El teatro en los auténticos intérpretes

Waldo González López

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Melpomene, musa griega del teatro.

Aunque en griego el término «actor» significa hipócrita (hypokrites) —por su ubicua condición de transformarse camaleónicamente en mil y una criaturas de igual número de obras —cuando un genuino intérprete se halla «en situación» (tal se denomina el momento clímax) logra transformarse en el personaje en que pretende convertirse.

 

El actor, ¿hipócrita o intérprete de mil criaturas?

Dicho de otro modo: el actor debe lograr el hecho vivo, corporal, que transcurre en un tiempo real frente ante los espectadores. Así, tal han confesado no pocos de los mejores creadores (aunque lo siguiente incomode al resto de los integrantes del hecho escénico: músicos, escenógrafos, como demás “técnicos”), por lo general, el teatro puede prescindir de escenario convencional, escenografía, texto prescrito, de toda clase de efectos y, hasta del director; pero no puede  prescindir de la presencia viva del actor, porque sin él desaparece el teatro. En consecuencia, el teatro constituye la escuela formadora insustituible e incambiable, y valga esta verdad de Pero Grullo, que algunos presuntos/novatos ¿actores? olvidan… o desconocen

Como el intérprete es él y sobre él descansa la representación teatral, bien sabe que él constituye el eje de la escena, aún de aquella que se realiza sobre un texto previo y bajo la conducción de un director.

Así, repito el meollo de este artículo: la formación del actor es el eje de toda formación teatral. De ahí, que lo esencial de la estructura pedagógica por la que debe guiarse el aprendiz de intérprete, siga los criterios de la formación continua. Es el actor, su cuerpo (su ser), quien hace la lectura del texto dramático literario, o lo crea desde su propia fantasía: el teatro es un arte corporal, porque es en el cuerpo del actor donde aquél vive y llega al espectador.

Por ello, no se distinguen técnicas corporales de técnicas interpretativas, sino que se orienta la interpretación desde impulsos corporales y forma al actor en la conciencia permanente de su corporalidad, de donde surge la acción, la afectividad, el pensamiento y la palabra. No pocos actores se han deslumbrando por la fama ocasional, en algunos casos; en otros, definitiva, y han perdido el Norte de sus carreras.

Al propio tiempo, y contrariamente, los más talentosos y cultos intérpretes, sabedores de que la escuela fue, es y será el ámbito donde se formarán (sin obnubilarse por la celebridad otorgada por una puesta o un filme que le concede la necesaria fama), jamás abandonan las tablas, a pesar tener muy claro que éstas no le proporcionan el necesario dinero, sino sólo el retornar, de tarde en tarde, a los decisivos orígenes: el fogueo y la práctica frente al público, don nunca concedido ni por las más espléndidas puestas o millonarias cintas.

 

El actor y su necesidad de la escena

En varios de mis artículos y comentarios aparecidos en mi columna de la web teatroenmiami.com., he resaltado la importancia y el valor que le confieren al teatro no pocos genuinos actores de cine, pues no han perdido de vista la esencia de las tablas para su decisiva creación/labor en la escena.

Por la significación que posee este tópico (y por lo que se sufre, sobre todo en la TV, a seudo intérpretes que, confiados en su figura y rostro, desestiman una sólida preparación pedagógica en una academia teatral, ignorando olímpicamente la relevancia que ese aprendizaje entraña para estos hoy aplaudidos “hipócritas”, quienes, mañana (cuando ya no posean su actual “encanto” ante sus miles de fans que ahora los siguen hasta por las numerosas revistas del corazón y los medios sociales), serán relegados por su ínfima capacidad histriónica y sólo acaso sean llamados a los estudios para ejercer de extras o esos “hombres (o mujeres) que pasa(n)”, según los mencionan los autores en sus piezas o guiones..

De tal suerte, en su brillante ensayo «El actor y la sociedad», el relevante dramaturgo argentino Juan Carlos Gené, apunta que durante este siglo, la escena ha ido dejando paulatinamente de ser masiva, inicial cambio sobre su imperio exclusivo de cuatro centurias. Aunados a ello, están “los perfeccionamientos vertiginosos de la comunicación ocurridos en los últimos decenios, terminamos de medir lo radical del cambio”.

Asimismo, Gené, con su habitual lucidez, recuerda que

el siglo xx generó puestas en escena memorables y actores grandes en número sin precedentes, fenómeno que creo en parte debido a la difusión generalizada de la educación popular, que como política natural y responsabilidad ineludible del Estado, es muy reciente. Esta educación permitió acceder al arte y a los bienes culturales en general a sectores sociales antes marginales, aun cuando constituyeran la inmensa mayoría de la población.

