"La decadencia de la cultura
es tan antigua como la propia cultura"

Entrevista al escritor alemán Hans Christoph Buch

Amir Valle

hans-christoph-buch-otrolunes31Nacido en Wetzlar en 1944, cuenta entre sus ancestros con lo último que uno espera de un escritor alemán: una abuela haitiana. Su abuelo vivió como farmacéutico en esa maltratada nación del Caribe, y varias de las obras de Buch tienen a Haití como tema central. Su debut literario tiene lugar con una temprana lectura de sus primeros relatos en una sesión del mítico Grupo 47 en el año 1963. A lo largo de esa década, Buch fue también un intelectual muy activo, vinculado a los movimientos estudiantiles de la época, y todavía hoy lleva con la misma dignidad el calificativo que hasta hace muy poco era todo un distintivo de prestigio en Alemania: el de un Altachtundsechziger (un veterano del 68). Conoció a algunos de los activistas que más tarde, fruto de un proceso de radicalización, terminaron abrazando la causa del terrorismo, como Andreas Baader o Ulrike Meinhof. Pero su mirada lúcida y escéptica, su conocimiento profundo del Tercer Mundo y de los intrincados mecanismos de poder tanto en Occidente como en los países controlados desde Moscú, le hicieron alejarse, ya desde entonces, de los extremos, acercándolo más a un marxismo no dogmático que, unido a una vasta cultura cosmopolita, marcaría de un modo definitivo el tono deliciosamente irónico, lúdico, grotesco y sarcástico de su obra narrativa.
Hans Christoph Buch es uno de los mejores representantes en lengua alemana de lo que podriamos llamar novela postmoderna, y cuenta con una vasta obra narrativa y ensayística que incluye, entre muchísimos otros, títulos como: Unerhörte Begebenheiten (1966), Die Scheidung von Santo Domingo (1976), Die Hochzeit von Port-au-Prince (1984), Haiti chérie (1990).

Uno de sus libros imprescindibles es, a juicio de este presentador, Blut im Schuh (Sangre en los zapatos), donde los relatos sobre la brutalidad vivida en distintas zonas en crisis establecen un escalofriante diálogo con el Laocoonte de Lessing, otorgando actualidad a la eterna cuestión sobre los límites del arte para expresar la realidad.

José Anibal Campos,
traductor cubano.

 

Empecemos por explicarle a nuestros lectores un detalle de tus inicios que creo importante: ¿qué fue el Grupo 47, quienes lo integraron y que consideras ha sido su aporte a las letras alemanas?

hans-christoph-buch-6-otrolunes31El Grupo 47 fue un grupo informal de escritores que se reunían una vez al año para leerse sus manuscritos. Fundado en 1947 por soldados que regresaban de la guerra, como Heinrich Böll, el Grupo 47 ganó poder e influencia, al contar con autores como Günter Grass, Hans Magnus Enzensberger, entre otros, hasta el punto de que en su comparecencia en Princeton en 1966, Peter Handke se refirió a ellos como “Sterbeglocke”1. Yo era el miembro más joven del grupo 47 (desde 1963, con solo 19 años), y allí conocí a importantes escritores, críticos y editores.

 

He leído que se te considera el más grande viajero de los escritores alemanes, básicamente porque la mayoría de tus libros son el resultado de tu vida en otros países o de tus viajes por el mundo. Usualmente es algo que suele ser útil al periodista, pero, como escritor, ¿qué aportes crees que te ha dado, por ejemplo, vivir en Haití, conocer el “espíritu” caribeño?

Acabo de regresar de la isla del Pacífico Juan Fernández, donde sucede Robinson Crusoe y a la cual viajé acompañado por los escritores chilenos Carlos Franz y Arturo Fontaine, con la intención de recopilar material para la escritura de una nueva versión de esa novela. En el otoño de 2012 estuve en Nueva Guinea tras las huellas del pintor expresionista Emil Nolde, quien visitó en 1913 ese todavía hoy país salvaje, por entonces una colonia alemana y, al igual que Gauguin, recibió un importante impulso para su arte.

Muchas de mis novelas surgen de esos viajes, en los que Haití es el centro neurálgico porque mi abuelo como farmacéutico y botánico emigró allí y se casó con una criolla que no hablaba ni una palabra en alemán, excepto “cerdo” y “patatas”. Haití me fascinó desde el principio: El fascismo tropical de Papa Doc, el régimen de marionetas de Baby Doc, el vudú, el arte haitiano, la literatura y la música – una cultura caribeña similar y, sin embargo, muy diferente a la de Cuba.

