Buñuel in memoriam:
(IV) Él y Ensayo de un crimen

Alfredo Antonio Fernández

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Introducción

Mientras que otros directores hacían a un lado los proyectos por la falta de financiamiento, Buñuel, en las dos décadas (1946-1965) en las que filmó en México unas veinte películas, aplicó una regla que devino competitiva y de éxito: filmes de bajo presupuesto y corto período de filmación y producción.

Los filmes Él y Ensayo de un crimen son ejemplos de cómo hacer mucho y bueno con poco y barato y entre la gente del mundo del cine comenzó a circular la anécdota: ¿cuál era el secreto para filmar todo lo que quería?

Su respuesta fue fulminante:

“Pido menos de 50,000 dólares por película” (1).

Tanto en la factura de Él como de Ensayo de un crimen, desarrolló de forma personal un par de temas que, desde Edipo rey en la Antigua Grecia hasta el presente, han sido de interés general: perturbación mental y crimen (2).

 

*****

 

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Él

Él está basado en una novela de la escritora Mercedes Pinto, tiene una duración de 92 minutos y se filmó en 1952. Buñuel colaboró en la adaptación del texto con su guionista favorito, Luis Alcoriza, mientras que la fotografía quedaba a cargo de otro favorito, el virtuoso de la lente cinematográfica mexicana, Gabriel Figueroa.

Él es la historia de una pasión en la que la paranoia se mezcla con la esquizofrenia y conduce a Francisco Galván (actor Arturo de Córdova), un hombre rico, de buena conducta moral, católico practicante y al que no se le conocen amores, a la locura y al homicidio por el amor de la joven Gloria Milalta, (actriz Delia Garcés).

¿Cuál es la pasión de la que no se puede librar el protagonista?

Los celos, sin dudas…

Unos celos terribles que arrancan la noche de boda, cuando supone que un hombre no eligió el mismo hotel que ellos por casualidad sino porque lo une un antiguo vínculo amoroso con su esposa y los espía en la habitación contigua, ciego de ira, introduce una aguja por la cerradura para reventarle el ojo.

Galván trata de reprimir los celos, puede más el tormento y siguen los episodios rocambolescos y melodramáticos en los que intenta asesinar a su esposa: (1) con un revólver con balas de fogueo (2) lanzándola desde lo alto de un campanario (3) encerrándola mientras prepara una inusual arma homicida.

Los espectadores se preguntan, ¿qué tipo de crimen planea?, al ver que junta una soga (¿ahorcamiento?), una navaja (¿degüello?), hilo y aguja (¿zurcir el sexo?) y se dispone a ejecutar lo que le dicta su razón ofuscada (3).

Y todo porque Gloria, antes que con él, se comprometió con otro hombre, Raúl, un abogado al que Galván, de “motu propio”, le propició un reencuentro con Gloria que se tradujo en un “in crescendo” de celos.

Casi sobra decir, Galván confunde sus obsesiones con la realidad y el filme transcurre entre delirios de celos que transforman en nimias otras preocupaciones, como la pérdida de propiedades inmobiliarias por malos manejos de su representante legal.

Para el público latino, los celos y su corolario, el adulterio real o ficticio, ha sido un referente obligado en las novelas de las cadenas radiales de Cuba en la década de 1940’s. En relevo del folletín radial vino la televisión en 1950’s y convirtió a las televisoras de Venezuela, Colombia, México y Brasil en “fuentes de exportación del melodrama latinoamericano” el resto del siglo XX.

luis-bunuel-3-alfredo-a-fernandez-otrolunes31Buñuel, en Él, se adelanta en el tiempo y escapa a los contenidos “formulaicos” de “culebrones” radiales y de “soap opera” televisivos, verdaderos iconos del siglo XX.

En Él, el tratamiento de los celos es serio, como el de un científico que, provisto de bisturí, abre el alma atormentada y convierte las dudas del enamorado en patología criminal: un animal salvaje (Galván) devenido pieza de museo por la paciente labor de disección de un taxidermista (Buñuel).