No menos singular es su observación, que resalta:

En todos los conflictos del siglo, el teatro ha hecho escuchar su voz, que ha sido la de sus actores. Y la irrupción de la post modernidad, ha sembrado en el teatro, como ya lo hemos visto, disoluciones insospechables sesenta años atrás y creaciones admirables: en todos los casos el actor, sostenido en un texto literario o librado a su propia creatividad, en la atmósfera recogida y algo solemne de los teatros de repertorio o ante públicos rumorosos de los teatros de revista o music-hall, bajo techo o en la calle, ha expresado los conflictos de su tiempo.

Mas, también precisa un hecho cardinal, y es que, con la invasión de los más recientes adelantos tecnológicos en los medios,

el siglo xx termina, también, con el monopolio del teatro en el entretenimiento público. Las masas de entre cien y mil personas que, en el pasado constituían el campo de batalla ideológico insuperable, hoy resultan ridículas cuando una transmisión televisiva a nivel mundial es vista simultáneamente por miles de millones de espectadores.

 

Una escuela, un método: el prestigio

Llegado a este punto, es válido recordar la legendaria Actors Studio, icónica asociación para actores y directores, dramaturgos y guionistas, cuyo prestigio es reconocido mundialmente, y no solo en Estados Unidos, donde se fundara y continúa su prestigiosa labor, iniciada en ya lejano 1947 por Elia Kazan, Cheryl Crawford y Robert Lewis, pero que vendría a lograr mayor reconocimiento mundial bajo la dirección de Lee Strasberg, quien asumiera la guía del centro cinco años más tarde, en 1952.

Hoy posee varias sedes, como las ubicadas en Old Labor Stage 432 West 44th Street de Nueva York y en el 8341 DeLongpre Avenue de Los Ángeles, California.

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Alfredo James “Al” Pacino.

Actualmente presidido por Al Pacino y Ellen Burstyn, Actors Studio es conocido por su rigurosa labor basada en un sólido método, a partir del enfoque desarrollado por el Group Theatre en los ‘30 del siglo pasado, a partir de las innovaciones del director, profesor y teórico ruso Konstantin Stanislavski, denominadas como el “método de las acciones físicas” o «sistema Stanislavski».

Esta técnica (sin duda, la más utilizada por los mejores actores en las academias, escuelas y compañías internacionales), consiste básicamente en lograr que el intérprete experimente, durante la ejecución del carácter de su personaje, emociones semejantes a las que sufre el dramatis personae; para ello recurre a ejercicios que estimulan la imaginación, la capacidad de improvisación, la relajación muscular, la respuesta inmediata a una situación imprevista, la reproducción de emociones experimentadas en el pasado, en la claridad en la emisión verbal y sobre todo en la memoria de los cinco sentidos del ser humano.

Durante su ejercitación en el Studio, los actores trabajan juntos para desarrollar sus habilidades en un entorno experimental, donde pueden asumir riesgos como intérpretes sin las presiones de los papeles comerciales.

 

Proceso de aceptación

El Actors Studio no es una escuela de actuación, la selección de sus miembros se realiza bajo un proceso riguroso por invitación y audición. Muchos de los miembros han hecho las audiciones en diversas ocasiones hasta lograr entrar. Una vez que se logra el título de miembro vitalicio, el trabajo en el estudio es gratis y voluntario.

De tal suerte, existen secciones de trabajo para actores, escritores y directores. En el estudio se trabaja en escenas que son complejas de montar en el teatro comercial común, y se desarrollan proyectos de cine y teatro en sesiones comunitarias donde los miembros moderan y critican los trabajos.

 

Miembros destacados

Entre muchos otros, vale la pena mencionar a los siguientes que, numerosos, representan no pocos de los cientos de ejemplos formados en esta icónica academia: desde dramaturgos de la talla de Tennesse Williams, Edward Albee, James Baldwin y Sydney Pollack, hasta un director como Lee Strasberg, quien dirigiera la academia, como señalé atrás, desde 1952.

Cientos de intérpretes amplían el enorme listado. Mencionaré, entre muchas otras, a célebres actrices que integran un arco que va desde Joan Crawford, Anne Bancroft, Ellen Barkin, Ellen Burstyn, Faye Dunaway, Sally Field, Jane Fonda, Barbara Harris, Julie Harris, Liza Minnelli, Marilyn Monroe, Julia Roberts,  Sissy Spacek, Susan Strasberg, Shelley Winters y Joanne Woodward, hasta las destacadas intérpretes latinas María Conchita Alonso y Lupita Ferrer.

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Si vamos a los actores, aparecen, igualmente, nombres esenciales en la cinematografía, como Marlon Brando, Montgomery Clift, James Dean, Alec Baldwin, Martin Balsam, Lee J. Cobb, Robert De Niro, Richard Derr, Robert Duvall, John Forsythe, Anthony Franciosa, Andy García, Vincent Gardenia, Paul Gleason, Lee Grant, Gene Hackman, Dustin Hoffman, Anthony Hopkins, Dennis Hopper, Israel Horovitz, Harvey Keitel, Robert Loggia, Steve McQueen, Michael Moriarty, Paul Newman, Jack Nicholson, Al Pacino, Chazz Palminteri, Sean Penn, Anthony Perkins, Ben Piazza, Sidney Poitier, Anthony Quinn, Cliff Robertson, Mickey Rourke, Kevin Spacey, Jo Van Fleet, Jon Voight, Christopher Walken, Eli Wallach, Peter Weller, Gene Wilder, Robin Williams, , entre muchos otros que aún viven y otros ya fallecidos.

