"Bromeo con que soy un muchacho simple del interior (de Argentina)"

Entrevista al escritor argentino Javier Chiabrando

Amir Valle

Chiabrando en la famosa librería barcelonesa Negra y Criminal.

Chiabrando en la famosa librería barcelonesa Negra y Criminal.

Lo que más resalta del novelista y músico argentino Javier Chiabrando es su sentido del humor: una mezcla entre su modo alegre de mirar la vida y su singular analítica de lo humano. Bastaría un leve ejemplo: en nuestro encuentro reciente en Medellín, nos reímos muchos, chisteamos, nos burlamos de lo ocurrido luego del estupor de que a cierto escritor colombiano se le escapara una afirmación que nos estremeció: para aquel colega era natural matar a otro ser humano, lo bestial comenzaba en el momento en que se descuartizaba a la víctima. No sé por qué sentí ciertos lazos entre esa manera de Chiabrando de burlarse de las circunstancias absurdas y terribles que siempre nos cercan y el modo con el que los cubanos asumimos nuestro andar por la tierra: choteándonos incluso de nuestras desgracias más íntimas.

Lo cierto es que en Medellín, durante varios días, logramos encontrarnos luego de un anterior acercamiento virtual (eso ya tan cotidiano gracias a internet), conversamos  de casi todo (como diría mi abuela católica, apostólica y romana: “de lo humano, lo mundano, lo diabólico y lo divino”), y regresé a Alemania leyendo su novela Caza mayor, que considero una pequeña joya, rara y cautivante, de eso que algunos llamamos género negro, definición que, según dijo en su intervención en el Festival Medellín Negro al que asistíamos, no resultaba nada clara para un género tan complejo.

De esos y otros temas hablamos en esta entrevista.

 

A modo de presentación hacemos siempre una pregunta que obligue al invitado a explicar a los lectores de OtroLunes que no te conozca ¿quién es Javier Chiabrando? Pero la respuesta debe dirigirse a dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Javier Chiabrando, el ser humano y Javier Chiabrando, el escritor, el artista, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

De lo personal, lo que me gustaría contar es que tengo la manía de aprender todas las cosas sin ayuda. Así, para bien o para mal, me formé en la música y en la literatura. Creo que demoro más en encontrar los resultados, pero en el camino me fortalezco. Más allá de eso, bromeo con que soy un muchacho simple del interior (de Argentina). No suelo estar apurado ni perder la calma. Aunque todas esas cualidades entraron en crisis cuando tuve hijos. Supongo que esa calma (de ser verdadera) se traslada a la escritura o a la música, aunque no sé cómo ni qué significa. Otra cosa que se traslada a lo que hago es el humor. Suelo tenerlo en la vida, y por lo tanto lo tengo en lo que produzco.

 

¿Qué vino primero, el deseo de escribir o el de hacer música? Como bien sé que esos momentos ocurren siempre a modo de epifanías o revelaciones ¿Recuerdas cómo ocurrieron cualquiera de esas dos epifanías?

javier-chiabrando-amir-valle-gustavo-forero-otrolunes29-3La música está en mi vida desde siempre, o casi. Las ganas de escribir me vienen después, cuando me doy cuenta de que ciertas búsquedas o pretensiones no entraban en los formatos que había experimentado: el cómic o la música misma. Vengo de una familia de trabajadores sin conexiones con el arte, y rompo una estructura familiar de varios siglos, yo solito y sin ayuda. Y luego de la epifanía, que seguramente no debieron ser más que ganas de hacer algo diferente a todos los que me rodeaban, me planteo una larga etapa de formación antes de empezar a producir. En mi época de estudio de la música tocaba la guitarra ocho horas por día; la primera novela me llevó cuatro años.

 

He oído mucho hablar del peso de Borges en las letras argentinas, y te confieso que a veces siento que se refieren a él como una cruz, es decir, con esa cuota por igual de bendición y maldición. ¿Cómo ve Javier Chiabrando, el escritor, a Jorge Luis Borges?

Borges es una bendición porque su sola mención nos inhibe de tener que explicar algo que a veces parece inexplicable: qué es ser argentino. No es una mala manera de presentarnos, al menos los que estamos en el mundo de la literatura. Igual, es más fácil y tentador presentarse como coterráneo y contemporáneo de Maradona. A los escritores Borges nos da tema de conversación y de citas infinitas. Quizá pueda verse como una maldición porque  siempre nos vemos obligados a volver a él para tratar de entender lo que ya creíamos haber entendido, o de revisar ideas que ya parecían agotadas. Y es una suerte de sombra que ha complicado la continuidad de algunos escritores, aunque no creo que a los de mi generación sino los anteriores. Pero es mejor tenerlo de vecino o amigo que no tenerlo.

