Este 2013 se cumplen treinta años de la desaparición del cineasta español Luis Buñuel (1900-1983).
Con igual intensidad a la prolongada ausencia física se multiplica su presencia en artículos de prensa1 y en las exhibiciones de sus filmes en las cinematecas de Europa, Estados Unidos y América Latina.
Y es que Buñuel, qué duda cabe, de veras fue un genio que impuso su talento luchando todo el tiempo contra la marea en España, Francia, Estados Unidos y México, los países en los cuales vivió como exiliado de la guerra civil española y creador artístico de valor universal.
Siguiendo la saga de artículos del anterior número de Otro Lunes (Buñuel In memoriam: I…), le corresponde el turno al filme que dirigió al año siguiente del escándalo del rodaje y exhibición de Viridiana (1961) en España, el no menos escandaloso rodaje y exhibición en México de El ángel exterminador (1962).
El título
El ángel… es un filme que, pese a los cincuenta años transcurridos de su realización, sigue provocando una ola de interpretaciones entre los espectadores y los críticos sobre lo que en realidad (¿su-realidad?) quiso “decir” Buñuel.
En defensa anticipada de las intenciones artísticas de Buñuel vale la pena citar una frase del escritor ruso-norteamericano Vladimir Nabokov, el célebre autor de Lolita.
A la pregunta de un crítico acerca del mensaje político o ideológico de su obra respondió agudamente: “¿mensaje?, ¿cuál mensaje?, ¿de qué está usted hablando?, yo soy un escritor, no un telegrafista…”
La indagación semiótica y el misterio que se esconde tras las imágenes de El ángel exterminador comienza por el título elegido.
¿Quién es y qué representa el ángel exterminador?
El ángel exterminador no es un ángel cualquiera, un “ángel del montón” del coro de ángeles asexuados que pueblan los cielos.
No, el ángel exterminador tiene nombre, es del género masculino, se llama Abadón y además de nombre y sexo tiene un alto rango en la jerarquía celestial.
Abadón en el ranking de la Biblia aparece como un ángel exterminador de “peso pesado”, uno de prestigio, un “capo” de ángeles destructores de demonios perteneciente a la séptima categoría.
Abadón en hebreo significa destrucción, ruinas. En el apocalipsis bíblico se le otorga la tarea de encadenar a Satanás por mil años, tarea que al parecer cumplió ejemplarmente, pues, muchos años después, la francmasonería internacional –que no es para nada propagandista del catolicismo- identifica a Abadón como al mensajero celestial de Cristo que anuncia el Juicio Final.
La historia
¿Cuál es la historia de indudable resonancia bíblica que cuenta Buñuel en El ángel exterminador?2
Un matrimonio de la alta sociedad mexicana de los años 50’s (los Nobile) ofrecen una cena de regreso de una función de la ópera en su mansión de la calle de La Providencia 11093.
Las secuencias iniciales muestran la riqueza del interior de la mansión. Los recién llegados se desprenden de abrigos, bufandas y sombreros en una suerte de obertura de ópera bufa en la que la riqueza y la libertad de los ricos se convertirán en pobreza y cárcel.
Temerosos de algo no específico, pero que ejerce sobre ellos una coacción emocional irresistible, los criados comienzan a abandonar la casona y solo queda el mayordomo Julio (actor Claudio Brook) quien se encarga de la cena de gala.
Y junto con los criados que escapan son arrojados al jardín unas ovejas y un oso negro que, inexplicablemente, se paseaban por la mansión.
Al concluir la cena, una invitada de nombre Blanca (actriz Patricia de Morelos) toca al piano una sonata, al intentar despedirse y regresar a sus casas, los invitados no pueden abandonar el salón en el que ocupan diferentes posiciones.
Más allá de este punto empieza la odisea de sobrevivir en un medio hostil que, paradójicamente, hasta la noche antes, fue un lugar de ensueño: columnas griegas, cuadros del Renacimiento, pisos cubiertos de tapices, lámparas estilo Imperio, escalera de doble arco en medio de la sala, biombos chinos, paredes de mármol, mantelería de hilo, copas de cristal tallado y cubiertos de plata en orden sobre la mesa.
El escándalo
Buñuel, consciente de que su filme no sería fácil de entender por el perfil de escándalo de El ángel… que supone un vuelco drástico en la vida de la veintena de burgueses que, en cuestión de horas, se ven despojados de gloria y fortuna no por una revolución proletaria sino por el inesperado, sobrenatural y fatídico golpe del destino que los lleva de la opulencia a la miseria, se apresuró a declarar antes de la primera exhibición.
