Escribas

Fragmentos del libro homónimo
(Betania, 2013)

Aimée G. Bolaños

aimee-g-bolanos-otrolunes31Sobre Escribas:

Libro rico e inclasificable de biografías imaginarias de diosas y personajes que a través de la historia han sido escribas y que comienzan a fundar cuando vislumbran “el silencio abismal”, cuyo influjo precede y patrocina las vivencias y reflexiones personales: testimonio cósmico o ensayo lírico sobre el misterio de la voz poética en sus múltiples avatares en el tiempo. De lo mítico a lo personal, se acrisola la voz en este libro donde encuentro patios familiares e islas peregrinas de hermosas resonancias. Hay una gran erudición tras la seductora narración que siempre desemboca en iluminaciones atemporales: se ilumina el enigma sin romper el misterio con que se vive.

Juana Rosa Pita

 

Historias de Escribas

Amina da Anunciação (1959), futura autora del Éxodo

 

Nunca me había sido permitido, lo que no significa que no lo hiciera, si bien evitando el divino tetragrama y cuando no estaba menstruada. Oficio de hombres, como casi todos los históricos. Salvo parir, amamantar, cuidar el fuego del hogar. Oficio apetecible el de escriba, de devoción minuciosa, esmerada. Ni entiendo bien por qué tanto celo en el gremio; tal vez, una cuestión de poder, en este caso, el que emana de la letra.

Estudié, durante innumerables años, lenguas antiguas y caligrafías. Ni me casé ni amé a hombre alguno. Muchos me enseñaron, pero no tuve maestros. Soy escéptica y cultivo la duda, quizás por eso me dedico a las escrituras sagradas. Nunca me canso de ellas. Sus significados tan inestables y vagos han sido el más grande placer en el arte que practico.

Intérpretes, descodificadores y exégetas siempre me dejaron fría. Porque no hay nada que descifrar en esa oscuridad que fulgura, las palabras son formas esplendentes. Precisamente, mi oficio es evidenciar su forma y sin ayuda de nadie, mucho menos de hermeneutas. Nadie como una copista para saber que las palabras pueden, por sí mismas, magnificarse y miniaturizarse. Refulgir y brillar. O quedarse casi apagadas, quietas hasta encontrar su resonancia perfecta.

Me he consagrado a la Torah escrita. Con mi mano copio los mundos superiores en los inferiores. Gotea mi tinta en los pergaminos, dando forma al fundamento que va al encuentro del reino. Entendimiento tengo, a camino de la sabiduría, punto más alto, aunque sin remate, de cualquier escriba.

Pertenezco a una rara estirpe, no en extinción, sino a duras penas existente. Soy una sefirot, mujer escriba. Por ahora, y a pesar de mi trabajo esforzado, solo puedo copiar el Libro de Ester, en el que los escribas, todos hombres, dan noticias con las innumerables lenguas y modos del vasto imperio persa.

Se me ha encomendado esta labor porque en el Libro no aparece el nombre de Dios, nombre que en esta página aquí y ahora escribo, contra toda prohibición temporal. Con este gesto y porque conozco el tema de una manera entrañable, me preparo para escribir el Éxodo, un día.

 

 

Escrituras de A

 XV

 

Los que nacemos en una isla amamos los viajes. Somos de isla, isleños, no solitarios ni aislados. Porque isla es habladora, abierta al mundo, en continuo movimiento, sin dejar de ser ella. Los isleños siempre vuelven a sus islas, también las llevan consigo en cada uno de sus viajes. Y cuando están lejos, y aun más tristes, las buscan dentro de sí para escribirlas reverdecidas y risueñas.

Viajar es una ocupación fatal isleña. Con fatal quiero decir inexorable, no necesariamente trágica, aunque para muchos de mi isla lo haya sido. A veces viajar puede ser una odisea feliz, de metamorfosis, su lado más atrayente.

Y cuando escribo viajar, no me refiero a turistas accidentales, sino a los obstinados viajeros del mundo contemporáneo, tan iguales a los antiguos. Todos extraordinarios ejecutantes del tema mayor del éxodo. Ni dudo que Chagall, entre sus mejores intérpretes.

Hay quien escribe exilio y muestra su herida política, en ocasiones, no solo expulsión, sino soberana voluntad de no estar más, cuando la historia se hace insoportable. El famoso portazo de Rimbaud. Pero exilio puede ser también metafísico, de la existencia, una ausencia esencial. Aquel albatros de Baudelaire. Exilio es una palabra tan fuerte que, cuando la usamos, nos arrasa y deja deshabitados. Otros prefieren destierro, que siendo también política, parece ir al encuentro de un telos perdido y es más romántica. Y ni hablo del repertorio posmoderno que encontró una mina en los viajes.

Me gusta la palabra diáspora, que es síntesis de viajes emblemáticos, una palabra que no cesa de transformarse y transformarnos cuando vivimos en ella. Sin diáspora, seríamos apenas sin tierra, sin hogar, sin techo. Me reconozco diaspórica, aunque la palabra, así derivada, no sea tan bonita, más parecida a una enfermedad, lo que no deja de ser cierto.

Diáspora me permite nombrar ciertas habilidades de diseminación y siembra que he aprendido a la fuerza. Soy casi especialista en crear hogares fuera del hogar e imposibles regresos. Y aunque me traduzca y travista, quiero conservar mi centro, que no sé donde está, siempre en movimiento. Como viajera hábil, dejo marcas por donde ando. Por su parte, el viaje interminable me ha tatuado figuras coloridas de azarosa trama. Cuento desatinos.

En fin, me quedo con diáspora. Es excitante, dramática, confusa. Nombra lo que quedó atrás, también caminos abiertos. En ella cabe toda la ficción de la memoria: familia, casa, infancia. La isla entera.

Así, La isla que viaja pudiera ser el título de un próximo libro. Con originales citas en chino que hablen del que regresa, que nunca es igual al que partió, y de cómo el viaje más largo empieza con el primer paso.

Del Autor

Aimée G. Bolaños
Escriba y lectora de ficción. Profesora de literatura de la Universidade Federal de Rio Grande, Brasil y profesora adjunta de la University of Ottawa, Canadá. Doctorado de Literatura Latinoamericana en la Rostock Universität, Alemania; posdoctorado de literatura comparada en la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Brasil. Ha publicado numerosos artículos en diversas revistas de América Latina y Europa, sobre todo referidos en los últimos años a la poesía femenina cubana y brasileña. Publicaciones recientes: Sus lecturas de poesía de la diáspora cubana integran numerosos libros Poesía insular de signo infinito. Una lectura de poetas cubanas de la diáspora (2008). Ha escrito sobre el concepto de diáspora para el Dicionário das mobilidades culturais: percursos americanos (2010); Voces negras de la literatura de las Américas (coorganizadora, 2011). Poesía: El Libro de Maat (2002), Las Otras. Antología mínima del Silencio (2004), Layla y Machnún, el amor verdadero, (coautoría, 2006), Las palabras viajeras (2010). Narrativa, Escribas (2013).