Vuelve Nicolás Guillén

Sobre la antologíaSelección poética

Jorge de Arco

Selección poética
Nicolás Guillén
Faktoria K de Libros, España, 2013.

 

seleccion-poetica-guillen-librario-otrolunes31Conservo un artículo de ABC, fechado el 15 de octubre de 1967, en el que, bajo el título de “Son de Nicolás Guillén”, mi añorado amigo Rafael de Penagos hablaba de su encuentro con el gran poeta cubano, y recordaba cómo lo primero que conoció de él fue su voz, en un disco que un colega español le hizo escuchar en cierto lugar de Chile. Él memoraba esa voz “grave, pastosa, cálida… de cadencia tropical… agua oscura derramada”: “Mi patria es dulce por fuera/ y muy amarga por dentro”…

El verso dulciamargo del poeta de Camaguey (1902 – 1989) vuelve ahora en una cuidada edición de Kalandraka y, al leerlo, las palabras de Penagos se hacen presentes porque esa voz -ahora en el silencio de la letra-, suena tal cual él la definiera. Trece son los poemas aquí recogidos    -aquí escogidos- de cuatro de sus libros: “Motivos del son”  (1930), “Songoro cosongo” (1931), West Indies Ltd” (1934) y “La paloma de vuelo popular” (1958). Responsables de la edición, Federico Martín y Antonio Rubio, con ilustraciones del cubano -como Guillén- Nelson Villalobos.

Son, cadencia,  ritmo, música, canción, signos son del poeta. El son (de sonido) y el son (de ser) fundénse en su poesía, que discurre airosa y grácil, mas sin perder nunca su entraña doliente, clamante y denunciadora. A raíz de su muerte, ocurrida en el verano del 89, Antonio Buero Vallejo lo llamaba en “El País” “testigo lúcido e implacable”, y se detenía en puntualizar cómo nunca obvió esas “dos exigencias” propias del poeta consciente: “la de la altura estética, por un lado, y la de la responsabilidad social, por el otro”. Claro que el calificativo de Buero ha de entenderse en su mejor sentido, pues si nos atenemos de manera estricta al criterio del DRAE, “implacable” es que no se puede “aplacar”, y el talante poético de Guillén es -aun dentro de su firmeza- más conciliador que rebelde.

No podía faltar en este breve florilegio su “Balada de los dos abuelos”, uno de sus textos más reproducidos y, al par, más representativos de su hacer: “Sombras que yo sólo veo/ me escoltan mis dos abuelos./ Lanza con punta de hueso,/ tambor de cuero y madera,/ mi abuelo negro./ Gorguera en el cuello ancho,/ gris armadura guerrera,/ mi abuelo blanco”. Abuelos con nombres, Don Federico y Táita Facundo, que marcan su mestizaje y su verso. Ya en el primero de los poemas aquí seleccionados, “Un son para niños antillanos”, surge el contraste de lo autóctono y lo extraño (una extrañeza que acabaría siendo fusión plena): “Por el mar de las Antillas/ anda un  barco de papel,/ anda y anda el barco barco/ sin timonel… Una negra va en la popa,/ va en la proa un español;/ anda y anda el barco barco,/ con ellos dos”.

Con ellos dos, desde ellos dos, proyecta Nicolás Guillén todo el temblor -todo el fulgor- de su poesía, en la que  ingenuidad y graveza, color y luto, se dan la mano y danzan al contraluz de un horizonte, que se perfila y se desvae, al compás de esos dos astros -sol, luna- que acaso pudieran simbolizar los vaivenes de su alma, de su canto febril y corazonado.