Armandito Valdivieso es un ciervo herido

Sobre la novela Un ciervo herido, de Félix Luis Viera

Rafael E. Saumell
Sam Houston State University

un-ciervo-2-rafael-saumell-otrolunes31 Esta novela de Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945), tiene como protagonista a Armandito Valdivieso,  un joven provinciano quien por su conducta social es denunciado por un vecino  y un supuesto amigo ante las autoridades policiales, a mediados de los sesenta del siglo anterior. A resultas de los informes elaborados contra él, las autoridades locales determinan reclutarlo para que pase el Servicio Militar Obligatorio en las llamadas Unidades Militares de Apoyo a la Producción, más conocidas por sus siglas UMAP. un-ciervo-rafael-saumell-otrolunes31

El título tiene su origen los versos sencillos (V) de José Martí: “Mi verso es de un verde claro/Y de un carmín encendido:/Mi verso es un ciervo herido/Que busca en el monte amparo”. La razón por la cual el personaje lo alistan a la fuerza y lo consignan a un campamento de trabajo, como hicieron con otros miles, se debe sobre todo a motivaciones de índole política: su personalidad no calza dentro del formato de ciudadano que el estado emergente quiere modelar. Las virtudes  morales y políticas que debían reunir los nuevos sujetos fueron explicadas por Ernesto (Che) Guevara de la Serna en su artículo El socialismo y el hombre en Cuba (1965): En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma….En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos [se refiere a los padres dirigentes] deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario.  (Los énfasis y comentario entre corchetes son míos). Por sus hábitos, gustos y opiniones, Armandito califica dentro del grupo de quienes “tienen tendencia a caminar aislados”. De entrada, Viera identifica a uno de los más acosados durante el referente histórico donde ocurre la trama: “A los homosexuales y locas que estuvieron en la Umap; los más inocentes, los más queridos”. Aunque el tono de estas palabras parecería sentimental y paternalista, en rigor no lo es. El gobierno, simplemente, se ensañó con ellos y, por consiguiente, puso énfasis en reprimirlos. Entonces como media centuria después, la mayoría de los dirigentes de Cuba son militares. No obstante, en aquel período temprano se dedicaban con mayor celo a intentar abolir el pasado burgués, sin limitarse a las relaciones económicas sino incluyendo también la esfera de la subjetividad de las personas, en particular de aquellas cuya conducta era política y sexualmente impermisible. Bajo ese manto cabían las preferencias musicales, la adopción de ciertos estilos de vestir, de calzar, de llevar el pelo, sin dejar de normar, por otra parte, cuáles eran las aficiones o inclinaciones filosóficas, artísticas y literarias aceptables. Todo lo que no cuadrara con ese esquema ideológica era sometido a vigilancia y castigo.  Los desviados retaban y desafiaban, a su juicio, las regulaciones morales trazadas por el machismo castrense que a su vez se inspiraba en una interpretación antagonista de las religiones, de los productos culturales del capitalismo avanzado, especialmente el estadounidense. En resumen, ejercían la autoridad como una responsabilidad que debía acabar con las manifestaciones simbólicas y concretas del ancien régime. Guevara lo expresa sin rodeos: “Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas”. A pesar de lo anterior, aquella etapa de terror fue por igual paradójica. Era un secreto a voces que dentro de las mismas filas del gobierno había religiosos, homosexuales y lesbianas que ocupaban cargos prominentes. Se salvaban de las purgas y de las exclusiones sin embargo, a causa de que fueron participantes destacados en la insurrección contra el régimen de Batista, y se sumaron al proceso revolucionario sin renunciar a sus tendencias homoeróticas, las cuales mantenían suficientemente tapiadas, conservándolas con la máxima discreción posible, y sin alejarse de la cercanía y protección del poder.  En ese ambiente, una de las mejores estrategias de supervivencia radicaba en disimular y hasta enterrar cautelosamente las inclinaciones homoeróticas, disfrazar su gravedad de lastre a cambio de un comportamiento pleno de fervor ideológico en pro de la causa. Llevar la contraria implicaba la segregación, el señalamiento negativo, la discriminación más patente, y la desaparición del afectado de la escena pública en cualquier entorno: laboral, educacional, artístico-cultural, etc.