Después de haber presenciado el derrocamiento de Baby Doc en Haití, incluyendo una masacre en la jornada electoral en noviembre de 1987, el periódico Die Zeit me envió a diferentes zonas de crisis en el Tercer Mundo – a Liberia, Sierra Leona, Ruanda, Sudán, Camboya, Timor Oriental, pero también a Argelia, ex Yugoslavia y Chechenia, y me convertí en un reportero de guerra, una experiencia extrema que ha cambiado mi vida y mi escritura.

 

Llama mucho la atención que, como algunos otros miembros de tu generación, participaste en los movimientos estudiantiles de los años 60 pero con una clara conciencia crítica desde muy joven hacia los dogmatismos del marxismo. ¿En qué sentido esas luchas influyeron en tu literatura?

Yo participé en los movimientos de protestas de 1968 y había estudiado el Marxismo-Leninismo a fondo, pero también de un modo crítico, por lo cual Berlín Oeste y Moscú me interesaban menos que Cuba o China. La sobredosis de ideología que me habían inyectado, me hizo inmune contra toda forma de dogmatismo y los viajes y estancias repetidas en Moscú, Pekín y La Habana me curaron de la ilusión de la superioridad del “Socialismo Real” sobre el Occidente y de que no era la “etapa más alta del subdesarrollo” como escribió Enzensberger. Al mismo tiempo estaba y estoy fascinado con el talento para la improvisación y la cultura de la supervivencia del pueblo, que saca provecho de la peor realidad – en todo caso, algo que pertenece a la utopía.

 

Otra de las marcas de tu obra es una conversación, un diálogo subterráneo, entre el periodismo y la ficción literaria. ¿Son oficios que se complementan o que luchan entre ellos a la hora de crear? ¿Podrías ejemplificar cómo ocurre esa relación con alguno de tus libros más recientes?

hans-christoph-buch-7-otrolunes31A modo de ejemplo: Mi novela “Muerte en La Habana”, publicado en 2007, es una parodia o farsa con evocaciones literarias a la noveleta Muerte en Venecia, de Thomas Mann, que corre como subtexto imperceptible, tomando el lugar de la decadencia veneciana de fin de siglo la decadencia física, arquitectónica y moral de La Habana, el envejecimiento de la revolución, que se ha vuelto senil y esclerótica junto con sus protagonistas. El otro nivel de significado es más de carácter periodístico y cuenta la historia de mis viajes a Cuba, desde el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en 1978, mi trabajo como profesor invitado en la universidad y visitas privadas a La Habana hasta mi amistad con los frikis de Cuba como Wolfgang Eitel, y sin olvidar el turismo sexual como motivo central de la obra.

Como segundo punto, he incorporado en el texto reportajes sobre Cuba escritos por mí, fraccionados en perspectiva y distanciados a través de la distancia histórica. El diálogo entre el periodismo y la literatura está también presente en mi novela Apokalpyse África ​, y he dedicado a este tema un largo ensayo, traducido al español, que resume mi trabajo como reportero de guerra “Laocoonte o Sobre los Límites del periodismo y literatura “, publicado en Chile en el 2008 en la revista Estudios Públicos.

 

Una de las preocupaciones mayores de los investigadores y críticos literarios alemanes es la explosión de literatura comercial y la desaparición de varios de los editores o editoriales que durante décadas apostaron sólo a la calidad literaria y no, como sucede mucho hoy, a sus posibilidades comerciales. ¿Qué opinas de esa afirmación?

Antes nos encontrábamos regularmente jóvenes autores de Berlín oriental y occidental, en cantinas o Cafés, para discutir apasionadamente sobre literatura y política; eso sucede todavía pero sólo en mesas redondas pagadas y certámenes académicos. Antes había una generación extendida, un proyecto común llamado Literatura; hoy cada uno lucha para sí y Dios contra todos por un lugar en la lista de best sellers. La comercialización se complementa con la informatización de la literatura, pero no voy a quejarme, porque la queja estereotipada acerca de la decadencia de la cultura es tan antigua como la propia cultura.