 

Aunque muchos escritores suelen olvidar los maestros literarios, siempre hubo maestros en cada una de nuestras vidas. ¿Cuáles serían esos nombres a los que crees que debe su existencia el escritor que ahora mismo eres?

Recuerdo perfectamente cuando quise ponerme a escribir. Estaba en una playa leyendo Islas en el golfo, de Hemingway, que casualmente sucede en Cuba. El resto de la gente en el agua, yo debajo de una sombrilla con el libro. Sentí que había ahí algo que yo debía intentar hacer. Si debiera nombrar a un modelo literario sería él. Luego aparecieron otras influencias, no necesariamente con orden ni lógica, pero todas importantes en su momento: Pavese, Chandler, Svevo, Bryce Echenique. Y por supuesto Borges, Arlt y Marechal. Y siempre vuelvo a los escritores norteamericanos que vienen del modelo que plantea Hemingway: Raymond Carver, Richard Ford.

 

¿Se complementan música y literatura en tu vida como creador o estamos hablando de mundos perfectamente separados?

Tengo la impresión de que en la medida en que resuelvo los inconvenientes conceptuales de una disciplina, lo hago también con la otra. Luego es resolver lo técnico, que tiene sus particularidades a las que hay que enfrentar, algo para lo que uno se estuvo preparando durante bastante tiempo. Pero a la hora de sentarme a escribir una canción, música instrumental, o escribir narrativa, me siento igualmente de cómodo. Eso sí, la música tiene una ventaja: es acción, y a veces sirve para desentumecerse de la literatura, que es introspección, encierro. Me gustaría que con el tiempo se vean mis cosas como ideas encadenadas, pero para eso debería lograr que mis libros circulen más y terminar el disco de canciones mías que estoy grabando en este mismo momento.

 

También a nuestros autores les proponemos el reto de que le hagan saber a los lectores de OtroLunes de que van sus libros anteriores, ya sea a través de una brevísima sinopsis o de una anécdota sobre ese libro. Así que ahora yo menciono el libro y tú me respondes:

Los turistas no tienen domingo (novela, 1998). Mi primera novela. Trabajé en ella cuatro años y resolví la mayoría de las cosas que quería hacer hacia el futuro. Como toda primera novela tiene algunas cosas de más, pero no suelo preocuparme por eso ni me lo tomo como un inconveniente. Además construí un espacio de ficción, Colonia Venezia, que se parece al pueblo donde nací y al que vuelvo a él en otros trabajos. El ambiente de pueblo es el que conozco y me dio placer volverlo un tema literario.

Todavía no cumplí cincuenta y ya estoy muerto (novela, 2002). Cómo había resuelto muchas cosas en Los turistas… escribí la mitad de esta novela en una semana. Violencia y erotismo igualmente violento. Es la novela que más satisfacciones me ha dado, y me divierte que el cruce entre lo negro y el erotismo confunda a ciertos lectores; incluso a los críticos. Recuerdo el del diario ABC, que dijo “su lectura es una experiencia intensa, desagradable, de la que se regresa a la realidad como tras una fiebre o un coma”. Me imagino al tipo cerrando el libro y tomándose un trago de whisky de la botella.

Carla está convencida de que Dios leyó Ana Karénina (novela, 2008). La escribí pensando en dos cosas: explorar lo femenino y dejar de pensar en géneros y esas cosas. Es mi novela más literaria, si vale la explicación, donde la escritura no se somete a formatos previos ni códigos. Creo que aún no fue leída como se merece. Ya le llegará el momento.

Caza Mayor (novela, 2011). Mi última novela. Integra una colección de novelas breves latinoamericanas de gran prestigio editada por EDUVIM (Editorial Universidad de Villa María). Un vendedor de ropa puerta a puerta en el interior del país, quizá judío, que en realidad es un cazador de nazis. Al fin da con un jerarca, responsable de la suerte de su familia. Explora una etapa de la Argentina donde se daban las batallas finales de una violencia nacida en Europa (la segunda guerra), y cedía su lugar a una violencia vernácula (que desembocaría en la dictadura) que iba a ser igualmente trágica.

 

Aunque has manifestado tu interés por la mezcla genérica, por la indefinición de los estamentos narrativos que definen a los géneros, eres un defensor de la novela negra como espacio de reflexión crítica desde la literatura. ¿Qué es para ti, entonces, la novela negra?, pero me gustaría que esa definición la explicaras, por ejemplo, desde la perspectiva de tu excelente novela corta Caza Mayor, que se inscribe sin dudas dentro de lo negro.

Creo que la novela negra propone una hipótesis de los mecanismos de la violencia contemporánea que incluye el crimen y todas las trampas posibles, que, de no existir el género, no conoceríamos de ninguna otra forma. Lo que conoceríamos serían apenas los síntomas (muertos, crisis) a través de la prensa. La novela negra nos enseña a mirar la modernidad y su gran manifestación: el capitalismo. Todos tenemos una idea de cómo funciona el mundo del dinero por la novela negra, y luego por el cine. De no existir seríamos más corderitos de lo que somos.

