Número de oro y otros poemas

(Poesía)

Del libro Déjanos encontrar las palabras (1948-1959)

Selnich Vivas

Dejanos encontrar las palabras (1948-1959) recurre al juego intertextual a partir de la reinvención de la correspondencia íntima entre los poetas Paul Celan e Ingeborg Bach­mann, inscribiéndose así en una poética en la que son notables el influjo de otras artes o de otras literaturas y el diálogo de la literatura consigo misma, lo cual enmarca el libro en las tendencias artísticas más contemporáneas. Los poemas incluidos en este volumen denotan una relación humana íntima, sincera y al mismo tiempo dolorosa que no se reduce solo al intercambio epistolar, sino que trasluce el drama político y social de posguerra en la Europa de mediados del siglo XX. El tono, el lenguaje y la atmósfera del poemario constituyen elementos propios de una poesía depurada y sugestiva, y en muchos momentos conmovedora. La calidad de la composición da cuenta de un autor que tiene una relación estrecha, además de con la escritura poética, con el oficio de la lectura.

Del acta del Jurado
Premio Nacional de Literatura Universidad de Antioquia

 

Número de oro

 Para Ingeborg

Tú no deberías buscar
ninguna medida en los ojos obscuros.
Tal vez adornar con dolor lo que tus padres han mutilado.
Que todos sepan
que has dormido con el huérfano de unos judíos.
Que todos sepan de mis rasgos indios y de mi ejemplar alemán.
Pero no olvides el fracaso: hemos de encerrar
esa noche en cifras y letras agotadas.
Ella, cargada de habladurías, secará las venas y las voces.
Pretender la estalactita tal es la tarea
de quienes alcanzarán la muerte en el agua o en el fuego.

22 años después de tu primer cumpleaños.

Viena, 23 de mayo de 1948

 

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Raíz de tres

Viena, Navidad, 1948

Querido, querido, Paul:

Aún deseo el nosotros tribulante.
Y leeré y corregiré mis palabras
tantas veces como sea necesario hasta volverlas tuyas.
No sé si quieres seguir pensando junios, en París.
No sé y da lo mismo. Estoy decidida a desconectar
al amigo, cuando luche contra un ejército de monstruos,
máquinas y medicamentos, cuando penda
de un fruto aún no nacido, cuando busque
a los padres asesinados en una francesa adinerada.
¿Me lo permitirás? ¿Permitirás que te devore
esta muerte austriaca a la que tanto le huyes?
¿Serás tú mi propio fin?
¿Mi obra?

Con mucho, mucho amor,

Tu Ingeborg

 

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Números móviles

31, Rue des Écoles, París, 26 de enero, 1949

Ingeborg:

Intenta olvidar que algún día pasé por Viena.
O piensa nada más que en un hermano, ahora lejano.
De finos huesos, por supuesto.
De agrios odios que no saben esperar tus palabras.
O no vuelvas a escribir.

Te abraza,

Paul

 

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Enteros desarmables

Viena, 12 de abril de 1949

Querido Tú:

No es mi voluntad que las cartas
escritas una y otra vez se nieguen a ser enviadas.
Tú mismo debes saberlo por tu propia mano.
El temor, es evidente, a confesar las pesadillas realizadas.
Quisiera decirte que obedezco a tu deseo y mentiría.
La imagen de los amantes me grita incansable desde tus rejas.
Al otro lado de la habitación, unas manos le arrancan
la cabeza a un perro desarmable,
cambian sus ojos por los de un gladiador;
acuchillan el vientre de una muñeca con un puñal de plastilina.
Dos manos, una tuya y una mía,
escriben desde la más tierna infancia.
Ninguno de los dos es partidario del dolor.
Ambos lo estudiamos rigurosamente.

Pienso en ti,

Ingeborg

 

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Números racionales

Paul, querido Paul:

¿Qué puedo hacer si me dueles,
si le haces falta a mi amargura austríaca?
Te has ido a París para enviarme postales
que sólo amontonan este deseo de inmolarme.
Debes saber que he tomado
tu cabeza negra entre mis manos,
y me resulta extraña;
que te he arrancado los ojos
y los gritos que llevas dentro.
Puedo entender mejor tus odios y tus libros
desde que ya no existes en la Beatrixgasse.

[Sin fecha]

 

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Número parásito

París, 20.06.1949

Ingeborg:

¿De dónde ese instante, impreciso y tardío?
¿Procede de la amapola un temblor de la piedra?
¿La misma concede el guarismo a la fiebre,
el color a los pulmones y la exaltación al tabaco?
¿Ya por memoria, ya por malignidad? Dirás:
Anhelo ese instante muy lejano y nuestro, sin cabeza.

Paul

 

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División y suma

Viena, 24 de junio 1949

Tú, querido:

La postal me ha revuelto el estómago:
Es amapola de tus manos y la siento traída de la India.
Reparte entre escombros múltiplos del rencor.
Enseña a contar vejaciones de colores en el abaco.
Soy niña y los muertos se reproducen en mi cama.
Unidades, decenas, centenas
que ya no embellecen el entendimiento.
Tengo hambre de una absolución que jamás recibiré.
De una noche: las aguas del Sena, dos peces pequeños.
De un cuerpo que cae.

Ingeborg

Del Autor

Selnich Vivas
Doctor en literaturas latinoamericanas y alemanas de la Universidad de Friburgo, Alemania. Actualmente se desempeña como profesor de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, en donde dirige la línea de investigación sobre el pensamiento indígena en Colombia. Ha traducido poemas de Georg Trakl, Paul Celan y Gottfried Benn. Es también traductor y prologuista de la edición en castellano de Microcuentos y dibujos de Franz Kafka (Editorial Universidad de Antioquia, 2010), sobre quien elaboró su tesis doctoral. Es autor de las novelas Para que se prolonguen tus días (1998) y Finales para Aluna”, de próxima aparición. Su obra poética comprende tres títulos: Stolpersteine (2008), Baiatnguai (sin publicar) y Déjanos encontrar las palabras, por el que recibió el Premio Nacional de Literatura Universidad de Antioquia (2011) y del cual seleccionamos los poemas aquí reproducidos.