Otros enlaces entre cubanos y las casas reales europeas

Leonel Antonio de la Cuesta

La representante más actual de la nobleza cubana, María Teresa Mestre y Batista-Falla enamoró al Gran Duque de Luxemburgo, Henri, mientras cursaban en la Universidad de Ginebra, Suiza. Ella y Henri (58) se casaron el 14 de febrero de 1981, el Día de los Enamorados, y tuvieron cinco hijos que hablan perfecto el castellano que les enseñó su mamá. Guillaume Jean Joseph Marie es el heredero al trono del Gran Ducado, seguido por Félix, Louis, Alexandra y Sébastien.

La representante más actual de la nobleza cubana, María Teresa Mestre y Batista-Falla enamoró al Gran Duque de Luxemburgo, Henri, mientras cursaban en la Universidad de Ginebra, Suiza. Ella y Henri (58) se casaron el 14 de febrero de 1981 y tuvieron cinco hijos que hablan perfecto el castellano que les enseñó su mamá. Guillaume Jean Joseph Marie es el heredero al trono del Gran Ducado, seguido por Félix, Louis, Alexandra y Sébastien.

Cuando publiqué en esta revista mi primer artículo sobre Cuba y la monarquía indiqué que:

Primero, la monarquía al estilo europeo no existe solo en Europa, Asia y África sino también en nuestro continente: Canadá, Jamaica, Belice y algunas otras Antillas Menores. Así mismo recordé que en el siglo XIX hubo dos imperios en Méjico, dos en Brasil y dos en Haití, aparte de un reino. Además, en varios países hispánicos (por ejemplo: Argentina) se jugó con la idea de la monarquía. Sin embargo, es difícil relacionar a las naciones del Nuevo Mundo con la monarquía porque hace más de un siglo ningún soberano ha residido en los territorios descubiertos por Colón, ni existe una nobleza que tenga una importancia política notable.

Sentadas estas bases me referí específicamente a Cuba y señalé que en esta materia el archipiélago cubano tenía una situación paradójica pues, por una parte, en ninguno de los proyectos constitucionales elaborados en el siglo XIX (y mucho menos en las Constituciones del XX) se mencionaba la monarquía como posible forma de gobierno. Sin embargo, había una voluminosa nobleza autóctona y varios hijos del país habían entrado en las familias reales europeas por medio del matrimonio.

Ya he publicado artículos sobre José Güell y Renté, Edelmira Sampedro y Robato, Marta Rocafort, y Jorge Guillermo. En breve publicaré otro artículo sobre María Teresa Mestre, gran duquesa de Luxemburgo. Aparte de los mencionados que se casaron con miembros de la realeza, existe otra categoría formada por aquellos que contrajeron nupcias con miembros menores de las casas reales. Sus nombres son:

María Amelia Bellow-Hamel-Paset, condesa de Rocca Guglielma, casada el 22 de marzo de 1869 con Luis de Borbón y Braganza, conde de Aquila, de las reales casas de Borbón y Braganza (Portugal y Brasil).

María Luisa de la Torre y Bassave, casada el 15 de septiembre de 1877 con Francisco de Borbón y Castellví, este era hijo de Enrique de Borbón y Borbón, duque de Sevilla y nieto del infante Francisco de Paula de Borbón. Enviudó y se casó el 15 de febrero de 1890 con Felisa de León y Navarro de Balboa, también cubana.

María de la Caridad Madan y Uriondo, casada el 6 de abril de 1885 con Pedro de Borbón, duque de Durcal.

Para dar una idea de la cantidad de títulos nobiliarios cubanos voy a transcribir la lista que aparece en la obra de Rafael Nieto y Cortadellas Dignidades nobiliarias en Cuba, publicada en Madrid por la editorial Cultura Hispánica en 19541. Los mismos son los siguientes:

Ducados:

Mola, con Grandeza2; Santoña, con Grandeza; Torre, con Grandeza; Unión de Cuba, con Grandeza.