 

Eres un escritor que ha vivido las últimas dos grandes etapas de la historia de la escritura periodística y literaria en materia tecnológica: aquellos tiempos en que se escribía en máquinas de escribir y estos de ahora en que escribir a mano o en máquina es considerado por muchos casi una aberración teniendo modernísimos programas de computadora, ipad e incluso teléfonos celulares donde puedes grabar en voz y luego pasarlo a texto con otro programa… ¿Qué ha significado la tecnología para ti como creador y en qué aspecto crees que ha aportado o afectado a la literatura?

La pregunta ya la he respondido a medias y me siento algunas veces como un esclavo de galera, que no está encadenado a la bancada de remeros o a la mesa de escribir, sino a su computadora. Pero la verdad es que el trabajo en la Laptop no sólo me ahorra mucho tiempo, sino también una engorrosa búsqueda y alivia inmensamente la transmisión de los textos – el télex y el telefax se ven hoy como los dinosaurios. Pero el ahorro de tiempo será pagado por la pérdida de tiempo, la frustración y la ira cada vez que el ordenador o la impresora se te rebelan – al final, el resultado es el mismo.

 

Al ser OtroLunes una revista de cultura hispanoamericana me gustaría hacerte una pregunta relacionada con la actualidad en Latinoamerica. El llamado “giro hacia la izquierda” o “socialismo del siglo XXI” en esa parte del mundo rescata un fenómeno que conmovió al mundo cultural universal en los años 60s: el debate de la literatura comprometida y la responsabilidad del escritor; es decir, el eterno dilema del histórico debate entre Sartre y Camus sobre si el escritor, el artista, el intelectual debe estar comprometido o no con las luchas de su tiempo. ¿Cómo ves tú, un alemán que conoce bien América Latina, este retorno a un viejo dilema?

hans-christoph-buch-5-otrolunes31En comparación con el debate entre Sartre y Camus o Vargas Llosa y García Márquez para mí la cultura política y literaria de debate es hoy una mesa vulgar y anacrónica, tal y como Hugo Chávez sólo ha sido una copia barata de un revolucionario, y así como los caudillos sudamericanos y los tele-evangelistas norteamericanos están más cerca que sus modelos Che y Fidel.

 

La editorial cubana Arte y literatura publicó en el 2012 tu novela Haiti Chérie, originalmente publicada en 1990 y, según se lee en la nota de contraportada, se trata de la segunda parte de una trilogía sobre Haití ¿Podrías contarle a nuestros lectores cuál es el origen de esa trilogía, y cuál es el tema de cada una de las tres partes?

El libro permaneció 16 años bajo el hielo, porque las autoridades censoras en la isla no podían o no querían imprimir la traducción realizada por Orestes Sadonval, que es excelente. Sin embargo, me alegro de que eso sucediera. Mi trilogía narra la saga familia de un farmacéutico alemán que emigró a Haití y, al mismo tiempo, la historia tragicómica de Papa y Baby Doc, una farsa sangrienta, en la que ojalá el lector se ahogue de la risa.

 

Me gustaría para terminar que le hablaras a nuestros lectores de tu obra más reciente. Para ello, he seleccionado algunos de los títulos que has publicado desde el 2000 hasta el presente y quiero que nos cuentes brevemente de qué tratan:

hans-christoph-buch-4-otrolunes31Caín y Abel en África (2001) es una novela sobre el genocidio en Ruanda, que yo viví de muy cerca como reportero de guerra, así como Monrovia, mi amor (2002) cuenta de la guerra civil en Liberia – experiencias traumatizantes, que hasta hoy me acechan  en las pesadillas. La R rodante de la Revolución (2008) es una colección de ensayos y reportajes de y sobre el Caribe y Latinoamérica; Viaje al mundo en ocho noches (2009), una novela autobiográfica, en la que el narrador se descarría sexualmente en el Tercer Mundo.  Lo mismo es válido para “Apocalipsis de África o Naufragio con espectadores” (2011) y “Barón Sábado o la vida después de la muerte” (2013), donde el foco es la tensión entre la realidad y la ficción.

 

¿Puede próximamente el lector en lengua española leer alguna otra obra tuya? ¿En qué proyectos andas actualmente?

Espero que mi más ambiciosa novela sobre el dios de los muertos en el Vudú, el Barón Sábado, pronto aparezca en español. En la actualidad estoy trabajando en una versión post-moderna sobre la historia de Robinson Crusoe.