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Ahora, y subrayo lo siguiente: estos numerosos y singulares ejemplos ni un momento dudaron en entrar en este icónico centro educacional del mayor nivel, guiado por el método de Stanislavski, básico, esencial, requerido para conocer a fondo las leyes de la interpretacicón.

 

La mayor validez de una actitud

Como vimos atrás (y a propósito, bien lo precisa Gené) que

la figura del actor […] constituye en sí misma una forma de resistencia, que sigue reclamando y afirmando la medida humana, la verdad sustancial del ser humano carnal, frente a una virtualidad que, en su omnipresencia, pareciera intentar sustituir aquella realidad por otra que, por virtual, no lo es: así como el teatro es no masivo por definición, la vida virtual no es vida sino apariencia, no es cuerpo sino imagen reproducida.

Aquella revolución que el teatro creía, muchas décadas atrás, podía contribuir a realizar para cambiar la sociedad, ha ocurrido: cambió la forma en que el teatro se ve a sí mismo, recuperó el sentido absoluto del presente teatral y la presencia del actor vivo ante el público como la única y gran condición para la existencia del teatro.

 

Dos válidos ejemplos contemporáneos

El gran actor británico Michael Caine
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Michael Caine y Jude Law.

En una vieja entrevista (reproducida recientemente por la colega Cyntha de Benito, de la española Agencia EFE y publicada por diario miamense El Nuevo Herald, en el suplemento «Séptimo Día» (domingo 17/marzo/2013),  apuntaba este “monstruo” de la  interpretación que no ha dejado de compaginar la cinematografía con su pasión por la escena: «El teatro es como una mujer que me maltrata, no importe lo bien que la trate yo a él. Es fácil saber de quién estoy enamorado.»

 

Otro destacado actor británico: Jude Law

El intérprete de la última versión cinematográfica del clásico Sherlock Holmes no se arrepiente de ninguno de sus pecadillos de estos 40 años porque como dijo: “para llegar a donde estás uno tiene que pasar por las mismas cosas”.

Puestos a elegir en su carrera, los trabajos que le deparan más orgullo son los que hizo a las órdenes del fallecido Anthony Minghella (El talento de Mr. Ripley y Cold Mountain, por los que fue candidato al Oscar, y Breaking & Entering), pero a la hora de resumir lo aprendido en este tiempo solo tiene un consejo que dar: «No te creas la fama. Disfruta del trabajo, de la experiencia pero no esperes mucho del resultado. Eso no importa tanto. Lo importante es el camino y los amigos con los que trabajas. Esas son algunas de las cosas que he aprendido en estos 40 años».

Del Autor

Waldo González López

Waldo González López
(Puerto Padre, Las Tunas, Cuba. 1946) Poeta cubano, ensayista, crítico literario y teatral, antólogo y periodista cultural. Graduado de Teatro en la Escuela Nacional de Arte (1971) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana, Universidad de La Habana (1979). Hasta el 2011, cuando abandonó la Isla para venir a residir a Miami, integró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en sus Asociaciones de Poesía, Literatura para Niños y Teatro.

Laboró en la Escuela Nacional de Arte (donde impartió clases de Historia de la Literatura para Niños y Jóvenes, en la Cátedra de Teatro para niños fundada por él y la actriz y directora escénica María Elena Espinosa, y de Historia del Teatro Universal y del Teatro Cubano, también creó el Archivo de Dramaturgia).

Entre 1990 y 2010, fue periodista cultural de las revistas Bohemia, Mujeres y Muchacha y colaboró con las especializadas Casa de las Américas, Unión, La Gaceta de Cuba, Universidad de La Habana y Biblioteca Nacional José Martí. Recibió importantes reconocimientos por su labor escrituraria y periodística, como, entre otros: Mención del Concurso Plural (México, 1990) por su poemario Salvaje nostalgia; Premio “13 de Marzo” (1976), de la Universidad de La Habana, por su poemario para niños Poemas y canciones y varias Menciones en los Concursos «Ismaelillo», de la UNEAC y «La Edad de Oro», de la Editorial Gente Nueva. En la Isla, publicó una quincena de poemarios, un volumen de ensayo, dos de crítica literaria y otro de crónicas, así como diversas antologías de poesía y poesía para niños, décima y décima para niños, cuento y teatro. Colaboró con publicaciones extranjeras con ensayos, artículos, crónicas y poemas. Sus versos han sido traducidos al inglés y francés y publicados en revistas de EUA y Francia, así como ha publicado poemarios en México y Colombia, y un volumen de ensayos sobre lectura y literatura en Ecuador.