Marquesados:

Aguas Claras; Álava; Alméiras; Almendares; Alta-Gracia; Apezteguía, con Grandeza; Arcos; Argudín, pontificio; Argüelles, con Grandeza; Avilés; Balboa; Bayamo; Bellamar; Bella-Vista;  Bueno, pontificio; Cáceres, con Grandeza; Campo-Florido; Candelaria de Yarayabo; Cañada-Honda; Cañada-Tirry; Cárdenas de Monte-Hermoso; Casa-Angulo; Casa-Argudín; Casa-Cagigal; Casa-Calderón; Casa-Calvo; Casa-Cantín; Casa-Madrid; Casa-Maury, pontificio; Casa-Montalvo; Casa-Núñez de Villavicencio y Jura-Real; Casa-Peñalver; Casa-Ramos de la Fidelidad; Casa-Sandoval; Casa-Tavares; Casa-Torres; Casa-Tremañes; Cavalcanti; Caviedes; Cervera; Cienfuegos; Dávalos; Delicias de Tempú; Dos-Hermanas; Du’Quesne; Esteban, pontificio; Esteva de las Delicias, con Grandeza; Faura, pontifici; Fuente de las Palmas; Gaviria; González; Granja de San Saturnino; Gratitud; Guadalcázar, con Grandeza; Guaimaro; Güell; Guisa; Habana, con Grandeza; Hijosa de Álava; Isasi; Jústiz de Santa Ana; Larrinaga, pontificio; Manzanedo; Marianao, con Grandeza; Marín; Mejorada del Campo; Miravalles, con Grandeza; Moncayo; Monte-Corto; Montelo; Montesclaros; Montoro; Mont-Roig; Muñoz de Baena, pontificio; Muros; Novaliches; O’Gavan; O’Reilly; Palomares de Duero; Peñuela; Perinat; Pesadilla; Pezuela; Pinar del Río; Placetas; Prado-Ameno; Preux, francés; Rabell; Real Agrado; Real Campiña; Real Proclamación; Real Socorro; Real Tesoro; Regueras; Rendón; Revilla de la Cañada; Rialp;  Rosa; Samá; San Carlos de Pedroso; San Eduardo; San Felipe y Santiago; San Martín de la Ascensión-Loinaz, pontificio; San Miguel de Aguayo; San Miguel de Bejucal; Santa Ana y Santa María; Santa Lucía; Santa Olalla; Santa Rita; Santa Rosa; Santa Susana; Secada de Matienzo, pontificio; Taironas; Tiedra; Torrecasa; Torrelavega; Ulzurrun, pontificio; Ustáriz; Valcarlos, con Grandeza; Valdecilla, con Grandeza; Valero de Urría; Valle-Siciliana; Vega de Anzó; Velasco del Moro; Victoria de las Tunas; Viluma; Villalba; Villalta; Villa-Real de Burriel; Villa-Urrutia; Villavieja; Zarco.

Condados:

Almaraz; Arenales; Argelejo; Armildez de Toledo; Asalto, con Grandeza; Bagaes; Baynoa; Buena-Esperanza; Buena-Vista; Campo-Alegre; Canímar; Casa-Barreto; Casa-Bayona; Casa-Brunet; Casa-Eguía; Casa-Lombillo; Casa-Moré; Casa-Ponce de León y Maroto; Casa-Romero; Casa-Sedano; Caspe; Castillo, con Grandeza; Castillo de Cuba; Cuba; Cheste ;Diana; Duany; Du’Quesne, condado, vizcondado y baronía franceses3; Ezpeleta de Beire, con grandeza; Fernandina, con Grandeza; Fernandina de Jagua; Galarza; Gibacoa; Güemes; Halcón; Ibáñez; Lagunillas; Lersundi; Llovera; Macuriges; Madan; Merlín, pontificio; Montornés; Morales; Mortera; O’Reilly; Palatino Lateranense, pontificio de denominación genérica; Pedroso y Garro; Peñalver; Pinofiel; Playa de Ixadain;  Pozos-Dulces; Puente; Reparaz; Reunión de Cuba; Revilla de Camargo; Revilla-Gigedo, con Grandeza; Rivero; Rocca-Guglielma; Rosillo; Sagunto; San Antonio; San Buenaventura; San Esteban de Cañongo; San Félix; San Fernando de Peñalver; San Ignacio; San Juan de Jaruco; San Rafael de Luyanó; Santa Cruz de Morox, con Grandeza; Santa Inés; Santa María de Loreto; Santiago; Santovenia; Tejada de Valdosera; Vallellano; Valle de Orizana; Vegamar; Villamar; Villanueva, con Grandeza; Villaseñor; Viñaza, con Grandeza; Xauren; Yumurí; Zaldívar.