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Santiago Baltasar Martín, Félix Luis Viera y Yoshvani Medina en El Desalmuerzo Literario, en Miami.

Santiago Baltasar Martín, Félix Luis Viera y Yoshvani Medina en El Desalmuerzo Literario, en Miami.

La novela de Viera comienza, justamente, con la narración de un episodio de escarmiento: “Estaba el Umap en calzoncillos nada más…El Umap que un sargento había puesto contra la cerca era homosexual…lo había sorprendido en el baño dice que masturbándose por detrás  (con un palo)…Cállate maricón, que te amarro, para que no puedas ni defenderte…” Sin embargo, ante las protestas de los reclutas, el militar responde: “…cállense bolas de antisociales que van a coger mosquitos todos no me jodan…Y a cada rato la jefatura cállate maricón…que no dejas dormir a la gente, cacho de rata del enemigo imperialista, vuelve a pararte sangre de yanqui, que el castigo no es acostado…” Aquí puede notarse hasta qué punto se había politizado la identidad sexual de quienes refutaban integrarse al proceso. Los tildaban de “antisociales” y “sangre de yanqui”, según los estigmatiza uno de los personajes militares en la obra. Cualquiera de esos calificativos bastaba para definir e insultar a los alistados en un batallón de castigo. Obviamente ninguno de ellos había nacido en un laboratorio burgués pero se les trataba como evidencia de los innumerables defectos del mundo sentenciado a desaparecer de la faz de la tierra. Como cualquier ser humano, procedían de sus respectivas familias. Uno de los rasgos positivos de esta novela reside en mostrar el impacto terrible de esas medidas entre los miembros del clan doméstico de Armandito. Ahora bien, es conveniente subrayar que para el revolucionario ideal concebido por Guevara, la entrega a la revolución implica asimismo el alejamiento de la familia. La causa demanda mucho de sus defensores. Le lejanía de casa no sólo se entiende como un castigo para los ‘desviados’. Era un rasgo común y, hasta se le reconocía como virtud y un noble sacrificio exigido por el orden social. Guevara expresa esas convicciones en el artículo ya adelantado y con este comentario: “Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella”. (El énfasis es mío). Armandito es huérfano de padre, apenas lleva unos días de casado con Mirian Oro. Su círculo de afectos nada tiene que ver con “los compañeros de Revolución”. Mucho menos adopta y practica el ideario de que “no hay vida fuera de ella”. Para él la vida no está en la revolución, sino en el amor y la compañía de su madre, de su esposa y de los amigos elegidos, a ninguno de los cuales ve como “compañero” en el sentido guevariano del término. Por eso realza muy bien cuáles son las consecuencias de ser extirpado de la cercanía de la mamá y de la esposa. Cuando llega al comité militar donde lo citaron y se despide de ellas es capaz de sentir de inmediato lo que va a perder: “Miré atrás y apenas se veía, pero podía sentir el gimiqueo de mi mama. Me fijé en la silueta de mi mujer y pensé que tal vez me dejaba o por lo menos se ponía a andar con otro porque tenía dieciocho años y ya había probado el sexo y eso era muy rico y quizás yo volvería dentro de veinte años o nunca más”. Luego de ser abandonado por Mirian y de haber muerto la madre, recibe una carta en el campamento de la amiga Monga Alicia de Castro: “…Y tu familia no existe, ni un abuelo, ni un tío tienes, hijo, te has quedado como el hombre más solo del mundo”.

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Primera edición de la novela, Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002.

Primera edición de la novela, Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002.

