Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, abril 2009, año 3, número 07
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Encuesta

 

¿En qué sentido, en tu país, los procesos migratorios históricos han contribuido a la formación de esos rasgos de la cultura nacional que la distinguen de otras culturas de la región?

 

Félix Luis Viera. Sus libros de cuentos Las llamas en el cielo y En el nombre del hijo son considerados clásicos del género en Cuba.

Félix Luis Viera: Ya lo sabemos: la cultura cubana (o la “cubanía”, la “cubanidad”) tiene como basamento un espectro muy amplio que se debe, precisamente, a la inmigración. Ya sea la inmigración forzada, como la que corresponde a los negros africanos que fueron traídos a Cuba por los conquistadores, o más tarde a los chinos “casi esclavos” que también fueron “traídos” a la Isla. A los propios conquistadores españoles se les “debe” mucho –creo que es a los que más se les debe, sobre todo en lo que se refiere a lo sociológico– en este sentido. Bueno, ya este asunto está muy manoseado: los “rasgos de la cultura nacional” son una amalgama que proviene de lo antes dicho y aun de otros elementos étnicos que emigraron a Cuba.

“El que no tiene de Congo, tiene de Carabalí”, dice el aforismo que tanto esgrimen en Cuba. Y es cierto, creo. En Cuba tú puedes ser, desde tu más remoto ascendiente, de origen blanco; pero culturalmente, de verdad, no eres blanco; al menos algo de negro debes tener en tu “comportamiento cultural”… bueno, es sólo un ejemplo.

La música, la literatura, las artes plásticas así lo demuestran. Busca y verás que no sólo en la exposición en sí, sino además en las formas, salta la mezcla.

El sincretismo abarca desde la religión hasta las artes pasando por las maneras de hablar (me refiero al “acento”, la pronunciación, no a la cuestión gramatical o lingüista).

Como se sabe, la cultura aborigen en Cuba, a la llegada de los españoles, era muy precaria; así que poco quedó de los aborígenes –exterminados en su mayoría por los conquistadores–, sólo algunas palabras más bien y uno que otro rasgo “concreto” de su quehacer que se mantienen hasta hoy en día.

Siempre he pensado que no se ha estudiado, como bien lo merece, la influencia de los canarios en la formación de los “rasgos de la cultura nacional”. Claro, estamos hablando de cultura o “rasgos de la cultura” en su sentido más amplio. Los inmigrantes de Islas Canarias tienen un papel preponderante en la formación de la cultura cubana, no sólo de la campesina. Creo que ellos constituyen uno de los segmentos más nobles, uno de los que más “dividendos” aportaron, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

 

Escritor venezolano. Su novela más reciente es Entrevista con Mailer Daemon, editada por La Fábrica Editorial, en el 2007.

Doménico Chiappé: Existe una palabra puede definir la “cultura nacional” venezolana, en todos los ámbitos: mestizaje. De manera general, los procesos migratorios han contribuido a la identidad latinoamericana desde antes que sucediera el fenómeno de la conquista europea. Los indígenas, con culturas y fenotipos tan diferentes entre sí, ya intercambiaban información, tanto agrícola como intelectual. El proceso ha sido, desde siempre, en paz o en guerra, integrador; ha tendido siempre a la unicidad, al menos en Venezuela. Pero los procesos migratorios que influyen sobre la “cultura nacional” también son aquellos que se producen hacia afuera, con la emigración y sus influencias en la distancia. En cuanto a la literatura, no existirían las tramas que han nutrido los libros sin esos procesos. Existirían otras, en otras escrituras; pero no las que se han impuesto durante estos siglos. En la actualidad existe un cambio de paradigmas en este fenómeno: el flujo de población, dentro y fuera de las fronteras, influye menos en el forjamiento de una identidad que la acción de los medios de comunicación, sobre todo de plataformas tan potentes como internet, cuyos lenguajes permean la cultura, a pesar de la gran cantidad de individuos que, en Latinoamérica, carecen de conexión.

 

Jorge Eduardo Benavides. Narrador peruano. Ha publicado, entre otros, las novelas Los años inútiles y El año que rompí contigo, ambas por Alfaguara.