“Si el filme que van a ver les parece enigmático e incoherente, también la vida lo es. Es repetitivo como la vida y, como la vida, sujeto a múltiples interpretaciones”.
Nos detendremos en dos aspectos del párrafo anterior: el carácter de escándalo del filme y las sucesivas repeticiones que en él aparecen.
El escándalo parece haber sido una de las normas de vida artística de Buñuel y de otros autores surrealistas. La intención de provocar, de escandalizar a los burgueses en particular y a la conciencia de la sociedad burguesa en general, fue el tema favorito en las tertulias del entorno de los cafés de la Casa del Estudiante (Madrid, 1927) ante cuyas mesas se sentaron a soñar con cambiar al mundo tres grandes del arte español contemporáneo: el poeta Federico García Lorca, el pintor Salvador Dalí y el cineasta Luis Buñuel.
Buñuel se encargó de explicar en sus memorias que “el verdadero objetivo del surrealismo no era crear un movimiento literario, plástico, ni siquiera filosófico nuevo, sino hacer estallar la sociedad, cambiar la vida”
Y para llevar a cabo esta consigna, el mejor medio a su alcance no era otro que “el escándalo”.
Buñuel cosechó una permanente cuota de escándalos en sus filmes siendo algunos de los más escandalosamente representativos: Un perro andaluz, La edad de oro, Los olvidados, Viridiana, El ángel exterminador, Belle de Jour, La vía láctea y El discreto encanto de la burguesía.
No es casual que durante el largo encierro sin sentido que mantiene al grupo de burgueses prisioneros se sucedan otros escándalos en la periferia que rodea a la “casona embrujada”.
Escándalo entre los periodistas que claman por entrar y entrevistar a “los prisioneros”, la policía y el ejército se los prohíbe y cuando intentan ingresar se quedan como clavados” con sus cámaras y cuadernos de apuntes en las manos debajo del pórtico”.
Escándalo entre los oficiales del ejército y de la policía, que mueven sus escuadrones con tanques y metralletas y también se quedan “clavados” debajo del pórtico.
Escándalo que provoca en la multitud un niño, hijo de uno de los burgueses prisioneros que, globo en mano, rebasa el pórtico y en medio de la consternación general de si podrá entrar, se queda “clavado” en el jardín sin alcanzar la puerta.
Escándalo en la ciudad, tan inexplicable como el momento en el que quedaron encerrados, los burgueses se liberan y en agradecimiento ofrecen un Te Deum. La salida de la catedral, que debió ser triunfal, es un tumulto en el que se suceden escenas de violencia en las calles cuando grupos de obreros salen en manifestación y son atacados por los militares que minutos antes acordonaban a la “casona embrujada”.
Las repeticiones
Vale la pena advertir que la estructura narrativa de El ángel… no es lineal sino circular como los nueve círculos infernales que describe Dante en el Infierno.
Of record, hipotéticamente, sería de interés saber en cuál círculo del encierro creado por Buñuel quedaron atrapados los personajes qué, vaya paradoja, no solo permanecieron encerrados en la casona sino que al terminar el Te Deum, no veinte como al principio sino los doscientos burgueses que los acompañaban en el acto de dar gracias por la liberación, no pudieron salir de la catedral como tampoco ingresar a la sacristía los sacerdotes y monaguillos que ofrecieron la misa.
En El ángel… el encierro real y metafórico propuesto por Buñuel es circular, repetitivo y total: ni “los de adentro” pueden salir “ni los de afuera” pueden entrar.
Dos umbrales definitivamente bien delimitados: el que separa al comedor donde tuvo lugar la cena de la puerta de la casona impide salir a los burgueses, el que separa a la calle de La Providencia de la puerta de la mansión impide al público entrar a la mansión.
¿Tiene solución esta contradicción en el filme?
No, definitivamente, no la tiene…
Buñuel ha declarado que hay más de veinte repeticiones en el filme, algunas muy elegantes, como cuando Edmundo Nobile se levanta de la mesa y dice: “Señores, champaña. Brindo por la diva que ha cantado esta noche. Brindemos por ella”. Brindan, se sientan. Nobile se levanta otra vez. “Señores, champaña” Brindo por…
Otras no son tan elegantes sino más bien propias de “gags” de las comedias silentes de Chaplin como la secuencia en la que Leticia (actriz Silvia Pinal) abofetea a Raúl (actor Tito Junco), el coronel Aranda empuja a Alicia (actriz Jacqueline Andere), Francisco (actor Javier Loya) empuja a Leandro (actor José Baviera) y Leandro empuja a Juana (actriz Ofelia Guilmán).
