20 Poemas al Mar: Homenaje a Néstor

Antología poética

II Festival de Poesía Atlántica "De Canarias al Mundo"

Portada del libro de poesía, publicado en el II Festival Atlántico de Poesía "De Canarias al Mundo".

Portada del libro de poesía, publicado en el II Festival Atlántico de Poesía “De Canarias al Mundo”.

 

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Mercedes Arocha Hernández

Todo vuelve contigo, amigo Néstor

El mar salpica noches de quebrantos
mientras dos faunos enlazados cabalgan  por las olas.
En el horizonte, sirenas travestidas de espuma
se asoman
tras la línea infinita de un tiempo sin retorno.
El gigante planeta
girante y giratorio
te avisa: nada vuelve.
Gime el último cántico del día.
Sin embargo,  la existencia se expresa
de glaucos, de azures, de oros relucientes…
y  tú estás ahí  para pintarla,
para recordarnos
que el tiempo y el espacio
no transcurren jamás.

 

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Antonio Arroyo Silva

Cuando el mar se levanta

Cuando el mar se levanta,
hay un sueño en el fondo que no traen las olas.
La humedad desvaída es un licor de huesos,
la carnaza, el coral, la casa del temblor
siempre dentro de tierra o insepulta en el agua
que la espuma desdice cuando besa la orilla,
donde estás aún despierto.
Cuando el mar se levanta,
forma infeliz de amar escaparse de sí,
para verse sublime con la mentira a cuestas,
como un Tántalo ufano de su manzana estéril.
No el fondo de la luz sino el aire que inhala,
el roce acuciante de las mareas,
antes de que el eclipse las arrastre a la orilla
y moldee su hondura con la ausencia insaciable.
Forma infeliz de amor la escritura en la playa
y el viento que la borra,
cuando el mar se levanta.

 

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Helio Ayala Díaz

Somos arena

Una roca no se rompe
en un instante.
La lluvia, el frío, el viento,
hacen su trabajo
a veces en silencio,
o rugiendo entre las ruinas,
acelerando los tiempos.
Y cree en su fortaleza
la roca indemne, poderosa,
sin saber que el comején
le va por dentro royendo las entrañas.
Y transita altiva, inmóvil, olvidando
que las playas no son otra cosa
que cementerios de rocas
aplacadas, vencidas,
convertidas en suavidad
de espacios transitables.
Somos arena
y estas lágrimas
el mar que nos arrasa.

 

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Teca  Barreiro

Siempre el mar

Siempre el mar en mi vida,
cómplices océanos rotos
acompañan mis pasos,
como una isla
eternamente abrazada
por perennes misterios azules.
Salitrosa cuna de encajes de espuma,
olas  danzantes en los tobillos niños,
mar varonil del trópico,
estampidos adolescentes en la roca,
sensual tibieza de aguas juguetonas.
Siempre el mar en mi vida,
confidente fiel,  en tu hondura
naufragados secretos cobijas,
esqueleto de recuerdos
cubiertos de escamas
de tiempos de ceniza.
Es cierto,
mis ojos se queman en tu sal
de tanto soñar la pleamar,
cuando el viento amante del silencio
zigzaguea el canto de las medusas.
Siempre el mar en mi vida,
uniéndome a otras orillas,
gritando mis límites,
puerta abierta a lo recóndito,
más allá de mí misma,
más acá de ti.

 

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Nancy Ángel Bello Báez

Evocación

Se me ha perdido el mar
en este atardecer en que leo poemas de un amigo.
Amigo que posa sus ojos en el horizonte de una isla,
sentado en las olas de un mar que baña
el sillón donde mece sus nostalgias.
Siento su tristeza en mis manos.
Manos que ahogaron el intento de quitarme la blusa
y ahora se estremecen al evocarlo.
¡Ah! ¿Cómo dejé que volara?
¿Por qué no embotellé girasoles con él?
Yo que amo al Van Gogh desorejado
pinto de amarillo las noches
para espantar  fantasmas  de  veleros antiguos.
Si el mar no se hubiese perdido en esta tarde
lo dejaría navegar por mi cuerpo
aunque naufragara en el intento.