Jorge Eduardo Benavides: Mi país es básicamente un proceso migratorio y continúa siéndolo. No sólo el que le da identidad como nación (aún gestándose) al fusionarse la cultura española y la autóctona, sino posteriormente con sucesivas migraciones de orden social y económico que comportan grandes cambios en la sociedad. Cambios que a veces terminan siendo cataclismos  y que ponen de relieve las enormes diferencias que no son sólo económicas y sociales sino también étnicas. Eso genera un conflicto aún no del todo resuelto.

 

Uno de los más reconocidos escritores peruanos. Es columnista del diario ABC y dirige la revista literaria Renacimiento.

Fernando Iwasaki: Aunque las últimas migraciones tuvieron lugar a comienzos del siglo XX, no creo que ni los judíos que huyeron de la II Guerra Mundial ni los japoneses que arribaron hace poco más de 100 años, hayan contribuido de manera singular en la "cultura nacional" del Perú. Otra cosa es lo que los individuos aislados -artistas, poetas, empresarios e incluso políticos- hayan podido aportar. Por lo tanto, para efectos de la construcción de una "cultura nacional", sólo consideraría a los grupos de europeos, africanos y asiáticos que llegaron al Perú entre los siglos XVI y XIX, pues gracias a la fusión de todos ellos con los pobaldores andinos autóctonos, existe una música, una gastronomía, una literatura y una tradición cultural que podríamos llamar "peruana".

 

Nombre imprescindible de la novela negra latinoamericana. Su premio más reciente es el L’H Confidencial 2008 de novela negra con Retrato de familia con muerta.

Raúl Argemí: Argentina no es concebible sin tener en cuenta el aporte migratorio, especialmente en la conformación de la gran urbe llamada Buenos Aires. Allí nació el tango, música que identifica a todos los argentinos ante el resto del mundo. En el fin del siglo XIX, y el comienzo del XX, la afluencia de inmigrantes, sobre todo europeos, va a fraguar un modo de hablar el castellano, una manera de pensarse como “europeos exiliados” y una impronta creativa que suma todas las raíces.

El tango es, en ese sentido, un ejemplo evidente. Debe su nombre a un tambor africano, su melodía a la habanera –música de la nostalgia catalana en Cuba-, su desarrollo orquestal a los violinistas judíos emigrados y su instrumento más conocido, el bandoneón, es un armonio portátil alemán, creado para los predicadores itinerantes.  

 

¿Qué factores crees destacables, en el terreno cultural, en la interacción entre la cultura nacional de tu país y las marcas culturales foráneas que entran a tu país a través de los escritores, intelectuales y artistas que han emigrado hacia países con otras culturas por diversas causas a partir de la segunda mitad del siglo XX hasta hoy?

Félix Luis Viera: Bueno, la verdad es que la entrada de “marcas culturales” de intelectuales cubanos en el exilio, enviadas a Cuba desde éste, no creo que sean muchas. No sabría responder esta pregunta. Según lo que he podido ver, la mayoría de los escritores y artistas que llevan a cabo su obra fuera de Cuba, no se apartan de sus raíces en cuanto a temas y formas; de modo que sería exigua la “cantidad de novedades” que hacen llegar a la isla, por demás víctima de un “bloqueo interno” que no permite la arribazón.

Doménico Chiappé: En Venezuela no existe una gran tradición migratoria. Son escasos quienes se han establecido fuera. Al pensar en artistas como Carlos Cruz Diez o Jesús Soto, maestros del cubismo que se establecieron en París, creo que la distancia ha contribuido a una mejor representación artística de la relación íntima entre un creador y su tierra. En todo caso, el lenguaje, cualquier lenguaje, se reafirma y enriquece al exponerse. Ahora, que las catástrofes políticas azotan Venezuela, hay un grupo de creadores que encuentran esa riqueza en otros países, donde se han radicado, y la aplican a sus obras. Entre quienes han adoptado a España como lugar de creación, están el escritor Juan Carlos Méndez Guédez y el fotógrafo Alexander Apóstol, quienes se acercan a la realidad venezolana desde una perspectiva menos coyuntural, más metafórica.