Vizcondados:

Bahía-Honda de la Real Fidelidad; Canet de Mar; Casa-Blanca; Casa-González; Cuba; Huerta; Portocarrero; Remedios; Santa Clara; Torres de Luzón; Valvanera.

Baronías:

Késsel, alemana; San Miguel de la Atalaya, territorial.

A esta interminable lista habría que añadir la de los cubanos que fueron miembros de las órdenes militares españolas (Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa) soldados mitad guerreros y mitad mojes que aparecieron durante la Edad Media para la Reconquista de España de manos del islam y que han subsistido hasta nuestros días4.

Ahora bien, ¿qué importancia tuvo la nobleza criolla en el desarrollo histórico de Cuba? Adelanto que, en mi opinión, como grupo o facción, ninguna; individualmente, poca.

Recordemos que la historia política de Cuba se inicia en 1812 en ocasión de la Guerra de Independencia española. Antes de esa fecha, aparte de la Sublevación de los Vegueros contra el estanco del tabaco, y la rebeldía de los esclavos en El Cobre, hay sin embargo, un hecho importante en el que algunos historiadores ven el principio de la nacionalidad cubana: la toma de La Habana por los ingleses en 1762. En la defensa del territorio se destacaron varios cubanos que fueron más tarde ennoblecidos por Carlos III, a saber: José de Zequeira, quien recibió el condado de Lagunillas; el marquesado de Casa-Peñalver, le fue otorgado a Gabriel de Peñalver; Jacinto Barreto fue agraciado con el condado de Casa-Barreto; Pedro Calvo de la Puerta recibió el condado de Buenavista, y el condado de Jaruco le fue concedido a Pedro Beltrán de Santa Cruz5.

En la Guerra de Independencia española, librada contra el rey intruso José Bonaparte, se encuentran cubanos en ambos bandos. Entre los defensores de la soberanía nacional se destacaron Rafael de Arango, uno de los impulsores de la sublevación del Dos de Mayo, en cuyos brazos cayó mortalmente herido Luis Daoíz, héroe por excelencia de aquella gesta. Andrés, hermano de Rafael, fue el segundo al mando de los ejércitos españoles que en la Batalla de Bailén derrotaran, por primera vez en Europa, a los ejércitos napoleónicos.

Del lado de los partidarios de José Bonaparte encontramos a Gonzalo O’Farril y Herrera, ministro de la Guerra y Miguel de Azanza. Más tarde, durante la primera restauración de Fernando VII, otro cubano, Pedro de Zayas, mandó las tropas que escoltaron al Deseado en su entrada triunfal en Madrid (1814). Ya antes, en la revuelta de Aranjuez otro noble cubano, Vicente de Arango y Quesada, fue quien detuvo y encarceló al favorito Manuel Godoy. Durante el reinado de Fernando VII este noble cubano cometió una serie de acciones innobles al perseguir sin cuartel a los liberales6 y propiciar la muerte de Mariana Pineda, así como mandar la tercera columna de los Cien Mil Hijos de San Luis. Por todas estas acciones nefastas fue linchado durante la revuelta de La Granja en 1836. También en la lista de bribones hay que anotar al conde de Jaruco, compinche de negocios sucios de Manuel Godoy.