Con estas acciones que pertenecen al laberinto circular de las repeticiones, el filme queda “cerrado” desde la primera toma hasta que aparece el rótulo de FIN en la pantalla.
Y es que el propio Buñuel en más de una oportunidad, en entrevistas y memorias, se jactó de ser el primero en emplear “el encierro” en el cine pues su principal interés era “romper el tiempo” y crear una suerte de espacio hipnótico en el espectador4
“Si la película es demasiado corta, meteré un sueño”, gustaba de repetir y el empleo repetido del encierro, que opera como un largo sueño de cruel despertar, viene a reforzar la estructura de la circularidad narrativa del filme, que a su vez refuerza los valores conservadores del grupo sometido al fatalismo del encierro.
No hay que olvidar que Buñuel, como autor surrealista, se maneja bien con las categorías freudianas del sicoanálisis.
Y para Freud, el impulso inconsciente de los seres humanos a repetir actos, pensamientos, sueños, juegos, escenas o situaciones desagradables o incluso dolorosas tiene un carácter conservador.
Noche de Walpurgis
Sin dudas fue una “noche de castillo encantado” con apariciones fantasmagóricas, muertes súbitas, sexo prohibido, cambios de identidades, invocaciones de espíritus y juegos cabalísticos la que pasó “la creme” de la burguesía mexicana con los Nobile.
Una noche sobre la que Buñuel, avezado en el sicoanálisis freudiano y en la sociología marxista, ha dicho que “su película es más bien una parábola de la condición burguesa antes que de la condición humana”.
Algunos ejemplos:
El matrimonio de los Nobile se deshace en la penumbra de la noche, la autoritaria Lucía (actriz Lucy Gallardo), a unos metros de distancia de Edmundo (actor Enrique Rambal), su esposo inocente, yace en brazos del coronel Aranda (actor César del Campo), un descreído.
El doctor Carlos Conde (actor Augusto Benedico), atiende a los enfermos, la oscuridad de la noche desata su lujuria, sus manos palpan los cuerpos y sus labios arrancan besos furtivos a las mujeres dormidas.
Russell (actor Antonio Bravo), muere durante el encierro y es enterrado tras la primera puerta de un armario de tres.
La pareja de Eduardo (actor Javier Masse) y Beatriz (actriz Ofelia Montesco), a solo cinco días de casarse, se esconden tras la segunda puerta del armario para amarse y se suicidan por no poder soportar el encierro.
La tercera puerta del armario es utilizado como retrete colectivo, los hombres y las mujeres, en la penumbra de la noche, se sonrojan y piden disculpas al entrar.
Ana Maynar, una suerte de pitonisa cabalística, delira con fiebres, invoca en sueños al diablo y protagoniza una secuencia surrealista excepcional: una mano, en la penumbra, sin brazo ni cuerpo que la guíe, se arrastra cerca de donde está echada, primero quiere atraparla, luego trata de fijarla al piso empleando una figura de bronce como pisapapeles, al fallar, utiliza un cuchillo, por último, la mano, desenfrenada, trepa y le aprieta el cuello para ahogarla.
Las ovejas y el oso negro5 deambulan por la mansión, los hambrientos burgueses, como caníbales, rodean a las ovejas. Una oveja cae en manos de Ana Maynar, la pitonisa cabalística que precisa de la sangre para conjurar el hechizo del encierro, y Leticia (actriz Silvia Pinal), la bella e inmaculada Valkiria, la ayuda vendando a la oveja con un pañuelo sobre los ojos mientras le entrega una daga a Nobile para que le cercene la cabeza.
Final
¿Quiso Buñuel lanzar una advertencia al mundo burgués que tras siglos de luchas edificó sociedades basadas en la propiedad y en la circulación de mercancías en el planeta?
¿Es El ángel exterminador una pre-figuración del fin del orden burgués del siglo XX con sus crisis periódicas -1929 crack bancario- aunque al final no fuera el capitalismo sino el mundo comunista supuestamente libre de crisis el que sucumbió?
Buñuel, ya se sabe, murió en 1983, cerca ya, pero sin que en el horizonte aparecieran las nuevas políticas (perestroika & glasnost) que liquidaron al comunismo un lustro después.
Queda en pie entonces la primera pregunta…
En sus memorias Confieso que he vivido algo encontramos que nos podría servir de respuesta, pero al leer detenidamente nos volvemos a quedar “encerrados” en “la circularidad” –tan grata a Buñuel- de una nueva duda superior a la anterior.
Dijo Buñuel con tono admonitorio:
“Una cosa lamento: no saber qué va a pasar. Pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegar hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más”.