Con absoluta legitimidad uno podría preguntarse en qué tipo de sociedad suceden hechos de la naturaleza descrita y quiénes tienen la potestad para identificar y pedir sanción militar o judicial contra aquellos que tienden “a caminar aislados de la masa que acompañan” (Guevara). La novela nos da el referente extraliterario que necesitamos. Entra a desempeñar su papel el Comité de Defensa de la Revolución (CDR). A nivel de cuadra cuenta con personas encargadas de acechar a los ciudadanos. Stalin Gómez, comunista de la vieja guardia, es decir de antes de 1959, ideólogo oficial del vecindario junto a la presidenta del CDR Brisa Jiménez. El primero ocupa el cargo de Responsable de Vigilancia. Se ocupa de ser los ojos, los oídos, la lengua y la escritura notarial del estado. Prepara el expediente incriminatorio contra Armandito que envía al cuerpo policial (Departamento Técnico de Investigaciones o DTI) debido a lo que él considera la conducta reprensible del acusado y cuyas faltas enumera: participa a regañadientes en las actividades de limpieza urbana, a veces llega medio borracho y se queja con expresiones inapropiadas (“qué manera de comer mierda”), “llevaba el pelo largo como los enemigos del socialismo”, no acude a las guardias nocturnas, le gusta ir a cabarets sin que se supiera de dónde saca el dinero para financiar esos placeres, pasea en auto acompañado de gentes con “voces afeminadas”: “era revisionista…un penetrado ideológico: se sabía que en su viejo radio escuchaba esa enemiga música en inglés, y más: en su tocadiscos…[oye] a Los Beatles…se había expresado en contra del [ritmo] Mozambique…había constancia de que leía a unos tales Berkeley y Borges, enemigos…debía ser reeducado, en el lugar que la Revolución lo estimara”. Stalin Gómez no fue el único delator. Proscenio, un supuesto amigo de Armandito, de quien está muy enamorado, trabaja como informante para el DTI: “De modo que él, Proscenio, sería un traidor, así se avisaba en el juramento que había firmado cuando se metió, ‘me metieron, Arman, en esta fiesta’…No, contestó Proscenio, él no iría a las Umap, él, maricón a setecientas yardas de distancia, no iría a las Umap: aquí, en la calle, le estaba prestando un servicio a la patria, él, Proscenio, un maricón de veintidós quilates, le era más útil a la Revolución aquí, libre, en la calle, que trancado y vestido de azul entre cuarto cercas de alambres. Ésa era la decisión del DTI, de su oficial”. Con mayor o menor cautela, Stalin y Proscenio operan de forma velada que es el estilo  típico en estas sociedades, fuente de la doble moral y de la desconfianza entre las personas. Hannah Arendt indica que “la sociedad secreta de los regímenes totalitarios es la policía secreta…el único saber esotérico que existe es el concerniente a las operaciones policiales y a las condiciones en los campos de concentración” (Los orígenes del totalitarismo, 1951). En “Dossier de un visionario” Víctor Serge confirma lo anterior: “Esa máquina formidable reposa sobre una doble base: una policía secreta todopoderosa, que ha retomado las tradiciones de las cancillerías secretas del fin del siglo XVIII…, y una “orden” –en el sentido clerical del término- burocrática de ejecuciones”. ¿Es el de Armandito un caso aislado? ¿Se trata de una anomalía? ¿De una práctica de abuso de poder generalizado?  Por supuesto, el caso de Armandito es una muestra individual. Ella sola bastaría para condenar al estado como un terrible e impune violador de los derechos humanos. Como herramientas cuentan con el auxilio de militante fanático y de un faso amigo. Peor aún, se demuestra que el estamento judicial no tiene valor, a menos que se le considere como lo que de cierto es, una correa de transmisión que legaliza los actos policiales.  El caso de Armandito refuerza la convicción de que el ciudadano está indefenso, que el aparato represor y sus servidores tienen autoridad para encarcelar o mandar al ejército a quienes no han cometido delito alguno. ¿Qué leyes y qué razones políticas permiten y legitiman a las fuerzas armadas para desempeñar y aplicar una función correctiva contra miles de ciudadanos? El viaje de Armandito en tren con destino a las llanuras de la provincia de Camagüey recuerda una narración bastante semejante hecha por Jorge Semprún en El largo viaje (1963). En vagones repletos, asfixiantes y nauseabundos mandaban los nazis a los judíos para los campos de concentración. Armandito observa: “Tres o cuatro vagones más allá se encontraban cerradas (sic) y se oían murmullos. De gentes, no de animales. Sentí que se me erizaban los huevos…Nos mandaron a que nos hiciéramos racimitos y nos fueron poniendo junto a la puerta de cada vagón…Cuando en una parada me asomé vi que el tren en verdad era largo, larguísimo”. Al contrario de los condenados de Semprún, sin embargo, Armandito no va a un campo de exterminio nazi, no es judío sino a un campo de trabajo, a la usanza soviética, y de acuerdo con la jerga y mentalidad de su acusador, por ser un ‘aislado’. No terminará en el crematorio, no morirá en la horca ni de hambre ni de extenuación. Ha escuchado el nombre Umap pero esa unidad, como admite él mismo en un monólogo interior, “no consta oficialmente, públicamente, no está escrito en periódicos ni anunciado por emisoras de radio. ¿Serían las Umap como dicen que son…? ¿O son cuentos de la gente?”