Jorge Eduardo Benavides: Creo que esos factores son muy similares a los de otros países, habida cuenta de que el proceso es el mismo, o bastante parecido, en todos lados. Hay un conocimiento mayor respecto a otras culturas, pero también a  tendencias culturales efímeras que impregnan el ambiente social y artístico, aunque muchas veces ello no pasa de la superficie: muchas veces se trata de un intercambio más de tendecia que de cultura. Ello también se debe, claro a los nuevos soportes tecnológicos, donde el intercambio homegeiniza a todos.

Fernando Iwasaki: Sería muy pretencioso suponer que los artistas e intelectuales peruanos que hemos emigrado, influimos en la cultura nacional. En el Perú, la influencia de Michael Jackson es mayor que la de Vargas Llosa y el impacto del Barcelona F.C. es más potente que los cuentos de Ribeyro. Además, la mayoría de artistas e intelectuales que no vivimos en el Perú, hemos dejado de existir en el Perú. Y conste que no lo digo ni con melancolía ni con resignación, sino como una evidencia monda y lironda. En el Perú siempre hay demasiados problemas internos, como para encima tener que dedicarle tiempo a los que viven fuera. Por lo tanto, tampoco hay nada que reprochar.

Raúl Argemí: Aún antes de que uno fuera consciente de que, en su país, había escritores, artistas, extranjeros emigrados, el primer contacto estuvo en las traducciones. Creo, como si lo dijera la Biblia, que somos hijos de las traducciones. Más, en el caso de los argentinos, de las malas traducciones. A cada rato me doy cuenta de que en cuanto me descuido escribo sobre estructuras del inglés mal traducido.

Es decir que, ya con leer a los extranjeros se nos cambia el mundo. Tal vez, pienso, a quienes más se les cambian las cosas no son a los que reciben la presencia del emigrado, sino al emigrado mismo. De pronto, ser “extranjero”, no replantea la manera de mirar, de ver y de escribir.

 

¿Qué crees ha cambiado en la cultura de los países receptores de emigración latinoamericana a partir de ese éxodo sostenido que ocurre hasta hoy desde la segunda mitad del siglo XX?

Félix Luis Viera: No mucho. Si te fijas en los países “receptores” de emigrantes latinoamericanos (creo que a esto se refiere la pregunta), éstos tienen un cultura muy sólida. ¿España, Suecia, Alemania? No, no van a cambiar sustancialmente por mucho éxodo latinoamericano que reciban. Caso aparte es el de Estados Unidos, donde sí se nota la influencia latina en muchos aspectos, desde el teatro hasta el cine, pasando por el arte culinario. Pero Estados Unidos es un crisol de casi todas las culturas del mundo. Y, caso más aparte aún, el de la Ciudad de Miami, que ya viene siendo como Guáimaro, pero sin comunismo.

Doménico Chiappé: Fenómenos literarios y artísticos se producen de forma recurrente y aislada, desde que Garcilaso de la Vega publicó sus Comentarios Reales en 1617. Sin embargo, influyen menos que los cambios que se producen en la calle y el hogar, donde los recién llegados influyen en las costumbres de lo cotidiano; la manera de relacionarse con el otro; los sentimientos, resquemores, prejuicios, querencias. De esta manera, cambia la cultura y, tarde o temprano, se refleja con fuerza en las obras literarias y artísticas, tanto en su lenguaje como en sus motivos y tramas.

Jorge Eduardo Benavides: Sobre todo la mirada con respecto al mundo exterior, hasta hace no mucho oscuro, imcomprendido y lleno de tópicos. Casi todos tienen a un familiar o a un amigo que vive fuera y que regresa de tanto en tanto con una imagen de primera mano respecto al pais que lo ha acogido y eso cambia la perspectiva de los que se quedan. Por tanto, hay una idea mucho más nítida de las otras sociedades y aunque en un principio esa idea tiene más que ver con las expectativas e ilusiones, poco a poco se va volviendo más realista.

