En mi anterior artículo hice notar el hecho de que en Cuba a pesar de poseer una nobleza autóctona notable y de tener también varios criollos entroncados con las casas reales europeas nunca ha cobrado carta de naturaleza la idea monárquica. El primero de estos cubanos enlazados con la realeza fue el llamado infante Güell.
El título de infante lo utilizan las casas reales de España y Portugal y la imperial de Brasil, para denominar a los hijos del monarca y su príncipe heredero en lugar de llamarlos príncipes como se hace en Gran Bretaña. Vienen a ser como los archiduques en Austria o los grandes duques en Rusia. ¿Por qué le doy entonces ese título a José Güell y Renté, habanero nacido en 1818 e hijo de honrados pero plebeyos catalanes1. Paso a explicarme.
José Güell y Renté estudió hasta el bachillerato en La Habana en el cubanísimo Seminario de San Carlos y San Ambrosio. A los dieciséis años pasó a Cataluña donde cursó Derecho hasta doctorarse en Derecho Civil por la Universidad de Barcelona (1838). Después se dedicó al periodismo, cosa muy corriente entre los tinterillos de la época. Era un hombre extraordinariamente bien parecido y simpático.
Paseando un día por Madrid vio que unos caballos desbocados amenazaban con provocar a muerte de varias señoritas que iban en un faetón. Nadie hacía nada por detenerlos, ni siquiera la escolta del coche, pues se trataba de un vehículo oficial. Güell se lanza decidido y tras un fuerte forcejeo con los corceles consigue dominarlos. Esto lo convirtió en un héroe para todos los que lo observaban y especialmente para quienes iban dentro del vehículo. De este sale una linda mujer y le da las gracias al cubano. La misma era nada menos que doña Josefa Fernanda de Borbón y Borbón, Infanta de España, prima hermana de la reina Isabel II y hermana del rey consorte don Francisco de Asís. Como se ve dicha dama no era hija de rey ni del príncipe de Asturias pero gozaba del título de infanta por cortesía del difunto rey Fernando VII, su tío abuelo. La infanta era, además de prima y cuñada, amiga y confidente de la reina Isabel II. A esta la habían casado por razones de Estado con su primo hermano Francisco de Asís de Borbón, el cual padecía de una total inapetencia sexual2. Isabel que tenía a Pepita, como era conocida la infanta en familia, por confidente recibió de su prima la noticia de estar perdidamente enamorada de quien la había rescatado de la muerte.
El doctor Güell y Renté, un hombre extraordinariamente hermoso como ya se dijo, vivía en un ático por donde pasaban desde aristócratas hasta verduleras con tal que fueran del gusto del cubano. Por otra parte, don José era de ideas liberales y colaboraba en periódicos contrarios a la monarquía.
La infanta deseosa de conocerlo le dio cita en los alrededores de la Villa y Corte y de ahí nació el romance. Cuando Pepita le informó a la reina de su deseo de casarse con el criollo (que además era poeta) la soberana montó en cólera. Poco antes otra prima, la infanta Isabel Fernanda, mayor que Pepita, se había fugado con el conde polaco Ignacio Gurowski3. Ahora el pretendiente ni siquiera era noble. Isabel II le ordenó a Pepita que se marchara de la corte y se retirara a casa de su padre en Valladolid. También ordenó que se encerrara a Güell en la cárcel acusado de actividades subversivas. El padre de Pepita era el infante don Francisco de Paula, el niño vestido de rojo en “La Familia de Carlos IV”, el inmortal cuadro de Goya. Este infante por su parecido con Godoy se había rumoreado que era producto de las obras naturales del favorito.
Liberado pronto de su prisión Güell viajó a Cuba para liquidar sus bienes y regresar a España decidido a casarse con su gran amor.
El matrimonio fue muy raro pues se efectuó al aire libre, en presencia del padre de la novia, y de dos testigos y amigos, por supuesto, del novio; bendijo la unión un recién ordenado sacerdote también amigo del contrayente. Tan pronto como se produjo el casamiento y la reina fue apercibida del mismo, Isabel II con fecha 28 de junio de 1848 dictó un Real Decreto por el cual se despojaba a Pepita de su título de infanta real. Como quiera que doña Josefa Fernanda, no era una infanta nata sino por gracia del rey, su título se podía revocar por voluntad de otro monarca, como así sucedió.
A finales de junio los recién casados llegaron Francia donde se instalaron. En España el revuelo fue enorme. El rey consorte estuvo al borde del ataque de nervios pues soñaba con al menos un duque para su hermanita. Sin embargo, al poco tiempo ya nadie tenía memoria de aquella infanta, por demás poco conocida.