Antes que decida asesinar a Gloria, su enajenación se muestra en frases que afloran espontáneamente, pero que luego, cuando su locura no tiene remedio, al ser (re) examinadas, se cargan de agresividad.

El primer día de matrimonio, con Gloria a su lado en lo alto de un campanario, mirando la ciudad a sus pies, dice:

“Odio la felicidad de los estúpidos…”

Y remata la frase con otra aún más peyorativa:

“Me gustaría ser Dios para aplastarlos…”

La narración fluye con los avances y retrocesos de la historia de la víctima. Gloria se la cuenta a Raúl, su único confidente, mientras paralelamente progresan la locura y la criminalidad de Galván. Visual y metafóricamente, Buñuel muestra el deterioro mental del protagonista: a la medianoche, deambula en eses por su mansión gótica y golpea interminablemente la escalera con un bastón que impide que Gloria, en el dormitorio, pueda dormir.

Cuando la locura estalla en el último tercio del filme, ya no hay “marcha atrás”, Galván cree que todo el mundo, al saber de la presunta infidelidad de Gloria, se ríe de él y en un acceso de ira estrangula delante del altar al único que ha estado de su parte, el cura Velasco, su guía espiritual.

En el libro de conversaciones autobiográficas Prohibido asomarse al interior, el crítico cinematográfico José de la Colina, le dice a Buñuel:

“Yo creo que en el protagonista de Él ha puesto usted algo de su propio modo de ser”.

Y Buñuel le responde:

“Quizás es la película donde más he puesto yo. Hay algo de mí en el protagonista” (4).

Así van las cosas en Él, unas veces Buñuel, el director, como niño bueno de la mano de Galván, el protagonista, otras, Galván, el protagonista, de muñeco de trapo de Buñuel, el ventrílocuo.

En la secuencia final, han pasado los años y las vidas de los protagonistas, al parecer, han cambiado radicalmente.

Galván, por voluntad propia, se ha auto-impuesto un voto de clausura y se ha encerrado en un convento con otros monjes.

Un día, por sorpresa, llegan al convento Gloria, Raúl -el abogado- que ahora es el marido de Gloria, y un niño –que para mayor casualidad- se llama Francisco, como Galván.

El monje director del convento les pregunta si quieren ver a Galván, y Gloria rechaza sutilmente la propuesta.

Desde el patio, Galván los ve partir y se acerca al director para confirmar si son sus antiguos conocidos.

El director confirma sus sospechas, sí, son Gloria, su antigua esposa, Raúl, el abogado, su nuevo marido, y un niño, hijo de Gloria y Raúl.

No hace falta más para que la locura –curada, al parecer- estalle de nuevo entre las paredes del convento.

Mientras el director del convento se aleja por un sendero, Galván se aleja por otro caminando en eses, sin rumbo fijo, en dirección opuesta al director, y mientras camina, repite:

“El tiempo ha probado mi verdad”.

 

*****

 

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Ensayo de un crimen

Al igual que Él, el filme Ensayo de un crimen es un ejercicio intertextual. Buñuel eligió una novela del escritor Rodolfo Usigli, quien colaboró en el guión (5).

La película se realizó en 1955, y tiene una duración de 89 minutos. Para su distribución internacional, cambió el título por el más largo y sugestivo de La vida criminal de Archibaldo de la Cruz.

Y de “enganche” para los espectadores eligió un tópico de gran atractivo y taquilla en el cine mundial: un asesino en serie.

Pero, tratándose de Buñuel y su tendencia a “ver las cosas con ojos propios”, en la pantalla quedó impresa la historia de un asesino en serie cuyos planes homicidas, planeados con detalle y profesionalidad, nunca llegan a realizarse.

Ergo, en cierta forma en Ensayo… estamos en presencia de una contradicción filosófica ancestral: la causalidad (el criminal planea a la perfección sus crímenes) y la casualidad (la vida por diferentes motivos le impide realizarlos).

¿Quién es Archibaldo de la Cruz?

En breves planos se muestran imágenes de la Revolución Mexicana (1910-1917), hay un corte y aparece el rostro de Archibaldo, un hijo de familia rica un tanto travieso, que se ha escondido en un ropero para probarse el corsé y los zapatos de su madre (fetichismo).