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un-ciervo-5-rafael-saumell-otrolunes31En los regímenes de esclavitud legal las víctimas no sobrevivían en secreto. Estaban a la vista de cualquiera: en los servicios domésticos, en las plantaciones y en las encomiendas. El siglo XX hizo lo opuesto: los penados del nazismo, del fascismo y del comunismo fueron sentenciados adicionalmente a la invisibilidad, a ser alojados, por utilizar una perífrasis, en cárceles sin nombre ni locación ubicables, en campos de trabajo, en granjas de rehabilitación, en unidades militares, en ejércitos juveniles del trabajo. Como explican Ángelo Marchese y Joaquín Forradellas en el Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, el eufemismo “es una figura de pensamiento con la que se atenúa o suaviza una palabra que designa algo molesto, crudo, inoportuno. Con frecuencia es una sustitución lingüística debida a las conveniencias sociales que destierran el uso de ciertas palabras, consideradas impronunciables o tabúes”. Súmese a lo anterior el hecho de que, en los regímenes totalitarios, los funcionarios niegan su mera existencia, su auténtica finalidad. Como por naturaleza intrínseca estos sistemas controlan los medios de información, los campamentos ni siquiera pueden ser objeto de noticias. Solamente gracias al lenguaje oficioso, a los rumores, a las bolas corridas en voz baja y de oreja a oreja entre dolientes directos e indirectos, nos percatamos de tales instituciones son reales aunque, pues según explica Armandito “se conoce[n] solo por decires”. En el campamento Armandito escucha la justificación ideológica de las Umap por boca del jefe político del lugar: “…no era como rumoraba la gente, gente enemiga de la Revolución, enemiga del pueblo…Pero ustedes comprobarán que son patrañas de los enemigos de afuera y de adentro, las Umap no son más que la inversión de fuerza de trabajo en la necesitada provincia de Camagüey…Si algunos envenenaban refiriéndose a campos de trabajo forzado, la única razón que podrían tener era que el trabajo ennoblecía al hombre y la voluntad de éste se tensaba en circunstancias difíciles. ¿Quién podría dudarlo?” Por ese motivo y en un acto adivinatorio, Armandito expone la sospecha de que, si sobrevive, nadie creerá las cosas que pasaron en las Umap: “Esto nunca ocurrió, estoy seguro que responderán, el día que les pregunten, quienes han engendrado este fenómeno en el que nos encontramos hoy”. No se equivoca. En años recientes ha habido una ofensiva propagandística con el objetivo  de negar tramas como la de esta novela y los testimonios recogidos en el filme Conducta impropia (1984) de Néstor Almendros y Orlando Jiménez-Leal. Por ejemplo, Mariela Castro Espín ha sido citada en repetidas oportunidades en las cuales repite estas explicaciones: “…calificó de “mentira” que hayan existido campos de trabajo para homosexuales en la década de 1960. Explicó que los homosexuales y transgénero también debían realizar el servicio militar obligatorio .Como era un momento complejo de agresiones permanentes de los Estados Unidos en la década del 60 (…), el servicio militar se aprovechaba para apoyar los procesos, se llamaban unidades militares de apoyo a la producción”, afirmó. Indicó de todas formas que éstos eran separados cuando realizaban su servicio militar y que allí se reproducían las actitudes