Entre 1812 y 1898, los nobles cubanos entran en la escena política insular perteneciendo a los diversos grupos: a los partidarios del status quo en su inmensa mayoría, aunque hubo de todo. Entre los reformistas estuvo el conde de Pozos Dulces, Francisco de Frías y Jacot. Entre los autonomistas, una buena cantidad de ellos, entre los cuales se destacó el marqués de Montoro, Rafael Montoro. Entre los anexionistas, José Luis Alfonso y García de Medina, marqués de Montelo. Entre los separatistas, baste señalar al marqués de Santa Lucia, Salvador Cisneros Betancourt, cuya vera efigie hubo de aparecer en los billetes de banco cubanos, después de la instauración de la República.

Aparte de la política, algunos miembros de la nobleza criolla se dedicaron a otras actividades. Entre ellas la literatura. Anotemos para empezar a nuestro conocido José Güell y Renté; al conde de Pozos Dulces en periodismo y a María Mercedes de Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlín. Su caso es muy especial pues aunque buena parte de su obra es de tema cubano fue escrita en francés. En el siglo XX brilló en la crítica literaria y en la historia de la literatura José María Chacón y Calvo, conde de Casa-Bayona. Fue director de la Academia Cubana de la Lengua, presidente del Ateneo de La Habana y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva.

Otros nobles se asociaron con proyectos destinados al avance económico, como la construcción del primer ferrocarril cubano que se adelantó en diez años al primero en la Península. El conde de Jaruco y Mopox, por otra parte fue el primero en utilizar el molino de vapor en la industria azucarera insular. Otros fundaron pueblos y villas como es sabido.

Hay algunos más pero no quiero alargar esta interminable lista. Es posible que otros no reclamaran sus títulos hereditarios pues aparte del costo, hay que recordar que España estuvo sin rey de 1936 a 1975. Algunos no los usaban por modestia (ese fue el caso de Chacón y Calvo). De todo ello quizá podría dar fe la Academia Cubana de Heráldica y Genealogía fundada en La Habana a mediados de los años cincuenta del pasado siglo como institución privada. En ella se destacó el doctor Ángel Francisco La Rocca y Ferrer, príncipe de Alcontrés según se hacía llamar.

Para terminar quisiera sugerir las razones por las cuales creo que la nobleza cubana como ente social tuvo muy poca importancia en los acaecimientos históricos de Cuba. El ilustre historiador Leví Marrero Artiles afirma que en su gran mayoría los cubanos ricos se procuraron títulos de Castilla desde finales del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX7. Fue una nobleza de pergaminos, es decir, no se basaron en la participación de hechos heroicos ocurridos en Cuba con algunas excepciones como la toma de La Habana por los ingleses, sino más bien por ayudar a la Corona brindando asistencia al Real Erario en situaciones difíciles: donativos o préstamos sin interés o a intereses bajos; la fundación de pueblos y villas como ya se apuntó u otros servicios solicitados por las autoridades coloniales. Además, no practicaron, con la excepción de unas treinta familias, una endogamia a ultranza ya que la gran mayoría de ellas se casaron con militares españoles de alto grado por muy plebeyos que fuesen. Su dispersión entre los diversos movimientos políticos coloniales es otra prueba de su falta de lo que se podía llamar espirit de corps. En general la nobleza fue un estrato social de aparición tardía, pues no existió en los siglos XVI y XVII cuando Cuba fue atacada por corsarios y piratas. Tuvo en su inmensa mayoría un componente económico  basado en las industrias azucarera y tabacalera. Fue en cierto sentido una actividad defensiva frente a los desafueros de las autoridades coloniales. No podemos olvidar que desde 1825 hasta el cese de la soberanía española en 1898 los Capitanes generales gozaron de las tristemente célebres facultades omnímodas. Y por extensión frente a los malos manejos de la burocracia colonial casi exclusivamente de origen peninsular. Un título de Castilla era una buena defensa, aunque hubo gobernadores como el general Miguel Tacón que las ignoró.