Fernando Iwasaki: Tradicionalmente, el gran receptor de emigrantes latinoamericanos ha sido Estados Unidos, donde no sé cuánto más podrá durar el flujo migratorio. España ha comenzado a recibir a millones de inmigrantes latinoamericanos, tal como Japón, Suecia, Italia y Australia. Sé que en Suecia ya no existe la misma tolerancia que en los años 70 y que Japón impone condiciones muy duras a los nisei brasileños y peruanos, pero me faltarían datos para asegurar que la cultura de recepción está cambiando. En cualquier caso, en España la gran inmigración latinoamericana ha coincidido con la magrebí, la subsahariana, la china y la europea del este, y pienso que la sociedad española no está preparada para la convivencia con gente tan distinta. Por lo tanto, preveo impredecibles conflictos y tensiones sociales a corto plazo.

Raúl Argemí: Por lo que registro en España, hay una aceptación de lo distinto, y un asomarse a una práctica de la escritura más visceral y, al mismo tiempo, con permiso para la inventiva. En España aún se perciben los rastros de un realismo costumbrista que no fue conmovido por el llamado “realismo mágico”, porque era como las fiebres tropicales: lejano y ajeno. La coexistencia con la variedad de registros que muestra la literatura latinoamericana estimula y da permiso para que escribir pueda ser una aventura.

 

¿Qué cambios consideras se han producido si comparas al escritor que eras cuando escribías en tu país con ese otro escritor que pasó por todos (o buena parte) de los avatares de la emigración a otras culturas?

Félix Luis Viera: La información que he recibido ha sido relevante. Asimismo el hecho de confrontar mis cuartillas con las creaciones literarias de otros países, y constatar un mundo cultural que exige, mimetiza, comercializa, realza o degüella según los vientos. ¿El cambio? Pedirme más a mí mismo, tratar de hacerlo mejor no para complacer a un Estado (esto nunca lo hice cuando estaba en Cuba, claro) o a una “onda” que, finalmente, no está reclamando otra cosa que la autocensura. Pero creo que raigalmente soy el mismo.

Doménico Chiappé: En España encontré una voz narrativa y pude, gracias a la distancia y al tiempo dedicado a la escritura, enfrentarme al tema de todas mis obras que, según las formas de expresión y las historias que quiero contar, acuño como un metal maleable. Creo haber encontrado cierta poética, más afectada por las plataformas multimedia que por la cultura puramente española.

Jorge Eduardo Benavides: En mi caso, esos cambios tienen que ver con la posibilidad de dedicarme más a mi oficio y por lo tanto a aprenderlo mejor. Pero también ha servido, como le ha servido a muchos, para entender a cabalidad la frase Thor Heyerdahl, el último gran explorador del siglo XX: "¿Fronteras? No he visto ninguna, pero he oido decir que existen en las mentes de algunos hombres".

Fernando Iwasaki: Bueno, es que yo en el Perú ya era el producto de la emigración de otras culturas, pues mi abuelo paterno era japonés, mi abuela materna era ecuatoriana y mi bisabuelo materno era italiano. Mucha gente en el Perú hablaba o chapurreaba una lengua extranjera con los abuelos y el castellano en la calle, la escuela o el trabajo. La consciencia de la globalización ha permitido que muchos escritores conviertan sus historias familiares en verdaderas epopeyas trasatlánticas, como es el caso de la narrativa de Enrique Prochazka -un extraordinario escritor peruano de origen  eslovaco- o el de Siu-Kam Wen, un ciudadano americano que nació en China, pero que se considera escritor peruano. Por eso tengo un libro de ensayos que se titula "Mi poncho es un kimono flamenco" (2005).

Raúl Argemí: Me ha cambiado el lenguaje. Soy más consciente de las limitaciones que tiene el lunfardo, el habla cotidiana que no trasciende el barrio, el colorido lenguaje que puede dejar fuera por incomprensible a muchos lectores. De allí que escribo en un castellano más pulcro que antes, y me ocupo de que cada pincelada, cada giro, pueda ser entendido no sólo por un argentino, también por un español, y un cubano, y un mexicano, y un peruano… y sigue la lista.

Creo, estoy convencido, de que con ese cambio he ganado muchísimo.

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