 

Por este camino llegamos a tu labor como organizador del Festival Azabache (Negro y Policial) de Mar del Plata. Háblanos de qué es, cómo surgió la idea, quienes lo organizan y qué experiencias, ya sean positivas o negativas, les ha dejado.

El Festival Azabache nace en una charla de café entre amigos. De ahí a lograrlo hubo un gran paso, donde fue determinante el apoyo del intendente de Mar del Plata. Surge originalmente como una especie de copia de menor envergadura de la Semana Negra de Gijón, y muy rápidamente fue mutando a un espacio de características propias, donde no todo es el género negro, y hay tiempo y lugar para cosas alternativas, incluso lúdicas. Lo negativo es que es mucho trabajo no recompensado económicamente (lo organiza una ONG sin fines de lucro). Lo positivo es que me relacionó con casi todo el ambiente literario, nacional y en parte internacional. 

 

Hablemos del binomio Novela y Sociedad. ¿Puede considerarse la novela argentina actual un espejo, ya sea crítico, mimético o falseado, de fenómenos tan convulsivos como la dictadura, el peronismo o los graves conflictos políticos que conmueven hoy el escenario de tu país? Lo comento porque mucha de la novela argentina que he leído, para decirlo en generosas palabras, “apuesta por temáticas más universales, menos nacionales”.

La novelística argentina es muy amplia, e incluye también apuestas por temáticas universales, como bien decís. Quizá sea simplemente el intento de tener, además de otras cosas, al menos una novela más comercial, o de éxito. En cuanto a cómo está abordando la narrativa argentina los temas más urgentes, sean el peronismo, la dictadura, o la guerra de Malvinas, me parece que lo hace en perspectiva, como si necesitáramos tiempo (décadas) para abordar esos temas calientes. No veo nada de problemático en eso. Recuerdo a Gunter Grass diciendo que aún no estaba escrita la novela del muro de Berlín. En ese sentido, ahora se están dando novelas que abordan la guerra de Malvinas. En cuanto al peronismo o la dictadura, diría que se cuela más comúnmente en la narrativa local, ya que es imposible mirar hacia atrás sin verlos ahí, llamándote. Y ahí hay mucha tela para cortar, así que seguirán apareciendo; es lo nuestro, no hay vuelta que darle.

 

Cuando leía tu novela Caza Mayor, sobre la persecución de nazis escondidos en Argentina, me llamó mucho la atención como el prismas del humor, de la ironía, ayudaba a que un tema tan complejo, tan truculento, cayera en la historia con menos truculencia, con mayor naturalidad. Incluso la estructuración de la obra en tono de parodia (una especie de cacería que tiene mucho de tragicómico) contribuye a la efectividad del discurso. ¿Me equivoco? ¿Cómo concebiste esa novela?

La novela surge de un cuento de dos viejos cazando en el campo, uno cazador de nazis, el otro un viejo nazi. Se llamaba “Don Max, cazador”, y el personaje de don Max estaba inspirado en un vendedor de ropa que solía alojarse en casa de una tía en el pequeño pueblo donde nací: Carlos Pellegrini. El humor es el patetismo que significa que dos viejos se persigan, de espaldas a todos, para terminar librando su batalla final en el culo del mundo, Argentina. El humor es también la vida misma que se cuela en la tragedia. Llorar vamos a llorar, pero mientras podamos, tratemos de reírnos. No creo que llegue a ser parodia, sino algo más del estilo de las bromas en los velorios. Creo que el humor vuelve humana a la tragedia. Mi broma preferida es que el nazi esté leyendo a Ana Harendt cuando el judío lo encuentra. Que se ría el que pueda.

 

Finalmente se impone una pregunta, casi un tópico: ¿Qué nuevo proyecto te ocupa?, ¿qué pueden esperar tus lectores próximamente?

Estoy explorando más profundamente mi relación con el humor. Acabo de terminar una novela donde me meto con las taras de la iglesia como institución histórica, Ignacio de Loyola y Juan Calvino. Se llama El sermón de las malas lenguas, es una novela absolutamente rabelesiana; me divertí mucho al escribirla. Sin embargo creo que el humor suele no ser del todo bienvenido en la literatura, donde pareciera que lo sombrío se impone y siempre tendrá mejor prensa y seguidores. Pero insisto con el humor porque creo que es la única condición natural del escritor, que no se aprende ni se enseña. Además me falta una corrección final a una novela donde aparece el tema de Malvinas, y como estuve en cuatro eventos de literatura negra en pocos meses, me dieron ganas de volver al género. Quizá el año que viene, porque antes tengo que escribir una obra de teatro que me ronda por la cabeza