homófobas de la sociedad. Todos los jóvenes debían cumplir servicio. Y dentro había distintas unidades. Había el pelotón de los homosexuales, el pelotón de los religiosos. Y (…) en algunos casos había jefes de unidades muy homófobos, con actitudes desagradables, y otros no tenían esos problemas y se integraban bien a las unidades militares. Las mismas actitudes homófobas de la sociedad cubana se reproducían en esas unidades militares” (Diario de Cuba: http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1376685399_4671.html). En una de las cartas enviadas a su mamá, Armandito señala: “Podría escribir sobre esto: ¿en nombre de qué, Madre, unos hombres pueden encerrar a otros? ¿qué atributos podrían poseer unos hombres para diagnosticar cuáles otros de su especie son buenos o malos? Mas no, no daré en escribir con odio cuando evoco a éstos –cabos Umap, soldados, sargentos políticos, tenientes-. No son ellos tan culpables. Creían en eso. Eran también las víctimas de una época”. En una carta a la madre, Armandito le cuenta: “…de los religiosos, de todo: adventistas, bautistas, evangelistas, católicos, testigos de Jehová…Los traen a formación de reata, amarrados entre sí mediante una soga de pescuezo a pescuezo, y se niegan a hacer la formación…los halan a las colas de las carretas cuando éstas parten hacia los sitios de trabajo, los tienen cuarenta y ocho horas sin comer…Unos grandes cojones llenos de fe en Dios o tal fe en Dios que les agiganta los cojones”. De los homosexuales opina: “De todos, los que menos comprendo que estén aquí son los homosexuales, Mamá. Cada cual debe ser libre de hacer con su alma, cuerpo y culo lo que quiera…Si quieres los religiosos, o lo pretendientes  a la vagancia, o los borrachoides, asumen un plante que, tajado con la mano férrea de un sistema político unilineal, cuece un paro ideológico en contra del “esplendor económico”, pero un homosexual, ¿qué daño hace?, ¿verdad?”. Si las declaraciones de Castro Espín son textuales, en nada contradicen ni a Conducta impropia ni a Un ciervo herido. Admite la veracidad del nombre de las unidades, que segregaban y maltrataban a los homosexuales y a los religiosos. Pareciera no percatarse de que corrobora lo denunciado por la película y la novela citadas. Se trata de un esfuerzo inútil por taponar el pasado con una retórica que no logra cuestionar ni la credibilidad del personaje Armandito ni a los testimoniantes del largometraje. En contestación a la funcionaria, Viera publicó unas aclaraciones en la revista Newsweek en español: “…ella, en una y otra latitud, ha edulcorado la existencia de aquellos campos de trabajo forzado, las UMAP, a los que fueron llevados religiosos de distintas filiaciones, hombres sin oficio determinado, “apáticos al proceso revolucionario” y homosexuales, entre otros. Para ello remito a las seis partes de una serie testimonial que publiqué sobre el caso en el diario digital Cubaencuentro, en otros textos al respecto que di a conocer en la misma publicación y otros en el blog Gaspar, El lugareño. Asimismo, en 2002 publiqué la novela de mi autoría Un ciervo herido, cuyo argumento se desarrolla en las UMAP” (http://www.newsweek.mx/index.php/articulo/5993#.UuwEjrHnaUk). La novela, desde el área de la ficción literaria, refleja el grave debate existente entre la verosimilitud de los testimonios recogidos y publicados por él.  