Archibaldo posee una caja de música regalo de su mamá, la caja tiene una extraña leyenda que la institutriz (actriz Leonor Llausás) le cuenta: un emperador fue el propietario de la cajita de música que materializa los deseos del dueño.

Justo cuando le cuentan la historia, los revolucionarios asaltan el pueblo, dentro de la habitación se escuchan los disparos y la institutriz corre a asomarse a la ventana. Al compás de la música de la cajita, ve a la institutriz que se desploma…

¿Será cierta la profecía? ¿Se cumplirán sus deseos?

Archibaldo se acerca al cadáver: ve las piernas y los muslos de la institutriz descubiertos hasta la altura del liguero. En su mente quedarán grabados “a sangre y fuego” el erotismo y la muerte: su imaginación hace que la sangre corra sobre el cuerpo de la institutriz e inunde las piernas y los muslos desnudos (6).

A partir de ese instante, se incuba en la mente de Archibaldo una obsesión enfermiza de asesinar mujeres. Y planeará fría, metódicamente, cuatro asesinatos más que conforman el material fílmico de Ensayo…, convirtiendo al drama en una increíble comedia de humor negro (7).

Mediante el montaje de imágenes y empleo de elipsis espacio-temporal, vemos a Archibaldo adulto (actor Ernesto Alonso), ha recuperado su cajita de música en una tienda de antigüedades y es el propietario de un taller de alfarería.

Archibaldo cuenta a una monja (actriz Chabela Durán) el trauma infantil mientras intenta saciar su sed homicida con una navaja. La monja escapa y cae al abismo al entrar a un elevador vacío. Archibaldo voluntariamente se declarará culpable ante la justicia de esa y otras muertes en hábiles combinaciones de flash back/flash forward que en el filme “empujan” la acción hacia delante o al pasado.

La respuesta del comisario (actor Carlos Riquelme) es digna de Salomón:

“Si arresto a todos los que desean matar a alguien, la mitad de la humanidad estaría en prisión”.

Liberado por la justicia, la imaginación sigue libre para imaginar nuevos crímenes. La próxima víctima será Patricia Terrazas (actriz Rita Macedo) que anda en pleitos con su amante y Archibaldo se aprovecha de una ruptura temporal para visitarla  y degollarla con una navaja.

La llegada del amante interrumpe el crimen, al día siguiente el comisario llega a casa de Archibaldo con la noticia de que Patricia se suicidó y el hecho refuerza en él la idea de que ha sido el asesino (8).

La tercera víctima es Carlota (actriz Ariadna Welter) con quien Archivaldo se quiere casar, pero hay otro pretendiente, Raúl (actor Rodolfo Landa), a quien su esposa no concede el divorcio para casarse con Carlota.

Archibaldo disfruta la idea de asesinar a Carlota tras casarse con ella, no antes, cuando está en disputa de ambos hombres, pero un giro del destino se lo impide cuando Raúl, más celoso que él, la asesina.

Queda un asesinato más por (no) cometer. Y es el de Lavinia (actriz Miroslava Stern), la perturbadora belleza del reparto estelar de actrices de Ensayo…

Lavinia tiene un extraño oficio (modelo de maniquíes de ropa de boutiques) que perturba aún más la mente enajenada de Archibaldo.

La ve en un bar, entre los reflejos de las llamas de un trago que prepara el camarero, su imaginación homicida le hace exclamar:

“¡Tan linda, me gustaría verla arder en llamas…!”

luis-bunuel-5-alfredo-a-fernandez-otrolunes31En su casa-taller de alfarería guarda un maniquí réplica de Lavinia que planea arrojar al horno alfarero -¿a Lavinia o al maniquí?-, cuando lo visite y se produce una -si no la mejor-  secuencia del filme: Archibaldo seduce con palabras, caricias corporales y besos al maniquí. Lavinia le pide que se decida (ella de carne y hueso o el maniquí de cartón y yeso) y Archibaldo –quizás para humillar- dice que prefiere al maniquí.