Once meses más tarde vino al mundo el primer vástago nombrado Raimundo. Para que fuera español, sin duda alguna, Güell alquiló una casa de campo en la frontera hispano francesa cuyo cuarto de criados estaba del lado español. Allí nació el niño a quien de inmediato el cura párroco de Varcarlós (España) bautizó e inscribió en el registro parroquial. El neonato era español a todos los efectos: nacido en España, e hijo de padre y madre españoles.
Dos años después tras muchas suplicas a Isabel II la reina permitió el regreso de la pareja a España. El cinco de febrero de 1855 Pepita fue reintegrada por Real Decreto a su rango de Infanta de España. José Güell y Renté se convertía de hecho, aunque no de derecho, en el infante Güell, el primer cubano integrado en la real casa española.
El infante no cesó por ello de cultivar su afición por el bello sexo con el consiguiente disgusto de su señora esposa. Pero hay más.
Voy a considerar tres aspectos de la vida del titulado infante, a saber: su labor literaria, su vida pública y su vida privada.
Aunque estudió formalmente Derecho e inclusive obtuvo el grado de doctor, se dedicó al periodismo y la literatura cosa corriente entre los letrados de su época. Colaboró con periódicos españoles, cubanos y franceses. Inclusive publicó trabajos escritos originalmente en francés. Tocó temas históricos y políticos. Su obra más pintoresca fue Paralelo entre las reinas católicas doña Isabel I y doña Isabel II, publicado en español en París en 1858. En realidad es casi inconcebible contrastar la vida de Isabel la Católica, una mujer a la que algunos han querido hacer llegar a los altares, con su tocaya Isabel II, una dama de costumbres licenciosas, aunque de una religiosidad algo superficial, como lo muestra su relación con sor Patrocinio, la monja de la llagas4.
Los trabajos literarios de Güell y Renté no se estudian en Cuba en los cursos de literatura cubana ni en el bachillerato ni en la Universidad, pero aparecen señalados en el tomo I del Diccionario de Literatura cubana del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, publicado en La Habana por la Editorial Letras Cubanas en las páginas 396 y 397. De acuerdo con los datos que aparecen allí consignados se le podría clasificar como un autor menor, muy menor.
En cuanto a su vida política hay que apuntar que en 1854 tomó parte activa en el movimiento revolucionario que puso fin a la década moderada (1849-59) e inició el bienio progresista (1854-56), dentro de cuyo marco fue electo diputado. Su corto mandato terminó en prisión y condena por un consejo de guerra, de cuya sentencia escapó al ser incluido en una amnistía. En 1857 emigró de nuevo a Francia donde conoció y trató a políticos del calibre de Pi y Margall, Salmerón y Emilio Castelar. Dada su pertenencia a la Familia Real nunca se pronunció a favor de la independencia de Cuba pero apoyó las ideas de Pi y Margall en relación con la Isla5. Tras la Paz del Zanjón (1878) fue electo senador por la Universidad de La Habana. Desde ese cargo apoyo la abolición de la esclavitud y reintrodujo el proyecto de construir un edificio propio para la Universidad habanera.
Tras la Revolución Gloriosa de 1868 y el destronamiento de su suegra, Güell decidió seguir a la depuesta soberana e instalarse en París.
Aquí entramos en la vida familiar del cubano. Del matrimonio –que se dijo que Josefa Fernanda quiso anular-6 se procrearon dos varones. El mayor, Raimundo, fue agraciado por Isabel II con el título de marqués de Varcarlós (el sitio de su nacimiento) y con Grandeza. Fernando, el menor, recibió el marquesado de Güell. No hay hoy día descendencia de estos vástagos. A partir de 1868 Pepita se separo de facto de su marido, poniendo casa aparte. Sin embargo, se veían todos los días en el Palacio de Castilla, residencia de Isabel II donde prestaban servicio de honor a la depuesta soberana. El matrimonio nunca fue anulado.
Tras la restauración de los Borbones en la persona de Alfonso XII, Güell regresó a España y como se dijo fue designado senador del reino. Falleció en Madrid el 20 de diciembre de 1884 y fue inhumado en La Habana en el Cementerio de Colón. Pepita continuó en Paris al lado de Isabel II hasta el fallecimiento de la reina en 1904. Seis años después moría Pepita. Fue enterrada en el cementerio de Montparnase. Nunca ha sido trasladada al panteón de infantes de El Escorial donde la correspondería ser inhumada.
Esta es la historia del primer cubano, plebeyo que entró por matrimonio en la Real Casa española. No fue el último como se verá.