Castro Espín intenta justificar a los encargados de las Umap: “en algunos casos había jefes de unidades muy homófobos, con actitudes desagradables”. Una línea después insiste en ampliar esa línea de defensa: lo acontecido  con los homosexuales y religiosos no es culpa de funcionarios sino de construcciones socio-históricas que en cualquier país se habrían manifestado como patriarcalismo y anticlericalismo. De esa fatalidad incontrolable no escaparon los dirigentes de la revolución: “”Las mismas actitudes homófobas de la sociedad cubana se reproducían en esas unidades militares” (Diario de Cuba). En el “Anexo” la novela toca la médula de este asunto: ¿quiénes son los responsables inmediatos y los autores intelectuales de aquello?; ¿se debe olvidar ese episodio? Esta sección empieza como termina: hay un diálogo entre un investigador/escritor en busca datos de primera mano sobre la Umap, que le hace preguntas al ex jefe de la unidad donde el primero pasó la Umap. Aclara éste “-Yo cumplía órdenes…Entrar por el carril a la lacra social, a los que anteponían cualquier cosa a la Revolución…su mariconería o una botella de ron o su dios o el relajo con las mujeres o cualquier otra jodedera, a la Revolución”. Dentro de esa misma vena, el entrevistador/escritor despliega un notable dominio de la prudencia y de la doblez, tal y como exige el tratamiento de un aspecto espinoso desde Cuba, física y políticamente hablando. Así lo subraya para que el antiguo oficial no entre en sospechas ni se produzca la desconfianza del guardia jubilado sobre los reales fines de la conversación con el escritor: “-Claro, las instrucciones que me dio el Partido fueron ésas: yo le pregunto desde el punto de vista de enemigo de la Revolución; si no, el libro no saldría como debe ser: bien sincero, ¿correcto?”.  El ex militar no deja de mostrar su alivio al escuchar el punto de vista con que se abordará el tema: “-Me alegra que lo de la Umap lo saquen de la sombra, ¿por qué ocultar eso? Como si fuera un pecado”. El escritor le dice con suprema ironía: “Era una orientación del Partido; ahora es otra”, una declaración que podría interpretarse como parte del plan para hacer la novela y la trama que tiene que inventarse el autor para ser creíble ante los ojos y las suspicacias razonables del entrevistado, que hasta el final se mantiene orgulloso de lo hecho hace unas décadas, de haber cumplido con celo las orientaciones de sus superiores.

En Texas, siempre en Texas, febrero de 2014.

Del Autor

Rafael E. Saumell
(Cuba, 1951). Escritor y profesor. Graduado de las universidades de La Habana y de Washington University, Saint Louis, Missouri, EE.UU. Ex-guionista de radio y televisión, antiguo miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado en Unión, El Caimán Barbudo, Revista Iberoamericana, Encuentro de la cultura cubana, Revista Hispano Cubana, Círculo: Revista de Cultura, Research in African Literatures, The Texas Review, Hispanic Poetry Review, MELUS, Linden Lane Magazine, Revista de Estudios Hispánicos, L’Ordinaire Latino-Americain, Monographic Review/Revista Monográfica, Cuadernos del Lazarillo y Cuba in Transition. Autor de varios ensayos sobre literatura recogidos en antologías dedicadas a José Martí, Mario Vargas Llosa y Alejo Carpentier, entre otros. Miembro de Número de la Academia Cubana de Historia en el exilio.