La búsqueda de la simplicidad

Recaredo Veredas

La infancia de Jesús
J.M. Coetzee
Mondadori, 2013

 

la-infancia-de-jesus-otrolunes29J.M. Coetzee pretende en esta su última novela la búsqueda de la simplicidad, entendida como sinónimo de elegancia matemática. Parece conocer, tras una larga carrera, que conseguir transmitir lo máximo mediante lo mínimo es el mayor logro que puede alcanzar un escritor. Esto muchas veces no es valorado por quienes pretenden que la literatura de calidad sea más explícita, aporte más datos al lector y facilite su capacidad de interpretación. J.M. Coetzee no exhibe porque su despojamiento le permite mostrar lo que verdaderamente le importa, lo que considera trascendente un escritor que, por motivos obvios, se halla en la parte final de su carrera: el aprendizaje de la vida y la muerte. Cómo un niño superdotado se enfrenta a los abismos infranqueables del mundo.

Pero no son las cuestiones cósmicas el único motor de La infancia de Jesús. Coetzee también escribe sobre el amor entre padre e hijo y, por extensión, entre seres humanos, y lo hace planteando una distopía extraña y originalísima: no hay cataclismos nucleares, ni zombies, ni monstruos mutantes, ni tragedias espantosas, no existe una progresión del horror y sí el dibujo, con muy pocos trazos, de una sociedad extraña, sumamente sofisticada en el plano abstracto y rudimentaria en lo elemental. El retrato de un totalitarismo blando, próximo, en cierto modo, al que viven muchas sociedades supuestamente democráticas. También aborda lo artificial de las relaciones familiares, lo políticamente correcto o incorrecto, la creación por la sociedad de formas que moldean el amor y su consecuencia, según la teoría implícita de Coetzee: la educación emocional y cultural. Sí, como muchos han afirmado La infancia de Jesús es una novela filosófica pero la filosofía no sobrecarga la narración, no la oprime, permite que fluya en una extraña progresión, centrada en la intimidad de un padre y un hijo que no son padre e hijo. Sin embargo, este homenaje a lo escueto contiene un canto a El Quijote, lectura favorita del niño protagonista. No en vano, por su ingenuidad y su bondad primigenia, se asemeja al héroe cervantino. También, por supuesto, puede realizarse una lectura mística que enlace con el título: los padres de Jesús tampoco eran sus verdaderos padres, también Jesús mostró desde pequeño sus talentos, pero tal vez, pese, reitero, a la obviedad del título, la búsqueda resulte un poco forzada.

En coherencia con ese predominio de lo pequeño no insiste en grandes descripciones y predomina el diálogo, del que muestra un dominio magistral. Como parece obvio, posee una contrastada habilidad técnica y una enorme capacidad para la elipsis. Así lo demuestra en las escasas escenas donde debe mover a los personajes.

Cierto es que La infancia de Jesús no posee la fuerza de sus grandes novelas, como Desgracia o Verano, que su capacidad para conmover no llega a lo que el escritor pretende pero no por ello deja de ser un libro excelente, que cuenta con un desenlace emocionante y esperanzador. Es injusto que un escritor vea lastrado el análisis de uno de sus libros por lo excelso de sus precedentes. Un escritor tal vez ya de despedida, que recurre a la parábola para hablar de lo esencial: el amor.