Por todo lo anterior la palabra monarquía, incluso una monarquía autóctona no apareció en las propuestas independentistas del siglo XIX en contraste con otros países hispanoamericanos8.

No puedo terminar sin indicarle al lector que puede encontrar un criterio distinto al expuesto en el libro de Manuel Moreno Fraginals Cuba-España España-Cuba. Historia común9 para quien la elite cubana ennoblecida desempeñó “un papel imborrable en la historia de Cuba”. Se trata según su autor de un análisis marxista del desarrollo histórico cubano.

Notas del artículo

  1. En este libro el autor estudia, según hace constar, los títulos nobiliarios otorgados por los monarca hispanos o los regentes del reino, así como aquellos que, por razón del Tratado de Viena y del Convenio de Vergara, quedaron convalidados en España, también los concedidos por los papas u otros monarcas europeos en ejercicio de sus prerrogativas regias, que hubieron de recaer en: a. nativos de Cuba; b. cubanos por derecho sucesorio; c. hijos o nietos de cubanos por línea paterna; d. extranjeros permanentemente radicados en Cuba; e. títulos de denominaciones cubanas otorgados a españoles que por alguna causa residieron en Cuba, aunque fuese por poco tiempo; f. dignidades ahora vacantes que han sido solicitadas por cubanos.
  2. Este ducado fue otorgado nuevamente a título póstumo al general Emilio Mola y Vidal el 18 de julio de 1948 por el general Franco en reconocimiento a los meritos del occiso en el alzamiento de 1936 que dio origen a la Guerra Civil española. Curiosamente Mola nació en Cuba en 1857 en la ciudad de Placetas en el centro de la Isla. Fue hijo de un capitán de la Guardia Civil que estaba destinado en Cuba en ese momento.
  3. En Francia al concederse un titulo a una persona determinada, se concedían los títulos inmediatamente inferiores a sus hermanos o hijos. Así al duque de Marsella correspondían los títulos de marqués de Marsella, conde Marsella, vizconde de Marsella y barón de Marsella que iban, como se dijo, a sus hermanos menores o a sus hijos.
  4. Una relación de los miembros cubanos de dichas órdenes puede encontrarse en el volumen 13 de la obra de Leví Marrero, Cuba. Economía y Sociedad. Madrid: Playol, pp. 787-79.
  5. En realidad el gran héroe de esta contienda fue José Antonio Gómez, regidor de Guanabacoa. A esta ciudad se le ha llamado desde entonces la villa de Pepe Antonio. Este cubano no fue ennoblecido.
  6. Entonces se llamaba así a los defensores de la Constitución.
  7. Op. cit., pp. 35-64.
  8. Al poco tiempo de haberse proclamado la independencia de Méjico con el Plan de Iguala (24 de febrero de 1821) el líder separatista y futuro emperador, el general Agustín de Iturbide, le pidió a Fernando VII el envío de un infante español para ocupar el trono de un Méjico independiente. La petición se repitió dos veces más. Fernando VII ni siquiera acusó recibo. Cerca de dos siglos después el señor Mario Carosini, Presidente del Movimiento Monárquico Argentino (MMA) solicitó del rey Juan Carlos I el envío a Buenos Aires de la infanta Cristina, hija menor del monarca, para que ocupara en su día el trono del reino del Río de la Plata que se intentaba proclamar. Tampoco hubo acuse de recibo aunque, obviamente, las circunstancias históricas son diferentes.
  9. Publicada en Barcelona en 1995 por Grijalbo-Mondadori, p. 166.

Del Autor

Leonel Antonio de la Cuesta
Profesor universitario en los Estados Unidos durante cuatro décadas. Dirigió durante dieciocho años el Programa de Formación de Traductores e Intérpretes de Florida International University. Está acreditado por la American Translators Association y es uno de los principales analistas de Derecho constitucional cubano. Ha publicado varios libros, entre ellos Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días y Cuba. La patria grande. La patria chica, editado por Aduana Vieja, Valencia, España, 2013.