar al lector dentro de una historia cuyos pilares ignora no resulta nada fácil. Casariego lo consigue plenamente en La jauría y la niebla. Desde las primeras páginas sabemos que asistimos, aunque no conozcamos plenamente los hechos, a un día crucial en las vidas de los protagonistas. Son las suyas tres existencias tan distintas como pueden serlo la de un niño, un adolescente y un escritor a las puertas de la vejez. Tres peripecias con un nexo común, acertadamente escondido, lleno de preguntas distintas e irresolubles.
Martín Casariego (Madrid, 1962) es uno de nuestros escritores más versátiles. Ha visitado con acierto géneros tan distintos como la narrativa infantil, el relato breve o el guión cinematográfico. En esta novela demuestra que la ubicuidad no provoca la dispersión del talento, no empaña su talento de novelista.
Leandro es sólo un niño y se enfrenta al miedo a crecer — ¿los reyes magos son los padres? se pregunta a lo largo de toda la novela—, a descubrir la cruel verdad que sacude su aula y, sobre todo, a cruzar lentamente la fina línea que le llevará a dejar atrás su infancia. Su hermano mayor Ander, que sólo unos meses atrás era popular, querido entre los suyos y había enamorado a la mayor belleza del colegio, se enfrenta ahora cada día a las humillaciones y a la violencia de sus compañeros, a la angustia diaria frente a la indiferencia del resto. Ander se cuestiona, desde el filtro preciso del narrador, ¿Por qué le pasaba esto a él? ¿Se lo merecía? ¿Era culpa suya? Ignacio Mayor, el tercer protagonista, es un escritor sexagenario, que visita el colegio de Ander para impartir una charla, se enfrenta a la necesidad de recuperar la ilusión y la ingenuidad para continuar vivo. ¿Existía el amor? -afirma- ¿O nos lo habíamos inventado todo, el teléfono y los coches y la rueda y la amistad y el amor y los bolígrafos?
Son personajes movidos por sentimientos universales, que el autor consigue renovar. Por motores tan fuertes como el miedo, la búsqueda de la inocencia pérdida y de una felicidad eternamente huida. En La Jauría y la niebla asistimos conmovidos a su evolución, dada la gran capacidad de su autor para introducirnos en sus conciencias, para construir tres puntos de vista tan diferentes de forma verosímil, lo que sin duda implica un consumado dominio de la técnica literaria. Porque nos hallamos, sobre todo, ante una buena novela en la que el lector asiste, casi sin notarlo, al despliegue del oficio, a una magnifica creación del conflicto, del entorno que lo rodea y justifica. Está tejida con acierto, respetando el punto de vista, manejando distintos registros sin que resulte artificial ni artificioso, no en vano su autor ha firmado varios guiones cinematográficos. En ocasiones nos ofrece a modo de juego de espejos distintos puntos de vista sobre una misma escena. Y así, sin darnos cuenta, nos vemos inmersos en esa niebla que invade a sus personajes.
Casariego nos propone una mirada certera y valiente, que no se precipita en el sentimentalismo, sobre los resortes de la violencia cotidiana, esa que se soporta cada día con indiferencia y que solo gana relevancia cuando asalta las portadas de los diarios, una vez que ha cruzado las líneas de la gravedad que consideramos necesaria para calificarla como tragedia. Esa violencia que se impone cada día en las aulas y que, amparada en el colectivo, adopta sus formas más brutales y que en ocasiones refleja el miedo al rechazo, a no ser aceptados. Casariego no cierra los ojos, pero tampoco cae en el morbo fácil. Ofrece un relato estremecedor e intimista sobre el acoso y la violencia en la sociedad moderna. Una sociedad en la que en ocasiones ser el verdugo es la mejor manera de no ser la víctima. Además sitúa la acción en un territorio donde la violencia y la imposición forman parte del escenario cotidiano de sus habitantes, Euskadi, donde la amenaza de los violentos y la discriminación aguardan en cada esquina, ante la pasividad de muchos y el enfrentamiento de otros, expone en este punto una situación real sin caer en demagogias...
La jauría y la niebla ha sido galardonada con el Premio Logroño de Novela.
(Madrid, 1974) Licenciada en Derecho y Máster en Edición por la Universidad de Salamanca. Ha gestionado proyectos en editoriales diversas, tanto educativas como literarias o ensayísticas.