La llegada de un grupo de turistas a los que Lavinia sirve de guía, frustra por cuarta vez la sed homicida de Archibaldo, para vengar su derrota, cuando Lavinia se marcha, arrastra al maniquí y lo mete en el horno alfarero para que lo devoren las llamas.

Nueva elipsis espacio-temporal, al final de Él vimos a Galván de monje en un convento supuestamente curado de sus arrebatos de celos, ahora vemos a Archibaldo de la Cruz, el asesino en serie que nunca llega a ejecutar sus crímenes, liberarse de culpas arrojando a un lago la cajita de música que materializaba sus deseos homicidas.

Ya sabemos que Galván, pese al aparente “happy end” de Él, nunca “se curó” y bastó que Gloria y Raúl y su hijo visitaran el convento para que la locura estallase en su cerebro.

Otro montaje magistral: tras arrojar la fatídica cajita de música al lago, Archibaldo camina despreocupado, tarda en darse cuenta que Lavinia, en el lado opuesto del sendero, viene a su encuentro. Breve reconocimiento visual, breve intercambio de palabras, se juntan en un abrazo y siguen unidos por el camino.

¿Happy end…?

Sí, ¿créalo o no?, un final feliz se esboza después de tantos crímenes perfectos frustrados…

¿Otra ironía de Buñuel?

Lavinia nada sabe que, en su ausencia, cuando se marchó con el grupo de turistas, Archibaldo, frustrado, la quemó completita en efigie.

¿Qué pasará cuando la pareja llegue feliz a casa y Archibaldo cierre la puerta?

¿Estará el horno del taller encendido al rojo vivo con la boca abierta?

¿Cómo pasó con Galván al final de Él -que se le (re) animó la locura de los celos-, no se le (re) animará la locura homicida a Archibaldo?

 

Conclusiones

luis-bunuel-6-alfredo-a-fernandez-otrolunes31No hay que olvidar: Él pudo haber sido un aburrido folletín decimonónico que devino en la realización cinematográfica un estudio insuperable sobre la paranoia y la esquizofrenia del personaje celoso.

No hay que olvidar: en Ensayo de un crimen Archibaldo de la Cruz imagina cosas prohibidas que trata de vivir en la realidad y gran parte de su vida transcurre en la pura imaginación porque sólo en ese mundo interno puede ser realmente libre.

No hay que olvidar: Luis Buñuel es un autor surrealista que dedicó su vida al cine, y para los surrealistas, la creación es sinónimo de expresión en libertad.

En palabras de Buñuel:

“Una inteligencia que carece de la posibilidad de expresarse no es una inteligencia”.

Y habrá que mirar en detalles sus filmes, en particular los finales, que es donde se suele “cerrar” el objetivo, en busca de ese “algo más” de imaginación, libertad e inteligencia que nos hará pensar si detrás de las imágenes y las palabras no habrán otras imágenes y palabras, una doble mirada, un hipertexto que el autor nos planta como obstáculo al final de sus filmes y nos reta a descifrar.

