


Existe un abismo al alcance de todos. Esa, aunque dura, puede ser la frase que define la novela ¿De qué mundo vienes?, del panameño Luis Pulido Ritter, escritor que se dio a conocer en 1997 con el libro de poesía Matamoscas y que, hasta hoy, además de esta que nos ocupa, ha publicado las novelas Recuerdo Panamá y Sueño Americano.
Un abismo al alcance de todos. De eso se trata. De que ese abismo, además, puede verse con la misma claridad, con la misma cercanía, que vemos las cumbres de nuestras montañas. Y de que la realidad latinoamericana que heredamos del siglo XX ha construido, mediante la deshumanización y la pérdida de los valores morales más elementales de la especie humana, los senderos más tortuosos para llegar a ese abismo. Senderos que, no por tortuosos, son menos transitados. Senderos que pueden estar cimentados por las piedras del odio, el abandono familiar, el afán de poder y dinero, el sueño de libertades sin límites, la capacidad de matar como modo de defensa psíquica… y hasta el amor.
Un joven, en apariencias apocado, tímido, callado y conformista, como esos volcanes apacibles, inactivos que esperan eternamente para mostrarnos su fuerza, se enamora de la hermana de un amigo, rico, hijo de una poderosa familia de narcos panameños y no imagina que ese amor lo hará descender a simas de putrefacción y del más inhumano de los cinismos, empecinado en seguir la única lucecilla que ilumina su oscuro – por fatalismo - mundo interior. ¿Bastaría con eso? Es posible. Y sería una de las tantas lecturas de esta novela de Pulido Ritter que tiene la virtud de las grandes novelas: cada lectura, o simplemente cada pensamiento que haces de lo leído, te trae un mar de resonancias distintas, un espacio abierto y muy amplio de interpretaciones sobre una anécdota sólo en apariencias tan sencilla.
¿De qué mundo vienes? es una de esas novelas-mundos que muchos escritores desean escribir. Y ese mundo novelado, cargado de señales de una americanidad indiscutible, emplea dos tópicos muy gastados (y a veces injustos, aunque históricamente justificados) para crear ese escenario donde los seres humanos, como bestias que han perdido la virtud que los hace seres racionales, se enfrentan apocalípticamente, para arrasarse y arrasar todo atisbo de esperanza de salvación y humanismo. El primer tópico, la violencia latinoamericana. El segundo: la colombianidad y la panameñidad, que aunque suenen horribles, son términos muy bien asentados por la mirada occidental hacia esos dos países de nuestra América. Y esa violencia, mezclada con todos los dilemas y las culpas de lo que hoy significa para el resto del mundo “ser colombiano” y “ser panameño”, más que ambientaciones simples al uso o a la moda, son resortes que el escritor Pulido Ritter presiona fuertemente y suelta en el momento justo, de modo que sus personajes y su historia adquiera otra condición, y rompa el molde de la mirada tropicalista y exótica con que la mayor parte del planeta suele contemplar nuestras realidades.
¿De qué mundo vienes? es, sobre todo, una perfecta novela negra, ese género hoy muy presente en la narrativa latinoamericana y que es, según palabras del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II “un detonador que dinamita la realidad de nuestros países para que podamos ver, convertida en puros pedazos, toda esa mugre que nos rodea y que sólo la gente puede echar abajo. Para eso escribimos novela, para tirar la pudrición de nuestros países en el sitio que se merecen, para tirarles en la cara a los políticos corruptos, a los financieros desalmados, a los oportunistas de la miseria, a los que especulan con esa miseria, que parece ser nuestro mayor renglón exportable, toda la porquería que vivimos”.
Pulido Ritter nos cuela una profunda reflexión crítica sobre el dramático dilema del narcotráfico mediante una historia de amor y mediante el contrapunteo que se produce entre las crisis más íntimas de dos familias de narcos. Las operaciones de narcotráfico, las jugosas mascadas de dinero, las implicaciones con los políticos corruptos de esos países, las imbricaciones internacionales de ese negocio, sólo aparecen como pinceladas en los diálogos que nos muestran los graves conflictos existenciales de los protagonistas y los personajes secundarios. Pero están ahí, se sienten los rugidos de esa bestia, acechando cada paso, cada debilidad, empujando a los personajes de la novela a ese abismo al que, resistiéndose o no, todos están condenados. Un inmenso logro. Porque mediante esa invisibilización de esos grandes fenómenos de corrupción social, la novela nos obliga a mirar lo que, usualmente, jamás detiene nuestra atención: hasta dónde el ser humano, por sí mismo, con sus miedos e imperfecciones, con sus miserias y sus aspiraciones humanísimas (y no por humanas, justas) es responsable de que esos fenómenos hayan adquirido la fuerza que hoy tienen en el mundo. Un logro, además, desde el punto de vista literario, porque colocar esos fenómenos en un plano apenas visible le permite reforzar más vitalmente a sus personajes, ponerlos a vivir dentro de su espacio narrativo con la misma vida y las mismas libertades, agresivas, corruptoras, con la cual se mueven los verdaderos narcos en sus escenarios actuales.
El conformista pero soñador Alberto, hijo de una típica familia de clase media baja; el cínico y egoísta Ricardo, hijo de un capo pañameño; su hermana María de Jesús, aplastada por su condición de mujer y por la bestialidad de su padre; el prepotente y corrosivo Miguelito, hijo de un capo colombiano; la calculada y abrasiva fidelidad de Lucrecia, Nana de Miguelito; y la bestializada resignación de Cara de Bobo a su oficio de matón, conforman una fauna de almas perdidas, condenadas al abismo desde su mismo nacimiento, y enriquecen la trama novelada con matices que hacen todavía mayor el aporte de ¿De qué mundo vienes? a la comprensión que muchos latinoamericanos buscamos sobre las esencias y los porqué de esos dramas nacionales que hacen más convulsas nuestras realidades sociales y personales. Y ese efecto real de choque de intereses, ese proceso de retroalimentación entre los dramas personales de los protagonistas, ese movimiento perfecto de los engranajes motivacionales que mueven la historia que Pulido Ritter nos cuenta, se logra sólo gracias a la muy cuidadosa configuración psicológica de estos personajes, a la adecuada y muy inteligente conformación de una presencia fantasmagórica de los narcos-padres (corporeizada sólo en pequeños destellos en los cuales muestran su bestialidad humana, su aliento pútrido y perverso, pero, que conste, también muy vital y lejos de la típica caricaturización con la que siempre se han descrito a esos personajes).
¿De qué mundo vienes? es, sin dudas, una de esas pocas novelas que hacen pensar; una de esas obras que, cuando cierras la última página, te obligan a mantenerte reflexionando durante un tiempo sobre los escenarios, los personajes, los comportamientos que el autor ha puesto a vivir en su espacio narrado, y, sobre todo, es una historia que obliga a mirar, otra vez, intentando comprender, o decodificar, hasta dónde somos culpables de las tragedias que hemos vivido, y hasta dónde estamos condenados, por elección, fatalismo o resignación, a transitar esos senderos tortuosos al abismo que hemos construido nosotros mismos con esas imperfecciones y esas miserias que cada día nos hacen dudar más de la tan cacareada racionalidad y superioridad biológica de la especie humana.