Notas del artículo

  1. La inserción de Buñuel en la industria cinematográfica mexicana coincide con un momento estelar, la llamada “Edad de Oro del Cine Mexicano” en la segunda mitad de 1940’s. En 1947 el cine era la tercera industria del país, empleaba 30,000 trabajadores y contaba con unos 70 productores que invertían al año unos 66 millones de pesos ($13 millones US. dólares). Funcionaban 4 estudios con capital de 40 millones y un circuito de exhibición nacional de 1,200 salas de las cuales 200 estaban en la capital.
  2. Buñuel, que siempre tuvo olfato para el éxito, ideó para la distribución internacional otro título más llamativo para la taquilla y los críticos: La vida criminal de Archibaldo de la Cruz, rotulado en inglés como Test of a crime.
  3. Buñuel se vanagloriaba que el famoso sicólogo francés Jacques Lacan escogió a Él como el filme más apropiado para ilustrar sus clases de perturbaciones mentales asociadas con paranoia y esquizofrenia.
  4. En In Memoriam I, II, III… hemos dicho que no hay qué tomar en serio a Buñuel si se declara ateo, católico o francmasón, pero, cuando le asegura irónico a de la Colina que se identifica con el personaje de Galván, dice la verdad. Y no solo coincide en perturbaciones mentales sino en sutiles obsesiones como la adoración fetichista del pie descalzo y del calzado. Ver la secuencia inicial de Él: Galván mira al cura que lava y besa los pies de los fieles en la iglesia y su mirada queda fija en los pies de un blanco lechoso de Gloria. O la secuencia en la que Galván, sentado a la mesa, molesto, lee el diario, el periódico cae al piso, se agacha a recogerlo, ve, debajo de la mesa, los pies de Gloria y se excita sexualmente. Cuando se incorpora, su expresión se ha hecho amable, quiere besar a Gloria, pero tiene la boca llena de comida y se resiste. Y Galván, de nuevo, se pone furioso y la echa de la mesa.
  5. A diferencia de la autora Mercedes Pinto que quedó conforme con la adaptación de Buñuel en Él de su novela, el escritor Rodolfo Usigli, pese a que trabajó en el guión de Ensayo de un crimen, se querelló y llevó la queja al sindicato una vez que la película fue terminada. Buñuel salió absuelto del juicio, previsor, había puesto en los créditos del filme “Inspirada en…” O sea, que nunca pretendió una transcripción exacta del libro sino algo diferente que partía del original para desarrollarlo a su manera.
  6. En los filmes de Buñuel abundan las partes del cuerpo femenino (muslos, piernas, pies) al descubierto sin llegar al desnudo total, es de interés conocer la distinción que realiza entre erotismo y pornografía. En el libro biográfico Prohibido asomarse al interior, declara: “No soy contrario al erotismo, sino a la pornografía, que es la fisiología del erotismo. Y estoy contra la pornografía porque creo en el amor. Breton dice que el amor es una ceremonia secreta que debe celebrarse a oscuras en el fondo de un subterráneo. Esto para mí es el Evangelio. En cambio, la pornografía es el amor celebrado en un estadio deportivo o en una plaza de toros…”
  7. Desde su estreno en 1955 Ensayo de un crimen ha sido una referencia intertextual para directores y críticos de cine. Imágenes de Ensayo… se insertan como clips en Carne trémula (1997) de Pedro Almodóvar y El crimen ferpecto (2004) de Alex de la Iglesia. Y en cuanto a la crítica, merecen mención los trabajos publicados en la Revista Horizontes (Puerto Rico, 2004) por Gerard T. Cummings y el ensayo “La mirada de Buñuel” (España, 2006) de Víctor Fuentes.
  8. Paradojas del destino, dos de las principales actrices que intervinieron en el rodaje de Ensayo de un crimen finalizaron sus vidas mediante el suicidio: Miroslava Stern un mes después del estreno de Ensayo… (1955) y Rita Macedo en 1993 tras cuarenta años de diva del cine mexicano.
  9. La cremación del maniquí ha devenido icónica para los fans del cine de Buñuel, no solo por la inusitada y magistral ejecución del acto sino porque la ficción de Ensayo… anticipó la “mise en escene” de la realidad, cuando, al finalizar el filme, la actriz Miroslava Stern se suicidó y como última voluntad eligió ser cremada.

Del Autor

Alfredo Antonio Fernández
(La Habana, Cuba) Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, Master en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, México y Doctorado en Español de la University of Houston, Estados Unidos. Ha publicado: El Candidato (Premio de la Unión de Escritores de Cuba, 1978), Crónicas de medio mundo (relatos, 1982), La última frontera, 1898 (novela, 1985), Del otro lado del recuerdo (novela, 1988), Los profetas de Estelí (novela, 1990), Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso (Premio Razón de Ser de Novela, 1989), Amor de mis amores ( novela, Planeta, México, 1996) y Adrift: The Cuban raft people (Rockfeller Foundation Grant, 1996; Arte Publico Press, Estados Unidos, 2001), Bye, camaradas (novela, Editorial El barco Ebrio, España, 2012) y A traves del espejo. El cine hispanoamericano contemporaneo. Volumen I (ensayo, Editorial El Barco Ebrio, España, 2013). Reside en los Estados Unidos.